1 de febrero de 2015

Sobre la soberbia de los políticos y su alejamiento de la realidad





Siempre lo he pensado. Es fácil criticar a esta gente que nos gobierna; ya sea desde las instituciones bancarias, desde el Gobierno, desde las administraciones o desde el lugar más recóndito que podamos imaginar...
Una vez estaba tomando el aperitivo en una terraza de cierto nivel, en un pueblo que se encuentra a las afueras de La Coruña, y descubrí (y confirmé también) lo alejados que están de nosotros estos personajes (les llamo personajes porque no me sale llamarles personas). Ellos son así, precisamente, por ese alejamiento de la realidad que sufren o disfrutan.

De hecho, si lo pensamos, cada uno de nosotros vive en una realidad diferente. Pero, claro, algunas realidades son más diferentes que otras...

Dejo aquí la columna de Rosa Montero que acabo de leer. 
Disfrutad y aprovechad el domingo, navegantes.

Por cierto, ¿alguien ha visto la serie de la que habla (Borgen)?...




Esos pobres políticos


El político no tiene tiempo para nada. Además de estar perpetuamente agotado, pierde todo contacto con la realidad


Aprovechando la gripe anual me he visto de una tacada los últimos capítulos de la primera temporada de la serie Borgen; no sé si la fiebre habrá distorsionado mi atención, pero me han parecido fascinantes. Borgen es esa producción danesa que narra la llegada a la jefatura de Gobierno, por vez primera en la historia del país, de una mujer que, perteneciente a un partido minoritario, alcanza el puesto casi por carambola y ha de gobernar en coalición. Se empezó a emitir en 2010 y justo un año después llegó de verdad al cargo la primera danesa, también inesperadamente y en minoría: la guapa y muy rubia Helle Thorning-Schmidt, la misma que provocó el ataque de celos de Michelle Obama al hacerse sonrientes selfies con el presidente de Estados Unidos en el entierro de Mandela.
Pero el valor de la serie no tiene que ver con esta coincidencia ni estos cotilleos. Lo que me ha impactado es la sencillez carente de estridencias (salvo un personaje que es un verdadero miserable, no hay gente muy buena ni gente muy mala, no hay grandes conspiraciones ni tremendas corrupciones) con la que refleja de manera demoledora cómo el poder te cambia, te empobrece y te enajena. La protagonista llega al cargo de primera ministra entre otras cosas por su frescura, por su veracidad, por su falta de fingimiento, por su genuino anhelo de mejorar la sociedad danesa. Pero basta con que pase un año, sólo un año, para que esa mujer se haya traicionado a sí misma innumerables veces. Con dolor, con inmenso sufrimiento, porque no es una cínica; pero con una evidente pérdida de contacto con la realidad. Cuando están preparando el discurso de apertura del nuevo año parlamentario, su jefe de comunicación le pregunta exasperado: “Pero ¿qué política quieres hacer? ¿Qué quieres hacer como primera ministra, además de mantenerte en el poder?”. Y ese es el quid de la cuestión: en tan sólo 12 meses, la lucha feroz por el mantenimiento en el poder parece haberse convertido en casi el único juego que es posible jugar en Borgen, que es como llaman a su palacio de Gobierno, a La Moncloa danesa. La soberbia es la madre de errores garrafales y el caldo de cultivo para la necesidad de adulación de casi todos los políticos.

Acabo de leer, precisamente, un ensayo interesantísimo sobre este mismo tema: Las leyes del castillo, de Carles Casajuana (Península), un diplomático de carrera que ha trabajado en La Moncloa y ha visto muy de cerca los engranajes del poder. Casajuana nombra algunos de los graves problemas que padecen los políticos; el primero, el de la pura incompetencia. “Creemos que, porque son poderosos, los gobernantes tienen más capacidad que los demás para dirigir los asuntos públicos. Pero no siempre es así. (…) Los gobernantes, de media, no poseen un talento especial para gobernar. Poseen únicamente un talento especial para alcanzar el poder y conservarlo, que no es lo mismo”. Y cita una frase genial de Bioy Casares: “El mundo atribuye sus infortunios a las conspiraciones y maquinaciones de grandes malvados. Entiendo que se subestima la estupidez”.

Por añadidura, y esto es esencial, importantísimo, y se ve claramente en Borgen, el político no tiene tiempo para nada. Vive una vida ri­dículamente cargada de trabajo y de compromisos, una agenda tan extenuante y delirante, en fin, que no duerme, no piensa, no lee, no habla con sus hijos, con su cónyuge, con su familia, no pisa la calle, no hace nada, en fin, de lo que hacen el resto de los humanos. Además de estar perpetuamente agotado, pierde todo contacto con la realidad. Un cansancio que fomenta otro grave error, según Casajuana, y es que “cuanto más poderosa se siente una persona, más fácil es que, en vez de meditar cuidadosamente sus decisiones, saque conclusiones precipitadas de la información de que dispone, aunque sea incompleta. (…) Tiende a pensar que, si ha sido elegida para el puesto, es que vale para ello”. Esa soberbia, avivada por la falta de tiempo, es la madre de errores garrafales. Y además es el perfecto caldo de cultivo para la necesidad de elogio y adulación que casi todos los políticos sienten, según Casajuana, en mayor o menor medida. Y cita a La Rochefoucauld: “A veces imaginamos que detestamos la adulación. Pero en realidad sólo detestamos la manera en que nos adulan”.

Borgen y Las leyes del castillo te hacen sentir pena por los políticos. No me refiero a los corruptos, a los grandes canallas, sino al que entra en la gestión pública lleno de buenas intenciones y a los pocos meses cae en una orgía de trabajo embrutecedora que sólo le deja tiempo para dedicar todas sus energías a mantenerse en el sillón. Pobres políticos, sí, pero sobre todo pobres de nosotros, condenados a ser dirigidos por estos enfermos. No sé, algo habría que hacer, prohibirles trabajar más allá de las siete de la tarde, mandarlos a casa el fin de semana, echarlos obligatoriamente cada tres años. No parece fácil escapar de esta trampa. “Creo que con el tiempo mereceremos no tener Gobiernos”, dice Borges, citado también por Casajuana.

@BrunaHusky

www.facebook.com/escritorarosamontero

www.rosa-montero.com

29 de enero de 2015

Carta de Moncho Borrajo a Pablo Iglesias

 
Fotografía encontrada en internet

Al Señor Pablo Iglesias:  

No me preocupa su coleta perfectamente desaliñada al estilo hippy de los 60, ni esa eterna camisa blanca arrugada, ni esos rozados pantalones grises, de tiro bajo, uniforme de falso y trasnochado progre.
En mis 42 años de profesión he aprendido a leer en las caras de las personas, y he de decirle que la suya no me gusta y me preocupa bastante.

Es una máscara perfecta de cinismo, prepotencia y despotismo, donde la ternura no tiene espacio, ni los sentimientos como la vergüenza o la compasión. Vd nunca mira a la cara, porque está por encima de los demás, y siempre ataca por temor a ser atacado, sin escuchar ni a los suyos que discrepan de usted, como el de la sillas de ruedas. Es Vd cruel, quien molesta o no sigue sus dictados, simplemente le borra. Nada le impiden seguir con la mirada en el futuro con el que sueña solo para usted, en nombre de los demás, algo que ya hemos vivido muchas veces.

Vd me ilusionó al principio, y en poco tiempo con su conducta me ha vuelto a la cruel realidad. Vd es un trilero que se alimenta del odio y la necesidad de los débiles y candidos. No es nada mas que un pelele necesario para este proceso mundial de desestabilización que corre como la pólvora. Si me coge usted con veinte años sería un fan de sus ideas, pero ya conozco al lobo con piel de cordero y tienen un tufo muy peculiar.

Señor Iglesias deseo de todo corazón que no camufle sus ideas tras cortinas televisivas y falsas palabras. Me duele escribirle esto, porque sigo siendo un utópico idealista, pero cada vez que veo unas declaraciones suyas me siento engañado. No me gusta usted y no le voy a votar y recomendaré a mis amigos que no se dejen engañar por sus falsas palabras. Vd lo que pretende es llevar a España a la ruina economica y moral, aunque eso le trae al pairo.

P.D. No se moleste en llamarme facha, rojo de mierda, o cualquier otra lindeza de su vocabulario de los 60 de la facultad de económicas, ya me lo han llamado antes muchas veces, sin reconocer jamás que no me conocían.

Moncho Borrajo


Una canción dedicada a los hombres...y a las mujeres...

:)



Hasta siempre, Amparo Baró.




De esas personas que transmitían algo especial.
Una lástima no haberla disfrutado en el teatro; donde ella se sentía más cómoda, menos atada...

Un día triste pero la despediremos con una sonrisa. La merece y seguramente la agradecería más que una lágrima.

Un abrazo y muchas gracias, Amparo Baró.
Por esos momentos regalados que quedan para siempre en la memoria.

26 de enero de 2015

Una reflexión que comparto...

 Me la han mandado al buasap y creo que es de Forges. O eso dicen...
A ver qué os parece. 




EL TRIUNFO DE LOS MEDIOCRES

Quienes me conocen saben de mis credos e idearios. Por encima de éstos, creo que ha llegado la hora de ser sincero. Es, de todo punto, necesario hacer un profundo y sincero ejercicio de autocrítica, tomando, sin que sirva de precedente, la seriedad por bandera.
Quizá ha llegado la hora de aceptar que nuestra crisis es más que económica, va más allá de estos o aquellos políticos, de la codicia de los banqueros o la prima de riesgo.
Asumir que nuestros problemas no se terminarán cambiando a un partido por otro, con otra batería de medidas urgentes, con una huelga general, o echándonos a la calle para protestar los unos contra los otros.
Reconocer que el principal problema de España no es Grecia, el euro o la señora Merkel.
Admitir, para tratar de corregirlo, que nos hemos convertido en un país mediocre.
Ningún país alcanza semejante condición de la noche a la mañana. Tampoco en tres o cuatro años. Es el resultado de una cadena que comienza en la escuela y termina en la clase dirigente.
Hemos creado una cultura en la que los mediocres son los alumnos más populares en el colegio, los primeros en ser ascendidos en la oficina, los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación y a los únicos que votamos en las elecciones, sin importar lo que hagan, alguien cuya carrera política o profesional desconocemos por completo, si es que la hay. Tan solo porque son de los nuestros.
Estamos tan acostumbrados a nuestra mediocridad que hemos terminado por aceptarla como el estado natural de las cosas. Sus excepciones, casi siempre, reducidas al deporte, nos sirven para negar la evidencia.
- Mediocre es un país donde sus habitantes pasan una media de 134 minutos al día frente a un televisor que muestra principalmente
basura.
- Mediocre es un país que en toda la democracia no ha dado un solo presidente que hablara inglés o tuviera unos mínimos conocimientos sobre política internacional.
- Mediocre es el único país del mundo que, en su sectarismo rancio, ha conseguido dividir, incluso, a las asociaciones de víctimas del terrorismo.
- Mediocre es un país que ha reformado su sistema educativo tres veces en tres décadas hasta situar a sus estudiantes a la cola del mundo desarrollado.
- Mediocre es un país que tiene dos universidades entre las 10 más antiguas de Europa, pero, sin embargo, no tiene una sola universidad entre las 150 mejores del mundo y fuerza a sus mejores investigadores a exiliarse para sobrevivir.
- Mediocre es un país con una cuarta parte de su población en paro, que sin embargo, encuentra más motivos para indignarse cuando los guiñoles de un país vecino bromean sobre sus deportistas.
- Mediocre es un país donde la brillantez del otro provoca recelo, la creatividad es marginada –cuando no robada impunemente- y la independencia sancionada.
- Mediocre es un país en cuyas instituciones públicas se encuentran dirigentes políticos que, en un 48 % de los casos, jamás ejercieron sus respectivas profesiones, pero que encontraron en la Política el más relevante modo de vida.
- Es Mediocre un país que ha hecho de la mediocridad la gran aspiración nacional, perseguida sin complejos por esos miles de jóvenes que buscan ocupar la próxima plaza en el concurso Gran Hermano, por políticos que insultan sin aportar una idea, por jefes que se rodean de mediocres para disimular su propia mediocridad y por estudiantes que ridiculizan al compañero que se esfuerza.
- Mediocre es un país que ha permitido, fomentado y celebrado el triunfo de los mediocres, arrinconando la excelencia hasta dejarle dos opciones: marcharse o dejarse engullir por la imparable marea gris de la mediocridad.
- Es Mediocre un país, a qué negarlo, que, para lucir sin complejos su enseña nacional, necesita la motivación de algún éxito deportivo”. 

ANTONIO FRAGUAS DE PABLOS (FORGES)

24 de enero de 2015

¡Necesito Arte! ¡el saloncito necesita Arte!

Hoy me quedo con dos obras que, por un motivo u otro, me han llamado la atención. Es una sorpresa para mí encontrarme frente a lugares que ya he conocido de alguna manera antes. Cuando viaje a Sevilla, saborearé de una forma más familiar este rincón de la ciudad que seguramente visité en un punto anterior de mi vida y que, debido a mi insultante juventud, no me quedó grabado a fuego en la retina.

Creo que voy a regresar al Arte en este saloncito. Al Arte que nos muestra la parte amable de la vida y, ¿por qué no?, los rincones oscuros de nuestra existencia pero descritos con hermosa poesía.


MONASTERIO DE SANTA PAULA

Los itinerarios de Ford le llevan a lo largo de tres años a recorrer todo el arco del Levante, desde tierras almerienses hasta Barcelona; a tomar la Ruta de la Plata y llegar hasta Santiago de Compostela a través de Extremadura y Castilla. A visitar Madrid y moverse por Toledo, Salamanca, Segovia o Guadalajara. A rastrear las huellas de la mezcla de oriente y occidente en Andalucía, estableciendo su residencia en Sevilla y Granada. En la imagen, la iglesia del monasterio de Santa Paula, en Sevilla. Acuarela sobre papel.

Fuente de la imagen y del texto





COMPÁS DEL CONVENTO DE SANTA PAULA, SEVILLA

Con un sentido colorista y descriptivo, siempre con la presencia femenina entre una abundante floresta, esta pintura de la última etapa de la producción de García Rodríguez recoge un pintoresco y sevillanísimo rincón perteneciente al compás del célebre convento de Santa Paula, un lugar emblemático y de carácter de lo que ha venido tradicionalmente, incluso desde los primeros viajeros románticos, considerándose como sevillano.
En relación con el lugar en cuestión, el célebre convento sevillano, con su conocida portada mudéjar de azulejería renacentista debida a Niculoso Pisano en su compás, y tan ensalzada por visitantes e historiadores, queda eludida en esta pintura. García Rodríguez, por contra, prefiere el argumento más ecléctico y popular del entorno del jardín, al que también se incorporan algunas notas luministas sobre el monumento emboscado.
El lienzo recoge un encuadre de la cabecera de la iglesia conventual con las gárgolas y la crestería gótica y un rincón del jardín adyacente. En torno a una alberca (hoy desaparecida), en primer plano, aparece todo un repertorio de macetas de rosales, claveles y geranios junto a la casa del guardés, a cuya entrada se halla colgada una jaula de canario que canta en una soleada mañana. Posee esta obra unas características y una especial atención a detalles descriptivos que apuntan, como en el caso de Jardines del Alcázar (p. *), a un preciosismo de carácter ilustrativo popular, donde se deja entrever ciertas reminiscencias de las ilustraciones modernistas.
De hecho, este tipo de pinturas de la producción de García Rodríguez, en especial las de su última etapa, están entendidas a modo de pinturas emblemas de un «jardín de los sentidos» sevillano; un aspecto cultural local mantenido desde visiones anteriores por artistas y escritores. Se establece así una solución de continuidad en cuanto a la atención a este tipo de temas dentro de una sensibilidad común, que iría desde los Bécquer hasta José M.ª Izquierdo, pasando por Romero Murube o Cernuda.
En este sentido, resulta muy reveladora la descripción que ya en 1894 publicó el historiador y gran hombre de la cultura sevillana José Gestoso; una descripción muy ajustada y de acentos bécquerianos que tiene mucho de coincidente y de valoración de la personalidad de este singular espacio ajardinado. Dicha descripción fue publicada a modo de introducción de la obra Páginas sevillanas, perteneciente a otro escritor relevante, en lo que se refiere a la definición de «lo sevillano», como fue Manuel Chaves.

Juan Fernández Lacomba
 
Fuente de la imagen y del texto
 Más información sobre el autor (una delicia de pinturas): García Rodríguez, Manuel

23 de enero de 2015

Estoy "ochentada"

A ver quién me despierta mañana... (ahora escuchando canciones que he recordado)

¡Cómo me gustaban!
:)














22 de enero de 2015

¿Por qué las revoluciones ya no son posibles?

Una columna de opinión que me ha parecido interesante. A ver qué os parece. 


¿Por qué hoy no es posible la revolución?
Para descifrar la alta estabilidad del sistema de dominación liberal hay que entender cómo funcionan los actuales mecanismos de poder. El comunismo como mercancía es el fin de la revolución


Cuando hace un año debatí con Antonio Negri en el Berliner Schaubühne, tuvo lugar un enfrentamiento entre dos críticas del capitalismo. Negri estaba entusiasmado con la idea de la resistencia global al empire, al sistema de dominación neoliberal. Se presentó como revolucionario comunista y se denominaba a sí mismo profesor escéptico. Con énfasis conjuraba a la multitud, la masa interconectada de protesta y revolución, a la que confiaba la tarea de derrocar al empire.La posición del comunista revolucionario me pareció muy ingenua y alejada de la realidad. Por ello intenté explicarle a Negri por qué las revoluciones ya no son posibles.

¿Por qué el régimen de dominación neoliberal es tan estable? ¿Por qué hay tan poca resistencia? ¿Por qué toda resistencia se desvanece tan rápido? ¿Por qué ya no es posible la revolución a pesar del creciente abismo entre ricos y pobres? Para explicar esto es necesario una comprensión adecuada de cómo funcionan hoy el poder y la dominación.

Quien pretenda establecer un sistema de dominación debe eliminar resistencias. Esto es cierto también para el sistema de dominación neoliberal. La instauración de un nuevo sistema requiere un poder que se impone con frecuencia a través de la violencia. Pero este poder no es idéntico al que estabiliza el sistema por dentro. Es sabido que Margaret Thatcher trataba a los sindicatos como “el enemigo interior” y les combatía de forma agresiva. La intervención violenta para imponer la agenda neoliberal no tiene nada que ver con el poder estabilizador del sistema.

El poder estabilizador de la sociedad disciplinaria e industrial era represivo. Los propietarios de las fábricas explotaban de forma brutal a los trabajadores industriales, lo que daba lugar a protestas y resistencias. En ese sistema represivo son visibles tanto la opresión como los opresores. Hay un oponente concreto, un enemigo visible frente al que tiene sentido la resistencia.

El carácter estabilizador del sistema ya no es represor, sino seductor; es decir, cautivador.

El sistema de dominación neoliberal está estructurado de una forma totalmente distinta. El poder estabilizador del sistema ya no es represor, sino seductor, es decir, cautivador. Ya no es tan visible como en el régimen disciplinario. No hay un oponente, un enemigo que oprime la libertad ante el que fuera posible la resistencia. El neoliberalismo convierte al trabajador oprimido en empresario, en empleador de sí mismo. Hoy cada uno es un trabajador que se explota a sí mismo en su propia empresa. Cada uno es amo y esclavo en una persona. También la lucha de clases se convierte en una lucha interna consigo mismo: el que fracasa se culpa a sí mismo y se avergüenza. Uno se cuestiona a sí mismo, no a la sociedad.

Es ineficiente el poder disciplinario que con gran esfuerzo encorseta a los hombres de forma violenta con sus preceptos y prohibiciones. Es esencialmente más eficiente la técnica de poder que se preocupa de que los hombres por sí mismos se sometan al entramado de dominación. Su particular eficiencia reside en que no funciona a través de la prohibición y la sustracción, sino a través del deleite y la realización. En lugar de generar hombres obedientes, pretende hacerlos dependientes. Esta lógica de la eficiencia es válida también para la vigilancia. En los años ochenta, se protestó de forma muy enérgica contra el censo demográfico. Incluso los estudiantes salieron a la calle. Desde la perspectiva actual, los datos necesarios como oficio, diploma escolar o distancia del puesto de trabajo suenan ridículos. Era una época en la que se creía tener enfrente al Estado como instancia de dominación que arrebataba información a los ciudadanos en contra de su voluntad. Hace tiempo que esta época quedó atrás. Hoy nos desnudamos de forma voluntaria. Es precisamente este sentimiento de libertad el que hace imposible cualquier protesta. La libre iluminación y el libre desnudamiento propios siguen la misma lógica de la eficiencia que la libre autoexplotación. ¿Contra qué protestar? ¿Contra uno mismo?

Es importante distinguir entre el poder que impone y el que estabiliza. El poder estabilizador adquiere hoy una forma amable, smart, y así se hace invisible e inatacable. El sujeto sometido no es ni siquiera consciente de su sometimiento. Se cree libre. Esta técnica de dominación neutraliza la resistencia de una forma muy efectiva. La dominación que somete y ataca la libertad no es estable. Por ello el régimen neoliberal es tan estable, se inmuniza contra toda resistencia porque hace uso de la libertad, en lugar de someterla. La opresión de la libertad genera de inmediato resistencia. En cambio, no sucede así con la explotación con la libertad. Después de la crisis asiática, Corea del Sur estaba paralizada. Entonces llegó el FMI y concedió crédito a los coreanos. Para ello, el Gobierno tuvo que imponer la agenda liberal con violencia contra las protestas. Hoy apenas hay resistencia en Corea del Sur. Al contrario, predomina un gran conformismo y consenso con depresiones y síndrome de Burnout. Hoy Corea del Sur tiene la tasa de suicidio más alta del mundo. Uno emplea violencia contra sí mismo, en lugar de querer cambiar la sociedad. La agresión hacia el exterior que tendría como resultado una revolución cede ante la autoagresión.

Cada uno es amo y esclavo. La lucha de clases se convierte en una lucha interna, consigo mismo
Hoy no hay ninguna multitud cooperante, interconectada, capaz de convertirse en una masa protestante y revolucionaria global. Por el contrario, la soledad del autoempleado aislado, separado, constituye el modo de producción presente. Antes, los empresarios competían entre sí. Sin embargo, dentro de la empresa era posible una solidaridad. Hoy compiten todos contra todos, también dentro de la empresa. La competencia total conlleva un enorme aumento de la productividad, pero destruye la solidaridad y el sentido de comunidad. No se forma una masa revolucionaria con individuos agotados, depresivos, aislados.

No es posible explicar el neoliberalismo de un modo marxista. En el neoliberalismo no tiene lugar ni siquiera la “enajenación” respecto del trabajo. Hoy nos volcamos con euforia en el trabajo hasta el síndrome de Burnout [fatiga crónica, ineficacia]. El primer nivel del síndrome es la euforia. Síndrome de Burnout y revolución se excluyen mutuamente. Así, es un error pensar que la multitud derroca al empire parasitario e instaura la sociedad comunista.

¿Y qué pasa hoy con el comunismo? Constantemente se evocan el sharing (compartir) y la comunidad. La economía del sharing ha de suceder a la economía de la propiedad y la posesión. Sharing is caring, [compartir es cuidar], dice la máxima de la empresa Circler en la nueva novela de Dave Eggers, The Circle. Los adoquines que conforman el camino hacia la central de la empresa Circler contienen máximas como “buscad la comunidad” o “involucraos”. Cuidar es matar, debería decir la máxima de Circler. Es un error pensar que la economía del compartir, como afirma Jeremy Rifkin en su libro más reciente La sociedad del coste marginal nulo, anuncia el fin del capitalismo, una sociedad global, con orientación comunitaria, en la que compartir tiene más valor que poseer. Todo lo contrario: la economía del compartir conduce en última instancia a la comercialización total de la vida.

El cambio, celebrado por Rifkin, que va de la posesión al “acceso” no nos libera del capitalismo. Quien no posee dinero, tampoco tiene acceso al sharing. También en la época del acceso seguimos viviendo en el Bannoptikum, un dispositivo de exclusión, en el que los que no tienen dinero quedan excluidos. Airbnb, el mercado comunitario que convierte cada casa en hotel, rentabiliza incluso la hospitalidad. La ideología de la comunidad o de lo común realizado en colaboración lleva a la capitalización total de la comunidad. Ya no es posible la amabilidad desinteresada. En una sociedad de recíproca valoración también se comercializa la amabilidad. Uno se hace amable para recibir mejores valoraciones. También en la economía basada en la colaboración predomina la dura lógica del capitalismo. De forma paradójica, en este bello “compartir” nadie da nada voluntariamente. El capitalismo llega a su plenitud en el momento en que el comunismo se vende como mercancía. El comunismo como mercancía: esto es el fin de la revolución.

Byung-Chun Han es filósofo.
Traducción de Alfredo Bergés.


Sobre las adicciones...(las malas porque...¿hay alguna buena?)

Un buen vídeo para niños y no tan niños...
El mundo está lleno de tentaciones muy peligrosas.
A ver qué os parece...




L'addiction vue par un court métrage glaçant por konbini

20 de enero de 2015

El malismo (digo, buenismo) de Rosa Montero


El malismo

Debo decir que detesto el buenismo, si por ello entendemos la suplantación de la realidad por un discurso huero y pomposo (la Alianza de las Civilizaciones, por ejemplo)
 Tras mi última columna sobre el fundamentalismo recibí varios mensajes en las redes que me acongojaron. En realidad eran los mismos argumentos que se oyen por doquier; gran parte de la congoja reside en el hecho de que esos tópicos estén tan extendidos. Me refiero a esas personas que denuncian el buenismo de considerar que los musulmanes pueden ser gente decente; y que dictaminan, con una seguridad y una erudicción maravillosas, que el Corán es un libro lleno de odio y nuestra Biblia un paradigma de amor, como si todos ellos fueran expertos teólogos y se pasaran el día leyendo las suras islámicas (desde luego el feroz Antiguo Testamento no lo han leído). 
Debo decir que detesto el buenismo, si por ello entendemos la suplantación de la realidad por un discurso huero y pomposo (la Alianza de las Civilizaciones, por ejemplo). Pero aún me espanta más la ignorancia primitiva, violenta y tribal con que reaccionamos frente al diferente. 
Sí, es cierto que la mayoría islámica es horriblemente retrógrada, lo dije en mi columna: pero no son terroristas. En esta batalla contra el integrismo podemos escoger entre convivir con los retrógrados islámicos e intentar convencerles, al igual que convivimos con nuestros propios retrógrados, o bien convertirnos en matones de nuestra cultura, golpearnos el pecho como gorilas, sentirnos estúpidamente superiores e ir alimentando con tópicos descerebrados y belicosos la inmensa hoguera de furor que arde en el mundo. 
También hay un malismo y es esto, esta fiebre sectaria e irracional, estas ansias de exclusión y enfrentamiento. Así se han debido de montar todas las catástrofes bélicas de la historia: cultivando el malismo y aporreando con pueril entusiasmo los tambores de guerra.

Sinceramente, después de leer ésta y otras opiniones de la misma autora, creo que la que no se entera de nada es ella o es que pretende otra cosa, que también puede ser... 
Rosa Montero, que es una mujer a la que aprecio y, es más, he leído algunas de sus obras, me ha decepcionado en cierto modo desde que la conozco un poco mejor, a través de las diferentes publicaciones que cuelga en las redes sociales y que hacen gala de eso que tanto critica en esta columna: el buenismo a todos los niveles.

No, Rosa. Creo que estás muy equivocada. Creo que no sabes con quién te estás enfrentando. Tienes suerte de no saberlo porque quienes lo tendrían que saber de verdad, desgraciadamente, ya no están aquí.

La integración no existe. Es más, cada vez estoy más convencida de que nos iremos alejando, que no acercando. La solución se encuentra en conseguir una mayor igualdad y una educación desde la cuna. Mientras sigamos siendo como somos (y somos bastante malos), el odio crecerá hasta el infinito. Es lógico. También es lógico que agarremos lo nuestro, aún a costa de los demás, porque injustamente nos lo están quitando y llamándonos tontos al mismo tiempo. 

Se trata de un círculo vicioso del que casi es imposible salir. Y lo hemos creado nosotros, ellos. Todos, de alguna manera.

Tenemos, desde luego, lo que nos merecemos. El problema es el caso particular. El caso particular que ya no está en este mundo.