13 de abril de 2017

La piel fina de las redes, la piel fina de los activistas



Habitamos un mundo lleno de prejuicios, de faltas de escucha activa, de miedo al qué dirán los que se sitúan en la confortable posición buenista.

Supongo que lo del nesting ha surgido por no atoparse con ciertas fierecillas que juntas respetan los derechos humanos, los derechos de los animales, y los derechos de las rocas marinas. Pero rascas un poquitín y todo es confortable fachada de cara a los demás. Debajo, y no digo en TODOS los casos porque siempre hay alguien que se salva, hay una cierta pose quedabien o como quieran denominarlo. A algunos, hasta hace dos días, les importaban un huevo todas y cada una de las causas por las que luchan ahora embravecidos.

Sinceramente, estoy cansada de tanto populismo barato, de tanta hipogresía. Y es que las personas dispuestas a escuchar a la contraparte son escasísimas. La falta de empatía es el rasgo característico de la persona que es incapaz de progresar, humanamente hablando. 

Y, mea culpa, me cuesta también a mí escuchar sus argumentos. Quizá porque tengo mis motivos y, quizá, porque tampoco se han respetado los mismos por parte de esa gran tolerancia que los viste y decora. 

Sin embargo, pienso, y seguiré pensando siempre, que la base de todo es la EDUCACIÓN.

Cuestiones que se tocan ahora, debieran ser algo transversal y no únicos objetivos de partidos políticos o grupúsculos ideológicos.

29 de marzo de 2017

La libertad de expresión ha muerto (otra vez)




El caso de la reciente condena a la tuitera Cassandra, me parece totalmente lamentable, desde el punto de vista de la Justicia de nuestro país y desde el punto de vista de la inteligencia supuesta, también de nuestro país.

No se puede poner puertas al campo. No se puede poner límites al sentido del humor, con o sin mal gusto. Si acabamos con esto (con lo que yo denomino "libertad de expresión, a pesar de todo") acabamos con lo único que nos queda. Es la inteligencia, en este caso, la que pone límites a las gilipolleces, a las palabras necias, a los tuits que, en lugar de alzarse a los titulares, deberían quedar soterrados para siempre por falta de respeto, de educación; como quiera denominarlo cada ser supuestamente inteligente que los recibe.
Irene Villa, en su día, nos dio una lección a todos de madurez. No lo olvido ni lo olvidaré nunca.

Pero esto no es lo peor de todo. Lo peor de todo es la incongruencia que reina por los lugares que supuestamente imparten Justicia con mayúsculas. 

¡Cómo nos toman el pelo!


26 de marzo de 2017

El Bar (la película)




Asisto a la siempre maravillosa interpretación de Terele Pávez. También asisto al crecimiento indudable de la actriz Blanca Suárez. No me gustaba, es cierto. Pero ahora, es justo decirlo también, está demostrando que no sólo es una cara y un cuerpo bonitos. Es una mujer que no se achanta frente al acercamiento indecoroso de la cámara. Que puede abrirse sin pudor y mostrar sentimientos que todos podemos reconocer en nosotros mismos, en los demás.

El Bar huele a porras, a café con leche, a desayunos grasientos que hacen más llevaderas las mañanas del viejo Madrid. Huele a esa mezcla de gentes que, finalmente, no son tan diferentes entre ellas. Porque, en el fondo, no somos tan distintos. Amamos, odiamos, nos sentimos inseguros, soberbios, enormes y pequeñitos casi al instante. Somos esa mezcla de contradicciones que no son tan incomprensibles. Somos humanos, vivamos aquí o en Sudán. Y precisamos de lo mismo para poder sobrevivir. Me estoy refiriendo ahora, por supuesto, a sentimientos profundos; ésos que nos arrancan el alma o nos elevan a las alturas más deliciosas de la vida.

Es la primera película de Álex de la Iglesia que me seduce. La primera en la que advierto, quizá, el toque femenino que me acerca a su cine al fin. Y hay que reconocerle que es un gran cineasta porque ha aportando algo novedoso al cine de nuestro país. Esa mezcla de todo con lo cañí: de lo americano con lo cañí, de lo surrealista con lo cañí, de lo extremadamente intelectual con lo cañí. Una cosa no quita las otras y Álex merecerá quedar en el recuerdo de nuestra Historia para siempre. Su trabajo bien lo vale, a pesar de que tanto humor masculino me alejase de su cine hasta ahora.

Y volviendo a este pequeño rincón castizo, regreso a los personajes de bajos instintos tan maravillosamente seductores para la gran pantalla. Porque, no lo dudemos, de bajos instintos somos TODOS.

18 de marzo de 2017

En mis paseos junto al mar, encuentro hasta cadáveres...





Sigo caminando cada vez que puedo. Como los hombres que huyen a la mar cuando la tierra los aprieta, los ahoga.

Siempre existe algo que nos aprieta. Curiosamente, y como somos tremendamente complicados, eso que nos aprieta en un momento, nos libera en otro.

Me cuesta escribir últimamente. Me refiero a extenderme con palabras cuidadosamente seleccionadas. Quizá sea el momento, el capricho, la falta de tiempo o el no saber sacar jugo a tantos sentimientos-pensamientos que corren por mi cabecita revoltosa.

De las últimas polémicas de las redes, me quedo con esos espacios libres de violencia machista. Y me pregunto yo para mis adentros, que cuál seguirá siendo el siguiente absurdo buenista o populista. Soy de las que pienso que el estar contra la violencia (no sólo de género, sino cualquier tipo de violencia) no es pregonarlo a gritos o con carteles. 

Esta sociedad parece que sólo sabe pregonar. Como el ricachón que da limosna a la puerta de la Iglesia un Domingo de Ramos.

11 de marzo de 2017

Tarde lluviosa de sábado...



Hoy me he refugiado en este camino hacia la playa. No es un camino de verano, sino de otoño... De estas estaciones locas que regresan a nuestra Galicia con ánimo de sorprender, de enseñarnos algo. 
Llueve esta tarde y apetece estar en casa. La ciudad, no sé por qué motivo, parece más solitaria que nunca este fin de semana de marzo.

Os recuerdo, amigos blogueros. Aún quedáis algunos por aquí y eso me reconforta. Como una taza de café caliente y como un buen puñado de palabras inteligentemente encadenadas.

Que sea provechosa tarde, que sea provechosa vida.

P.D.: Hoy no tengo ganas de polémicas pero, os aseguro, muchos deseosos de crearlas, con o sin motivos. O con motivos manipulados, mezquinos.
Pero eso. Hoy no tengo ganas de polémicas. Ya hay bastantes pululando por ahí.

1 de marzo de 2017

Últimas impresiones y recuerdo de que sigo viva...




Siento como los días pasan y nos enseñan con su sutil forma de enseñar. Puede parecer brusca la manera pero no lo es. La vida es algo que, paradójicamente, pasamos por alto en numerosas ocasiones; en la mayoría, diría yo... Ahora estoy escribiendo para mí. Para ver, si escupiéndolo todo, encuentro el sentido a estos viajes, a estos destinos. A los orígenes que nos arrojan, como arrojan los animales más independientes a sus pequeños vástagos. 
Ya no me liberan las mismas cosas que antes. Es más: veo tantos absurdos en las supuestas necesidades y admiraciones que nos rodean, que cada vez me siento más alejada de este mundo en el que vivimos rodeados de cosas y más cosas, ignorancias y más ignorancias. Me libera un paseo junto al mar, un atardecer dorado que sorprende en pleno invierno, una escapada a la montaña, un escondrijo de mantas y calor. Y el frío de las mañanas que dan la bienvenida al nuevo día en un halo de esperanza. Y la luz, la lluvia e, incluso, esa oscuridad serena. Y, sobre todo, las personas a las que quiero con locura. Para mí, lo realmente importante. Lo más cerca que estaré nunca del sentido de esta existencia que nos acuna a su antojo.

No quiero más porque lo quiero todo.

31 de enero de 2017

La La Land



¿Que qué me ha parecido La La Land?

Pues salí del cine con la sensación de que no había transcurrido un tiempo vacío que, efectivamente, sí ha transcurrido en muchos entornos que nos rodean a todos últimamente. Y, es cierto, no está de más recordar que aquí, en este saloncito, escribe una nostálgica empedernida.

Sé que algunos hablan de crisis de creatividad pero yo digo, en este caso particular, que a Dios gracias, si la creatividad puede llegar a destrozar las cosas sencillas que funcionan siempre en el corazón. Y funcionan las historias de sueños posibles e imposibles, la buena música, el amor, las circunstancias de la vida que separan ese gran amor o que lo unen para siempre.

Sí. Salí del cine flotando. Como si Ryan Gosling me hubiese cogido entre sus brazos y me hubiese elevado hasta las mismísimas estrellas. Después de todo, ¿no nació el cine para hacernos soñar?