30 de noviembre de 2011
Un chorro de...
Otra de las fotografías encontradas en una de las carpetas perdidas de algún disco duro....
Soy consciente de su imperfección pero os aseguro que el recuerdo sí que es perfecto. Un viaje a...¿sabéis dónde?...(ciudad y lugar concreto de la toma)
Música y recuerdos.
Efectivamente, Campu continúa con su nostalgia....
29 de noviembre de 2011
Madrid (en movimiento)
Y es que somos tan mayores que las fotografías realizadas con mi primera cámara digital ya se pueden denominar "viejas fotografías".
Ésta se podría titular "Un paseo por Madrid buscando primeras oportunidades laborales".
Y ahora que lo pienso...¡cómo hemos cambiado! ¡cómo ha cambiado la vida desde este instante inmortalizado!
Campurriana sigue escuchando música.
Nostálgica.
28 de noviembre de 2011
Razón de vivir
Seguimos con la música...alejada de las noticias de actualidad...
La foto...en las Cíes algún año...
26 de noviembre de 2011
Todo cambia...
24 de noviembre de 2011
23 de noviembre de 2011
Un dios salvaje
Hoy he ido a verla. Salvo los minutos del final con actuaciones demasiado fingidas, forzadas, exageradas...debo decir que la película me ha gustado. Es cierto que los actores son muy buenos y que el tema es interesante. Tiene momentos de humor pero tras ese humor se encuentran también las terribles verdades que esconde el ser humano; verdades, debilidades, mezquindades...
Se habla del dios salvaje y de esa violencia capada por la educación, la sociedad...
Se habla de la pareja y de sus suplicios, la familia, los escrúpulos o la carencia de ellos...
La complejidad del comportamiento de los hombres tiene su explicación, sus explicaciones. Sólo debemos profundizar (si queremos).
17 de noviembre de 2011
Leído en algún rincón de alguna pared de algún hospital...
El Árbol Confundido
Había una vez, algún lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un hermoso jardín, con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales, todos ellos felices y realizados.
Todos vivían alegres en el jardín, excepto un árbol que estaba profundamente triste. EI pobre tenía un problema existencial: ”No sabía quién era."
- Lo que te falta es concentración - le decía el manzano- si realmente lo intentas, podrás tener sabrosas manzanas. “¿Ves qué fácil es?”
-No lo escuches, exigía el rosal. Es más sencillo tener rosas y “¿Ves qué bellas son?”
Y el árbol desesperado, intentaba todo lo que le sugerían, y como no lograba ser como los demás se sentía cada vez mas frustrado.
Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, exclamo:
-No te preocupes, tu problema no es tan grave, es el mismo de muchísimos seres sobre la Tierra. Yo te daré la solución: “No dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas...Sé tu mismo, conócete, y para lograrlo, escucha tu voz interior."
Y dicho esto, el búho desapareció.
“¿Mi voz interior…? Ser yo mismo...? ¿Conocerme...?” Se preguntaba el árbol tratando de comprender las palabras del búho, cuando de pronto, comprendió".
Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y por fin pudo escuchar su voz interior diciéndole:
“Tu jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble, y tu destino es crecer grande y majestuoso. Dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje. Tu grandeza y fortaleza serán inspiración para todos los que te vean.. Tienes una misión: Cúmplela".
Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado. Así, pronto lleno su espacio y fue admirado y respetado por todos.
Y sólo entonces el jardín fue completamente feliz.
Yo me pregunto al ver a mi alrededor, ¿Cuantos serán robles que no se permiten a sí mismos crecer? ¿Cuántos serán rosales que por miedo al reto, sólo dan espinas? ¿Cuántos naranjos que no saben florecer?
En la vida, todos tenemos un destino que cumplir, un espacio que llenar. El secreto está en saber encontrarlo...
********************************************************************************
En los hospitales se aprenden tantas cosas...Puede ser que la sensibilidad esté más a flor de piel, puede ser que el sentido de la vida se perciba más claramente con la fugacidad de ésta, incluso llegando a los cien años...
Pero lo más positivo de estos lugares es la humanidad que se respira en ciertos rincones de los mismos; en las familias que se conocen, en la fuerza para seguir adelante a pesar de todo, en el apoyo, las sonrisas, el amor incondicional, la amistad verdadera, la serenidad TAN importante en momentos TAN delicados...
De repente, Campu ha vuelto a creer en el ser humano.
Había una vez, algún lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un hermoso jardín, con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales, todos ellos felices y realizados.
Todos vivían alegres en el jardín, excepto un árbol que estaba profundamente triste. EI pobre tenía un problema existencial: ”No sabía quién era."
- Lo que te falta es concentración - le decía el manzano- si realmente lo intentas, podrás tener sabrosas manzanas. “¿Ves qué fácil es?”
-No lo escuches, exigía el rosal. Es más sencillo tener rosas y “¿Ves qué bellas son?”
Y el árbol desesperado, intentaba todo lo que le sugerían, y como no lograba ser como los demás se sentía cada vez mas frustrado.
Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, exclamo:
-No te preocupes, tu problema no es tan grave, es el mismo de muchísimos seres sobre la Tierra. Yo te daré la solución: “No dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas...Sé tu mismo, conócete, y para lograrlo, escucha tu voz interior."
Y dicho esto, el búho desapareció.
“¿Mi voz interior…? Ser yo mismo...? ¿Conocerme...?” Se preguntaba el árbol tratando de comprender las palabras del búho, cuando de pronto, comprendió".
Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y por fin pudo escuchar su voz interior diciéndole:
“Tu jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble, y tu destino es crecer grande y majestuoso. Dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje. Tu grandeza y fortaleza serán inspiración para todos los que te vean.. Tienes una misión: Cúmplela".
Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado. Así, pronto lleno su espacio y fue admirado y respetado por todos.
Y sólo entonces el jardín fue completamente feliz.
Yo me pregunto al ver a mi alrededor, ¿Cuantos serán robles que no se permiten a sí mismos crecer? ¿Cuántos serán rosales que por miedo al reto, sólo dan espinas? ¿Cuántos naranjos que no saben florecer?
En la vida, todos tenemos un destino que cumplir, un espacio que llenar. El secreto está en saber encontrarlo...
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En los hospitales se aprenden tantas cosas...Puede ser que la sensibilidad esté más a flor de piel, puede ser que el sentido de la vida se perciba más claramente con la fugacidad de ésta, incluso llegando a los cien años...
Pero lo más positivo de estos lugares es la humanidad que se respira en ciertos rincones de los mismos; en las familias que se conocen, en la fuerza para seguir adelante a pesar de todo, en el apoyo, las sonrisas, el amor incondicional, la amistad verdadera, la serenidad TAN importante en momentos TAN delicados...
De repente, Campu ha vuelto a creer en el ser humano.
15 de noviembre de 2011
Hoy repito entrada porque la necesito...
No es que Campurriana esté vaga, sino que de repente me acordé de que Amio Cajander recomendaba leer unos versos antes de comenzar los días que transcurren unos tras otros...unos versos que, por lo menos a mí, me gusta recordar de vez en cuando y sobre todo cuando los necesito de verdad.
Aquí dejo ese post repetido. Ruego me disculpéis porque es bastante reciente, aunque pasa el tiempo con la velocidad del rayo...
La entrada en cuestión.
Aquí dejo ese post repetido. Ruego me disculpéis porque es bastante reciente, aunque pasa el tiempo con la velocidad del rayo...
La entrada en cuestión.
13 de noviembre de 2011
Escribiendo...lo que se me va ocurriendo sin más...
¿Qué mundo le espera? ¿será feliz?. Su madre tenía en el rostro la preocupación y yo lo comprendía perfectamente. ¿Es suficiente la experiencia? ¿realmente aprendemos de lo que vivimos?. Es duro ver como el transcurso del tiempo va haciendo y deshaciendo al antojo de qué sé yo y de una manera tan fugaz como lo son algunas estrellas. Los hombres se van desnudando hasta el final de sus días, lenta pero constantemente. El sentido de muchas vivencias huye para siempre con aquéllos que nos quisieron tanto y que ahora ya no están. ¿Qué permanece?. Creo, una vez meditado bien, que permanecen más cosas de las que creemos y son éstas las únicas que pueden ayudarnos. Después de todo, se trata de vivir seleccionando.
12 de noviembre de 2011
De prefijos va la cosa...
IRONÍAS
Entre parado y preparado no hay más que un prefijo, distancia que, si nunca fue excesiva, con la crisis se ha reducido hasta extremos insoportables. De hecho, ahora todos los trabajadores somos, en potencia, preparados. La recomendación tradicional de los padres ("hijo, debes formarte para estar preparado") ha devenido en una ironía sangrienta, igual que la expresión "jamás hemos tenido una juventud tan preparada". En efecto, nunca hemos tenido una juventud tan cerca de quedarse en el paro; la mitad de los que acaben sus estudios este año se encuentran ya en situación de preparados. El significado se desliza por debajo de las palabras con el sigilo de una sombra asesina. Estar preparado, que en otro tiempo quiso decir haber estudiado dos carreras y cuatro idiomas, significa hoy encontrarse en la situación previa al desempleo, en el umbral del paro, en la frontera de la desesperación laboral. Ahora que habíamos logrado vivir como si no fuéramos a morir nunca, vamos a la oficina con la certidumbre de que nuestro empleo es la antesala del desempleo. Por eso hay también más trabajadores prejubilados que jubilados y contribuyentes más preocupados que ocupados. Hubo un tiempo, ¿recuerdan?, en el que el prefijo de moda fue pos: nos encontrábamos de súbito en la posmodernidad, en la poshistoria, en la era posindustrial o posanalógica. Parece mentira que un cambio de prefijo implique un cambio tan grande de cultura. Ahora todo es más premeditado que meditado, hay también más prejuicios que juicios y presentimos las cosas antes de sentirlas. Perdido su prestigio el pos, nos hemos dado de bruces con el pre. Pero no imaginábamos, la verdad, un pre tan duro, un pre de premonición, sobre todo sabiendo como sabemos desde el principio de los tiempos que no hay presentimientos buenos, pues no existen los profetas de la dicha.
Fuente
Y de repente, me dieron ganas de sumergirme en las tarrinas de chocolate de la nevera...
Os dejo una canción que estaba escuchando ahora.
Me gusta.
Entre parado y preparado no hay más que un prefijo, distancia que, si nunca fue excesiva, con la crisis se ha reducido hasta extremos insoportables. De hecho, ahora todos los trabajadores somos, en potencia, preparados. La recomendación tradicional de los padres ("hijo, debes formarte para estar preparado") ha devenido en una ironía sangrienta, igual que la expresión "jamás hemos tenido una juventud tan preparada". En efecto, nunca hemos tenido una juventud tan cerca de quedarse en el paro; la mitad de los que acaben sus estudios este año se encuentran ya en situación de preparados. El significado se desliza por debajo de las palabras con el sigilo de una sombra asesina. Estar preparado, que en otro tiempo quiso decir haber estudiado dos carreras y cuatro idiomas, significa hoy encontrarse en la situación previa al desempleo, en el umbral del paro, en la frontera de la desesperación laboral. Ahora que habíamos logrado vivir como si no fuéramos a morir nunca, vamos a la oficina con la certidumbre de que nuestro empleo es la antesala del desempleo. Por eso hay también más trabajadores prejubilados que jubilados y contribuyentes más preocupados que ocupados. Hubo un tiempo, ¿recuerdan?, en el que el prefijo de moda fue pos: nos encontrábamos de súbito en la posmodernidad, en la poshistoria, en la era posindustrial o posanalógica. Parece mentira que un cambio de prefijo implique un cambio tan grande de cultura. Ahora todo es más premeditado que meditado, hay también más prejuicios que juicios y presentimos las cosas antes de sentirlas. Perdido su prestigio el pos, nos hemos dado de bruces con el pre. Pero no imaginábamos, la verdad, un pre tan duro, un pre de premonición, sobre todo sabiendo como sabemos desde el principio de los tiempos que no hay presentimientos buenos, pues no existen los profetas de la dicha.
Fuente
Y de repente, me dieron ganas de sumergirme en las tarrinas de chocolate de la nevera...
Os dejo una canción que estaba escuchando ahora.
Me gusta.
11 de noviembre de 2011
Los hombres mayores...más dulces
Y se me ha dado por escuchar Redes últimamente. En esta ocasión, el programa trataba del funcionamiento del cerebro de los hombres y, aunque ya es un tema muy manido, siempre que me acerco a él aprendo algo nuevo de mis compañeros masculinos, cayendo en la dulce tentación de nadar entre testosterona y más testosterona...
¿Por qué no nos dicen a las mujeres en situaciones complicadas (por ejemplo, un problema que tengamos en el trabajo) que entienden cómo nos sentimos en lugar de aportar posibles soluciones directamente?...
Si os interesa escuchar más para poder comprender mejor a los misteriosos hombres que nos acompañan y los cambios que sufren a lo largo de su vida, pinchad aquí.
Ya me contaréis.
Y un vídeo que he visto en el blog del Mendiguiño...
(sin comentarios)
Actualización:
Y hablando de virginidad, he encontrado un vídeo buenísimo en el blog de Juan Carlos.
¿Por qué no nos dicen a las mujeres en situaciones complicadas (por ejemplo, un problema que tengamos en el trabajo) que entienden cómo nos sentimos en lugar de aportar posibles soluciones directamente?...
Si os interesa escuchar más para poder comprender mejor a los misteriosos hombres que nos acompañan y los cambios que sufren a lo largo de su vida, pinchad aquí.
Ya me contaréis.
Y un vídeo que he visto en el blog del Mendiguiño...
(sin comentarios)
Actualización:
Y hablando de virginidad, he encontrado un vídeo buenísimo en el blog de Juan Carlos.
10 de noviembre de 2011
Somos menos violentos...
Hoy estuve viendo este programa que habla del declive de la violencia cuando parece que estamos al borde de un estallido. Los tenderos, antes amables y sonrientes, ahora ponen el grito en el cielo cuando ven al yerno rubio del Rey cerca del abismo o los shows televisivos que eliminan neuronas cada segundo; de verdad que se nota como van muriendo una a una, cual resaca en los cuarenta.
Pues sí que estamos buenos.
Dejo aquí la frase que ponía la guinda a este espacio televisivo:
El mundo es cada vez menos violento,
pero nuestras emociones son las mismas que antaño.
Steven Pinker
Pues sí que estamos buenos.
Dejo aquí la frase que ponía la guinda a este espacio televisivo:
El mundo es cada vez menos violento,
pero nuestras emociones son las mismas que antaño.
Steven Pinker
No cambiaremos de vida si no cambiamos la vida...
Frase leída en la presentación de un libro de tapas blandas de José Saramago que encontré, curiosamente, en una gran superficie entre pañales y televisores. Desde allí gritaba en silencio sus verdades (me repatea, por cierto, eso de mi verdad, tu verdad y la verdad del vecino)...
Dice también así:
"Un mundo en rápido proceso de extinción, otro que crece y se multiplica como un juego de espejos donde no parece haber límites para la ilusión engañosa"...
Es cierto: No cambiaremos de vida si no cambiamos la vida.
Dice también así:
"Un mundo en rápido proceso de extinción, otro que crece y se multiplica como un juego de espejos donde no parece haber límites para la ilusión engañosa"...
Es cierto: No cambiaremos de vida si no cambiamos la vida.
8 de noviembre de 2011
A ver quien la tiene más grande...
No os preocupéis porque no voy a escribir sobre el debate de esta noche. Podéis, para leer sobre el tema, abrir los periódicos hoy y elegir al gusto en la amplia carta informativa que nos regala éste, nuestropaís. Si es que no nos podemos quejar y nos quejamos; en España uno no escucha lo que quiere porque no quiere. Anda que no tenemos opciones para disfrutar de nuestros argumentos preferidos y no salir de ahí. Me pregunto que para qué si nos encantan...
Pero bueno, lo que quería escribir hoy aquí es un párrafo de un libro que estoy acabando de leer por recomendación de un amigo. Se titula Las trampas del deseo y su autor es Dan Ariely. Tiene cosas curiosas aunque casi todo lo que se indica en él ya lo sabemos. Pero no está de más que de vez en cuando nos recuerden de alguna manera que no somos tan listos como creemos.
Dejo aquí un fragmento:
Hace unas décadas, el naturalista Konrad Lorenz descubrió que los ansarinos, al salir del huevo, se apegan al primer objeto en movimiento con el que se encuentran (que en general suele ser su madre). Lorenz lo supo porque, en uno de sus experimentos, él fue lo primero que vieron las crías, y desde ese momento lo siguieron fielmente a todas partes. De ese modo, Lorenz demostró que los ansarinos no sólo toman decisiones iniciales basándose en lo que encuentran disponible en su entorno, sino que se atienen a su decisión una vez tomada. Lorenz denominó a este fenómeno natural IMPRONTA.
¿Está, pues, el cerebro humano estructurado como el de los gansos? ¿Nuestras primeras impresiones y decisiones producen también una IMPRONTA? Y de ser así, ¿qué papel desempeña dicha impronta en nuestras vidas?.
Pero bueno, lo que quería escribir hoy aquí es un párrafo de un libro que estoy acabando de leer por recomendación de un amigo. Se titula Las trampas del deseo y su autor es Dan Ariely. Tiene cosas curiosas aunque casi todo lo que se indica en él ya lo sabemos. Pero no está de más que de vez en cuando nos recuerden de alguna manera que no somos tan listos como creemos.
Dejo aquí un fragmento:
Hace unas décadas, el naturalista Konrad Lorenz descubrió que los ansarinos, al salir del huevo, se apegan al primer objeto en movimiento con el que se encuentran (que en general suele ser su madre). Lorenz lo supo porque, en uno de sus experimentos, él fue lo primero que vieron las crías, y desde ese momento lo siguieron fielmente a todas partes. De ese modo, Lorenz demostró que los ansarinos no sólo toman decisiones iniciales basándose en lo que encuentran disponible en su entorno, sino que se atienen a su decisión una vez tomada. Lorenz denominó a este fenómeno natural IMPRONTA.
¿Está, pues, el cerebro humano estructurado como el de los gansos? ¿Nuestras primeras impresiones y decisiones producen también una IMPRONTA? Y de ser así, ¿qué papel desempeña dicha impronta en nuestras vidas?.
6 de noviembre de 2011
Así es la política...
No quería tocar este tema hoy, la verdad. Pero parece que la política todo lo inunda en estos días de debates, corbatas, carteles y palabras huecas. Penita que nuestros políticos más valorados estén tan poco valorados. Penita que no se tomen en serio el significado del 15M; el significado real de esta indignación por ahora pacífica. Esto va en serio y todavía no se han dado cuenta. Cuando la gente no tiene nada que perder puede ser muy peligrosa. Por favor, que la historia no se repita...
(Es cierto también que no todo está en sus manos)
No dice nada nuevo aquí Vicent pero me parece muy gráfico el análisis del comportamiento de los políticos que hace en esta columna, así que lo dejo en nuestro saloncito por si a alguien interesa.
La tajada, de Manuel Vicent.
En cualquier excursión a pie con viandas a la fuente de la teja siempre hay un grandullón, en general el más conformista de la pandilla, al que le toca llevar la sandía. Quien lo haya probado sabe lo difícil que es transportar una sandía en brazos a través de un sendero escarpado, con subidas y bajadas cada vez más abruptas. Durante ocho años, desde que Aznar lo eligió a dedo como sucesor, Rajoy ha llevado esa pesada sandía como jefe de la oposición, al hombro o abrazada contra la barriga. Él fue el primero en creer que no podría con esa carga tan resbaladiza y estuvo a punto de soltarla desde el balcón de Génova la noche de aquel 14-M en que perdió las elecciones, pero contra todo pronóstico resistió la tentación. Después, a lo largo de ocho años, además de su propio desánimo, ha debido soportar toda clase de zancadillas de la gente de su partido, los agravios de los medios de comunicación afines que alentaban la ambición de otros líderes correligionarios para desbancarlo, los insultos directos de la derecha radical que lo consideraba un perdedor nato y la escasa valoración personal que siempre le dieron las encuestas. Tampoco el partido socialista lo tenía en consideración como adversario. La opinión pública y los políticos de cualquier bando durante la larga excursión a la fuente de la teja han cruzado apuestas con dos variantes: si a Rajoy en este camino tan abrupto de la oposición se le caería la sandía al suelo y se le partiría en dos; o si, finalmente, cansado de cargar con ese peso muerto, un día lo soltaría en plena cuesta para echar a correr hasta perderse monte abajo. Ahora algunos políticos del Partido Popular, hartos de ponerle zancadillas, periodistas de la derecha radical, que lo despreciaban hasta el escarnio, y ese conjunto de logreros y trincones que se mueven en las tertulias en torno al poder, están dando un espectáculo de bajeza perruna al comprobar que ya se divisa el final del trayecto y Rajoy va a ser capaz de llevar la sandía hasta la fuente de la teja. Los enemigos que le acuchillaron por la espalda ahora extienden en su honor la manta en el suelo con las viandas, se sientan alrededor y esperan que Rajoy les haga partícipes de la piñata que la sandía lleva dentro. Todos esperan recibir la correspondiente tajada.
Fuente
(Es cierto también que no todo está en sus manos)
No dice nada nuevo aquí Vicent pero me parece muy gráfico el análisis del comportamiento de los políticos que hace en esta columna, así que lo dejo en nuestro saloncito por si a alguien interesa.
La tajada, de Manuel Vicent.
En cualquier excursión a pie con viandas a la fuente de la teja siempre hay un grandullón, en general el más conformista de la pandilla, al que le toca llevar la sandía. Quien lo haya probado sabe lo difícil que es transportar una sandía en brazos a través de un sendero escarpado, con subidas y bajadas cada vez más abruptas. Durante ocho años, desde que Aznar lo eligió a dedo como sucesor, Rajoy ha llevado esa pesada sandía como jefe de la oposición, al hombro o abrazada contra la barriga. Él fue el primero en creer que no podría con esa carga tan resbaladiza y estuvo a punto de soltarla desde el balcón de Génova la noche de aquel 14-M en que perdió las elecciones, pero contra todo pronóstico resistió la tentación. Después, a lo largo de ocho años, además de su propio desánimo, ha debido soportar toda clase de zancadillas de la gente de su partido, los agravios de los medios de comunicación afines que alentaban la ambición de otros líderes correligionarios para desbancarlo, los insultos directos de la derecha radical que lo consideraba un perdedor nato y la escasa valoración personal que siempre le dieron las encuestas. Tampoco el partido socialista lo tenía en consideración como adversario. La opinión pública y los políticos de cualquier bando durante la larga excursión a la fuente de la teja han cruzado apuestas con dos variantes: si a Rajoy en este camino tan abrupto de la oposición se le caería la sandía al suelo y se le partiría en dos; o si, finalmente, cansado de cargar con ese peso muerto, un día lo soltaría en plena cuesta para echar a correr hasta perderse monte abajo. Ahora algunos políticos del Partido Popular, hartos de ponerle zancadillas, periodistas de la derecha radical, que lo despreciaban hasta el escarnio, y ese conjunto de logreros y trincones que se mueven en las tertulias en torno al poder, están dando un espectáculo de bajeza perruna al comprobar que ya se divisa el final del trayecto y Rajoy va a ser capaz de llevar la sandía hasta la fuente de la teja. Los enemigos que le acuchillaron por la espalda ahora extienden en su honor la manta en el suelo con las viandas, se sientan alrededor y esperan que Rajoy les haga partícipes de la piñata que la sandía lleva dentro. Todos esperan recibir la correspondiente tajada.
Fuente
4 de noviembre de 2011
Conversaciones sobre el futuro...(Sabadell)
Al margen de que haya un banco por el medio, que prefiero olvidarlo, he estado escuchando estas conversaciones completas entre diferentes personas-personajes porque tenía curiosidad. Estaban ahí Rojas Marcos, Luz Casal, Loquillo, Geraldine Chaplin...en unas charlas a dos sobre el futuro que, curiosamente, hoy se ve más negro que gris.
Debo reconocer que me ha parecido una buena idea publicitaria. Esperemos que del dinero invertido se obtengan frutos; que no sólo los obtengan el banco y los protagonistas...
La conversación que menos me atrajo, por la escasa química que había entre ellos, fue la de Estrella Morente y Rojas Marcos. Supongo que no se encontrarían en su mejor día o no se eligió bien al compañero.
La que más me sedujo fue la de Luz Casal y Geraldine Chaplin. Ambas tienen fuerza y, es cierto, Luz transmite serenidad.
Debo reconocer que me ha parecido una buena idea publicitaria. Esperemos que del dinero invertido se obtengan frutos; que no sólo los obtengan el banco y los protagonistas...
La conversación que menos me atrajo, por la escasa química que había entre ellos, fue la de Estrella Morente y Rojas Marcos. Supongo que no se encontrarían en su mejor día o no se eligió bien al compañero.
La que más me sedujo fue la de Luz Casal y Geraldine Chaplin. Ambas tienen fuerza y, es cierto, Luz transmite serenidad.
2 de noviembre de 2011
Escribiendo...
La biblioteca era el lugar donde se resguardaban las almas perdidas de la ciudad sin nombre. Algunos, incluso, se acercaban a leer. Otros, en cambio, con los ojos vacíos arrastraban su mirada sobre las letras que aparecían en los libros que no habían sido colocados aún en las viejas estanterías de madera. Aquel escenario era el que observaba cada día el hombre de edad indefinida que esperaba pacientemente la llegada de su hija. Se entretenía, mientras tanto, con historias de naufragios, de desamores trágicos, de reinas abandonadas, de luchas de clases, de biografías retocadas por miles de manos que pasaban por encima de ellas cada nueva temporada...
Ese día su hija no vino a buscarlo. Nunca se supo qué ocurrió con aquella mujer que dedicaba la vida entera al cuidado de su padre. A partir de este momento, el hombre de edad indefinida se frotaba las manos cada vez que llegaba la hora del regreso. Después se levantaba con calma y se marchaba solo. Así transcurrieron los meses hasta que su alma se escapó definitivamente. Poco a poco, la biblioteca se iba quedando vacía hasta que llegaban nuevas historias para alimentar el mundo, para descomponerlo.
Ese día su hija no vino a buscarlo. Nunca se supo qué ocurrió con aquella mujer que dedicaba la vida entera al cuidado de su padre. A partir de este momento, el hombre de edad indefinida se frotaba las manos cada vez que llegaba la hora del regreso. Después se levantaba con calma y se marchaba solo. Así transcurrieron los meses hasta que su alma se escapó definitivamente. Poco a poco, la biblioteca se iba quedando vacía hasta que llegaban nuevas historias para alimentar el mundo, para descomponerlo.
La profesora de Arte. De Pérez-Reverte.
No he tenido yo la suerte de tener profesores que verdaderamente me hayan tocado la fibra sensible. Los he tenido, eso sí, buenos, pasables y también nefastos. Pero profesores de ésos que dejan huella para ser recordados el resto de la vida con agradecimiento eterno y sincero, pues tendría que pararme a pensar...
Por este motivo, me ha gustado esta columna de Reverte. Dichosos los profesores que han sabido llegar a sus alumnos en el instante adecuado, y no tiene que ser éste necesariamente el que se comparte en las clases sino el que enriquece la vida más allá de las aulas, más allá de ese momento compartido...
Sin más, las palabras de Reverte:
En la vida de todo hombre hay mujeres que lo marcan para siempre. Eso incluye a madres, esposas, hijas, amantes o cualquier otra variedad imaginable del asunto. En ocasiones, algunos individuos más o menos afortunados vislumbran claves ocultas, secretos de la vida a través de los ojos de esas mujeres. Llegan a conocer mejor el mundo y a ellos mismos gracias a lo que ven o creen ver en la mirada de ellas, y también en sus actitudes, sus palabras y especialmente sus silencios. Alguna vez escribí, o dije, que nadie habla con silencios mejor que las mujeres. O con palabras, cuando se ponen. Sobre todo si salen al palenque hartas, fatigadas o heridas.
Hoy quiero contarles de una mujer que marcó mi vida. Su nombre figura en libretas de apuntes que conservo desde hace más de cuarenta años, y que contienen las notas que tomé en 6.º y Preu sobre Historia del Arte. Por aquel tiempo yo era un jovenzuelo insolente con la mochila llena de libros, a punto de viajar a la isla de los piratas. Me habían echado de los Maristas y conseguí asilo en el Instituto de Cartagena. Sólo éramos once en Letras, y los profesores de Literatura, Latín, Griego, Filosofía e Historia, también recién llegados, resultaron jóvenes y brillantes. Nos dieron tres años de felicidad intelectual con alicientes extras: Gloria, la profesora de Griego, usaba minifaldas de vértigo y tenía unas piernas espectaculares; y la profesora de Historia del Arte era dulce, tímida y sabia. Se llamaba María Amparo Ibáñez; y, como digo, conservo sus apuntes porque son metódicos y perfectos. Todavía ahora, cuando necesito refrescar un dato de modo urgente, acudo a ellos antes que al Summa Artis, al Espasa o al René Huyghe. Por eso siguen al alcance de mi mano, en el estante más próximo a la mesa donde trabajo.
Esa profesora nos enseñó a mirar a través de sus ojos: arquitrabes, volutas, arbotantes, frescos, veladuras, adquirieron sentido gracias a su inteligencia paciente. Ella nos llevó de la mano desde el arco de adobe a la nervadura gótica, del tesoro de Atreo a la silla de Frank Lloyd Wright, de la cerámica cordada a las sombras largas de Chirico. Enseñándonos, entre otras cosas útiles, que la Historia del Arte, como la Historia a secas, es mucho más que una disciplina académica: es un espejo familiar donde mirarse, un libro ameno que explica lo que fuimos y somos. Un rico sedimento de siglos que proporciona al hombre occidental -o a lo que va quedando de él- memoria, explicación y consuelo. Sin Amparo Ibáñez, sin sus explicaciones y su inteligencia, sin su fe imbatible en los once muchachos que, con ella, analizaban fascinados el último detalle de cada catedral, cada escultura y cada cuadro, mi vida sería hoy, seguramente, muy distinta. Con la mirada que esa mujer me educó pude escribir, más de veinte años después, La tabla de Flandes: la historia de una joven que mira un cuadro como quien descifra un enigma, del mismo modo que, gracias a mi profesora, aprendí yo a mirar con diecisiete o dieciocho años. Y tampoco, sin esa mirada que luego contempló cosas que nada tienen que ver con la Historia del Arte -aunque en el fondo quizá tengan que ver, y mucho-, habría podido escribir más tarde la novela que llamé El pintor de batallas sin que haya nada casual en la elección del título: la historia del hombre que, encerrado en una torre circular, pinta en sus muros la fotografía que nunca logró hacer: el paisaje-resumen devastado, monótono, implacable, de todo el horror y todas las guerras.
Hace algún tiempo, cuando firmaba libros después de presentar una de mis novelas en Valencia, vi a Amparo Ibáñez en la cola de lectores, aguardando paciente con un libro en las manos. No la había vuelto a ver desde el Instituto, pero la reconocí en el acto: delgada, menuda, tímida. Estoy lejos de ser un fulano de lágrima fácil; pero verla allí, como uno más, me conmovió las entrañas. La cola de lectores era interminable: había mucha gente esperando una dedicatoria, y yo me iba esa misma noche. Así que hice cuanto pude. Como siempre firmo de pie, no tuve que levantarme. Hablé atropelladamente de lo mucho que mis libros y mi vida le debían. De la deuda inmensa y del indeleble recuerdo. Ella asentía complacida de escuchar aquello, mientras yo garabateaba unas líneas apresuradas en la página de cortesía de la novela. Después la besé y me quedé mirándola un momento, con dolorida impotencia, antes de atender al siguiente lector que aguardaba. Así la vi perderse entre la gente, con el libro firmado que apretaba contra el corazón. Entonces decidí que alguna vez, si lograba no ponerme demasiado sentimental, escribiría unas líneas como las que ahora escribo. Para decirle, al fin, lo que entonces no le dije.
Fuente
Por este motivo, me ha gustado esta columna de Reverte. Dichosos los profesores que han sabido llegar a sus alumnos en el instante adecuado, y no tiene que ser éste necesariamente el que se comparte en las clases sino el que enriquece la vida más allá de las aulas, más allá de ese momento compartido...
Sin más, las palabras de Reverte:
En la vida de todo hombre hay mujeres que lo marcan para siempre. Eso incluye a madres, esposas, hijas, amantes o cualquier otra variedad imaginable del asunto. En ocasiones, algunos individuos más o menos afortunados vislumbran claves ocultas, secretos de la vida a través de los ojos de esas mujeres. Llegan a conocer mejor el mundo y a ellos mismos gracias a lo que ven o creen ver en la mirada de ellas, y también en sus actitudes, sus palabras y especialmente sus silencios. Alguna vez escribí, o dije, que nadie habla con silencios mejor que las mujeres. O con palabras, cuando se ponen. Sobre todo si salen al palenque hartas, fatigadas o heridas.
Hoy quiero contarles de una mujer que marcó mi vida. Su nombre figura en libretas de apuntes que conservo desde hace más de cuarenta años, y que contienen las notas que tomé en 6.º y Preu sobre Historia del Arte. Por aquel tiempo yo era un jovenzuelo insolente con la mochila llena de libros, a punto de viajar a la isla de los piratas. Me habían echado de los Maristas y conseguí asilo en el Instituto de Cartagena. Sólo éramos once en Letras, y los profesores de Literatura, Latín, Griego, Filosofía e Historia, también recién llegados, resultaron jóvenes y brillantes. Nos dieron tres años de felicidad intelectual con alicientes extras: Gloria, la profesora de Griego, usaba minifaldas de vértigo y tenía unas piernas espectaculares; y la profesora de Historia del Arte era dulce, tímida y sabia. Se llamaba María Amparo Ibáñez; y, como digo, conservo sus apuntes porque son metódicos y perfectos. Todavía ahora, cuando necesito refrescar un dato de modo urgente, acudo a ellos antes que al Summa Artis, al Espasa o al René Huyghe. Por eso siguen al alcance de mi mano, en el estante más próximo a la mesa donde trabajo.
Esa profesora nos enseñó a mirar a través de sus ojos: arquitrabes, volutas, arbotantes, frescos, veladuras, adquirieron sentido gracias a su inteligencia paciente. Ella nos llevó de la mano desde el arco de adobe a la nervadura gótica, del tesoro de Atreo a la silla de Frank Lloyd Wright, de la cerámica cordada a las sombras largas de Chirico. Enseñándonos, entre otras cosas útiles, que la Historia del Arte, como la Historia a secas, es mucho más que una disciplina académica: es un espejo familiar donde mirarse, un libro ameno que explica lo que fuimos y somos. Un rico sedimento de siglos que proporciona al hombre occidental -o a lo que va quedando de él- memoria, explicación y consuelo. Sin Amparo Ibáñez, sin sus explicaciones y su inteligencia, sin su fe imbatible en los once muchachos que, con ella, analizaban fascinados el último detalle de cada catedral, cada escultura y cada cuadro, mi vida sería hoy, seguramente, muy distinta. Con la mirada que esa mujer me educó pude escribir, más de veinte años después, La tabla de Flandes: la historia de una joven que mira un cuadro como quien descifra un enigma, del mismo modo que, gracias a mi profesora, aprendí yo a mirar con diecisiete o dieciocho años. Y tampoco, sin esa mirada que luego contempló cosas que nada tienen que ver con la Historia del Arte -aunque en el fondo quizá tengan que ver, y mucho-, habría podido escribir más tarde la novela que llamé El pintor de batallas sin que haya nada casual en la elección del título: la historia del hombre que, encerrado en una torre circular, pinta en sus muros la fotografía que nunca logró hacer: el paisaje-resumen devastado, monótono, implacable, de todo el horror y todas las guerras.
Hace algún tiempo, cuando firmaba libros después de presentar una de mis novelas en Valencia, vi a Amparo Ibáñez en la cola de lectores, aguardando paciente con un libro en las manos. No la había vuelto a ver desde el Instituto, pero la reconocí en el acto: delgada, menuda, tímida. Estoy lejos de ser un fulano de lágrima fácil; pero verla allí, como uno más, me conmovió las entrañas. La cola de lectores era interminable: había mucha gente esperando una dedicatoria, y yo me iba esa misma noche. Así que hice cuanto pude. Como siempre firmo de pie, no tuve que levantarme. Hablé atropelladamente de lo mucho que mis libros y mi vida le debían. De la deuda inmensa y del indeleble recuerdo. Ella asentía complacida de escuchar aquello, mientras yo garabateaba unas líneas apresuradas en la página de cortesía de la novela. Después la besé y me quedé mirándola un momento, con dolorida impotencia, antes de atender al siguiente lector que aguardaba. Así la vi perderse entre la gente, con el libro firmado que apretaba contra el corazón. Entonces decidí que alguna vez, si lograba no ponerme demasiado sentimental, escribiría unas líneas como las que ahora escribo. Para decirle, al fin, lo que entonces no le dije.
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