No pretendo no decir nada bueno de Ana Pastor porque, efectivamente, tiene algo que no tienen muchos y no tiene por qué ser malo siempre. Una jeta que se la pisa en el buen sentido de la palabra "jeta" y en el no tan bueno. Podemos decir, por lo tanto, un descaro a veces envidiable en los duros tiempos que corren para todos. Supongo que éste le ha dado, le da y le dará de comer si tiene un poquito de suerte.
Es cierto que nunca me ha gustado esta mujer a la que, como decía antes, no quito el mérito que también tiene; ese entusiasmo, esa competitividad de libro de Master, ese amor por su profesión y por sí misma, esa seguridad que aparenta y ese escucharse mientras se escucha y requete-escucha. Pero...aunque nos venda la objetividad de El Objetivo, sigo sintiéndome al ver su programa como una telespectadora "un poco" tontita a la que Ana descubre unos datos que no habría imaginado antes sin su ayuda.
Por cierto, me hace gracia lo de los datos. Ahora ya se ha puesto de moda hablar de datos como si éstos fuesen una novedad en este país; una idea feliz de, por supuestísimo, otros que son más listos que nosotros y que nada tienen que ver con España.
De verdad...cada vez aborrezco más este baile de periodistas y políticos que intentan dar interés a lo que no lo tiene ya para muchos. Esta actualidad no nos interesa: nos asquea.
Luego, como no, aparecen también los iluminados graciosillos que faltaban, de todas las cadenas y de todos los signos, para descubrirnos esas únicas verdades que un día se perdieron entre tantas verdades.
Luego, como no, aparecen también los iluminados graciosillos que faltaban, de todas las cadenas y de todos los signos, para descubrirnos esas únicas verdades que un día se perdieron entre tantas verdades.
Al final, curiosamente, ella cayó en La Sexta.
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