25 de noviembre de 2014

De El pequeño Nicolás




...que no deja de sorprenderme. 

Lo cierto es que poco había escuchado sobre él, a pesar de las innumerables apariciones en los medios de este pequeño diablillo o cómo quieran denominarlo.

El domingo pasado, vi la entrevista por internet por la curiosidad que ha generado a su alrededor. Uno no tiene conversación fresca cuando no está puesto en temas de actualidad, por muy desenfocada que esté la misma. Esto último, indudablemente, no lo creo en absoluto. Es más. Creo que las conversaciones más frescas se encuentran muy alejadas de los medios de desinformación.

Finalmente, y volviendo al asunto de la famosa entrevista del que le ha quitado protagonismo hasta al mismísimo Iglesias, me quedé como estaba porque no dice nada, no aclara nada... No sé qué pensar. Quizá no haya nada detrás, nada importante. Quizá, sí puedan temer los de alrededor lo que puede hacer este chico de veinte años por protagonismo, amor al Estado o amor a sí mismo. Me parece extraño que no hayan denunciado algunos, la verdad. Por otro lado, ¿interesa denunciar por unos motivos o por los contrarios? ¿qué demonios habría que denunciar?...

De momento, El Pequeño Nicolás, debo reconocer, me ha llamado la atención. Su detención oscura, sus arrejuntamientos a gentes importantes del país pero, sobre todo, su personalidad y su imagen unidas a su tierna edad de muchacho cuasi imberbe.

Dice que no es un friki. Yo no creo que lo sea, desde luego.

¿Y si lo hubiesen creado Ellos?


18 de noviembre de 2014

Caminando por Madrid: No nos pueden dejar sin el Café Central

Caminando por Madrid: No nos pueden dejar sin el Café Central: El Café Central de la Plaza del Ángel, en el corazón de Madrid, es uno de los 35.000 comercios tradicionales madrileños que se verán ...







Gracias, Osorio. Otro borrón que provoca la desaparición de nuestra Historia y la aparición de nuestro nuevo mundo de plástico, de usar y tirar...

13 de noviembre de 2014

Una cosa que me ha pasado hoy en relación con una columna



Pues estaba yo mirando libros esta tarde en una librería de mi ciudad, cuando unos cuantos hombres de avanzada edad comenzaron una batalla verbal sobre política y, más concretamente, sobre nuestro Presidente. Hacían referencia a una columna de Xosé Luis Barreiro Rivas que sale publicada hoy en La Voz de Galicia y, de ahí, salió todo lo demás.

La dejo aquí.
Yo ya no sé qué pensar...
La política, a día de hoy, es un tema que me supera.

Para tener razón no hace falta hablar mucho


Mariano Rajoy no ha hablado mucho, ni con perspicacia, sobre el enmarañado problema catalán. Pero hay que reconocerle que todo lo que dijo suena a firme y realista, y que todo lo que dicen los demás suena a boutade, oportunismo, confusión o chalaneo. Y por eso lleva trazas -gracias a Dios- de ganar esta partida, aunque nadie se lo va a reconocer hasta que pasen diez años. También hay que decir, porque es justo, que Rajoy no está más acertado que los tertulianos, los nacionalistas o el pueblo llano por ser el más listo, sino por hablar desde el contexto de lealtad y responsabilidad al que obliga la presidencia del Gobierno, y por no salirse del método de comunicación que prefiere que el presidente se quede corto y enfade a la prensa antes que competir en ocurrencias o disparates con los tertulianos, profesores, políticos acomplejados y demagogos que pululan por ahí.


Lo que viene diciendo Rajoy es que no cree que el futuro de Cataluña dependa de convertirse en Estado independiente; que no ve a la gente tan obsesionada con la secesión como las élites catalanas nos quieren hacer creer; que la realidad histórica y constitucional de España no está al albur de un movimiento político oportunista, ni del cabreo entendible de una generación en crisis, ni de un acuerdo territorial unilateral que nos abra a todos la puerta del infierno. También dice que el insolente discurso de los nacionalistas vascos y catalanes, cuya situación privilegiada les permite pasar toda la crisis inventando problemas y recreándose en su megalomanía, empieza a sonar a monserga reivindicativa de pasta gansa y privilegios; que una España dividida en tres -Euskadi, Cataluña y «El Resto»- no sería mejor ni más libre que la que ahora tenemos; y que en ningún caso cree en un federalismo asimétrico, pactado con los más ríspidos y votado, a la voz de «ar». por todos los demás. Y lamento decirles que yo, si tuviese que quedarme con solo uno de los mil discursos que inundan España, me quedaría con este.


Claro que podríamos añadirle cuatro cositas que yo propongo por mi cuenta. Que los políticos que se creen capaces de satisfacer todas las reivindicaciones, cualesquiera que sean, no son fiables ni inteligentes. Que un diálogo iniciado sin marcos, límites y condiciones, como algunos parecen proponer, puede estropear mucho más de lo que arregla. Que el hecho de hablar, por más y más que se prolongue, no puede convertir en racional lo que es irracional. Y que la mayor virtud del diálogo -que no es el acierto, sino el consenso- no siempre se resuelve en acuerdos positivos, ya que gran parte de las catástrofes sufridas por la humanidad se iniciaron por consenso y por olvidar la sagrada partícula del no. De lo que deduzco que Mariano puede ser -¡porque no es tan difícil!- el mejor político en activo de toda España.

10 de noviembre de 2014

Cuando aquí hay sinsentidos...



Cuando aquí hay sinsentidos, una desea huir hacia, casi-casi, el otro lado del mundo. Es cierto que allí también los hay pero, al menos, no son tan aburridos como los nuestros, por aquello de que aún nuestra cabeza no está tan martilleada con las cantinelas de allende los mares.

La solución ya la tenemos: viajar, cambiar de sitio, abrir los ojos, valorar otras culturas, otras gentes, otras formas de vida. Criticarlas también.  

Quedarnos, en definitiva, con lo bueno (lo que nos hace mejores a cada uno de nosotros) de todos los lugares de este mundo tan variado, tan imperfecto, tan perfecto a su vez.

Por eso no comprendo esta cerrazón que nos rodea, esta cortedad de miras.

6 de noviembre de 2014

"Fulanas o sumisas" de Fernanda Tabarés


Iba a comentar algo en el saloncito sobre aquéllos que ahora reivindican no sé qué en favor de los más desfavorecidos de esta sociedad porque, curiosamente, sus boquitas no están siendo alimentadas como antaño.
Pero hablar de los de la ceja y allegados, a estas alturas del día, me excita sobremanera y eso no es bueno para conciliar sueños.

En su lugar, os dejo esta columna de Fernanda Tabarés que he leído desayunando esta mañana. ¿Qué opinión os provoca?...

Por cierto, la fotografía de Letizia la he añadido porque su caso sí que me ha llamado la atención especialmente, en cuanto a cirujías estéticas se refiere. Si no existían ya pocas contradicciones en su vida, la de su cambio de imagen se lleva la palma.




El día que Renee Zelwegger visitó a su plástico y se hizo un trasplante de cara fue un mal día para la mujer. Para la propia Renee y para la mujer en el sentido más absolutamente genérico de la palabra. Tras salir del cirujano, yo creo que Bridget Jones tendría que haber acudido a un tanatorio y velar su recuerdo físico, hacerle un funeral a sus pellejos, encomendarse a su blefaroplastia y despedir a la persona que fue, a la mujer a la que parieron. Sería una forma ritual de saludar a su nueva apariencia porque el bisturí dejó de cuerpo presente a la actriz que salió del quirófano convertida en otra en un proceso que es lo más parecido a la muerte, esa muerte a la que ahora se entregan de forma voluntaria y compulsiva señoras bellas e inteligentes enfermas de esta idea banal y toxicómana de la juventud.

En algún momento de los últimos años las mujeres nos empezamos a estafar. Ya me dirán cómo explicamos que individuas cultas e inteligentes, bellezones con muchos posibles, tías estupendas, señoras de los pies a la cabeza sucumban a esa presión por paralizar el tiempo que finalmente las convierte en monstruos. Decía Benedetti, hablando de la belleza, que cada cuerpo tiene su armonía y su desarmonía. Que en algunos casos la suma de armonías puede ser casi empalagosa y que en otros el conjunto de desarmonías produce algo mejor que la belleza. A cada vez más mujeres les cuesta encontrarse la guapura en sus desarmonías, en esta estafa colectiva que impone un ideal uniformado que penaliza a las que rompen el molde. O eso creemos.

Lo que falla es la base misma del razonamiento, esa asociación tan del siglo veinte entre belleza y juventud, como si la hermosura dependiera solo de los años, como si no hubiera viejas hermosas y jóvenes horrorosas a las que solo el tiempo mitiga la dureza de su mueca. Cincuenta años después de la revolución feminista, 165 después de las cuáqueras sufragistas, ¡¡65 después de que Simone de Beauvoir escribiera El segundo sexo!!, la mujer del siglo XXI está enferma de autoestima, esa red fragilísima que empieza a tejerse en cuanto la criatura asoma al mundo y que cualquier cretino pertrechado con esa agresividad imbécil que exuda un buen complejo de inferioridad puede cargarse con dos comentarios y una recriminación sexual dicha a tiempo.

Manuel Fernández Blanco, psicoanalista, me ratificaba estos días que las relaciones sexuales se construyen hoy a través del porno y que la dependencia afectiva de las crías es más intensa que nunca. Escucho cómo una veinteañera confirma que las mujeres con el sexo aventurero son tildadas de zorras mientras que los chicos con una entrepierna de trotamundos son unos campeadores. ¿Qué ha pasado con los últimos treinta años? ¿Por qué extraños derroteros se ha desarrollado la mujer? La lista de estereotipos es atosigante: se sospecha de los hombres que sucumben a los brazos de la mujer madura; el declive reproductivo sigue siendo un pasaporte indefectible hacia la jubilación social; el desvencije físico se tolera en los hombres y se desprecia en las mujeres; las portadas de las revistas proyectan seres inventados con el ratón del photoshop y la publicidad (ah! la publicidad....) vende mujeres sumisas o putas o vírgenes o enfermas. El último editorial de moda de la revista Interview enseña a un grupo de modelos cubiertas con ropa de grandes firmas y rodeadas de basura... Las fotos, en esta página. Sin comentarios.



27 de octubre de 2014

¡Qué susto! ¡Por un momento pensé que era Jorge Javier Vázquez!



Se parece al de la fotografía, ¿no?. Bueno, los más refinados preguntaréis que quién demonios es Jorge Javier. Supongo que nos haremos los locos y no diremos nada aquellos incultos que no tengamos duda de quién es este presentador que, sorprendentemente, sigue llenando espacio televisivo y por algo será. Una tristeza pensarlo detenidamente porque, si algún día tuvo gracia, hoy aburre hasta a las ovejas.

Bueno, para vuestra tranquilidad, no se trata de Jorge Javier Vázquez, sino de una nueva trama de corrupción política. Nada nuevo. Más y más corrupción en nuestro país que, increíblemente, aún se tiene en pie a pesar de las innumerables hostias recibidas cada día, cada instante. 

Nos van soltanto interesadamente esta información desinformada y, lo peor de todo ello, es que nos van acostumbrando a los circos patéticos, miserables, repugnantes. No lo comprendo. No puedo comprender cómo somos tan buenos, cómo seguimos siendo tan buenos. Es cierto que Rajoy tiene que pregonar nuestras cualidades por ahí por razones obvias pero llega un momento en el que, si nos ponemos en el lugar de un afectado directo por las Preferentes y leemos las noticias sobre los tests de estrés y lo maravillosa que es nuestra banca, buffff

Todo este espectáculo lamentable se podría resumir en la altivez insoportable de Blesa o en la sonrisa de un tal Rato, como insulto a una sociedad sufrida, dañada enormemente por la desconfianza brutal en unas instituciones que debieran ser el soporte de todo, de casi todo. Por decir dos nombres de los tropecientos, vaya...(Blesa y Rato, Rato y Blesa).

La noticia (por si os interesa este pedacito de desinformación soltada con intenciones, como todas las desinformaciones).

Por cierto, merece la pena ver la película Relatos salvajes. Viene a cuento...