Sigo caminando cada vez que puedo. Como los hombres que huyen a la mar cuando la tierra los aprieta, los ahoga.
Siempre existe algo que nos aprieta. Curiosamente, y como somos tremendamente complicados, eso que nos aprieta en un momento, nos libera en otro.
Me cuesta escribir últimamente. Me refiero a extenderme con palabras cuidadosamente seleccionadas. Quizá sea el momento, el capricho, la falta de tiempo o el no saber sacar jugo a tantos sentimientos-pensamientos que corren por mi cabecita revoltosa.
De las últimas polémicas de las redes, me quedo con esos espacios libres de violencia machista. Y me pregunto yo para mis adentros, que cuál seguirá siendo el siguiente absurdo buenista o populista. Soy de las que pienso que el estar contra la violencia (no sólo de género, sino cualquier tipo de violencia) no es pregonarlo a gritos o con carteles.
Esta sociedad parece que sólo sabe pregonar. Como el ricachón que da limosna a la puerta de la Iglesia un Domingo de Ramos.
































