








Ni que decir tiene que me convenció absolutamente. No pude resistir la tentación.









Fue otra de las películas de la sesión de cine de estos últimos días. Me pareció increíblemente original aun vista con ojos de hoy. Allá por 1967, supongo que llevaría consigo una carga importante de provocación en todos los sentidos, incluso los musicales. A través de sus escenas se deja ver con un humor impecable la crítica a una sociedad embaucada por lo absurdo; un joven perdido que no entiende el esfuerzo realizado por un futuro que cae a sus pies incierto, una relación con diferencia de edad, la inocencia que se va para no volver, el amor, el sexo, y, sobre todo, esa forma especial de contar cosas. Y hasta aquí puedo leer...
Estos días he tenido sesión de cine. Una de las películas disfrutadas ha sido ésta, La novia cadáver. Realmente encantadora con ese aire gótico, romántico, siniestro, dulce, triste, nostálgico. En definitiva, especial. Como lo es el cine de Tim Burton, que merecerá más de un homenaje en este país de las últimas cosas (o primeras, según se mire).Paso a menudo por la carrera de San Jerónimo, caminando por la acera opuesta a las Cortes, y a veces coincido con la salida de los diputados del Congreso. Hay coches oficiales con sus conductores y escoltas, periodistas dando los últimos canutazos junto a la verja, y un tropel de individuos de ambos sexos, encorbatados ellos y peripuestas ellas, saliendo del recinto con los aires que pueden ustedes imaginar. No identifico a casi ninguno, y apenas veo los telediarios; pero al pájaro se le conoce por la cagada. Van pavoneándose graves, importantes, seguros de su papel en los destinos de España, camino del coche o del restaurante donde seguirán trazando líneas maestras de la política nacional y periférica. No pocos salen arrogantes y sobrados como estrellas de la tele, con trajes a medida, zapatos caros y maneras afectadas de nuevos ricos. Oportunistas advenedizos que cada mañana se miran al espejo para comprobar que están despiertos y celebrar su buena suerte. Diputados, nada menos. Sin tener, algunos, el bachillerato. Ni haber trabajado en su vida. Desconociendo lo que es madrugar para fichar a las nueve de la mañana, o buscar curro fuera de la protección del partido político al que se afiliaron sabiamente desde jovencitos. Sin miedo a la cola del paro. Sin escrúpulos y sin vergüenza. Y en cada ocasión, cuando me cruzo con ese desfile insultante, con ese espectáculo de prepotencia absurda, experimento un intenso desagrado; un malestar íntimo, hecho de indignación y desprecio. No es un acto reflexivo, como digo. Sólo visceral. Desprovisto de razón. Un estallido de cólera interior. Las ganas de acercarme a cualquiera de ellos y ciscarme en su puta madre.
Sé que esto es excesivo. Que siempre hay justos en Sodoma. Gente honrada. Políticos decentes cuya existencia es necesaria. No digo que no. Pero hablo hoy de sentimientos, no de razones. De impulsos. Yo no elijo cómo me siento. Cómo me salta el automático. Algo debe de ocurrir, sin embargo, cuando a un ciudadano de 57 años y en uso correcto de sus facultades mentales, con la vida resuelta, cultura adecuada, inteligencia media y conocimiento amplio y razonable del mundo, se le sube la pólvora al campanario mientras asiste al desfile de los diputados españoles saliendo de las Cortes. Cuando la náusea y la cólera son tan intensas. Eso me preocupa, por supuesto. Sigo caminando carrera de San Jerónimo abajo, y me pregunto qué está pasando. Hasta qué punto los años, la vida que llevé en otro tiempo, los libros que he leído, el panorama actual, me hacen ver las cosas de modo tan siniestro. Tan agresivo y pesimista. Por qué creo ver sólo gentuza cuando los miro, pese a saber que entre ellos hay gente perfectamente honorable. Por qué, de admirar y respetar a quienes ocuparon esos mismos escaños hace veinte o treinta años, he pasado a despreciar de este modo a sus mediocres reyezuelos sucesores. Por qué unas cuantas docenas de analfabetos irresponsables y pagados de sí mismos, sin distinción de partido ni ideología, pueden amargarme en un instante, de este modo, la tarde, el día, el país y la vida.
Quizá porque los conozco, concluyo. No uno por uno, claro, sino a la tropa. La casta general. Los he visto durante años, aquí y afuera. Estuve en los bosques de cruces de madera, en los callejones sin salida a donde llevan sus irresponsabilidades, sus corruptelas, sus ambiciones. Su incultura atroz y su falta de escrúpulos. Conozco las consecuencias. Y sé cómo lo hacen ahora, adaptándose a su tiempo y su momento. Lo sabe cualquiera que se fije. Que lea y mire. Algún día, si tengo la cabeza lo bastante fría, les detallaré a ustedes cómo se lo montan. Cómo y dónde comen y a costa de quién. Cómo se reparten las dietas, los privilegios y los coches oficiales. Cómo organizan entre ellos, en comisiones y visitas institucionales que a nadie importan una mierda, descarados e inútiles viajes turísticos que pagan los contribuyentes. Cómo se han trajinado –ahí no hay discrepancias ideológicas– el privilegio de cobrar la máxima pensión pública de jubilación tras sólo 7 años en el escaño, frente a los 35 de trabajo honrado que necesita un ciudadano común. Cómo quienes llegan a ministros tendrán, al jubilarse, sólidas pensiones compatibles con cualquier trabajo público o privado, pensiones vitalicias cuando lleguen a la edad de jubilación forzosa, e indemnizaciones mensuales del 100% de su salario al cesar en el cargo, cobradas completas y sin hacer cola en ventanillas, desde el primer día.
De cualquier modo, por hoy es suficiente. Y se acaba la página. Tenía ganas de echar la pota, eso es todo. De desahogarme dándole a la tecla, y es lo que he hecho. Otro día seré más coherente. Más razonable y objetivo. Quizás. Ahora, por lo menos, mientras camino por la carrera de San Jerónimo, algunos sabrán lo que tengo en la cabeza cuando me cruzo con ellos.
Arturo Pérez Reverte, en "El semanal"
Ya se había mencionado su nombre en este blog y vuelvo a disfrutar de sus viajes por estas tierras. Realmente merece la pena visitar la página de Theo Jacobs, un fotógrafo que, sin duda, sabe captar a la perfección el color y la belleza de Castilla.
Caballeros del Jurado: el mejor amigo que un hombre pueda tener, podrá volverse en su contra y convertirse en su enemigo. Su propio hijo o hija, a quienes crió con amor y atenciones infinitas, pueden demostrarle ingratitud. Aquéllos que están más cerca de nuestro corazón, aquéllos a quienes confiamos nuestra felicidad y buen nombre, pueden convertirse en traidores.
El dinero que un hombre pueda tener también podrá perderlo, se volará en el momento que más lo necesite.
La reputación de un hombre quedará sacrificada por un momento de locura o debilidad.
Las personas están dispuestas a caer de rodillas para honrar nuestros éxitos, serán los que arrojen la primera piedra, cuando el fracaso coloque nubes sobre nuestro porvenir.
El único, absoluto y mejor amigo que tiene el hombre en este mundo egoísta, el único que no lo va a traicionar o negar, es su PERRO.
Caballeros del Jurado, el perro de un hombre está a su lado en la prosperidad y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad. Dormirá en el frío piso donde sopla el viento y cae la nieve, sólo para estar junto a su amo.
Besará la mano que no tenga comida para ofrecerle, lamerá las heridas y amarguras que produce el enfrentamiento con el áspero mundo.
Si la desgracia deja a su amo sin hogar y amigos, el confiado perro sólo pide el privilegio de acompañar a su amo para defenderlo contra todos sus enemigos.
Y cuando llega el último acto, y la muerte hace su aparición y el cuerpo es enterrado en la fría tierra, no importa que todos los amigos hayan partido. Allí, junto a la tumba, se quedará el noble animal, su cabeza entre sus patas, los ojos tristes pero abiertos y alerta, noble y sincero, más allá de la muerte.
Un profundo silencio llenó la sala de audiencias cuando el Dr. Vest terminó. Los hombres del Jurado quedaron vivamente emocionados, mientras que algunos integrantes del público irrumpían en llanto.
El Jurado decidió en forma unánime castigar a Leónidas Hornsby con una multa de 550 dólares (400 dólares más de lo que marcaba el límite legal) y la frase "El perro es el mejor amigo del hombre" se hizo popular para siempre.
Fuente del texto: George Graham Vest. Wikipedia.
El perro de Matisse. Fotografía de Jan Puerta.
Descubría, gracias a Jan Puerta y su blog, la historia de cada uno de ellos: Festín, Siesta, Bicolor...También la historia de la frase que ha dado la vuelta al mundo por su certero significado. Recomiendo una visita a esta serie de relatos y fotografías: Dogs of the world. Realmente merece la pena pararse a pensar un momento mientras uno camina por los rincones de la ciudad. Quizá queden todavía muchas cosas por aprender, por disfrutar.
Fotografía recién salida de la cámara (18:45 h). La Torre vista desde mi casa y aun envuelta por el humo de los cohetes.La Torre de Hércules ha sido incluída en la lista de monumentos elegidos como patrimonio de la humanidad. El faro coruñés recibe esta distinción de gran importancia mundial. La delegación coruñesa que ha presenciado en Sevilla el anuncio de esta decisión se ha mostrado muy feliz por la noticia. Después de muchas horas de espera y tras descartarse la candidatura de las minas de Almadén, la propuesta de la Torre de Hércules ha sido aceptada.
Con el nombramiento de la Torre de Hércules como patrimonio de la humanidad, Galicia cuenta a partir de hoy con cuatro distinciones: Santiago de Compostela recibió el reconocimiento en el año 1985; el 10 de diciembre de 1993 recibía la distinción el Camino de Santiago; y ya en el año 2000 le llegó el turno a la muralla de Lugo.
Fuente: La Voz de Galicia
¡FELICIDADES!
Fuente de la fotografía
Escuchaba en la radio esta mañana que Michael Jackson se ha pasado la vida deshaciendo, deshaciéndose diría yo, como las nubes que surcan los cielos intentando inútilmente encontrar su forma definitiva. No era blanco ni negro, no era hombre ni mujer. Era un ser especial y con un gran talento que finalmente pudo con él, como el gran éxito que explotaba en sus manos sin remedio. Allí estaba, moviéndose de un modo sinuoso entre la niebla de su vida, intentando salir de ella convirtiéndose en el pequeño que se desvanecía inevitablemente con el paso del tiempo a pesar de las máscaras...