23 de noviembre de 2016

El estercolero de Twitter. Y mucho más...


No está toda la sociedad aquí pero sí la que más grita. La más silenciosa también. La que sólo disfruta de la belleza de los despertares, de los atardeceres, de las viejas glorias, de la añoranzas de un tiempo mejor que pudo o aún puede existir. 

Y es que me fascina Twitter. Me ha atrapado dulcemente, como bella y melosa telaraña, cubierta por las gotas de una fuerte tormenta que viene y se va mientras dura el mundo. 

Me he escapado de esta red ya una vez, pero he vuelto a caer. Como la inocente mariposa que abre las alas frente a ella. Para luchar por esa verdad que considera universal y, sin embargo, no pertenece a todas las miradas que la observan.

Escribo esto mientras escucho la voz seductora de un hombre, que acaba de desaparecer entre halagos de este mundo efímero. Baila conmigo hasta el final del amor... Baila. Mi querido Leonard Cohen, que me dio a conocer mi tío cuando era una niña... ¡Qué mágicos recuerdos con su música de fondo!...

Hoy, en cambio, esas florecillas tuiteras de ayer por la muerte de uno que habitaba entre nosotros desde "siempre", se han convertido en verdaderas máscaras terroríficas con el fallecimiento de Rita Barberá. Y me da igual que se llame Rita Barberá o X.  Me da igual si milita o ha militado en este partido o en el de más allá. Puedo aceptar la indiferencia ante una muerte, incluso algún cabreo interior por los actos supuestamente cometidos por tanto y tanto caradura. Puedo aceptar un sentimiento humano hasta cierto punto. 
Pero no puedo aceptar la risotada, la alegría por la muerte de alguien que ni ha llegado a ser condenado por la Justicia. Todas esas imágenes terribles con el cuerpo aún caliente... Da miedo pensar que detrás de esas máscaras terroríficas se encuentran personas que caminan por la calle a tu lado, que entran en tu panadería, que compran en el mismo supermercado que tú y sonríen a la cajera... Da pavor y muchísima tristeza. Pavor, en realidad.

Mañana, Leonard seguirá cantando hasta el fin suavizando nuestros entornos tan limitados...  
Rita, de una u otra manera, seguirá siendo nuestra. De todos.
Y este baile, en el saloncito, les ha tocado bailarlo juntos. Curiosos caprichos virtuales y temporales. Muy curiosos...

Es verdad también; si me atrae Twitter, es por esa falta de censura que a veces criticamos o cuestionamos todos y cada uno de nosotros. La censura recortaría toda nuestra libertad y, con ella, una de las escasas maneras con la que aún nos permiten, no sin motivo, campar "a nuestras anchas" soltando opiniones, arrebatos, sentimientos sin fin...

Precisamente por ello, no deja de ser un escaparate de nuestras miserias más profundas. Miserias que conforman el estado de ánimo de un país grande que no se merece esto. Que no merece tales divisiones, tanta mala hostia retenida y sólo expuesta en estas grandes riadas infinitas.

Me sigue gustando Twitter, a pesar de todo. Por lo que he comentado. Por mucho más. Porque nuestras máscaras, con el pajarito azul, caen por su propio peso. 

Desnudos, es cierto... no nos atreveríamos a decirlo tan abiertamente. No nos dejarían, quizá.

Yo, en cambio, sin la máscara campurriana, sigo apostando por expresar lo que siento. A costa de que me den el café y dos yoyas. Alguna vez ya me he buscado problemas sin pantallas por medio. Es inevitable cuando una se remueve por dentro si escucha algo que crispa, que duele.

Descanse en paz todo aquel que muera con la conciencia tranquila o sin ella. 
Los castigos, estoy segura, los reciben en sus alcobas cada noche oscura que nos regala Dios.

Os quiero. A pesar de todo.

11 de noviembre de 2016

Observo en la sociedad...

Observo muchas cosas. Me gusta analizar a la gente, despojarla de sus vestiduras, ponerla en tesituras.

Últimamente, me siento triste en este sentido. Un tanto decepcionada. Lo que pienso, que considero no es precisamente intolerante hacia los demás, aunque lo pueda parecer a veces, se trata por parte de un sector comodón de la sociedad como una vil característica humana que acompaña a mi ser.
Es esa hipocresía la que me pone enferma. Esa hipocresía que me provoca verdaderos eczemas.

Curiosamente, una gran parte de esas personas, que presumen de tener una tolerancia fuera de lo normal, son las que se comportan de formas más inadecuadas y egoístas en entornos cercanos.

Es muy fácil decir que se apoye al refugiado, al inmigrante, al pobrecito que no tiene papeles. Es sumamente cómodo hablar desde el confortable sofá de la media burguesía, mientras se echa la culpa al político o gestor de turno. Todos tenemos nuestras pequeñas o grandes responsabilidades. Todos tenemos la posibilidad de mejorar o joder la vida al prójimo. Pensadlo. Lo sabemos de sobra.

Yo no acogería a un refugiado en mi casa. Yo no acogería tampoco a un desahuciado, aunque mañana pueda ser yo uno de ellos perfectamente. Si dices esto, por supuesto, se te quedan mirando con ojos de asombro y desaprobación, mientras clavan cuchillos silenciosos en sus rutinas cotidianas con toda la normalidad del mundo.

Es algo que me preocupa. De verdad. Esa falta de coherencia, esa falsa modestia, esos maquillajes buenistas que se convierten en monstruos en los momentos clave de la vida particular. Y son, precisamente, esos momentos clave, los que nos definen como personas. Sólo esos momentos y no los gritos lanzados al aire y rodeados de florecillas silvestres.

Lo sé. Lo he dicho una y mil veces aquí pero el blog está para eso también. Para desahogarse.

No soy "feminista" porque el término no lo acepto así, por mucho que me diga la RAE. Tampoco soy menos mujer por ello porque considero la lucha necesaria pero desde la educación, el respeto, la formación, los proyectos consolidados.

No acogería a un refugiado en mi casa, ni a un pobre a mi mesa el día de Nochebuena.

No creo que todos tengamos los mismos derechos si no tenemos las mismas obligaciones, el mismo esfuerzo aplicado.

No aplaudo con las orejas a Alejandro Sanz por que salga en una portada de una revista femenina presumiendo de que está en contra de la "violencia machista". Otro término que me pone enferma, por cierto.

No soy menos persona que vosotros por que veáis Salvados con lástima y El Intermedio con carcajada.

No soy menos demócrata que vosotros por que no salga a protestar por los resultados electorales. 

Y sí. Que haya ganado Trump ha demostrado algo. Ha demostrado que la visión que podamos tener en nuestra casa española dista mucho de la realidad que hay ahí fuera. Un bofetón de realidad tampoco viene mal para hacernos pensar.  Estamos un tanto agilipollados.

Y aún se están preguntando en Galicia que por qué ha ganado Feijóo.
Me escarallo.

6 de noviembre de 2016

Una entrevista

A ver qué os parece. Leedla, analizadla con calma. Si tenéis tiempo, comentadla en este saloncito.
Hay té con pastas y café recién hecho al fondo.


José María Álvarez le ha dedicado versos al amor, al deseo, a los héroes pero también a Hayek, junto a Von Mises, autor de cabecera del liberalismo, una doctrina hoy prácticamente extinta en el debate político español: "Recuerdo una mañana, recuerdo que había niebla, / y aquella librería / de viejo, en Cambridge, cerca del río; / de pronto ese volumen:/ THE CONSTITUTION OF LIBERTY. / Qué horas de dicha, de / descubrimientos, de sentirme ratificado / en tantas conjeturas...". El poeta sigue sintiéndose tan amparado por el economista autriaco como por Cavafis, Stevenson, Tennyson, Eliot, Shakespeare... cuyas obras ha estudiado y traducido al castellano. También por Borges, su gran amigo, y a quién se atrevió a enmendar un verso. Osado, dirán algunos
Un poeta hablando de política.
 
Digamos que me interesa el discurso del mundo. Pero los chanchullos que perpetran estos gobiernos actuales, y no sólo en España. Esto no me interesa. Lo que tocan lo encanallan. Dejan de lado todo lo que nos viene encima verdaderamente grave.
¿Votó usted en las últimas elecciones?
 
Yo no voto. Porque me parece que todo este tinglado está ya más o menos negociado por gente que me es muy extraña, pero sobre todo porque no he visto propuestas que no pensara que me envilecerían. Yo creo que el sistema que llaman democrático puede acaso ser el menos malo, siempre que se limite a lo que es: una forma no violenta de cambiar de gobierno. Pero en la patochada que se ha convertido... No, no deseo que me consideren uno de los suyos.
Al final, el PP ha formado Gobierno.
 
A mí me da igual la forma que tenga el Gobierno. Lo único que me importa es lo que verdaderamente sucede con ese Gobierno. Esto es: si garantiza mejor nuestras libertades, la propiedad, que es la base de la libertad, el que robe menos, el que sea más limitado y barato. Eso y poco más, se llame como se llame.
¿Cuales son los males de España?
 
España... Ya lo dijo Antonio Machado: ese pedazo de planeta por donde cruza errante la sombra de Caín. Goya también nos retrató muy lúcidamente.
Hemos asistido a la quiebra del bipartidismo.
 
España no tiene solución ni con bipartidismo ni con 39 partidos. Como mucho, damos para dos bloques porque el cainismo ibérico en eso es unánime. Por eso, de seguir este sistema de la democracia se debía incorporar la segunda vuelta como en Francia.
¿Cómo ve a los políticos españoles?
 
Casi todos los que tienen el poder en su mano son muy incultos, no tienen límites, ignoran las consecuencias de sus actos, qué puede o qué no puede hacerse. Demagogos de vía estrecha. Claro que teniendo en cuenta nuestra Enseñanza, lo raro es que no rebuznemos todos.
Los miembros de Podemos rehusaron celebrar el día de la Hispanidad.
 
La gente de Podemos aparte de unos obcecados, son de una ignorancia absoluta. No saben de historia y en lo poco que pueden saber...
En el balcón de una dependencia del ayuntamiento de Madrid colgaron una bandera indigenista.
 
Entonces, remontándonos a Alejandro Magno, la expansión del Helenismo fue también un genocidio porque hubo batallas y murieron persas. De todas las gestas que ha protagonizado la humanidad, la que menos víctimas ha causado es la de España en América. Ahí está el milagro de nuestra lengua, el mestizaje. ¿Que hubo violencia en la conquista? ¿Y cuándo no la hay? En la espada de Cortés, lo que brillaba era la civilización. Nosotros llevamos esa civilización a unos pueblos, a su lado, bárbaros. Sí, habían desarrollado el calendario y otras cosas, pero no tenían un Aristóteles, un Platón, ni un Santo Tomás...
Uno de los males de Occidente es la autocrítica.
 
Pero es una autocrítica perversa. Y no sólo se da en España. Europa es ya un cuerpo exangüe, incapaz de crear algo que ilusione a alguien. Como si viviera reflejada en un espejo que ha perdido su azogue. Y lo que es peor, para lo que puede venir, devoradas sus entrañas por eso que se conoce por «buenismo» y que no es sino cobardía cebada de ignorancia. Lo que era Europa, el espíritu europeo, todo lo que hemos creado, desde Grecia hasta ahora -nuestra filosofía, las libertades, el haber domesticado las religiones- todo lo hemos quemado pero no por autocrítica sino por entregarnos a lo que venga. Ya sea al mundo árabe o a cualquier demencia que se les ocurra aquí. Ahora quieren que los robots paguen la Seguridad Social...
Usted reside en París. En Francia, el conflicto con el mundo árabe parece más evidente.
 
¿Qué es el mundo árabe? Hay tantos como naciones e incluso clanes. Como dice Lawrence de Arabia la primera dificultad consiste en definir quiénes son los árabes. Para mí el problema es no digamos árabe, sino nuestro. Los yihadistas lo tienen muy claro. Su actual determinación, en muchos de ellos, es sustituir nuestras costumbres por las suyas, aniquilar nuestra forma de vida para implantar leyes que aquí habíamos dejado atrás hace mucho tiempo. No ha salido de ellos, sino que han sido municionados ideológicamente por nuestras universidades, nuestros gobiernos, esa maldita intelligentsia de Izquierda ante la que, en vez de establecer una pública batalla de ideas que los desenmascarase, los que hubieran podido hacerlo han optado perversamente por entregarles las riendas del pensamiento y de los medios económicos para llevar a cabo esa inmensa traición. Es el mismo proceso que con nuestros nacionalismos: han hecho lo que se les ha permitido hacer.
Usted sostiene que un Estado demasiado presente ayuda a la llegada de la tiranía.
 
Para mí, el Estado es el enemigo absoluto. Me maravillan algunas naciones en las que no se sabe el nombre del presidente ni del primer ministro como Suiza. Cuando un Estado crece, comienza a devorar las libertades, hasta los poros.
¿Qué queda del liberalismo en España?
 
Nada. Pero ni en Europa, ni en Francia... Hace poco, una encuesta en Francia cuestionaba a los ciudadanos si eran partidarios de un Estado más poderoso. El 70% dijo que preferían un Estado más pequeño. Pero claro, luego se les preguntaba por la privatización de las prestaciones sanitarias, de la educación... Y estaba en contra. Cuando los ciudadanos tienen que elegir entre libertad y seguridad, hasta los más sensatos se decantan por lo segundo. Por eso, el populismo -todos, no solo el Frente Nacional- cabalga a lomos del miedo. Los liberales, desgraciadamente, somos una especie en peligro de extinción.
Algunos consideran la crisis de las subprime de 2008 como un fracaso de la falta de regulación, del liberalismo.
 
Eso no es liberalismo, es capitalismo. Y el capitalismo actual puede derivar, como el socialismo, a instrumento de dominación. Capitalismo y liberalismo no van asociados. El liberalismo cree en el hombre y en su libertad y la convivencia con cuatro principios básicos. Cuando esa libertad sobrepasa sus propios límites, es otro tipo de intervencionismo.
¿Está en riesgo la libertad en España?
 
Y en todo el mundo. ¿Cree que en un país en donde puede ganar Clinton o Trump, la libertad no está en peligro? Después del 11-S, estamos todos vigilados. Y los estados son insaciables en ese control.
O sea que la amenaza no son los populismos.
 
Esos no sólo se limitarían a controlarnos. El siguiente, será abrir campos de concentración.
En Ciudadanos se dicen liberales.
Liberales no son. En España el abanico político va desde una socialdemocracia moderada, pero en algunos aspectos más intervencionista, más saqueadora que la izquierda [por los impuestos], al delirio. Pero si llevan camisetas del Che Guevara...
La verdad es que teniendo a Hernán Cortés...
 
Sí, deberían llevar camisetas de Hernán Cortés. Por lo menos era un hombre con honor. El Che era un asesino de masas. No porque hubiese ejecuciones a mansalva en Cuba sino porque disfrutaba con ellas. 
¿Por qué se sigue insistiendo en reivindicarle?
 
La enseñanza que ya no existe. Yo creo en una Enseñanza donde cada centro, por supuesto privado, pueda establecer libremente su magisterio. Porque, ¿qué más da centro privado o público si es el Estado quien dicta el programa? Y centros donde aprobar sea muy difícil, consecuencia de un profundo estudio, y donde quienes no superen las metas de cada grado se deriven a otros oficios y ocupaciones. Quiero decir: no aceptar lo inferior a esa excelencia. Y lo mismo con los profesores: contratos libres que puedan prolongarse o cancelarse según la categoría intelectual del docente. Resumiendo: centros que capaciten a una élite superior por sus conocimientos. Pero bueno, todo esto no deja de ser una fantasía.
Le llamarán elitista.
 
Es que lo soy. Creo en una sociedad en la que todos tienen las mismas libertades y los mismos derechos. Pero no creo en la igualdad. Creo en la igualdad ante la ley pero no en la igualdad social. Creo en la criba y que en lo alto de la sociedad estén los mejores. Si los profesores son mediocres, los alumnos salen mediocres y luego esos alumnos serán profesores.
Lo dice por Podemos.
 
Todos son igual de ineptos.
Se refiere continuamente al cainismo como parte del ser de España.
 
Ese pensamiento no hay quien me lo quite. Tenemos unos instintos muy arraigados. Se ha visto en la intransigencia de Pedro Sánchez.
Afortunadamente, hicimos una Transición ejemplar en muchos aspectos.
 
La gran ventaja es que hizo el cambio de régimen sin muertos. Los franquistas se hicieron el harakiri, enterraron al general y nos pasamos a un régimen democrático. En la Transición ocurre algo que es nefasto: la creación de las autonomías. Lo que hubiera sido algo sensato, que es la descentralización, ha supuesto la creación de miniestados. 
¿Y qué solución contemplaría usted?
 
Hay que ir minimizando las autonomías. Incluso suprimiendo algunas como la catalana. O todas.
Lo cierto es que Cataluña ha llegado muy lejos.
 
Lo que hay que tener en cuenta es cómo han llegado ahí. Se les ha permitido tener unos gobiernos que adoctrinan a los niños en la falsedad. ¿Por qué no se ha ido un furgón de la Guardia Civil a detener a los que votaron en el Parlament a favor de desobedecer las leyes? Lo grave es preguntarse qué va a hacer el Gobierno central. ¡Pues les va a dar más! Al menos en la II República, que ahora los ignorantes pintan tan idílica, se atrevieron a detener a Companys cuando proclamó la independencia.
Los nacionalismos, las identidades, parecen haber sustituido a las ideologías.
 
Yo desprecio todo nacionalismo. Me parece algo tribal, primitivo, propio de gente ignorante y en muchísimos casos, de una indignidad probada. Muy fuera de lo que imaginamos como Civilización. Y lo mismo las ideologías, esto es, esas ideas fijas sobre lo que es la realidad, la vida, su movimiento incesante, tantas veces ciego, pero inevitable. Uno tiene una idea del mundo, y siempre son conjeturas, que le permiten en cada momento adoptar sobre el discurso de esa realidad una postura cimentada en lo que sí debe ser bastante inmutable, que son sus principios morales, su comprensión del Bien y del Mal, de lo que puede ser mejor y lo que ha de evitarse para que una sociedad sea más afortunada.
¿Qué reformas consideraría más urgentes?
 
Aparte de lo que ya hemos hablado, hace falta una rigurosa y limpia batalla de las ideas explicando a la nación, pero con verdad, qué es, su historia, por qué ha sucedido cuanto ha sucedido... y creo que no estaría mal un serio castigo para quienes mientan.
¿Y la cultura? Ese palabro...
 
La literatura, el arte... Todo eso está moribundo. Es muy difícil que sobreviva, al menos durante bastante tiempo, luego nadie sabe si habrá un renacimiento. Pero ahora... Siempre han sucedido situaciones parecidas. Piense en la riqueza de nuestra poesía, ya desde Berceo, y ese siglo XV, y nuestro Siglo de Oro, la libertad de expresión, la imaginación. Y entonces vinieron los Borbones -me refiero a Felipe V- con sus luminosas y paternalistas ideas sobre el papel del Estado, y decidieron que había que ordenar la cultura, debía ser, entre comillas, culta y moderada, y todo se apagó y nos invadió el cartón piedra. ¿Y hoy? La producción en serie de aberraciones promocionadas por una crítica inculta y venal, y que compran muy felices estos nuevos ricos cuya sensibilidad debe estar al nivel de las cucarachas. Yo creo que la primera medida, sin la cual no veo posibilidades de renacimiento, es la supresión de toda ayuda con dinero público al arte, el cine, la literatura, que el Estado, ni ministerios, ni comunidades, aquí, ni ayuntamientos, no tenga la menor relación con todo eso. Y desde luego, como saludable, esencial y urgente, la absoluta desaparición de esa abominación del Pensamiento Correcto
Dice usted lo que piensa.
 
Me proclamo libre y en paz, respetándome a mí mismo para decirle al lucero de alba lo que pienso.
En la última entrevista que le leí mandó a sus críticos a que les sodomizaran.
 
Me arrepiento. Me pareció una solución demasiado placentera.

Fuente de la entrevista

5 de noviembre de 2016

He llegado a esa edad...

Pues sí. He llegado a esa edad en la que las alegrías son más comedidas.
En mi caso, las tristezas nunca llegarán a ser comedidas por mi extrema sensibilidad. O sí. Dicen que también se sufre de otra manera cuando ya se llevan unas cuantas encima. Podría ser... No digo que no.
Sobre eso, os iré contando...
Sigo aprendiendo. Como seguimos aprendiendo todos en estos caminos tortuosos de la existencia sin sentido.

Y continúo sin comprender la muerte. Continúo no tomándola como algo natural y sereno.
No puedo. No pertenezco a esa clase de personas que aguantan el tipo. Me derrumbo sin más.

22 de octubre de 2016

Después de Nosotros (película)


Pongo en el saloncito películas que me hacen sentir.
A veces, nauseas positivas; es decir, me gustó la película pero se criticaba en ella algo que me producía nauseas.
A veces, nauseas negativas; ésas que me dan ganas de pedir indemnización al salir del cine.
A veces, felicidad, serenidad, optimismo por la vuelta a las cintas inocentes del cine de los ochenta, de los noventa...
Y lo peor de todo: a veces, indiferencia... Ésas son las que peor llevo. Incluso, las llevo peor que las nauseabundas negativas.

Ésta me produjo tristeza. Es positivo también. Mucho, en mi caso, porque yo soy de las que disfruto del cine REAL. Me interesan bastante más las desgracias y alegrías cotidianas de la gente normal que las guerras entre bichos verdes o los sueños pasados de rosca de alguno que no descansaba bien.

Una tristeza infinita por una familia rota. Un amor roto. Un imposible encuentro que tira vidas por la borda. Y digo "vidas" en plural. Peor aún, si son más de dos...
¿Cómo se puede llegar a este desamor tan brutal?

Lo más triste de todo: la realidad que pisamos está ahora en la pantalla. Quizá, en nuestra habitación.

Digna de ver.
Ya me diréis.

12 de octubre de 2016

El triunfo de los mediocres

Voy a volver a copiar y pegar, con actualización, una entrada que puse hace algún tiempo.
Existe una aclaración sobre ella que creo deberíais leer, por justicia hacia el autor de la columna. 
En este mundo tan rápido en el que vivimos, es lógico pensar que caeremos en mil y un ciento malentendidos.
Mis disculpas a David Jiménez.

Y, aprovechando este momento, FELIZ DÍA DE LA HISPANIDAD A TODOS.
Yo sí. Yo estoy orgullosa de ser ESPAÑOLA.

Creo que este pensamiento viene de perlas hoy también. Para meditar y hacer autocrítica...


ENTRADA PUBLICADA EL PASADO 26/01/2015 EN EL SALONCITO:

Una reflexión que comparto...

 Me la han mandado al buasap y creo que es de Forges. O eso dicen...
A ver qué os parece. 

ACTUALIZACIÓN A DÍA 12/10/2016: He recibido una aclaración sobre la autoría de este texto. Al parecer, el escritor ha sido un periodista llamado DAVID JIMÉNEZ.
Dejo enlace aquí, a quien pueda interesar.
Disculpad el malentendido. Sobre todo, mis disculpas más personales a David.
Gracias a José Luis Palma por el aviso.

De lo que no hay duda, es de que el fragmento bien merece una lectura o más...
Felicidades.




EL TRIUNFO DE LOS MEDIOCRES
Quienes me conocen saben de mis credos e idearios. Por encima de éstos, creo que ha llegado la hora de ser sincero. Es, de todo punto, necesario hacer un profundo y sincero ejercicio de autocrítica, tomando, sin que sirva de precedente, la seriedad por bandera.
Quizá ha llegado la hora de aceptar que nuestra crisis es más que económica, va más allá de estos o aquellos políticos, de la codicia de los banqueros o la prima de riesgo.
Asumir que nuestros problemas no se terminarán cambiando a un partido por otro, con otra batería de medidas urgentes, con una huelga general, o echándonos a la calle para protestar los unos contra los otros.
Reconocer que el principal problema de España no es Grecia, el euro o la señora Merkel.
Admitir, para tratar de corregirlo, que nos hemos convertido en un país mediocre.
Ningún país alcanza semejante condición de la noche a la mañana. Tampoco en tres o cuatro años. Es el resultado de una cadena que comienza en la escuela y termina en la clase dirigente.
Hemos creado una cultura en la que los mediocres son los alumnos más populares en el colegio, los primeros en ser ascendidos en la oficina, los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación y a los únicos que votamos en las elecciones, sin importar lo que hagan, alguien cuya carrera política o profesional desconocemos por completo, si es que la hay. Tan solo porque son de los nuestros.
Estamos tan acostumbrados a nuestra mediocridad que hemos terminado por aceptarla como el estado natural de las cosas. Sus excepciones, casi siempre, reducidas al deporte, nos sirven para negar la evidencia.
- Mediocre es un país donde sus habitantes pasan una media de 134 minutos al día frente a un televisor que muestra principalmente
basura.
- Mediocre es un país que en toda la democracia no ha dado un solo presidente que hablara inglés o tuviera unos mínimos conocimientos sobre política internacional.
- Mediocre es el único país del mundo que, en su sectarismo rancio, ha conseguido dividir, incluso, a las asociaciones de víctimas del terrorismo.
- Mediocre es un país que ha reformado su sistema educativo tres veces en tres décadas hasta situar a sus estudiantes a la cola del mundo desarrollado.
- Mediocre es un país que tiene dos universidades entre las 10 más antiguas de Europa, pero, sin embargo, no tiene una sola universidad entre las 150 mejores del mundo y fuerza a sus mejores investigadores a exiliarse para sobrevivir.
- Mediocre es un país con una cuarta parte de su población en paro, que sin embargo, encuentra más motivos para indignarse cuando los guiñoles de un país vecino bromean sobre sus deportistas.
- Mediocre es un país donde la brillantez del otro provoca recelo, la creatividad es marginada –cuando no robada impunemente- y la independencia sancionada.
- Mediocre es un país en cuyas instituciones públicas se encuentran dirigentes políticos que, en un 48 % de los casos, jamás ejercieron sus respectivas profesiones, pero que encontraron en la Política el más relevante modo de vida.
- Es Mediocre un país que ha hecho de la mediocridad la gran aspiración nacional, perseguida sin complejos por esos miles de jóvenes que buscan ocupar la próxima plaza en el concurso Gran Hermano, por políticos que insultan sin aportar una idea, por jefes que se rodean de mediocres para disimular su propia mediocridad y por estudiantes que ridiculizan al compañero que se esfuerza.
- Mediocre es un país que ha permitido, fomentado y celebrado el triunfo de los mediocres, arrinconando la excelencia hasta dejarle dos opciones: marcharse o dejarse engullir por la imparable marea gris de la mediocridad.
- Es Mediocre un país, a qué negarlo, que, para lucir sin complejos su enseña nacional, necesita la motivación de algún éxito deportivo”. 

7 de octubre de 2016

De coños e "hipogresías"

Durante estos últimos días, Amarna Miller, actriz porno que entrevistó en su día Risto Mejode, ha paseado por muchos medios de comunicación debido a su vídeo promocional del Festival Erótico de Barcelona.

Es una chica lista y espabilada pero... siento decir que este vídeo me pareció una auténtica muestra de la gilipollez progre que campa a sus anchas, en estos tiempos tan modernos, por muchos de los rinconcitos que habitualmente pisamos en nuestra vida cotidiana.

Últimamente, estoy tan en desacuerdo con tanta gente, que me siento un poquito más inteligente o, por no quedar como prepotente, "un poquito menos parva". Y es que lo de los buenismos, populismos, animalismos e hipocresismos, me pone los pelos como tronchos de berza.

Disculpen mi lenguaje. Voy a dejar los fragmentos tal y como los he escupido. Sin pensar pensando. Ya me entienden ustedes.




Dejo aquí una columna de Elvira Lindo relacionada con el asunto en cuestión, entre otros:

Coño, esa palabra de moda (columna de opinión de Elvira Lindo)
  
No tengo nada en contra de esa expresión, la utilizo con bastante frecuencia, pero no como reclamo o para llamar la atención.

Hubo un tiempo en el que algunas mujeres achacaban a los hombres la mala costumbre de pensar con la polla. Pensar con la polla era estar prisionero, pero a mucha honra, de los instintos más primarios. De un hombre que pensara con la polla una mujer no se podía fiar. Un hombre que pensaba con la polla no valoraría a una mujer en su conjunto, intelecto y físico, sino que sólo se detendría a valorar si una chica era lo suficientemente atractiva para esa parte del cuerpo con la que pensaba, la polla. Yo conocía a hombres así de transparentes, algunos incluso me hacían gracia por su evidente primitivismo, pero no eran mi tipo. Los había que sostenían que incluso aquellos varones que aparentaban más sofisticación intelectual, a la hora de la verdad, pensaban con esa parte concreta del cuerpo que señala, según la inclinación de su ángulo, lo que un hombre bien constituido piensa. 


Fueron muchos años de escuchar aquello de “lo hago porque me sale de la punta de la polla”. Casi de manera inconsciente, algunas, yo creo que las más listas, encontramos a hombres que tenían un pensamiento más sofisticado y tanta capacidad como nosotras de pensar con la cabeza en unos momentos y de dejarse llevar por sus instintos cuando terciaba. De alguna manera, sabiendo elegir, demostramos que hay muchos hombres con los que una relación igualitaria es posible. Los hay. Los hemos tenido como pareja y los hemos criado. Hombres que no tienen ningún interés de mostrarse como especímenes dominados por instintos animales, hombres que no presumen de su potencial, que no piensan continuamente en términos de cacería.


Pero hay un tipo de feminismo ahora que no llego a entender, que tiende a ver a los hombres como a una masa compacta de hormonas, donde unos individuos no se diferencian de otros. Pareciera que estuvieran infectados por ese mal definido como heteropatriarcado del que no pueden escapar. Los pobres. Es ese tipo de feminismo que gusta hablar en plural siempre y afirma “nos matan”, “nos violan”, como convirtiendo a todas las mujeres en víctimas: tanto a las vivas como a las muertas, a las que han sufrido una violación como a las que se han tenido que enfrentar a un simple patoso. Porque hay patosos, sí, pero lo que hay que predicar es la defensa, no el victimismo. Desde los 19 años, como trabajadora me he topado con más de uno, pero he aprendido a pararles los pies, y es una victoria que tengo en el saco. No siempre me han sacado otros las castañas del fuego.


Y hay mujeres que han entendido que la igualdad está en pronunciar tantas veces la palabra “coño” como ellos lo hicieron con sus palabra fetiche, “polla”. Igual que los hombres reducían sus aspiraciones a lo que expresara una parte de su cuerpo, parece que ahora el coño ha tomado el relevo. Consideramos heteropatriarcal que un señor actúe como le sale de la polla, pero nos parece progresista y transgresor hablar de nuestro coño como significante de nuestra libertad. Una actriz porno, Amarna Miller, nos habla de porno feminista y nos explica lo atrasadísima que está España porque, al parecer, lo que cuenta en términos de liberación de la mujer es lo que se realiza con cierta parte del cuerpo. Leo que una joven feminista, Diana López Varela, publica No es país para coños, para mostrarnos de qué manera aún no hemos conseguido la igualdad: interesante, pero ¿por qué elegir un título reduccionista que vuelve a insistir en esa separación arcaica de las pollas a un lado y los coño a otro? El otro día, una artista plástica señaló que ella era nacionalista de su coño. Bravo.


No tengo nada en contra de esa palabra, coño, la utilizo con bastante frecuencia, pero no como reclamo o para llamar la atención. Debieran saber quienes la usan como si fuera transgresora, que un término audaz que se repite con excesiva frecuencia acaba siendo, simplemente, una vulgaridad, tanto como una película de destape de los setenta, tipo El fontanero, su mujer y otras cosas de meter, o aún peor, la demostración pueril de un papanatismo ideológico que en dos años suena ineficaz y viejuno.


Tenemos claro que la liberación está ligada al sexo, pero también a la interrupción del embarazo (véase Polonia), a la procreación (los niños no vienen de París, pero digo yo que habrá palabras más delicadas para expresar de dónde salen nuestros hijos), a la igualdad laboral tanto en puestos como en remuneraciones, al trato que se nos da, a la consideración social como iguales. Si siempre sentí algo de vergüenza ante ese lenguaje machorro, invasivo, ordinario, primario, entiendo que las cosas no se cambian usando el mismo estilo. Por mucho que esa palabra, coño, en la intimidad pueda sonar a deseo, a deseo con amor. O sin él.

Fuente 

O lo malo de mezclar politicuchas con churras...