30 de junio de 2011

Pesadilla antes de dormir...




Pero...¿cómo pueden aburrir tanto?...

Fuente de las imágenes



Prefiero volar y seguir leyendo versos...

¡Colinas plateadas,
grises alcores, cárdenas roquedas
por donde traza el Duero
su curva de ballesta
en torno a Soria, oscuros encinares,
ariscos pedregales, calvas sierras,
caminos blancos y álamos del río,
tardes de Soria mística y guerrera,
hoy siento por vosotros en el fondo
del corazón, tristeza,
tristeza que es amor! ¡Campos de Soria
donde parece que las rocas sueñan,
conmigo vais! ¡Colinas plateadas,
grises alcores, cárdenas roquedas!...
He vuelto a ver los álamos dorados,
álamos del camino en la ribera
del Duero, entre San Polo y San Saturio,
tras las murallas viejas
de Soria –barbacana
hacia Aragón, en castellana tierra–.
Estos chopos del río, que acompañan
con el sonido de sus hojas secas
el son del agua, cuando el viento sopla,
tienen en sus cortezas
grabadas iniciales que son nombres
de enamorados, cifras que son fechas.
¡Álamos del amor que ayer tuvisteis
de ruiseñores vuestras ramas llenas;
álamos que seréis mañana liras
del viento perfumado en primavera;
álamos del amor cerca del agua
que corre y pasa y sueña,
álamos de las márgenes del Duero,
conmigo vais, mi corazón os lleva!
¡Oh, sí! Conmigo vais, campos de Soria,
tardes tranquilas, montes de violeta,
alamedas del río, verde sueño
del suelo gris y de la parda tierra,
agria melancolía
de la ciudad decrépita,
me habéis llegado al alma,
¿o acaso estabais en el fondo de ella?
¡Gentes del alto llano numantino
que a Dios guardáis como cristianas viejas
que el sol de España os llene
de alegría, de luz y de riqueza!


Antonio Machado

29 de junio de 2011

Hay veces que guardo fotos...(Lluvia)


Fotos que me atraen en un instante determinado y las guardo en alguna carpeta para observarlas más adelante. Muchas de ellas podrían ser los escenarios de algún momento de cine o al menos yo lo veo así... aquí, sin ir más lejos, sobraba el agua. En otros sitios del mundo, unas sequías tremendas...

Decía en el pie de la imagen:

Una pareja mira el salto del Tequendama, una cascada de 132 metros de altura sobre el río Bogotá. Aguas de Bogotá y la empresa de alcantarillado tuvieron que abrir las compuertas de la Planta de Alicachin hace unos días en la parte sur de la ciudad para evacuar agua del río para evitar inundaciones.

Y recordaba, mientras tanto, la película "También la lluvia" que trataba sobre la Guerra del agua en Bolivia. Bastante flojita la cinta, por cierto...

Y leyendo, leyendo, pues ya es tardísimo.

Os dejo con Silvio y su rabo de nube, a propósito de la lluvia...

27 de junio de 2011

Castilla de mis amores...






Tú me levantas, tierra de Castilla,
en la rugosa palma de tu mano,
al cielo que te enciende y te refresca,
al cielo, tu amo.

Tierra nervuda, enjuta, despejada,
madre de corazones y de brazos,
toma el presente en ti viejos colores
del noble antaño.

Con la pradera cóncava del cielo
lindan en torno tus desnudos campos,
tiene en ti cuna el sol y en ti sepulcro
y en ti santuario.

Es todo cima tu extensión redonda
y en ti me siento al cielo levantado,
aire de cumbre es el que se respira
aquí, en tus páramos.

¡Ara gigante, tierra castellana,
a ese tu aire soltaré mis cantos,
si te son dignos bajarán al mundo
desde lo alto!

Miguel de Unamuno 


Recién llegada de estas tierras que tanto me gustan. Añoro ya, en este preciso instante, todas las visiones de esa Castilla que engancha, que alimenta, que calienta, que produce nostalgia por cada una de las estampas que nos regala...

Las fotografías acaban de salir del móvil, sin ningún tipo de retoque, como bien se puede comprobar. Parecen cuadros y las pinceladas ese paso de un tiempo detenido a propósito, impasible, robusto, con la moraleja de un pasado que no debemos olvidar nunca.

Seguiré contando...

Me alegro de veros, navegantes.

23 de junio de 2011

21 de junio de 2011

Imágenes del día y otras cosas...


Deprimente.

Campurriana, ¿cuántas veces te he dicho que leas poesía?...

Mi corazón oprimido
Siente junto a la alborada
El dolor de sus amores
Y el sueño de las distancias.
La luz de la aurora lleva
Semilleros de nostalgias
Y la tristeza sin ojos
De la médula del alma.
La gran tumba de la noche
Su negro velo levanta
Para ocultar con el día
La inmensa cumbre estrellada.
  ¡Qué haré yo sobre estos campos
Cogiendo nidos y ramas
Rodeado de la aurora
Y llena de noche el alma!
¡Qué haré si tienes tus ojos
Muertos a las luces claras
Y no ha de sentir mi carne
El calor de tus miradas!
¿Por qué te perdí por siempre
En aquella tarde clara?
Hoy mi pecho está reseco
Como una estrella apagada. 

Federico García Lorca

Y hablando de Federico, leí ayer en el blog de la isla esta entrada. Me pareció muy interesante.

20 de junio de 2011

Bolero (Ravel)




Y leyendo, leyendo, leyendo...llegué a conocer un poquito de su historia...

P.D.: He dejado por unos días la indignación, la política, la desinformación...
(disfrutad de la música y dejaos llevar)

16 de junio de 2011

Sigo siendo una indignada




Me voy a permitir el lujo de utilizar una fotografía que desde el principio de este movimiento me pareció simbólica. La fuente de la imagen se encuentra en el blog Instantes de Sebas Navarrete; siempre tan interesante, tan respetuoso, tan sencillamente complejo o complejamente sencillo... 

Últimamente estoy escuchando a muchas personas comentar, que a raíz de tantas polémicas, tantas noticias "interesadas", se desvinculan de este movimiento, de esta indignación que se respira en las calles, en las plazas y, no lo olvidemos, en las casas (si es que hay casa)... 

Lo cierto es que me duele escuchar voces tan sumamente intransigentes, tan sumamente partidarias. Los indignados somos casi todos, me atrevería a decir...

Puede que no estemos frente a los "centros de decisión" porque aún conservamos el trabajo y tenemos que ir a la oficina, puede que pensemos que nuestros hijos podrían estar ahí mañana porque no lo tienen y por eso apoyamos la manifestación coherente, la lucha por derechos justos, cualquier defensa de las personas trabajadoras; las que están dispuestas a levantarse cada mañana para aportar (elimino entonces aquí a aquéllos que quieren vivir del cuento).

Sigo siendo una indignada a pesar de lo que diga Losantos. No soy de ninguna organización pro-terrorismo ni tengo pulgas. Y lo de tener pulgas no sería lo peor, claro...

¿Utopía?. Puede ser...pero lo que me indigna más a mí no es la indignación precisamente, sino la falta de ella en estos tiempos que corren.

12 de junio de 2011

11 de junio de 2011

Una escena de película que me llamó la atención...


La he recordado al leer la entrada del Náufrago: No podemos hacer nada.

Me llamó la atención especialmente un momento: ¿sabéis cuál?. Es del año 69...

Recomendadísima película, por cierto.

Pinchad aquí para ver la escena.

Petición a los recién investidos


Les haría muchas peticiones, la verdad. Imagino que ya las conocen todos de antemano y no voy a repetirme. No va de esto la entrada-solicitud de hoy.

No sé en otros lugares, pero en mi ciudad en los últimos años han mejorado bastante las cosas en cuanto a cultura se refiere. Existen muchísimas opciones para poder disfrutar de los distintos tipos de arte que nos suavizan la vida, que nos la enriquecen...

Se aplican, por ejemplo, descuentos importantes para diferentes colectivos, entre ellos los pensionistas y los más jóvenes. Se acercan a este rincón del noroeste peninsular obras de importante calado a nivel mundial, colecciones muy interesantes de todo tipo de arte, conciertos de música clásica, ballets, teatro, espectáculos de pop, rock...pintura, escultura, fotografía, cine...arte para niños, juegos en espacios abiertos, deporte, salud, gastronomía,  lectura, cursos de materias diversas y realmente útiles...

No va a ser todo criticar y quiero felicitar a todos los que han hecho posible que La Coruña haya despegado en este tipo de actividades tan importantes como otras. Espero que los que vienen le concedan igual o mayor importancia a la cultura, que no la dejen de lado nunca porque supondría un grave error.

Muchas gracias.

6 de junio de 2011

Más indignados...


Me voy a permitir el lujo de "robar" al blog del Mendiguiño esta entrada. He elegido, entre la serie, esta preciosa fotografía del movimiento que da esperanza a las calles antes solitarias. De nuevo se han abierto las plazas y aún quedan personas que hablan de sus ilusiones, y que escuchan...

No sé por qué pero me emociona verlo. Quizá por la esperanza...


Y como hoy Campu no quiere "trabajar", se ha dedicado a leer blogs amigos. En este caso el de Ángel, que nos ha llevado a una columna interesante en su esencia. Bajo una manta de letras transmite lo que ya hemos escuchado pero necesitamos escuchar una y mil veces más.

Os dejo esa Hora de despertar de Antonio Muñoz Molina

He pensado desde hace muchos años, y lo he escrito de vez en cuando, que España vivía en un estado de irrealidad parcial, incluso de delirio, sobre todo en la esfera pública, pero no solo en ella. Un delirio inducido por la clase política, alimentado por los medios, consentido por la ciudadanía, que aceptaba sin mucha dificultad la irrelevancia a cambio del halago, casi siempre de tipo identitario o festivo, o una mezcla de los dos. La broma empezó en los ochenta, cuando de la noche a la mañana nos hicimos modernos y amnésicos y el gobierno nos decía que España estaba de moda en el mundo, y Tierno Galván -¡Tierno Galván!- empezó la demagogia del político campechano y majete proclamando en las fiestas de San Isidro de Madrid aquello de “¡ El que no esté colocao que se coloque, y al loro!” Tierno Galván, que miró sonriente para otro lado, siendo alcalde, cuando un concejal le trajo pruebas de los primeros indicios de la infección que no ha dejado de agravarse con los años, la corrupción municipal que volvía cómplices a empresarios y a políticos.

Por un azar de la vida me encontré en la Expo de Sevilla en 1992 la noche de su clausura: en una terraza de no sé qué pabellón, entre una multitud de políticos y prebostes de diversa índole que comían gratis jamón de pata negra mientras estallaban en el horizonte los fuegos artificiales de la clausura. Era un símbolo tan demasiado evidente que ni siquiera servía para hacer literatura. Era la época de los grandes acontecimientos y no de los pequeños logros diarios, del despliegue obsceno de lujo y no de administración austera y rigurosa, de entusiasmo obligatorio. Llevar la contraria te convertía en algo peor que un reaccionario: en un malasombra. En esos años yo escribía una columna semanal en El País de Andalucía, cuando lo dirigía mi querida Soledad Gallego, a quien tuve la alegría grande de encontrar en Buenos Aires la semana pasada. Escribía denunciando el folklorismo obligatorio, el narcisismo de la identidad, el abandono de la enseñanza pública, el disparate de un televisión pagada con el dinero de todos en la que aparecían con frecuencia adivinos y brujas, la manía de los grandes gestos, las inauguraciones, las conmemoraciones, el despilfarro en lo superfluo y la mezquindad en lo necesario. Recuerdo un artículo en el que ironizaba sobre un curso de espíritu rociero para maestros que organizó ese año la Junta de Andalucía: hubo quien escribió al periódico llamándome traidor a mi tierra; hubo una carta colectiva de no sé cuantos ofendidos por mi artículo, entre ellos, por cierto, un obispo. Recuerdo un concejal que me acusaba de “criminalizar a los jóvenes” por sugerir que tal vez el fomento del alcoholismo colectivo no debiera estar entre las prioridades de una institución pública, después de una fiesta de la Cruz en Granada que duró más de una semana y que dejó media ciudad anegada en basuras.

El orgullo vacuo del ser ha dejado en segundo plano la dificultad y la satisfacción del hacer. Es algo que viene de antiguo, concretamente de la época de la Contrarreforma, cuando lo importante en la España inquisitorial consistía en mostrar que se era algo, a machamartillo, sin mezcla, sin sombra de duda; mostrar, sobre todo, que no se era: que no se era judío, o morisco, o hereje. Que esa obcecación en la pureza de sangre convertida en identidad colectiva haya sido la base de una gran parte de los discursos políticos ha sido para mí una de las grandes sorpresas de la democracia en España. Ser andaluz, ser vasco, ser canario, ser de donde sea, ser lo que sea, de nacimiento, para siempre, sin fisuras: ser de izquierdas, ser de derechas, ser católico, ser del Madrid, ser gay, ser de la cofradía de la Macarena, ser machote, ser joven. La omipresencia del ser cortocircuita de antemano cualquier debate: me critiacan no porque soy corrupto, sino porque soy valenciano; si dices algo en contra de mí no es porque tengas argumentos, sino porque eres de izquierdas, o porque eres de derechas, o porque eres de fuera; quien denuncia el maltrato de un animal en una fiesta bárbara está ofendiendo a los extremeños, o a los de Zamora,o de donde sea; si te parece mal que el gobierno de Galicia gaste no sé cuántos miles de millones de euros en un edificio faraónico es que eres un rojo; si te escandalizas de que España gaste más de 20 millones de euros en la célebre cúpula de Barceló en Ginebra es que eres de derechas, o que estás en contra del arte moderno; si te alarman los informes reiterados sobre el fracaso escolar en España es que tiene nostalgia de la educación franquista.

He visto a alcaldes y a autoridades autonómicas españolas de todos los colores tirar cantidades inmensas de dinero público viniendo a Nueva York en presuntos viajes promocionales que solo tienen eco en los informativos de sus comarcas, municipios o comunidades respectivas, ya que en el séquito suelen o solían venir periodistas, jefes de prensa, hasta sindicalistas. Los he visto alquilar uno de los salones más caros del Waldorf Astoria para “presentar” un premio de poesía. Presentar no se sabe a quién, porque entre el público solo estaban ellos, sus familiares más próximos y unos cuantos españoles de los que viven aquí. Cuando era director del Cervantes el jefe de protocolo de un jerarca autonómico me llamó para exigirme que saliera a recibir a su señoría a la puerta del edificio cuando él llegara en el coche oficial. Preferí esperarlo en el patio, que se estaba más fresco. Entró rodeado por un séquito que atascaba los pasillos del centro y cuando yo empezaba a explicarle algo tuvo a bien ponerse a hablar por el móvil y dejarnos a todos, al séquito y a mí, esperando durante varios minutos. “Era Plácido”, dijo, “que viene a sumarse a nuestro proyecto”. El proyecto en cuestión calculo que tardará un siglo en terminar de pagarse.

Lo que yo me preguntaba, y lo que preguntaba cada vez que veía a un economista, era cómo un país de mediana importancia podía permitirse tantos lujos. Y me preguntaba y me pregunto por qué la ciudadanía ha aceptado con tanta indiferencia tantos abusos, durante tanto tiempo. Por eso creo que el despertar forzoso al que parece que al fin estamos llegando ha de tener una parte de rebeldía práctica y otra de autocrítica. Rebeldía práctica para ponernos de acuerdo en hacer juntos un cierto número de cosas y no solo para enfatizar lo que ya somos, o lo que nos han dicho o imaginamos que somos: que haya listas abiertas y limitación de mandatos, que la administración sea austera, profesional y transparente, que se prescinda de lo superfluo para salvar lo imprescindible en los tiempos que vienen, que se debata con claridad el modelo educativo y el modelo productivo que nuestro país necesita para ser viable y para ser justo, que las mejoras graduales y en profundidad surgidas del consenso democrático estén siempre por encima de los gestos enfáticos, de los centenarios y los monumentos firmados por vedettes internacionales de la arquitectura.

Y autocrítica, insisto, para no ceder más al halago, para reflexionar sobre lo que cada uno puede hacer en su propio ámbito y quizás no hace con el empeño con que debiera: el profesor enseñar, el estudiante estudiar haciéndose responsable del privilegio que es la educación pública, el tan solo un poco enfermo no presentarse en urgencias, el periodista comprobando un dato o un nombre por segunda vez antes de escribirlos, el padre o la madre responsabilizándose de los buenos modales de su hijo, cada uno a lo suyo, en lo suyo, por fin ciudadanos y adultos, no adolescentes perpetuos, entre el letargo y la queja, miembros de una comunidad política sólida y abierta y no de una tribu ancestral: ciudadanos justos y benéficos, como decía tan cándidamente, tan conmovedoramente, la Constitución de 1812, trabajadores de todas clases, como decía la de 1931.

Lo más raro es que el espejismo haya durado tanto.

5 de junio de 2011

Los indignados y sus indignaciones

Fuente de la imagen

Se siguen haciendo debates sobre el 15M. Se seguirán haciendo.

Mientras Libertad Digital fabrica las noticias en su planta de producción, otros charlan en las plazas. Cada uno tiene su opinión sobre el movimiento y todas deberían ser tratadas con respeto siempre que exista respeto en las disertaciones.

Yo sigo pensando que el movimiento en sí es positivo, incluso si no puede realizarse un cambio efectivo. El movimiento en sí es ya un azote al sistema, un azote a una sociedad hasta ahora dormida.

 Gracias a La acequia por mostrar otros puntos de vista.

De nubes y tardes de domingo...


Posada en una nube de Constable, me sumerjo en historias de otros que hago mías en una tarde de domingo cualquiera...

Las últimas lluvias cayeron con suavidad sobre los campos rojos y parte de los campos grises de Oklahoma, y no hendieron la tierra llena de cicatrices. Los arados cruzaron una y otra vez por encima de las huellas dejadas por los arroyos. Las últimas lluvias hicieron crecer rápidamente el maíz y salpicaron las orillas de las carreteras de hierbas y maleza, hasta que el gris y el rojo oscuro de los campos empezaron a desaparecer bajo una manta de color verde. A finales de mayo el cielo palideció y las rachas de nubes altas que habían estado colgando tanto tiempo durante la primavera se disiparon. El sol ardió un día tras otro sobre el maíz que crecía hasta que una línea marrón tiñó el borde de las bayonetas verdes. Las nubes aparecieron, luego se trasladaron y después de un tiempo ya no volvieron a asomar. La maleza intentó protegerse oscureciendo su color verde y cesó de extenderse. Una costra cubrió la superficie de la tierra, una costra delgada y dura, y a medida que el cielo palidecía, la tierra palideció también, rosa en el campo rojo y blanca en el campo gris.

En los barrancos abiertos por las aguas, la tierra se deshizo en secos riachuelos de polvo. Las ardillas de tierra y las hormigas león iniciaron pequeñas avalanchas. Y mientras el fiero sol atacaba día tras día, las hojas del maíz joven fueron perdiendo rigidez y tiesura, al principio se inclinaron dibujando una curva, y luego, cuando la armadura central se debilitó, cada hoja se agachó hacia el suelo. Entonces llegó junio y el sol brilló aún más cruelmente...

De LAS UVAS DE LA IRA (JOHN STEINBECK)

4 de junio de 2011

De vanidades y hogueras...

Fuente de la imagen

Campurriana sigue observando el mundo desde arriba. Es como si  durante estos días dejase el cuerpo descansando en algún rincón del planeta y volase libremente sobre los escombros de un lugar que se indigna ante situaciones indignantes. 

¿Será una señal todo este revuelo? ¿es cierto que se avecina un cambio? ¿es simplemente una ilusión como otras que quedaron en nada en épocas anteriores de nuestra historia?. En caso de que se avecine un cambio, ¿qué tipo de cambio?...

Mientras tanto, se siguen disputando torneos, los políticos continúan con sus bailes, la prensa rosa se sigue alimentando de sangre, algunos ojos se fijan con interés en el ombligo de La Esteban y todos, o casi todos, nos preocupamos por cómo sobrevivir ante un futuro incierto.

Os dejo con una de las enseñanzas de ese Principito que tanto emociona:

El segundo planeta estaba habitado por un vanidoso:
- Ah! Ah! He aquí la visita de un admirador ! - exclamó de lejos el vanidoso en cuanto divisó al principito.
Porque, para los vanidosos, los demás hombres son admiradores.
- Buen día - dijo el principito. - Tiene usted un extraño sombrero.
- Es para saludar – le respondió el vanidoso. – Es para saludar cuando me aclaman. Lamentablemente no pasa nunca nadie por aquí.
- Ah sí ? – dijo el principito sin comprender.
- Golpea tus manos una contra la otra – sugirió entonces el vanidoso.
El principito golpeó sus manos. El vanidoso saludó modestamente levantando su sombrero.
- Esto es más divertido que la visita al rey – se dijo el principito. Y siguió golpeando sus manos una contra la otra. El vanidoso volvió a saludar levantando su sombrero.
Después de cinco minutos de ejercicio, el principito se cansó de la monotonía del juego:
- Y para que el sombrero se caiga – preguntó – qué hay que hacer ?
Pero el vanidoso no lo escuchó. Los vanidosos nunca escuchan más que las alabanzas.
- Me admiras realmente mucho ? – le preguntó al principito.
- Qué significa admirar ?
- Admirar significa reconocer que soy el hombre más hermoso, mejor vestido, más rico y más inteligente del planeta.
- Pero si estás solo en tu planeta !
- Dame ese gusto. Admírame de todos modos !
- Te admiro – dijo el principito encogiéndose de hombros – pero para qué te puede eso interesar ?
Y el principito se fue.
Los adultos son decididamente muy extraños, se dijo simplemente a sí mismo durante su viaje.