Mostrando entradas con la etiqueta París. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta París. Mostrar todas las entradas

23 de noviembre de 2015

A propósito de París

 


Hoy he recibido en el correo esta columna de opinión de Ignacio Camacho. No dice nada que no hayamos escuchado ya pero sí me ha gustado cómo lo expresa. Lo cierto es que queda el corazón encogido cuando ocurre algo así. Es como si el silencio se apoderase de todo, a pesar del ruido inútil de los medios de desinformación: inútil y muy peligroso si se pretende llevar a cabo una operación anti-terrorista, en la medida de lo posible. Lo de los medios no es de este mundo y pocos se salvan cuando tratan información tan sensible, tan delicada. Basta con escuchar cómo cuentan y relatan las noticias que nos rodean. Como si no hubiese habido ya demasiada sangre. Parece que no es suficiente porque los días post son golosos en audiencias y por la audiencia MA-TO. Ni el lío de Cataluña, ni el 20D ni nada de nada. ¿Quién maneja nuestras barcas?

Es esta impotencia ante el absurdo del ser humano la que verdaderamente provoca que nos hagamos preguntas. Por cierto, cada vez dedicamos menos tiempo a hacernos preguntas ¿os lo habéis preguntado?...

Recuerdo lo que comentaba Darín a propósito de su última película Truman: vivimos como si fuéramos a estar aquí cuatrocientos años. Es verdad. A todos los niveles, es verdad.

Sin más, la columna de Camacho:

Las campanas de Hemingway 

En enero, recuerdas, eras «Charlie Hebdo». Eso pusiste en las redes sociales: je suis Charlie. Pero no, tú no eras Charlie. Porque tú estabas vivo y Charlie, los charlies, estaban muertos, como los guardias y los judíos del supermercado de los que nadie se acordó en la solidaridad plañidera del pensamiento débil. Muertos como los del viernes, tirados en la calle mientras tú corrías a cambiar la foto del perfil de Twitter y de Facebook. ¿Y ahora qué nombre vas a poner? ¿Bernard, Marion, Lucien, Françoise, Phillipe? Tienes 130, elige. Ah, bien, je suis Paris, qué hermoso; qué bonita esa torre Eiffel enmarcada en el símbolo hippie de la paz. Sólo que no estamos en paz. Y que tú tampoco eres París.

Tú eres el que ayer por la mañana, la luminosa mañana de este cálido noviembre, hacías jogging en el Retiro. La que se compraba un bolso y unos zapatos en la Gran Vía. La que paseaba el perrito por la plaza soleada. El que se iba a comer con la familia en el chalé de los suegros. La que se quedó viendo el programa de telebasura en la noche de la masacre. Tú eres uno cualquiera de los que se sentían, nos sentíamos, provisionalmente a salvo. Uno de los que descargaron su conciencia con una frase bonita en internet, amor y fraternidad, #portesouvertes, justo cuando allá en París la Policía ordenaba, pistola en mano, cerrar las ventanas.

Qué vas a ser París. París es esa ciudad donde la gente salió del estadio evacuado cantando el himno nacional, el que aquí abucheamos. París es esa ciudad donde los periódicos hablan de guerra sin tapujos, y donde el presidente socialista promete una respuesta sin piedad, «impitoyable». París es la capital de un país que considera su libertad y sus valores algo mucho más importante que su miedo.


Y tú… tú eres parte de un pueblo que hace once años, en una situación similar, en unos días iguales de sangre y plomo, se amedrentó y echó la culpa a su propio Gobierno. Que duda de su modelo de sociedad y todavía hoy piensa que si nos vienen a matar es porque algo habremos hecho. Que no ha aprendido, basta ver cómo olvida a las víctimas, de su larga experiencia de sufrimiento. Tú eres un superviviente del terrorismo, pero no lo sabes porque te cuesta pensar que los asesinados murieron en tu nombre. Porque prefieres creer que basta con no odiar para defenderte del odio.

Ese bonito emblema de la torre Eiffel no te va a proteger. Ni el pacifismo samaritano, ni las palabras emotivas, ni las cadenas de cibermensajes, ni el ritual de las firmas, las velas y las flores. Vienen a por nosotros, jesuis, y más vale que te vayas enterando. Te diré lo que eres: la próxima potencial víctima. Así que cuando subas a Facebook una velita por los muertos de París, sube otra por ti. Y acuérdate de por quién doblaban las campanas de Hemingway.


16 de noviembre de 2015

La debilidad de Europa




Frente a los que no les importa morir, no hay nada que hacer. Apenas nada. Frente a los enojados con el primer mundo, estamos casi perdidos y lo sabemos. No hay seguridad que valga, no hay ejércitos que valgan. Vivimos en un lugar abierto a pesar de las fronteras y condiciones que podamos y queramos poner y, a su vez, un lugar compuesto por innumerables guetos, que presume de ser "cosmopolita" cuando "la cosa" no está caliente. 

Es mentira. No hay rincón en el mundo cosmopolita aunque quede muy "cool" decirlo de algunas ciudades modernas y tolerantes que no son más que "miniciudades" dentro de la gran ciudad. Es mentira porque el pasado de los pueblos pesa como una losa enorme y, precisamente, esa memoria debiera conocerse siempre por parte de todos para llegar a comprender algo de todo esto. El problema, otro de los problemas, la creación de sociedades desmemoriadas y tocadas por la varita mágica de la podredumbre intelectual interesada.

A su vez, la hipocresía europea, que no podemos negar, provoca una tristeza extraña en los mismísimos europeos y en estos momentos de calma tras la tempestad y antes de ella. La tristeza culpable por intuirse no mejores, al menos, de alguna manera.

Es cierto. Nacemos ya en un bando. Sentimos más el dolor de los semejantes y eso es natural. A pesar de esa sorda culpabilidad que también somos capaces de procesar mientras lloramos nuestros muertos con cierta resignación.

No es que no nos importe el otro, pero asumimos que no haremos nada por cambiar una situación y, sin cambiar nada, el problema seguirá existiendo. De momento, miraremos hacia otro lado y seguiremos viviendo entre terrazas de café y música hasta el siguiente bombazo. Luego lloraremos, pondremos velas y, finalmente, olvidaremos de nuevo. Así hasta el infinito mientras nos dejen intermedios de falsa seguridad infantil.
 
No queremos renunciar a nuestros privilegios. Si ellos viven mejor, irremediablemente, nosotros viviremos peor. ¿Estamos dispuestos a hacer algo para modificar esta situación? ¿o sólo estamos dispuestos a salir con pancartas de mensajes bonitos a la calle? Asumamos el riesgo entonces. Porque todo esto conlleva un riesgo y lo sabemos o debiéramos saberlo.

"Educación", dicen algunos en mensajes de utopía blanca como la blanca paloma de la paz. Quizá, en el largo plazo, podamos construir sociedades mejores, basadas verdaderamente en valores más justos. Un poquito mejores, al menos. Me embarga de nuevo la desesperanza cuando pienso en el inmenso poder del poderoso (caballero). No puedo remediarlo y lo siento tanto... Veo la solución tan lejos que no la veo... ¿La veis vosotros?

Pensando en el ahora... frente al horror de los que no temen a la muerte, siempre seremos los débiles. Nosotros tenemos, desde luego, algo que perder aquí. Ellos, algo que ganar en esos paraísos plenos de vírgenes receptivas y placeres infinitos.

Es, en definitiva, nuestra hipocresía la que debilita la unión entre nosotros mismos. Esa unión que nos haría más fuertes frente al terror en una situación límite. Y estamos al borde de la situación límite. 

No quiero transmitir con estas letras que debiéramos sentirnos culpables y punto. Tampoco pienso eso aunque pueda parecerlo. Sólo quería dejar la pincelada. Una pincelada justa frente a tanta injusticia. Curiosamente, sólo mueren inocentes de un bando u otro. Casi siempre.
Y no hay NADA que justifique la muerte de inocentes.

TODOS, ABSOLUTAMENTE TODOS, DEBIÉRAMOS POSICIONARNOS EN CONTRA DEL TERROR, en contra de la manipulación que utiliza la sangre en beneficio propio.

Es tan difícil...

Mi más sentido pésame a los familiares y amigos de TODAS las víctimas.
Y sí. Lloro París porque me toca más cerca. Porque sus muertos se parecen más a los míos. 

15 de septiembre de 2010

Iglesia de San Antonio de Padua, llamada de Moisés y Aarón


Hace tiempo puse esta entrada en el blog de la iglesia de Saint-Sulpice de París. Cuando paseaba por Amsterdam hace poco, me encontré con esta otra iglesia católica del siglo XIX, actualmente utilizada como sala de exposiciones. Este edificio fue dedicado en un principio a San Antonio de Padua. Posee dos torres caladas y cuatro columnas en su entrada y su aspecto recuerda a su compañera parisina. Dice mi guía de viaje*:

Cuando los católicos no estaban autorizados a practicar su religión en público, decidieron fundar iglesias clandestinas. Para ello, el cura Boelens compró la casa Mozes en Aaron, en la Jodenbreestraat. Estaba habitada por un rico mercader judío que había decorado la fachada con pequeñas estatuas que representaban a Moisés y Aarón. La actual iglesia fue consagrada el 26 de octubre de 1841.

*Guías TresD de Anaya

14 de octubre de 2008

Un rincón especial de París...




Ese París que no desea dejar escapar el arte que nació en estas calles, en estos lugares en los que la creatividad y las vidas oscuras dejaban paso a un impresionismo pintado con fuerza; la fuerza de una existencia que se vive deprisa, entre músicas de cabaret y luces retratadas.

Un día Picasso metió todas sus pertenencias en cajas y se marchó a París por cuarta vez. Había decidido instalarse en Francia definitivamente. Su nuevo alojamiento, en un ruinoso edificio de estudios, estaba situado en el centro de la bohemia parisina en la calle Ravignan, en Montmartre.
...
Se reunían, la mayoría de las veces, en el bar "Le Lapin Agile". De vez en cuando, también se unían los poetas Guillaume Apollinaire y Max Jacob. El dueño del café se llamaba Frédé. Aceptaba también cuadros como forma de pago-y esto era lo que les hacía a él y a su café ser tan atractivos-. De esta forma, consiguió una magnífica colección, entre los que naturalmente había una obra de Picasso: "En el Lapin Agile", una composición inspirada en la época de Tolouse-Lautrec, con Picasso como arlequín y Frédé como guitarrista.


De Picasso. Ingo F. Walther. Taschen.

4 de febrero de 2008

Paris je t'aime




Este fin de semana he degustado cada una de las historias en la que está dividida esta película, Paris je t'aime. Unas mejores y otras no tan buenas, pero todas con un mensaje y con un bello recorrido por ese París que se deja ver sin ninguna tímidez...

Y se merecía un lugar en este blog por algunos contenidos magistrales que parecen esfumarse en silencio sin darse la importancia que merecen...

Una descripción de los sentimientos que se acerca a lo más cotidiano de nuestras vidas, a lo más íntimo y compartido. Con esa existencia que puede ser apasionante a veces, y otras veces desesperante y realmente triste. Y allí están esas personas que se empeñan en querernos, que se empeñan en recordarnos lo que es verdaderamente importante en el transcurso de los días, los detalles... el amor y la esperanza y también, como no, la soledad, el miedo...

26 de diciembre de 2007

8 de noviembre de 2007

Las sillas


Un lugar de recogimiento. Una iglesia que no olvidaré, por su hermosura, a pesar de lo que se indicaba en nuestra guía de viaje:

La rue Garancière arranca del Petit Luxembourg en dirección norte hasta encontrar un poco más lejos la impresionante iglesia de Saint-Sulpice. Excluyendo el órgano, uno de los mejores de París, y el mural Jacob luchando con el ángel, obra del pintor Eugène Delacroix, el interior del templo presenta escaso interés...

Un visita recomendada si vais a visitar esta ciudad. Lástima no haber podido disfrutar de su fachada tan increíble por las obras de restauración que se estaban llevando a cabo actualmente. Por otro lado, me alegro de que la vuelvan a vestir para que se pueda mostrar a París con todo su esplendor de nuevo; aquél del que presumió, seguro, ya en su momento...

Mi homenaje es hoy para ella...

6 de noviembre de 2007

Al son del silencio...






Dedicadas a Raiña... ahí van algunas de las fotografías de esos rinconcitos de los cementerios parisinos, que tantas sorpresas esconden...
Puedes fijarte que entre las tumbas se encuentra la de alguien muy conocido...

¿De quién se trata?

16 de septiembre de 2007

Un pequeño acercamiento al retrato

Y ahora la fotografía más grande de esta niña que jugaba con su barco en el Jardin du Luxembourg.
Dicen de este lugar, y doy fe, que su magia es irresistible, si se considera que poetas tan desdichados como Baudelaire y Verlaine se lo pasaron bien aquí.
Y es allí, donde uno puede sentarse para disfrutar de una tranquila lectura, rodeado de un escenario que ha sido testigo de algunos de los pensamientos que han quedado plasmados en nuestros libros.