De todos es sabido que ayer Soraya Sáenz de Santamaría acudió a ese programa, que a mí personalmente no me gusta casi nada (El Hormiguero). He de decir que sí me parece ocurrente e inteligente su director de orquesta, Pablo Motos, a pesar de todos los pesares.
Ahora, como ya sabemos, la política ha cambiado y mucho (ha cambiado la sociedad en general y, con ella, la política). En estos tiempos que corren, para acercarse a los votantes (al grueso de los votantes) hay que subirse a los platós más "simpáticos" y célebres. Dentro de poco, veremos a algún político de renombre en el polígrafo del Deluxe. Tiempo al tiempo.
Pues eso. Ayer vi el programa de Soraya. Ella me gusta. Siempre me ha gustado. Es una mujer valiente, activa, espabilada, despierta, viva, inteligente, educada y respetuosa. Ella, como ha demostrado siempre, se atreve con todo y más. La admiro por ello y mucho.
Por eso le perdono que se haya encaramado a El Hormiguero para acercarse a la audiencia y a los votos. Es más: me gustó escucharla y verla. La entrevista, salvo los coñazos hormigueriles varios (el par de hormigas, las pruebas y algún que otro graciosillo de turno con sus "graciosidades") estuvo bien o, al menos, fue curiosa.
Vaya, que no me importaría que Soraya fuese mi Presidenta. Y lo digo abiertamente. Sin rubores.
Y lo decía también antes. Antes del citado programa, me refiero.
Aquí, la entrevista.
Felicidades, Soraya. Por ser como eres. Un sol entre tanta niebla.
