Lo cierto es que estos días me he evadido casi por completo de este mundo que se convierte en cenizas después de las monumentales orgías. Cuando hago un viaje lo disfruto antes, durante y después, por lo que sigo en ese estado de trance que me permiten estos dulces de la vida tan exquisitos, tan enriquecedores.
No por ello quiero dejar de despedirme de Saramago, sentirme consternada por la reciente tragedia del tren, saltar las
cacharelas santiaguesas, disfrutar de las sardinas a la brasa sobre pan de maíz, avergonzarme de las imágenes de la playa de mi ciudad después de San Juan...
Me da pena el pensar que la gente sigue olvidándose de lo más importante. Observando la resaca de esta playa me vienen a la mente tantas y tantas cosas...
¡Qué triste!