La vida no se divide en años sino en momentos. Momentos que se atropellan sin cesar a pesar de nuestro deseo por detenerlos o pasarlos cuanto antes mejor.
Metidos en este barco inevitable, sólo nos queda remar y a veces a contracorriente. Intentemos, al menos, aprovechar las buenas olas que nos acerquen a orillas deseadas. Es difícil detectarlas porque son engañosas muchas. Cuestión de edad, de experiencia, de intuición.
Mis mejores deseos para todos, visitantes del saloncito.
