23 de mayo de 2016

En realidad, luz de septiembre...




Huyeron todos. No quedó nadie en aquel lugar maldito. Ni siquiera el viejo perro que dormitaba las tardes en ese banco de madera y confidencias. Se fueron todos sin cerrar la puerta. Sin llevarse nada de las vidas que dejaban atrás con nostalgia, con tristeza, con esperanza en un futuro que, vagamente, aparecía ante sus ojos llorosos.

Sólo quedaban las flores que, despistadas, nacían a la vera del camino hacia la iglesia.
Sólo quedaban las flores con su luz de atardeceres dorados. Con su luz de septiembre.


22 de mayo de 2016

Las soledades de Madrid


Sigo paseando por las calles de Madrid. Detrás de unos, delante de otros... Pienso que las grandes ciudades se componen de grandes soledades; soledades que caminan entre otras soledades, en el devenir de los días, de los meses, de los años... Cegadas por ese sentimiento que no sólo corresponde a uno mismo sino a muchos que nos rodean, que nos siguen, que se cruzan con nosotros aunque no nos miren, no nos vean... O sí nos observen desde ojos ansiosos de calor.

Un montón de soledades juntas que demuestran que la peor soledad es la que permanece entre la multitud. La que se cree única sin serlo... La soledad que no tiene sentido porque la solución la tiene cerca, o debiera tenerla...

Mi ciudad de Madrid. 
Encantadora cuando estoy bien. Devastadora, como todas las demás, cuando echo en falta tanto.

21 de mayo de 2016

¿Y adónde se irán todas esas genialidades?


¿Dónde habitan todas esas genialidades en potencia? 
Sólo nos quedan las que ya se han manifestado de alguna manera, pero quiero pensar que existe un mundo para las genialidades que no surgieron finalmente por falta de ocasión. 

Maldito tiempo limitado. Y, lo que es peor, ¡maldito tiempo desaprovechado!

Y, lo que es peor aún: Que un adulto suelte por esa boquita la siguiente frase: "Me aburro"
¡Vete al carajo!

19 de mayo de 2016

Y por seguir con Madrid...



Tengo el ordenador estropeado desde hace unos cuantos siglos y sólo puedo utilizar las fotografías ya colgadas en alguna ocasión en el saloncito. He aprovechado para volver a sacar una de esta ciudad de Madrid que me acogió, como en tantas otras ocasiones, en uno de mis viajes. Procuro ir siempre que puedo, la verdad. Procuro pisarla, disfrutarla, estrujarla, saborearla y... ¿Por qué no? Criticarla también.

Como toda gran ciudad que se precie, puede llegar a ser el rincón más cálido de este mundo o el más congelado. 
Yo, sinceramente, me agarro todo lo que puedo a la ciudad pequeña pero...nunca se sabe por donde nos llevará la vida...

Recuerdo que, en esa escapada, paseé cámara en mano y disparé a aquello que me producía alguna sensación; una especie de llamada a apretar "el gatillo"...

Estos días, estoy paseando por los blogs de Ripley de nuevo. Ha sido como una terapia... Vuelvo a ver un montoncito de imágenes "Ripley" y vuelvo a leer sus ocurrentes fragmentos a pie de foto: humor y transparencia.

¡Cuánto tiene que agradecerle la capital!
¡Cuántos instantes inmortalizados!

Seguiremos viajando, leyendo, aprendiendo y, seguramente, desaprendiendo también.
La vida es así...aprender y desaprender, aprender y desaprender...
Aunque, estoy convencida de ello: moriremos mejores.

17 de mayo de 2016

Estado de ánimo otoñal




Y digo otoñal, por decir algo.
Hoy ha hecho sol en Galicia pero me siento como en un día de lluvia: triste, melancólica, sensible, susceptible, caprichosa...
He salido a dar un paseo, por si mejoraba el ánimo, y podría definirlo como sordo. Un día sordo en el que la alegría no se contagia ni a tiros. Seguro que comprendéis bien lo que os digo... Seguro que ya os ha ocurrido.
He recordado de nuevo a Ripley, a Jan Puerta, a María Jesús Paradela...
No asimilo que ya no pueda volver a verlos por el saloncito escribiendo sus pensamientos, sus opiniones...sus palabras tan valiosas.
Es, sin duda especial, la muerte de un bloguero.

También es cierto que por aquí no va a quedar nadie.
Pero...me cuesta hacerme a la idea.

16 de mayo de 2016

Mi vida sin Ripley

Una fotografía que hice en uno de mis viajes a Madrid. Sé que a Ripley le gustó. Va por él.

¿Cómo se puede llegar a querer tanto a alguien a quien nunca has llegado a conocer personalmente?

Ripley, no puedo echarte nada en cara porque sería injusta. Te has ido sin previo aviso y tengo que perdonártelo aunque, debo reconocerlo, me cuesta horrores. Pero tenías derecho a no sufrir, a dejar de sufrir de una vez por todas

Y te has marchado por la puerta grande, como tus grandes toreros. No habrá otro Ripley en estos espacios, cada vez más fríos. No habrá otro Ripley que me haga sonreír como lo hacías tú, como lo seguirás haciendo cuando regrese a tus rinconcitos, a tus especiales fotografías de una de mis ciudades, a tus comentarios, a tus correos ilustrativos y trabajados. Porque no pienso irme de ellos, Ripley. Nunca me iré de ellos y siempre los llevaré conmigo.
Y he seguido mirando, inocentemente, la bandeja de entrada, por si respondías a los últimos correos que te envié, a los últimos mensajes, a las últimas preguntas que te hice, queriendo negar las evidencias. Pensaba que te habías equivocado al programar la entrada. Quería pensarlo, supongo...

Me quedo contigo, como dice la canción, por tu inmensa riqueza y sensibilidad. También, por tu sinceridad a pesar de los pesares. Y es que a las buenas personas se les perdona todo, Ripley. Hasta ese carácter gruñón e infantil que a veces sacabas como un niño indefenso. Porque, es cierto, si la vida es complicada de por sí, la tuya era un infierno con el que supiste torear hasta el final con una dignidad asombrosa, con humor incluso, pese a todos los problemas derivados de tan dura enfermedad.

Pero tu sufrimiento en soledad sólo lo has conocido tú y ha debido de ser terrible. Sólo imaginarlo lo es... Por eso te dejamos marchar, Ripley. Por eso te veremos volar con un cierto alivio, con una cierta esperanza. Imaginaremos que nos vigilas desde arriba, nos cuidas, nos echas la bronca...

Me duele profundamente el pensar que aún tenías muchísimo que ofrecer a este mundo tan necesitado de personas como tú, mucho que disfrutar, mucho que fotografiar. Me duele pensar en esa dureza de la vida que no tiene piedad con nada ni con nadie, que no tiene sentido en tantas ocasiones pero sí lo tiene. La naturaleza es así. Y somos naturaleza y nada más. Y nada menos también. 

Permíteme las incongruencias, las paradojas...como quieras denominarlo, Ripley. 
El sentido a la vida se lo damos las personas. Y, a veces, también se lo quitamos. Porque somos así. Porque somos seres humanos imperfectos que perdemos muchas veces el norte y olvidamos lo realmente importante y lo efímeros que somos...
Tú lo tenías claro, Ripley. Tú tenías claro que no eramos eternos. Parece mentira, pero mucha gente se olvida de este "pequeño" detalle, que es tan grande... Muchas veces, nos olvidamos de ello.

Madrid se queda un poquito más huérfana sin ti, mi querido Ripley.
Y a mí también me dejas un vacío enorme, un nudo que me ha secado por dentro.
Sabes que este saloncito te querrá siempre porque ya formas parte de él.

Feliz descanso, Ripley. Ahora sí. 

14 de mayo de 2016

Y el duelo

13 DE MAYO DE 2016

Fuente de la luna













Y mientras los duelos nos comen la vida
seguimos viviendo de espaldas al tiempo
Seguimos luchando futuros vacíos
y amando lugares plenos de destierro.

¡Que no se detenga al menos la luna!
¡Que siga brillando en las noches alternas!
Que no me permita morir sin su brillo
Que no me deje las pupilas muertas.



ACTUALIZACIÓN: Acabo de confirmar mis peores sospechas. Ha fallecido mi querido amigo Ripley.