
Me pilló fuera de nuestro país esta noticia. Conocía a Màxim por las redes sociales. Es un adicto a ellas y, por lo que se ve, no ha dejado de serlo. Parece, por un lado, un hombre que se gusta. Por otro, un hombre al que le gusta gustar. Y, por último, un hombre que también demuestra una importante inseguridad, al querer saber qué piensan de él tras el desgraciado momento que le ha tocado vivir. Por ello, no ha dejado de enviar mensajes al espacio virtual, tras el desagradable suceso que le ha encumbrado a los libros de Historia de España.
Pero también Màxim conoce la fugacidad de este mundo de noticias que hemos creado entre todos. El mundo líquido en el que vivimos. Hoy eres un sol y mañana lo peor de lo peor y viceversa. Somos tan básicos, que la manipulación de la opinión pública es tremendamente sencilla.
El papel de su madre ha sido fundamental. También, su discurso enfadado. Quizá, no con falta de razón, aunque sí con falta de precisión en sus palabras.
No sé si se lo había dicho a Sánchez. Nunca lo sabremos, en realidad. Tampoco importa demasiado. Lo que importa de verdad es que conozcamos, al menos, la sociedad en la que vivimos. A partir de ahí, todo es relativo.
Màxim, creo que no hay mal que por bien no venga. ¡Cuántas veces lo habrás escuchado ya a estas alturas!

