4 de junio de 2024

Tirada bajo el sol


Tirada bajo el sol, este me recordó que aún mi cuerpo podía recibir calor.

De repente, abro un ojo, giro mi cabeza hacia la derecha y me quedo observando ese tronco que un día fue húmedo, fresco, lozano.

Pienso entonces: ¿Seré yo otro tronco de esta playa desierta cuando todas las luces se hayan apagado?

11 de mayo de 2024

Conociéndome. Reconociéndome.


Sigo teniendo ese nudo en el estómago, en la garganta. Es un nudo que me ata a un pasado ya disuelto del que recuerdo tanto lo bueno como lo malo. Os aseguro que tengo presentes AMBAS caras de la moneda y aparecen, tanto la nostalgia como la ternura, y también la profunda tristeza que no se termina de marchar. No es que quiera regresar a este pasado pero sí que siento que algo hemos perdido y estamos perdiendo en esta evolución del ser humano. 
Me pregunto hacia dónde camina esta sociedad en la que no me veo acomodada. Todo se ha vuelto tóxico si causa un mínimo fastidio. Ya no tenemos ni debemos soportar nada. Surge la duda, incluso, del sentido de la pareja, origen de todos los que vendrán detrás. Somos uno, uno más uno, uno más uno más uno. 
Ningún peso a nuestras espaldas que provoquen los otros y mucha soledad vestida de diversos trajes, incluso de fiesta. Esta soledad última, la disimulada, es la más asfixiante de todas. Asfixiados pero felices. Las relaciones no llegarán a ser nunca duraderas. Las familias serán de quita y pon. El mundo líquido en el que nadamos, se agota enseguida de una adicción para pasar inmediatamente a la siguiente. ¿Para qué esperar si lo podemos obtener YA?

No existe el plato cocinado a fuego lento y con grumos. No hay calma, no hay reposo, no hay sosiego.

¿O soy yo?

5 de mayo de 2024

Un mensaje para TODAS las MADRES


 

Que no se olviden de cuidarse, de MIMARSE. 

Que no se olviden de ellas mismas.

Sin ellas mismas, los que vienen detrás no aprenderán la lección CORRECTA.


4 de mayo de 2024

Sobre EL PAÍS DE LAS ÚLTIMAS COSAS


 


Y las tormentas llegaron.

Me pregunto si podría haber sido de otra manera. 

Despedida.

Silencio.

Más silencio. 

Aún nacen flores en los acantilados que caen irremediablemente al VACÍO.


Mi homenaje a Paul Auster.

Pero no elijo rincones desoladores, sino playas que se abren para que entre aire fresco. 

Salgo de este VIAJE más enriquecida y, a su vez, más envejecida.

Es inevitable.

En este trayecto, me doy cuenta de los ERRORES. 

Me pregunto si irremediablemente estamos atados a nuestros errores para SIEMPRE.

Busco la permanencia en mi interior. 

Fuera, NADA permanece.

En el país de las últimas cosas.



1 de mayo de 2024

Un pecado ¿confesable?


He de confesaros un pequeño pecado. No es pecado pero me gusta denominarlo así y esto es lo bueno de escribir lo que a una le da la gana, sin tener al profesor "tradicional "con el machete detrás para cortarte la mano si no escribes cómo mandan los cánones del momento. Me alegro, por cierto, de no haber aprendido a escribir en estas actualidades que muchas veces marean más que otra cosa. Otras veces pienso que me hubiera gustado ser tierno aprendiz hoy, porque también se concede importancia a lo que antes no tenía ninguna y era igualmente importante. Aunque el problema ahora es otro: O nos quedamos cortos o nos pasamos de la raya... Somos incorregibles.

Ahora sí; Os confieso mi pecado que no es pecado:

De esos tres cerebros que tenemos, el que predomina en mí es el emocional. Soy esclava del sistema límbico. El racional, para otro momento en términos generales... El reptiliano, pues algo debo de tener también porque ni me he muerto aún ni me han matado, que vendría a ser algo semejante si únicamente tenemos en cuenta el dejar de respirar. 

No es que tenga totalmente desatadas mis emociones, pero podría decir que las contengo muy poco últimamente, y en eso tiene algo que ver el neocórtex, que al menos sirve de freno al desastre total.

Imagino como caballos desbocados a mis emociones. Cabalgando a lomos de ellas, el bosque se convierte en una masa verde amarronada. 

En uno de esos troncos verdosos, cuelga un cartel de SE BUSCA: 

SE BUSCA:

REFLEXIÓN
AUTOCONTROL
CONCENTRACIÓN


Estado actual: Buscando el bosque detenido. 




27 de abril de 2024

De recuerdos y creaciones


Pienso en cómo recordamos lo que recordamos. Una historia de amor, la misma supuestamente, está formada como mínimo por dos historias de amor, y es posible que muy diferentes entre sí. Es más; Una historia de amor vista hoy por una mirada, no es la misma historia de amor vista hace unos años, o dentro de unos años, a futuro... Porque la mirada, precisamente, ya no es la misma.

Todo se va transformando al antojo de la memoria y bajo los aprendizajes que vamos adquiriendo a lo largo de nuestra vida.

Y si no fuese suficiente el embrollo, esos supuestos aprendizajes, una vez adquiridos los primeros, que a veces considero que son la batidora de nuestras entrañas, no dejan de ser lecciones que no podemos aprender, o que no deseamos aprender. Aunque seamos conscientes del error que ello pueda suponer.

Nuestro cerebro nos engaña, nos amarra. No es nuestro cerebro exactamente. Quizá sea ese pasado que pesa. También nuestro cerebro, al que le gusta acomodarse en esos hábitos adquiridos que a veces nos hacen daño. Está diseñado para sobrevivir y no le gustan los cambios. Así funcionamos.

Difícil salir de los patrones aprendidos cuando éramos esponjas. 

¿Se puede salir de ellos o es prácticamente imposible?

20 de abril de 2024

Tumbada bajo los pinos


Me dediqué la tarde del viernes. Salí de la oficina y arranqué hacia una de mis costas. Me invité a comer en mi restaurante favorito y escuché las conversaciones de turistas recién llegados. Deseosos del sabor a mar de los platos, del clima fresco, de los carajillos, de los buenos caldos, por no decir vinos, como se ha dicho toda la vida. 

Con su disfrute, el mío. Desde una mesa con la compañía tan maravillosa de uno mismo, se pueden descubrir tantas cosas... Las miradas que se cruzan en mesas aledañas, la amabilidad de los camareros, las prisas también. Las relaciones de parejas de toda la vida y las recién estrenadas. Los padres, los abuelos que siempre pagan, y los nietos que piden helado casi desde antes de los entrantes. Grupos grandes de familias, discusiones triviales que parece que arreglarán el mundo y vaya si lo arreglan. Veo a padres con yernos. A abuelas que observan orgullosas la escena. Veo a un hijo maduro con su anciana madre disfrutando de una buena fuente de cigalas. A un senderista que, como yo, se entretiene observando toda la película que pasa por delante de sus ojos. Veo apatía también. Veo de todo...

Antes yo formaba parte de esa película. Ahora me siento espectadora de mi mundo de antes. Y, os lo aseguro, tiene su punto también.

El camarero vuelve a pasar y me pregunta con ternura si me han gustado los longueirones. Dice que me traerá en breve la lubina a la brasa. Sonríe al irse. 

Me hace gracia. Aún sigue llamando la atención ver comer a una mujer sola en un restaurante de mantel como Dios manda. Si tiene una copa de vino sobre la mesa, todavía más. Y si además es con buen apetito, ni os cuento!


Ahora, acostada bajo esos pinos. Escuchando el sonido de las olas y el canto de las gaviotas. 

Feliz.