Una petición estimulante
El pasado septiembre, la dirección de informativos de TVE me encargó un reportaje para En Portada. Se trataba de continuar el trabajo que la también antigua corresponsal de TVE en la URSS, Llúcia Oliva, había realizado hace diez años. La petición era estimulante, hacer ahora un nuevo reportaje con una serie de personas que habíamos entrevistado en 1991 y en 2001. A través de ellos, explicaríamos los cambios en Rusia desde el 25 de diciembre de 1991 cuando desapareció la Unión Soviética.
La tarea más laboriosa consistió en rescatar a los personajes. Diez años después alguno había muerto y otros se habían hecho muy mayores o simplemente no querían participar en el programa. Pero la verdad es que la mayoría acogieron con entusiasmo nuestra propuesta.
Rusia, veinte años después
Después de veinte años, sí que he constatado un cambio en la actitud de la gente. Hoy son muy amables, casi no he escuchado aquella habitual expresión del “príncipie, niet” (de entrada, no) tan típica cuando pedías alguna cosa al final de la era soviética. Es algo que el visitante agradece.
He regresado de Rusia contento y preocupado. Es evidente que se vive mejor, pero también lo es que hay un regreso al pasado. La gente vuelve a desconfiar de las instituciones del estado, la corrupción domina la administración pública, los medios de comunicación están amordazados y la política está dominada por la antigua policía política soviética. Todos saben quién será el próximo presidente o primer ministro. El futuro político y económico está diseñado y a la mayoría de rusos les parece perfecto, de momento.
En estos veinte años, la vida ha mejorado, pero la democracia ha empeorado. En Rusia, hoy, la herencia de la Unión Soviética está presente.
























































