31 de enero de 2007

Madrid de noche...


Un pequeño homenaje a esta ciudad que cuando quiere ser dura, se convierte en un lugar frío y desolador...y cuando quiere ser fascinante, se convierte en un paraíso...

29 de enero de 2007

José Gutiérrez Solana, La tertulia del café de Pombo, 1920




















"...vuelve el recuerdo de aquellos días en que Solana nos pintó aprovechando a los que quedaban sin veranear -por eso no hay más comensales- bebiéndonos las botellas y el sifón del cuadro -hubo que reponerlos cuatro veces-, sorprendiéndonos un día el genial golpe solanesco de esos antepasados que aparecen en el fondo del espejo. Es una experiencia fuerte y sin ambigüedades la de un cuadro así, con ese desacople de los retratados que van cayendo mientras el cuadro perdura, raleados según un sorteo en que un día me tocará a mí, porque la única esperanza que me queda es que sea lo más tarde que pueda ese pagar la última conscripción, y sólo entonces, cuando ya todos seamos fantasmas, el lienzo bogará sin lastre por los canales de su propia inmortalidad."


(Ramón Gómez de la Serna, Automoribundia, capítulo C, Buenos Aires: Sudamericana, 1948.)

28 de enero de 2007

El Señor Ibrahim y las flores del Corán...

Ibrahim: ¿Por qué nunca sonríes?
Momo: Se sonríe cuando se es feliz....
Ibrahim: No, es sonreír lo que te hace feliz, inténtalo...

23 de enero de 2007

Estambul, ciudad y recuerdos...


¿Por qué en esos momentos de desdicha, furia y tristeza me gustaba imaginarme que pasearía a medianoche por las calles de la ciudad? ¿Por qué amaba no los paisajes de Estambul que les gustan a los turistas y que se imprimen en las postales, todo sol y rosas, sino los callejones sombríos, las tardes, las frías noches de invierno, la gente medio en penumbra, que apenas se aprecia bajo la pálida luz de las farolas, y las imágenes de las calles adoquinadas que ya iba olvidando todo el mundo y la soledad de la ciudad?....


Orhan Pamuk. Premio Nobel de Literatura 2006.

18 de enero de 2007

La Caja de Pandora

... la misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído...

16 de enero de 2007

Tormenta


Al brillar un relámpago nacemos,

y aún dura su fulgor cuando morimos:

¡tan corto es el vivir!

La Gloria y el Amor tras que corremos,

sombras de un sueño son que perseguimos:

¡despertar es morir!

15 de enero de 2007

Movies session


Just education...

El síndrome Lord Jim

Paris de la Francia, a media tarde. Café con espejos artdecó y graves camareros vestidos de negro con largos delantales blancos, de esos que hablan de usted a clientes que usan con ellos el mismo tratamiento. Estás allí sentado, un café en la mesa y un libro en las manos, entre gente que se trata con respeto y dice buenos días y por favor aunque no se conozca. Estás, como digo, relajado y feliz por hallarte a centenares de kilómetros del proceso de paz sin vencedores ni vencidos, del último pelotazo ladrillero, del diálogo de civilizaciones, del sexismo lingüístico, de la nación plurinacional marca ACME, de la demagogia galopante y de la maleducada puta que nos parió. Y de pronto, a tu espalda, suena una voz de idioma y tono de grosería inconfundible, dirigiéndose al camarero: «Oye, ¿hablas español?». Y mientras por el rabillo del ojo ves al camarero pasar de largo, despectivo, sin hacer caso al interpelador, cierras el libro y te dices, amargo, que como al Lord Jim de Conrad –Peter O’Toole en versión cinematográfica, con James Mason y Eli Walach haciendo de malos– los fantasmas del pasado te persiguen hasta cualquier puerto donde recales, por lejos que vayas. Y que la ordinariez maldita de ciertos compatriotas, o como se llamen ahora, no se borra ni con lejía.

Hay momentos de tan abrumadora evidencia que una desesperación negra te corta el resuello. Es verdad que el mundo cambia, y que la buena educación se rinde ante la uniforme marea de malos modos internacionales. Eso aporta, al simplificar las cosas, ventajas indudables en ciertos aspectos de la vida; pero entre quienes nacimos hace algún tiempo, leímos libros donde la gente todavía era capaz de matarse tratándose de usted, y fuimos criados por quienes aún conservaban maneras del siglo anterior, ciertas cosas son difíciles de encajar. Aquella tarde parisina de la que hablo, tras el café, entré en un estanco; y por el simple hecho de comprar una cajetilla de tabaco y un mechero tuve derecho a intercambiar dos «buenos días», un «por favor», un «señor», un «señora» y dos «gracias» con la estanquera, que me despidió con un rutinario «que tenga usted buen día». Y a ver cuándo, me dije al salir, iba yo a mantener ese diálogo en un estanco, o en una tienda, o en un banco, o en una oficina de la administración nacional –disculpen la anacrónica gilipollez– o autonómica de esta zafia España compadre de «oye, tú» que nos hemos fabricado, entre todos, a nuestra imagen y semejanza. Donde, a diferencia de otros lugares, si cedes el paso a una señora en una puerta, en una escalera o bajo el andamio de una calle, la presunta, en vez de dedicarte una sonrisa encantadora y decir «gracias», pasará mirándote con desconfianza, y hasta te empujará si hace falta, asegurándose de que a última hora no le estorbas el paso.

Y es que, aunque parezca residuo superfluo de tiempos rancios, hablar de usted a la gente, saludar al entrar en los sitios y despedirse al salir, dar las gracias y pedir las cosas por favor, obliga al interlocutor, o facilita otras cosas más profundas y complejas, que no voy a detallar ahora porque ni tengo espacio ni maldita la gana. Del mismo modo, la pérdida de todas esas fórmulas convencionales, automáticas, nos vuelve a todos, también automáticamente, más insolidarios, burdos, mezquinos y egoístas. Y no vale ampararse en lo de que en todas partes cuecen habas. Hay habas y habas, y las que cocemos en España son tan ásperas que irritan el gaznate. ¿Imaginan a un periodista norteamericano, o a un francés, diciéndole a Bush, o a Chirac, «oye, presidente», en lugar de «señor presidente»? Lo echarían a patadas.

Lo malo no es sólo eso, sino que hasta la gente educada que viene de fuera pierde las maneras en contacto con nuestra grosera realidad nacional. Hace cosa de medio año me llamaba mucho la atención una cajera de Carrefour, inmigrante hispanoamericana, que era de una amabilidad extrema, y todo lo decía trufado de «por favor» y «gracias», incluido un delicioso «¿me regala su firma?» al entregar la factura, o te despedía diciendo «que usted lo pase bien». Me pregunté, al observarla, cuánto iba a durar aquello. Y les juro por el cetro de Ottokar que sólo seis meses después –harta, supongo, de hacer la panoli–, no dice ya ni buenos días, trata a los clientes como a perros y entrega la factura como si se contuviera para no arrojártela a la cara. Es, al fin –enhorabuena–, una española más. Una inmigrante perfectamente integrada.

Patente de corso, por Arturo Pérez-Reverte

12 de enero de 2007

El Principito


"-¿Y de qué te sirve poseer las estrellas?...

-Me sirve para ser rico.

-¿Y de qué te sirve ser rico?...

-Me sirve para comprar más estrellas..."

7 de enero de 2007

Quinoterapia y felicidad


Con Mafalda, Quino ha demostrado que los niños son los depositarios de la sabiduría. Lo malo para el mundo es que a medida que crecen van perdiendo el uso de la razón, se les olvida en la escuela lo que sabían al nacer, se casan sin amor, trabajan por dinero, se cepillan los dientes....

5 de enero de 2007

Figuritas de chocolate navideñas

Para ti, Arale...

Noche de reyes


Este año no me ha dado tiempo a escribir una carta en condiciones, pero a falta de carta...bueno es roscón.

Para todos los que hemos sido buenos

1 de enero de 2007

Allá, en las tierras altas....


Desde la rama del ciprés dormido
el dulce ruiseñor canta a la luna
y la invita a bajar hasta su nido.
Ya ves qué casto amor tan sin fortuna...
y eso que el ruiseñor, en un descuido,
puede llegar volando hasta la luna.