Acabo de llegar de conocer a este monstruo comercial que nos han colocado en La Coruña. Otro de unos cuantos y no me explico el por qué de esta proliferación de centros comerciales en una ciudad que sufre, y mucho, el paro que nos acecha en estos últimos tiempos. Supongo que habrá estudios detrás de estas moles pero por lo que tengo entendido hay algunos que ya echaron a andar hace algún tiempo y últimamente cojean...vaya si cojean...
Se han creado muchos puestos de trabajo en Marineda y espero que duren muchísimo tiempo. No las tengo todas conmigo, la verdad. Ojalá me equivoque totalmente.
Y, por otro lado, se encuentra el pequeño comercio. ¿Qué es una calle de una ciudad sin los comercios de siempre? ¿en qué se queda esa calle cuando es protagonizada por portales apagados, portalones fríos de garajes, locales vacíos?...¿por qué se maltrata a la pequeña tienda de comestibles de la esquina?...Me da pánico el pensar que algún día todos nos convertiremos en esas sombras que se mezclan con otras sombras semejantes bajo techos acristalados y climas programados. Todo estará tan programado, efectivamente, que llegaremos a ser, aún más, esos borregos teledirigidos que ansían los grandes poderes que se esconden detrás de todas estas parafernalias; comeremos comida de plástico, jugaremos a sus juegos, beberemos la bebida colocada en el cartel más grande, nos moveremos de derecha a izquierda y de arriba a abajo después de saberlo ellos, mucho después...
Parecen las ciudades impersonales del futuro y ya están aquí.
Por favor, que alguien me diga que el barrio de la farmacia de Luis, el mesón de Carmen o el ultramarinos de Josefa seguirán ahí para ayudarnos a ser más felices, más personas.
Acabo de leer este artículo. No es nada de otro mundo pero toca el tema.