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5 de abril de 2025

Una pregunta. Una petición de consejo.

 Decidme qué hacéis cuando sentís esa soledad que se siente en el estómago.

¿La habéis sentido alguna vez?



Actualización:

SENTIR.

SENTIR.

SENTIR.


Me acabo de dar cuenta de que he mencionado tres veces el mismo verbo.

22 de mayo de 2016

Las soledades de Madrid


Sigo paseando por las calles de Madrid. Detrás de unos, delante de otros... Pienso que las grandes ciudades se componen de grandes soledades; soledades que caminan entre otras soledades, en el devenir de los días, de los meses, de los años... Cegadas por ese sentimiento que no sólo corresponde a uno mismo sino a muchos que nos rodean, que nos siguen, que se cruzan con nosotros aunque no nos miren, no nos vean... O sí nos observen desde ojos ansiosos de calor.

Un montón de soledades juntas que demuestran que la peor soledad es la que permanece entre la multitud. La que se cree única sin serlo... La soledad que no tiene sentido porque la solución la tiene cerca, o debiera tenerla...

Mi ciudad de Madrid. 
Encantadora cuando estoy bien. Devastadora, como todas las demás, cuando echo en falta tanto.

21 de febrero de 2014

El final cercano



Se preguntaba en qué momento había dejado de quererla. Esa fría y solitaria tarde de invierno, paseaban por la ciudad gris agarrados de la mano, intuyendo ambos el final cercano, inevitable, doloroso incluso para el que abandona.
Ya no tenían nada que decirse. Se lo habían dicho todo a lo largo de aquellos años de adolescencia, de juventud, de madurez recién estrenada, y no por la edad, sino por el dolor punzante que provoca el mero hecho de seguir vivo.

¿Cómo pueden desaparecer de golpe tanta confianza, tanto amor, tanta vida compartida?

31 de mayo de 2011

La vida breve

Fuente de la imagen

Hoy ha sido uno de esos días en los que una se da cuenta, más si cabe, de la brevedad de la vida; de lo que nos enseña esa brevedad, esa fragilidad de los humanos que a veces, con mucha soberbia por cierto, nos creemos invencibles...

Disfrutemos de cada instante. Hagamos disfrutar a los demás.

18 de diciembre de 2007

Para leer...

En el fondo, además, siempre estamos solos. Más solos que la una y a casi cualquier hora, pobres o ricos, sanos o con hernias. Proust escribía: “Nos comunica alguien su enfermedad o su revés económico, lo escuchamos, lo compadecemos, tratamos de reconfortarle y volvemos a nuestros asuntos. ¡Qué solas estamos las personas!”.