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7 de octubre de 2016

De coños e "hipogresías"

Durante estos últimos días, Amarna Miller, actriz porno que entrevistó en su día Risto Mejode, ha paseado por muchos medios de comunicación debido a su vídeo promocional del Festival Erótico de Barcelona.

Es una chica lista y espabilada pero... siento decir que este vídeo me pareció una auténtica muestra de la gilipollez progre que campa a sus anchas, en estos tiempos tan modernos, por muchos de los rinconcitos que habitualmente pisamos en nuestra vida cotidiana.

Últimamente, estoy tan en desacuerdo con tanta gente, que me siento un poquito más inteligente o, por no quedar como prepotente, "un poquito menos parva". Y es que lo de los buenismos, populismos, animalismos e hipocresismos, me pone los pelos como tronchos de berza.

Disculpen mi lenguaje. Voy a dejar los fragmentos tal y como los he escupido. Sin pensar pensando. Ya me entienden ustedes.




Dejo aquí una columna de Elvira Lindo relacionada con el asunto en cuestión, entre otros:

Coño, esa palabra de moda (columna de opinión de Elvira Lindo)
  
No tengo nada en contra de esa expresión, la utilizo con bastante frecuencia, pero no como reclamo o para llamar la atención.

Hubo un tiempo en el que algunas mujeres achacaban a los hombres la mala costumbre de pensar con la polla. Pensar con la polla era estar prisionero, pero a mucha honra, de los instintos más primarios. De un hombre que pensara con la polla una mujer no se podía fiar. Un hombre que pensaba con la polla no valoraría a una mujer en su conjunto, intelecto y físico, sino que sólo se detendría a valorar si una chica era lo suficientemente atractiva para esa parte del cuerpo con la que pensaba, la polla. Yo conocía a hombres así de transparentes, algunos incluso me hacían gracia por su evidente primitivismo, pero no eran mi tipo. Los había que sostenían que incluso aquellos varones que aparentaban más sofisticación intelectual, a la hora de la verdad, pensaban con esa parte concreta del cuerpo que señala, según la inclinación de su ángulo, lo que un hombre bien constituido piensa. 


Fueron muchos años de escuchar aquello de “lo hago porque me sale de la punta de la polla”. Casi de manera inconsciente, algunas, yo creo que las más listas, encontramos a hombres que tenían un pensamiento más sofisticado y tanta capacidad como nosotras de pensar con la cabeza en unos momentos y de dejarse llevar por sus instintos cuando terciaba. De alguna manera, sabiendo elegir, demostramos que hay muchos hombres con los que una relación igualitaria es posible. Los hay. Los hemos tenido como pareja y los hemos criado. Hombres que no tienen ningún interés de mostrarse como especímenes dominados por instintos animales, hombres que no presumen de su potencial, que no piensan continuamente en términos de cacería.


Pero hay un tipo de feminismo ahora que no llego a entender, que tiende a ver a los hombres como a una masa compacta de hormonas, donde unos individuos no se diferencian de otros. Pareciera que estuvieran infectados por ese mal definido como heteropatriarcado del que no pueden escapar. Los pobres. Es ese tipo de feminismo que gusta hablar en plural siempre y afirma “nos matan”, “nos violan”, como convirtiendo a todas las mujeres en víctimas: tanto a las vivas como a las muertas, a las que han sufrido una violación como a las que se han tenido que enfrentar a un simple patoso. Porque hay patosos, sí, pero lo que hay que predicar es la defensa, no el victimismo. Desde los 19 años, como trabajadora me he topado con más de uno, pero he aprendido a pararles los pies, y es una victoria que tengo en el saco. No siempre me han sacado otros las castañas del fuego.


Y hay mujeres que han entendido que la igualdad está en pronunciar tantas veces la palabra “coño” como ellos lo hicieron con sus palabra fetiche, “polla”. Igual que los hombres reducían sus aspiraciones a lo que expresara una parte de su cuerpo, parece que ahora el coño ha tomado el relevo. Consideramos heteropatriarcal que un señor actúe como le sale de la polla, pero nos parece progresista y transgresor hablar de nuestro coño como significante de nuestra libertad. Una actriz porno, Amarna Miller, nos habla de porno feminista y nos explica lo atrasadísima que está España porque, al parecer, lo que cuenta en términos de liberación de la mujer es lo que se realiza con cierta parte del cuerpo. Leo que una joven feminista, Diana López Varela, publica No es país para coños, para mostrarnos de qué manera aún no hemos conseguido la igualdad: interesante, pero ¿por qué elegir un título reduccionista que vuelve a insistir en esa separación arcaica de las pollas a un lado y los coño a otro? El otro día, una artista plástica señaló que ella era nacionalista de su coño. Bravo.


No tengo nada en contra de esa palabra, coño, la utilizo con bastante frecuencia, pero no como reclamo o para llamar la atención. Debieran saber quienes la usan como si fuera transgresora, que un término audaz que se repite con excesiva frecuencia acaba siendo, simplemente, una vulgaridad, tanto como una película de destape de los setenta, tipo El fontanero, su mujer y otras cosas de meter, o aún peor, la demostración pueril de un papanatismo ideológico que en dos años suena ineficaz y viejuno.


Tenemos claro que la liberación está ligada al sexo, pero también a la interrupción del embarazo (véase Polonia), a la procreación (los niños no vienen de París, pero digo yo que habrá palabras más delicadas para expresar de dónde salen nuestros hijos), a la igualdad laboral tanto en puestos como en remuneraciones, al trato que se nos da, a la consideración social como iguales. Si siempre sentí algo de vergüenza ante ese lenguaje machorro, invasivo, ordinario, primario, entiendo que las cosas no se cambian usando el mismo estilo. Por mucho que esa palabra, coño, en la intimidad pueda sonar a deseo, a deseo con amor. O sin él.

Fuente 

O lo malo de mezclar politicuchas con churras...

3 de abril de 2016

Un debate de actualidad muy interesante en el blog de ENRIQUE DANS



Por favor, leed comentarios también porque todos ellos enriquecen. He escrito, asimismo, mi humilde opinión. Una opinión basada en mi experiencia personal.
Hablamos del Sistema Sanitario en España, de la Administración Electrónica en general...

Para meditar. Para aprender. Para mejorar que, al fin y al cabo, es de lo que se trata llegados a este punto.


USOS COMPLETAMENTE ESTÚPIDOS DE LA TECNOLOGÍA: EL SISTEMA SANITARIO ESPAÑOL.

31 de mayo de 2015

¿Los nuevos comunistas?

Dejo aquí una columna de Carlos Herrera que aparece en el ABC. No sin antes criticar un poco esta intolerancia de los denominados por ellos mismos "tolerantes".
Va a tener razón aquel correo que me enviaron, en el que se indicaban de una forma sencilla las características de "los de izquierdas" y "los de derechas".
Uno de izquierdas que no está de acuerdo con algo, intenta por todos los medios eliminarlo. Uno de derechas, no se apunta y punto.
Pues eso. En parte, no me digan, tiene su razón.

Debo añadir que no estoy totalmente de acuerdo con Carlos Herrera. Considero que merecen un buen escarmiento los que están en las poltronas y esto les viene muy bien. Dejemos hacer y a ver qué ocurre. Y que nos dejen hacer...porque la política, ya lo sabemos, es muy puñetera. Los mandamientos, por desgracia, no salen sólo de nuestro sombrero español.

Rosa Martínez, Yolanda Díaz, Pablo Iglesias, Xulio Ferreiro (candidato de la Marea Atlántica) y Antón Sánchez, durante un mitin en A Coruña. / SANDRA G. REY


LOS NUEVOS COMUNISTAS
CARLOS HERRERA
Fuente de la columna de opinión


Es el año de los nuevos comunistas, el tiempo en el que todo desaliño intelectual es tomado por novedad salvadora.

SON cachorros de una revisión tardía. Las viejas ideas que proporcionaron miseria y terror en la Europa del siglo pasado hacen aparición, de nuevo, al calor de la catarsis colectiva que ha supuesto el nuevo crack al que se ha asomado la sociedad moderna. Teóricamente todo iba bien: la pobreza disminuía en el mundo, los nuevos emprendedores ganaban dinero, los especuladores hacían su agosto... Hasta que reventó parte del sistema y determinados países –entre ellos el nuestro– sufrieron el hachazo de la realidad. Era el caldo de cultivo ideal para inocular con éxito ideas fáciles, consignas infantiles, eslóganes simples. Con la ayuda de algunos programas televisivos propios de la basura menos reciclable, una serie de creadores de conceptos perezosamente atractivos mordieron la atención de los más desatendidos y de muchos de aquellos que albergan un pequeño liberticida en su interior. La consecuencia es que ha llegado su momento, creen, para rediseñar el mundo con valores que se han comprobado inútiles. Es su año. 2015 va a suponer para los que supuestamente se creen capacitados para poder reeditar ideas fracasadas el año de su mayoría. Ninguno de los escenarios en los que han gobernado, siempre mediante la violencia o la represión, ha conseguido avanzar un solo milímetro en ningún tipo de logro, ni social ni económico; pero gozan de ese perverso prestigio que acumula el populismo en sociedades abocadas a las salidas angostas, en colectividades que tienen poco por perder y que son capaces de echarse en brazos del primer embaucador que les emocione con pasiones bajas y poco maceradas.

Es el año de los nuevos comunistas, el tiempo en el que todo desaliño intelectual es tomado por novedad salvadora. Es fácil: se les dice que se van a tomar los palacios de invierno y que nadie podrá estar por encima de las limitaciones a las que les ha sometido la coyuntura de un tiempo convulso. Por demás, solo basta con espolear el rencor: yo no tengo, pero tu tampoco vas a tener ya que te lo vamos a quitar, que es la idea fuerza básica con la que se desenvuelven estos que dicen poder, y que basan su estrategia en dar a entender que tú no tienes porque hay otro que tiene mucho, se lo haya ganado honradamente o no. En ningún momento hablan de crear riqueza, de crecer respetando la iniciativa de los que han creado siempre las oportunidades, que son las personas, no las Administraciones. En ningún momento hablan de establecer una sociedad en la que la posibilidad de crecer dependa solo de la iniciativa particular de cada uno. No. Hablan de igualar y gravar, de prohibir y «normativizar», de repartir lo poco que haya lugar de crear nuevos espacios de emprendimiento. Son los venezolanos de hoy, los cuentistas de comité central, los comisarios de vigilancia individualizada. Sorprende que una España vacunada por años diversos de dictaduras y desarreglos pueda siquiera pensar en confiar su suerte a individuos que ya eran viejos antes de nacer, con tics de dictadores de pacotilla, con discursos plagados de amenazas, con intenciones liberticidas y con apostura de comisarios desafiantes. Sorprende que esta España que debe a su Constitución los años de progreso mas admirable y contrastable de su historia sea capaz de aplaudir a unos tipos que hablan de voladuras incontroladas y que, hasta la fecha, jamás han demostrado nada más allá de ser unos hábiles contertulios de programas de televisión perfectamente despreciables. Parecía que esta España se había hecho mayor, pero las tendencias demoscópicas demuestran que está dispuesta de echarse en los brazos del primer vendeburras que se pasa por su puerta y que muestre cierta habilidad para la propaganda hecha a base de labia e intestinos.

Recordaremos muchos años este 2015. Para bien o para mal.

9 de abril de 2015

Más dóciles y más cobardes

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A través de esta entrada del blog de Rincón del Náufrago, he conocido esta columna. Es bueno tener presentes ciertos pensamientos. Aunque los hayamos meditado más de una vez, es bueno tenerlos presentes y releer al respecto.
Es como la continua repetición de las palabras del profesor de yoga en clase. Nunca están de más por mucho que las hayamos masticado.

Aconsejo que leáis los dos enlaces. Luego me contáis.

1 de marzo de 2015

"Aquel campo de concentración tan bonito" (de Rosa Montero)


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He hablado más de una vez de Rosa Montero en el saloncito. Es cierto que, a veces, la he criticado. Considero que, sin ánimo de ofender, tiene que tener más cuidado con su forma de escribir en las redes sociales y ahora me estoy refiriendo únicamente al cuidado del lenguaje; de su ortografía, su gramática... 
También tengo otra consideración menos importante o tan importante, según se mire; Rosa Montero debe pensar más las opiniones compartidas, debe profundizar más.
La naturalidad es bonita pero no los errores, aunque sean humanos. La boca de un escritor debe estar más cuidada si cabe. Mucho más.

¿Por qué digo todo esto? Porque Rosa no es una persona cualquiera que pasea por FB, Tuiter y demás redes, sino una escritora española conocida que debe comportarse de mejor manera que un zutanito de tal. Porque ella es una referencia y se debe a sus lectores.

Por cierto, a mí me gustan muchas otras cosas de Rosa Montero; su sencillez y sus pensamientos. A veces, maravillosos.

Te animo, Rosa, a tomarte esto como una crítica totalmente constructiva. Espero sepas apreciarla pero es que no puedo evitar entristecerme cuando veo la excesiva naturalidad mal entendida. Nuestro mundo merece un mejor análisis y nuestro castellano un mimo que últimamente se pierde con tantas "prisas".

Dejo ahora aquí su columna sobre la muerte. Buen punto de vista.



Aquel campo de concentración tan bonito

A Kafka la vida le angustiaba, pero intentaba por todos sus obsesivos medios prolongarla

De joven, uno habla mucho de la muerte. Por ejemplo, en mi generación de rockeros hippiosos todos solíamos decir que moriríamos temprano y que no seguiríamos en este mundo más allá de los 40 años de edad. Estas baladronadas nos salían con naturalidad y muy fácilmente porque siendo veinteañero uno considera que los 40 están tan lejos como el fin del mundo, o que incluso es una edad un poco fabulosa que jamás se alcanza. De joven tu muerte no existe, y por eso puedes coquetear con ella como si fuera una aventura más de la vida. Pero enseguida el tiempo empieza a caer sobre tus hombros con efecto de alud, quiero decir que cada vez pesa más, cada vez es más denso, más copioso, una dura, crecedera y congelada bola de tiempo que se precipita sobre ti y te empuja y te aplasta, y antes de que puedas darte cuenta has pasado por la frontera de los 40 años como una exhalación y vas camino del espacio exterior a toda prisa.


Pues bien, desde el momento en que la muerte entra de verdad en escena, desde el instante en que te sabes mortal, nos entran a todos unas ganas de vivir enternecedoras. O a casi todos: a veces el dolor físico o psíquico es tal que sólo ansías desaparecer y descansar. Pero hoy no vamos a hablar de esos casos, que son en cualquier caso muy minoritarios. Lo que me maravilla, lo que me asombra, es el hambre de vida que los humanos tenemos. Aunque nuestra existencia sea gris, penosa, aburrida, difícil, todos queremos continuar un día más en este mundo. Lo expresó formidablemente el escritor húngaro Imre Kertész, premio Nobel de Literatura, que fue internado a los 15 años en el campo de exterminio de Auschwitz y que, por lo tanto, tuvo conciencia real de la muerte a una edad mucho más temprana que la media. Recordando su adolescencia cruel, escribió: “Pese a la reflexión y al sentido común, no podía ignorar un deseo sordo que se había deslizado dentro de mí, vergonzosamente insensato y sin embargo tan obstinado: yo quería vivir todavía un poco más en aquel bonito campo de concentración”. Qué frase tan estremecedora y tan veraz: para nuestra ansiedad de seguir siendo, Auschwitz era más dulce que la muerte.


Me he puesto a pensar en todo esto leyendo un pequeño libro que es una joya, un diamante diminuto y exquisito: Kafka con sombrero, de Jesús Marchamalo, con dibujos de Antonio Santos (Nórdica Libros). En apenas 30 pequeñas páginas, incluyendo las formidables ilustraciones, Marchamalo se las arregla, no sé cómo, para hacer un hondo, conmovedor y sugerente retrato de Kafka. Ya es difícil ser capaz de añadir una mirada original sobre este autor tan biografiado, pero es que además, tras leer esta obrita, te da la sensación de que de alguna manera has llegado a conocer un poco al escritor. Un delicado aliento de intimidad atraviesa el texto.


La tuberculosis a Kafka torturó a lo largo de siete años hasta matarlo. Tuvo tres enamoradas pero no acabó de comprometerse en sus relaciones.
Vista desde fuera, la vida de Kafka parece áspera, pobre y atormentada. Falleció con 40 años, pasó 15 trabajando como un obsesivo y meticuloso administrativo en una aburridísima empresa de seguros, convivió con sus padres durante mucho tiempo y con sus neuras durante toda su existencia, la tuberculosis le torturó a lo largo de siete años hasta matarlo, tuvo tres enamoradas pero no acabó de comprometerse en sus relaciones y consideraba, según propia declaración, que había algo sucio en el sexo, o, al menos, en su manera de acercarse al sexo; su amigo Brod decía de él que estaba atormentado por sus deseos carnales y que era un asiduo de los burdeles (recientemente algunos estudiosos han sugerido que era un homosexual reprimido, lo mismo que se ha dicho de Fernando Pessoa, con quien Kafka comparte curiosas coincidencias vitales). Pero el caso es que con 25 años, viviendo con sus padres, desasosegado por las mujeres y pasando todo el día en su tedioso empleo, Kafka, que se había hecho vegetariano, era ya un completo maniático de la salud. Pese a su aspecto de tirillas, nadaba muchísimo, remaba en el Moldava, hacía gimnasia a diario desnudo frente a la ventana abierta (en la heladora Praga), frecuentaba balnearios y casas de salud y, por último, se hizo seguidor del fletcherismo, “una moda nutricionista que, entre otras cosas, exigía masticar cada bocado 32 veces exactas, ni una más ni una menos”.


Lo de masticar cada bocado 32 veces es lo que me parece más enternecedor; la vida le angustiaba, pero intentaba por todos sus obsesivos medios prolongarla. Veo a mi Kafka en la imaginación como esforzado rumiante y me conmuevo; algunos sostienen que quizá se contagiara de la tuberculosis por su costumbre de beber ingentes cantidades de leche sin hervir, otra de sus manías saludables. Si esto fue así, sólo demuestra una vez más que, por mucho que corramos, la muerte siempre nos termina atrapando. Pero mientras tanto, y aunque la vida apriete y nos escueza, qué emocionantes ganas de seguir, a pesar de todo.



Fuente 

P.D.: Debo añadir una cosa y es que, en todo momento, Rosa Montero ha respondido con humildad a sus lectores.

22 de febrero de 2015

Veneno (de Manuel Vicent)

 Visto en el blog de la isla.

Fuente de la imagen

La basura mediática que uno se traga cada día no deja lesión alguna, ni siquiera microscópica, en la mucosa más sensible del cerebro. Las neuronas procesan toda la mierda tóxica que nos rodea y tal como les llega la trasladan al conocimiento sin que se produzca fisiológicamente ningún control ni rechazo. 

La contaminación del aire congestiona los pulmones e irrita la garganta e incluso puede provocar cáncer; en cambio, el veneno moral e ideológico que uno respira penetra en la raíz de la conciencia sin que el cerebro reaccione ante un ataque tan rudo y persistente. Hay que imaginar qué sucedería si las ideas y creencias con que se nutre el cerebro cambiaran de sustancia y fueran a parar al estómago en forma de alimento que se adquiere en un colmado. 

Muchas noticias del telediario te harían vomitar durante el almuerzo y después de tragarte un debate histérico e inconsistente, de oír el comentario crispado de un político idiota, de leer un artículo sectario, una disentería fulminante te mandaría corriendo al cuarto de baño. 

El nacionalismo fanático, la corrupción política y la banalidad gansa de la cultura, en un colmado serían productos equivalentes a la carne de perro, al aceite de colza, a la fruta con gusanos y al pescado podrido. Si en la tienda la gente rechaza por instinto un alimento pasado de fecha, ¿por qué acepta una creencia rancia como si no le dañara? La denominación de origen y el control de calidad que rigen en la alimentación, no atañen a los productos destinados al cerebro, aunque estén llenos de bacterias. 

Nuestra conciencia largamente intoxicada acepta con normalidad el veneno diario que recibe en lo que uno lee, oye, contempla, huele y respira, de forma que el ciudadano se comporta con toda naturalidad en la vida, creyéndose sano y libre, sin saber que está envenenado.

1 de febrero de 2015

Sobre la soberbia de los políticos y su alejamiento de la realidad





Siempre lo he pensado. Es fácil criticar a esta gente que nos gobierna; ya sea desde las instituciones bancarias, desde el Gobierno, desde las administraciones o desde el lugar más recóndito que podamos imaginar...
Una vez estaba tomando el aperitivo en una terraza de cierto nivel, en un pueblo que se encuentra a las afueras de La Coruña, y descubrí (y confirmé también) lo alejados que están de nosotros estos personajes (los llamo personajes porque no me sale llamarlos personas). Ellos son así, precisamente, por ese alejamiento de la realidad que sufren o disfrutan.

De hecho, si lo pensamos, cada uno de nosotros vive en una realidad diferente. Pero, claro, algunas realidades son más diferentes que otras...

Dejo aquí la columna de Rosa Montero que acabo de leer. 
Disfrutad y aprovechad el domingo, navegantes.

Por cierto, ¿alguien ha visto la serie de la que habla (Borgen)?...




Esos pobres políticos


El político no tiene tiempo para nada. Además de estar perpetuamente agotado, pierde todo contacto con la realidad


Aprovechando la gripe anual me he visto de una tacada los últimos capítulos de la primera temporada de la serie Borgen; no sé si la fiebre habrá distorsionado mi atención, pero me han parecido fascinantes. Borgen es esa producción danesa que narra la llegada a la jefatura de Gobierno, por vez primera en la historia del país, de una mujer que, perteneciente a un partido minoritario, alcanza el puesto casi por carambola y ha de gobernar en coalición. Se empezó a emitir en 2010 y justo un año después llegó de verdad al cargo la primera danesa, también inesperadamente y en minoría: la guapa y muy rubia Helle Thorning-Schmidt, la misma que provocó el ataque de celos de Michelle Obama al hacerse sonrientes selfies con el presidente de Estados Unidos en el entierro de Mandela.
Pero el valor de la serie no tiene que ver con esta coincidencia ni estos cotilleos. Lo que me ha impactado es la sencillez carente de estridencias (salvo un personaje que es un verdadero miserable, no hay gente muy buena ni gente muy mala, no hay grandes conspiraciones ni tremendas corrupciones) con la que refleja de manera demoledora cómo el poder te cambia, te empobrece y te enajena. La protagonista llega al cargo de primera ministra entre otras cosas por su frescura, por su veracidad, por su falta de fingimiento, por su genuino anhelo de mejorar la sociedad danesa. Pero basta con que pase un año, sólo un año, para que esa mujer se haya traicionado a sí misma innumerables veces. Con dolor, con inmenso sufrimiento, porque no es una cínica; pero con una evidente pérdida de contacto con la realidad. Cuando están preparando el discurso de apertura del nuevo año parlamentario, su jefe de comunicación le pregunta exasperado: “Pero ¿qué política quieres hacer? ¿Qué quieres hacer como primera ministra, además de mantenerte en el poder?”. Y ese es el quid de la cuestión: en tan sólo 12 meses, la lucha feroz por el mantenimiento en el poder parece haberse convertido en casi el único juego que es posible jugar en Borgen, que es como llaman a su palacio de Gobierno, a La Moncloa danesa. La soberbia es la madre de errores garrafales y el caldo de cultivo para la necesidad de adulación de casi todos los políticos.

Acabo de leer, precisamente, un ensayo interesantísimo sobre este mismo tema: Las leyes del castillo, de Carles Casajuana (Península), un diplomático de carrera que ha trabajado en La Moncloa y ha visto muy de cerca los engranajes del poder. Casajuana nombra algunos de los graves problemas que padecen los políticos; el primero, el de la pura incompetencia. “Creemos que, porque son poderosos, los gobernantes tienen más capacidad que los demás para dirigir los asuntos públicos. Pero no siempre es así. (…) Los gobernantes, de media, no poseen un talento especial para gobernar. Poseen únicamente un talento especial para alcanzar el poder y conservarlo, que no es lo mismo”. Y cita una frase genial de Bioy Casares: “El mundo atribuye sus infortunios a las conspiraciones y maquinaciones de grandes malvados. Entiendo que se subestima la estupidez”.

Por añadidura, y esto es esencial, importantísimo, y se ve claramente en Borgen, el político no tiene tiempo para nada. Vive una vida ri­dículamente cargada de trabajo y de compromisos, una agenda tan extenuante y delirante, en fin, que no duerme, no piensa, no lee, no habla con sus hijos, con su cónyuge, con su familia, no pisa la calle, no hace nada, en fin, de lo que hacen el resto de los humanos. Además de estar perpetuamente agotado, pierde todo contacto con la realidad. Un cansancio que fomenta otro grave error, según Casajuana, y es que “cuanto más poderosa se siente una persona, más fácil es que, en vez de meditar cuidadosamente sus decisiones, saque conclusiones precipitadas de la información de que dispone, aunque sea incompleta. (…) Tiende a pensar que, si ha sido elegida para el puesto, es que vale para ello”. Esa soberbia, avivada por la falta de tiempo, es la madre de errores garrafales. Y además es el perfecto caldo de cultivo para la necesidad de elogio y adulación que casi todos los políticos sienten, según Casajuana, en mayor o menor medida. Y cita a La Rochefoucauld: “A veces imaginamos que detestamos la adulación. Pero en realidad sólo detestamos la manera en que nos adulan”.

Borgen y Las leyes del castillo te hacen sentir pena por los políticos. No me refiero a los corruptos, a los grandes canallas, sino al que entra en la gestión pública lleno de buenas intenciones y a los pocos meses cae en una orgía de trabajo embrutecedora que sólo le deja tiempo para dedicar todas sus energías a mantenerse en el sillón. Pobres políticos, sí, pero sobre todo pobres de nosotros, condenados a ser dirigidos por estos enfermos. No sé, algo habría que hacer, prohibirles trabajar más allá de las siete de la tarde, mandarlos a casa el fin de semana, echarlos obligatoriamente cada tres años. No parece fácil escapar de esta trampa. “Creo que con el tiempo mereceremos no tener Gobiernos”, dice Borges, citado también por Casajuana.

@BrunaHusky

www.facebook.com/escritorarosamontero

www.rosa-montero.com

29 de enero de 2015

Carta de Moncho Borrajo a Pablo Iglesias (parece que finalmente no es de Moncho)

 
Fotografía encontrada en internet

Al Señor Pablo Iglesias:  

No me preocupa su coleta perfectamente desaliñada al estilo hippy de los 60, ni esa eterna camisa blanca arrugada, ni esos rozados pantalones grises, de tiro bajo, uniforme de falso y trasnochado progre.
En mis 42 años de profesión he aprendido a leer en las caras de las personas, y he de decirle que la suya no me gusta y me preocupa bastante.

Es una máscara perfecta de cinismo, prepotencia y despotismo, donde la ternura no tiene espacio, ni los sentimientos como la vergüenza o la compasión. Vd nunca mira a la cara, porque está por encima de los demás, y siempre ataca por temor a ser atacado, sin escuchar ni a los suyos que discrepan de usted, como el de la sillas de ruedas. Es Vd cruel, quien molesta o no sigue sus dictados, simplemente le borra. Nada le impiden seguir con la mirada en el futuro con el que sueña solo para usted, en nombre de los demás, algo que ya hemos vivido muchas veces.

Vd me ilusionó al principio, y en poco tiempo con su conducta me ha vuelto a la cruel realidad. Vd es un trilero que se alimenta del odio y la necesidad de los débiles y candidos. No es nada mas que un pelele necesario para este proceso mundial de desestabilización que corre como la pólvora. Si me coge usted con veinte años sería un fan de sus ideas, pero ya conozco al lobo con piel de cordero y tienen un tufo muy peculiar.

Señor Iglesias deseo de todo corazón que no camufle sus ideas tras cortinas televisivas y falsas palabras. Me duele escribirle esto, porque sigo siendo un utópico idealista, pero cada vez que veo unas declaraciones suyas me siento engañado. No me gusta usted y no le voy a votar y recomendaré a mis amigos que no se dejen engañar por sus falsas palabras. Vd lo que pretende es llevar a España a la ruina economica y moral, aunque eso le trae al pairo.

P.D. No se moleste en llamarme facha, rojo de mierda, o cualquier otra lindeza de su vocabulario de los 60 de la facultad de económicas, ya me lo han llamado antes muchas veces, sin reconocer jamás que no me conocían.

Moncho Borrajo

Fuente 

Dice que lo que está en amarillo no es suyo. Ahora dudo que la página de FB de Moncho Borrajo sea de verdad su página de FB.
??? 
De todas formas, no comprendo demasiado sus explicaciones posteriores (las que salen en esta página)


22 de enero de 2015

¿Por qué las revoluciones ya no son posibles?

Una columna de opinión que me ha parecido interesante. A ver qué os parece. 


¿Por qué hoy no es posible la revolución?
Para descifrar la alta estabilidad del sistema de dominación liberal hay que entender cómo funcionan los actuales mecanismos de poder. El comunismo como mercancía es el fin de la revolución


Cuando hace un año debatí con Antonio Negri en el Berliner Schaubühne, tuvo lugar un enfrentamiento entre dos críticas del capitalismo. Negri estaba entusiasmado con la idea de la resistencia global al empire, al sistema de dominación neoliberal. Se presentó como revolucionario comunista y se denominaba a sí mismo profesor escéptico. Con énfasis conjuraba a la multitud, la masa interconectada de protesta y revolución, a la que confiaba la tarea de derrocar al empire.La posición del comunista revolucionario me pareció muy ingenua y alejada de la realidad. Por ello intenté explicarle a Negri por qué las revoluciones ya no son posibles.

¿Por qué el régimen de dominación neoliberal es tan estable? ¿Por qué hay tan poca resistencia? ¿Por qué toda resistencia se desvanece tan rápido? ¿Por qué ya no es posible la revolución a pesar del creciente abismo entre ricos y pobres? Para explicar esto es necesario una comprensión adecuada de cómo funcionan hoy el poder y la dominación.

Quien pretenda establecer un sistema de dominación debe eliminar resistencias. Esto es cierto también para el sistema de dominación neoliberal. La instauración de un nuevo sistema requiere un poder que se impone con frecuencia a través de la violencia. Pero este poder no es idéntico al que estabiliza el sistema por dentro. Es sabido que Margaret Thatcher trataba a los sindicatos como “el enemigo interior” y les combatía de forma agresiva. La intervención violenta para imponer la agenda neoliberal no tiene nada que ver con el poder estabilizador del sistema.

El poder estabilizador de la sociedad disciplinaria e industrial era represivo. Los propietarios de las fábricas explotaban de forma brutal a los trabajadores industriales, lo que daba lugar a protestas y resistencias. En ese sistema represivo son visibles tanto la opresión como los opresores. Hay un oponente concreto, un enemigo visible frente al que tiene sentido la resistencia.

El carácter estabilizador del sistema ya no es represor, sino seductor; es decir, cautivador.

El sistema de dominación neoliberal está estructurado de una forma totalmente distinta. El poder estabilizador del sistema ya no es represor, sino seductor, es decir, cautivador. Ya no es tan visible como en el régimen disciplinario. No hay un oponente, un enemigo que oprime la libertad ante el que fuera posible la resistencia. El neoliberalismo convierte al trabajador oprimido en empresario, en empleador de sí mismo. Hoy cada uno es un trabajador que se explota a sí mismo en su propia empresa. Cada uno es amo y esclavo en una persona. También la lucha de clases se convierte en una lucha interna consigo mismo: el que fracasa se culpa a sí mismo y se avergüenza. Uno se cuestiona a sí mismo, no a la sociedad.

Es ineficiente el poder disciplinario que con gran esfuerzo encorseta a los hombres de forma violenta con sus preceptos y prohibiciones. Es esencialmente más eficiente la técnica de poder que se preocupa de que los hombres por sí mismos se sometan al entramado de dominación. Su particular eficiencia reside en que no funciona a través de la prohibición y la sustracción, sino a través del deleite y la realización. En lugar de generar hombres obedientes, pretende hacerlos dependientes. Esta lógica de la eficiencia es válida también para la vigilancia. En los años ochenta, se protestó de forma muy enérgica contra el censo demográfico. Incluso los estudiantes salieron a la calle. Desde la perspectiva actual, los datos necesarios como oficio, diploma escolar o distancia del puesto de trabajo suenan ridículos. Era una época en la que se creía tener enfrente al Estado como instancia de dominación que arrebataba información a los ciudadanos en contra de su voluntad. Hace tiempo que esta época quedó atrás. Hoy nos desnudamos de forma voluntaria. Es precisamente este sentimiento de libertad el que hace imposible cualquier protesta. La libre iluminación y el libre desnudamiento propios siguen la misma lógica de la eficiencia que la libre autoexplotación. ¿Contra qué protestar? ¿Contra uno mismo?

Es importante distinguir entre el poder que impone y el que estabiliza. El poder estabilizador adquiere hoy una forma amable, smart, y así se hace invisible e inatacable. El sujeto sometido no es ni siquiera consciente de su sometimiento. Se cree libre. Esta técnica de dominación neutraliza la resistencia de una forma muy efectiva. La dominación que somete y ataca la libertad no es estable. Por ello el régimen neoliberal es tan estable, se inmuniza contra toda resistencia porque hace uso de la libertad, en lugar de someterla. La opresión de la libertad genera de inmediato resistencia. En cambio, no sucede así con la explotación con la libertad. Después de la crisis asiática, Corea del Sur estaba paralizada. Entonces llegó el FMI y concedió crédito a los coreanos. Para ello, el Gobierno tuvo que imponer la agenda liberal con violencia contra las protestas. Hoy apenas hay resistencia en Corea del Sur. Al contrario, predomina un gran conformismo y consenso con depresiones y síndrome de Burnout. Hoy Corea del Sur tiene la tasa de suicidio más alta del mundo. Uno emplea violencia contra sí mismo, en lugar de querer cambiar la sociedad. La agresión hacia el exterior que tendría como resultado una revolución cede ante la autoagresión.

Cada uno es amo y esclavo. La lucha de clases se convierte en una lucha interna, consigo mismo
Hoy no hay ninguna multitud cooperante, interconectada, capaz de convertirse en una masa protestante y revolucionaria global. Por el contrario, la soledad del autoempleado aislado, separado, constituye el modo de producción presente. Antes, los empresarios competían entre sí. Sin embargo, dentro de la empresa era posible una solidaridad. Hoy compiten todos contra todos, también dentro de la empresa. La competencia total conlleva un enorme aumento de la productividad, pero destruye la solidaridad y el sentido de comunidad. No se forma una masa revolucionaria con individuos agotados, depresivos, aislados.

No es posible explicar el neoliberalismo de un modo marxista. En el neoliberalismo no tiene lugar ni siquiera la “enajenación” respecto del trabajo. Hoy nos volcamos con euforia en el trabajo hasta el síndrome de Burnout [fatiga crónica, ineficacia]. El primer nivel del síndrome es la euforia. Síndrome de Burnout y revolución se excluyen mutuamente. Así, es un error pensar que la multitud derroca al empire parasitario e instaura la sociedad comunista.

¿Y qué pasa hoy con el comunismo? Constantemente se evocan el sharing (compartir) y la comunidad. La economía del sharing ha de suceder a la economía de la propiedad y la posesión. Sharing is caring, [compartir es cuidar], dice la máxima de la empresa Circler en la nueva novela de Dave Eggers, The Circle. Los adoquines que conforman el camino hacia la central de la empresa Circler contienen máximas como “buscad la comunidad” o “involucraos”. Cuidar es matar, debería decir la máxima de Circler. Es un error pensar que la economía del compartir, como afirma Jeremy Rifkin en su libro más reciente La sociedad del coste marginal nulo, anuncia el fin del capitalismo, una sociedad global, con orientación comunitaria, en la que compartir tiene más valor que poseer. Todo lo contrario: la economía del compartir conduce en última instancia a la comercialización total de la vida.

El cambio, celebrado por Rifkin, que va de la posesión al “acceso” no nos libera del capitalismo. Quien no posee dinero, tampoco tiene acceso al sharing. También en la época del acceso seguimos viviendo en el Bannoptikum, un dispositivo de exclusión, en el que los que no tienen dinero quedan excluidos. Airbnb, el mercado comunitario que convierte cada casa en hotel, rentabiliza incluso la hospitalidad. La ideología de la comunidad o de lo común realizado en colaboración lleva a la capitalización total de la comunidad. Ya no es posible la amabilidad desinteresada. En una sociedad de recíproca valoración también se comercializa la amabilidad. Uno se hace amable para recibir mejores valoraciones. También en la economía basada en la colaboración predomina la dura lógica del capitalismo. De forma paradójica, en este bello “compartir” nadie da nada voluntariamente. El capitalismo llega a su plenitud en el momento en que el comunismo se vende como mercancía. El comunismo como mercancía: esto es el fin de la revolución.

Byung-Chun Han es filósofo.
Traducción de Alfredo Bergés.


20 de enero de 2015

El malismo (digo, buenismo) de Rosa Montero


El malismo

Debo decir que detesto el buenismo, si por ello entendemos la suplantación de la realidad por un discurso huero y pomposo (la Alianza de las Civilizaciones, por ejemplo)
 Tras mi última columna sobre el fundamentalismo recibí varios mensajes en las redes que me acongojaron. En realidad eran los mismos argumentos que se oyen por doquier; gran parte de la congoja reside en el hecho de que esos tópicos estén tan extendidos. Me refiero a esas personas que denuncian el buenismo de considerar que los musulmanes pueden ser gente decente; y que dictaminan, con una seguridad y una erudicción maravillosas, que el Corán es un libro lleno de odio y nuestra Biblia un paradigma de amor, como si todos ellos fueran expertos teólogos y se pasaran el día leyendo las suras islámicas (desde luego el feroz Antiguo Testamento no lo han leído). 
Debo decir que detesto el buenismo, si por ello entendemos la suplantación de la realidad por un discurso huero y pomposo (la Alianza de las Civilizaciones, por ejemplo). Pero aún me espanta más la ignorancia primitiva, violenta y tribal con que reaccionamos frente al diferente. 
Sí, es cierto que la mayoría islámica es horriblemente retrógrada, lo dije en mi columna: pero no son terroristas. En esta batalla contra el integrismo podemos escoger entre convivir con los retrógrados islámicos e intentar convencerles, al igual que convivimos con nuestros propios retrógrados, o bien convertirnos en matones de nuestra cultura, golpearnos el pecho como gorilas, sentirnos estúpidamente superiores e ir alimentando con tópicos descerebrados y belicosos la inmensa hoguera de furor que arde en el mundo. 
También hay un malismo y es esto, esta fiebre sectaria e irracional, estas ansias de exclusión y enfrentamiento. Así se han debido de montar todas las catástrofes bélicas de la historia: cultivando el malismo y aporreando con pueril entusiasmo los tambores de guerra.

Sinceramente, después de leer ésta y otras opiniones de la misma autora, creo que la que no se entera de nada es ella o es que pretende otra cosa, que también puede ser... 
Rosa Montero, que es una mujer a la que aprecio y, es más, he leído algunas de sus obras, me ha decepcionado en cierto modo desde que la conozco un poco mejor, a través de las diferentes publicaciones que cuelga en las redes sociales y que hacen gala de eso que tanto critica en esta columna: el buenismo a todos los niveles.

No, Rosa. Creo que estás muy equivocada. Creo que no sabes con quién te estás enfrentando. Tienes suerte de no saberlo porque quienes lo tendrían que saber de verdad, desgraciadamente, ya no están aquí.

La integración no existe. Es más, cada vez estoy más convencida de que nos iremos alejando, que no acercando. La solución se encuentra en conseguir una mayor igualdad y una educación desde la cuna. Mientras sigamos siendo como somos (y somos bastante malos), el odio crecerá hasta el infinito. Es lógico. También es lógico que agarremos lo nuestro, aún a costa de los demás, porque injustamente nos lo están quitando y llamándonos tontos al mismo tiempo. 

Se trata de un círculo vicioso del que casi es imposible salir. Y lo hemos creado nosotros, ellos. Todos, de alguna manera.

Tenemos, desde luego, lo que nos merecemos. El problema es el caso particular. El caso particular que ya no está en este mundo.

6 de noviembre de 2014

"Fulanas o sumisas" de Fernanda Tabarés


Iba a comentar algo en el saloncito sobre aquéllos que ahora reivindican no sé qué en favor de los más desfavorecidos de esta sociedad porque, curiosamente, sus boquitas no están siendo alimentadas como antaño.
Pero hablar de los de la ceja y allegados, a estas alturas del día, me excita sobremanera y eso no es bueno para conciliar sueños.

En su lugar, os dejo esta columna de Fernanda Tabarés que he leído desayunando esta mañana. ¿Qué opinión os provoca?...

Por cierto, la fotografía de Letizia la he añadido porque su caso sí que me ha llamado la atención especialmente, en cuanto a cirujías estéticas se refiere. Si no existían ya pocas contradicciones en su vida, la de su cambio de imagen se lleva la palma.




El día que Renee Zelwegger visitó a su plástico y se hizo un trasplante de cara fue un mal día para la mujer. Para la propia Renee y para la mujer en el sentido más absolutamente genérico de la palabra. Tras salir del cirujano, yo creo que Bridget Jones tendría que haber acudido a un tanatorio y velar su recuerdo físico, hacerle un funeral a sus pellejos, encomendarse a su blefaroplastia y despedir a la persona que fue, a la mujer a la que parieron. Sería una forma ritual de saludar a su nueva apariencia porque el bisturí dejó de cuerpo presente a la actriz que salió del quirófano convertida en otra en un proceso que es lo más parecido a la muerte, esa muerte a la que ahora se entregan de forma voluntaria y compulsiva señoras bellas e inteligentes enfermas de esta idea banal y toxicómana de la juventud.

En algún momento de los últimos años las mujeres nos empezamos a estafar. Ya me dirán cómo explicamos que individuas cultas e inteligentes, bellezones con muchos posibles, tías estupendas, señoras de los pies a la cabeza sucumban a esa presión por paralizar el tiempo que finalmente las convierte en monstruos. Decía Benedetti, hablando de la belleza, que cada cuerpo tiene su armonía y su desarmonía. Que en algunos casos la suma de armonías puede ser casi empalagosa y que en otros el conjunto de desarmonías produce algo mejor que la belleza. A cada vez más mujeres les cuesta encontrarse la guapura en sus desarmonías, en esta estafa colectiva que impone un ideal uniformado que penaliza a las que rompen el molde. O eso creemos.

Lo que falla es la base misma del razonamiento, esa asociación tan del siglo veinte entre belleza y juventud, como si la hermosura dependiera solo de los años, como si no hubiera viejas hermosas y jóvenes horrorosas a las que solo el tiempo mitiga la dureza de su mueca. Cincuenta años después de la revolución feminista, 165 después de las cuáqueras sufragistas, ¡¡65 después de que Simone de Beauvoir escribiera El segundo sexo!!, la mujer del siglo XXI está enferma de autoestima, esa red fragilísima que empieza a tejerse en cuanto la criatura asoma al mundo y que cualquier cretino pertrechado con esa agresividad imbécil que exuda un buen complejo de inferioridad puede cargarse con dos comentarios y una recriminación sexual dicha a tiempo.

Manuel Fernández Blanco, psicoanalista, me ratificaba estos días que las relaciones sexuales se construyen hoy a través del porno y que la dependencia afectiva de las crías es más intensa que nunca. Escucho cómo una veinteañera confirma que las mujeres con el sexo aventurero son tildadas de zorras mientras que los chicos con una entrepierna de trotamundos son unos campeadores. ¿Qué ha pasado con los últimos treinta años? ¿Por qué extraños derroteros se ha desarrollado la mujer? La lista de estereotipos es atosigante: se sospecha de los hombres que sucumben a los brazos de la mujer madura; el declive reproductivo sigue siendo un pasaporte indefectible hacia la jubilación social; el desvencije físico se tolera en los hombres y se desprecia en las mujeres; las portadas de las revistas proyectan seres inventados con el ratón del photoshop y la publicidad (ah! la publicidad....) vende mujeres sumisas o putas o vírgenes o enfermas. El último editorial de moda de la revista Interview enseña a un grupo de modelos cubiertas con ropa de grandes firmas y rodeadas de basura... Las fotos, en esta página. Sin comentarios.



28 de mayo de 2013

La belleza herida




A mí me empacha, por ejemplo, el activismo de Sean Penn, tan cercano a la ideología chavista que acude al entierro del líder con el chándal rojo. También me irritaba, aunque de otra manera, la bondad de Angelina Jolie, su incontenible necesidad de adoptar criaturas de aquellos países en desgracia que visitaba. Me parecía extraordinaria la facilidad con que ella parecía conseguirlo, cuando el proceso para los padres adoptantes está tan lleno de obstáculos. Ha sido, sin embargo, con el artículo con que ha dado a conocer la doble mastectomía a la que se ha sometido cuando he empezado a creer en su sincera generosidad. Un amigo, al que no tengo por poco compasivo, sino más bien al contrario, me dijo: “¡Y a mí qué me importa lo que esta mujer haga con su cuerpo!”. Dado que es más joven que yo, entiendo que no ha podido ser testigo del estigma que marcaba a las mujeres que se habían sometido a la extirpación de un pecho. Recuerdo la lástima que despertaban, una lástima que rozaba la humillación por cuanto el asunto era tabú, y la mujer era considerada, sin ninguna duda, menos mujer. Desde que se empezó a hablar abiertamente del cáncer de mama ha habido una serie de campañas o de expresiones artísticas para romper el silencio; iban de las más crudas, que mostraban sin reparos la desgarradora huella de la extirpación, a las que idealizan el proceso de la enfermedad hasta convertirla en una experiencia necesaria para alcanzar una especie de estado espiritual superior.

Que en ese contexto haya una mujer, icónica por su belleza física, que haya expresado sin tapujos que hay vida después de la mastectomía me parece elogiable. A mí sí me importa que alguien cuya imagen traspasa fronteras confiese que sus pechos no son del todo suyos, pero que su vida sentimental o artística puede seguir adelante. No fue menos importante cuando el actor Rock Hudson hizo pública su enfermedad de sida. Son gestos que requieren valor por parte de quien los protagoniza, porque lo que se pone al servicio de una causa no es el dinero o la ideología, sino una vulnerabilidad real. Es posible que esta confesión traiga consigo un aumento de las demandas del examen genético, no necesario si no hay antecedentes familiares claros. Pero ofrecerá un panorama esperanzador a las mujeres que se vean en una situación que hasta hace nada las castraba de por vida.


He podido ver esos pechos reconstruidos en una amiga y, como ha escrito Jolie, “los resultados pueden ser hermosos”. Más aún la posibilidad de acompañar a tus hijos en la vida el mayor tiempo posible. Cuando tienes cerca alguien querido que ha pasado por este proceso, más complicado y costoso de lo que cuenta un artículo que trata de contagiar cierto optimismo; cuando esa operación tiene la cara de una amiga y has escuchado el relato de su fragilidad, sientes más respeto por la mujer célebre que se ha atrevido a mostrar sus cicatrices y a decir, aun sin decirlo, que puede seguir siendo deseable.

De la columna de Elvira Lindo en la sección de opinión de El País del pasado 26 de mayo.

22 de enero de 2012

Comentario de texto: va sobre pelotas profesionales y profesionales pelotas...

Vamos a volver a épocas de selectividad o exámenes varios para pasar a un nivel superior. Me gustaría se comentase este artículo por parte de los navegantes. Siempre me ha interesado este tema del que seguro muchos tenéis experiencia de alguna manera. O lo habéis sufrido o lo habéis, incluso, disfrutado pero seguro que todos tenéis una opinión sincera sobre la materia a tratar.

Venga, ¡a hablar de pelotas si os atrevéis!.

Feliz fin del fin de semana. Espero que haya cundido.


Hay aduladores expertos en inflar el ego de sus amos. Prosperan entre jefes que ansían rodearse de gente que se anticipe a sus deseos y en organizaciones que priman el peloteo frente a la capacidad y los resultados. Si quiere probar suerte, este es el caldo de cultivo ideal.

Los pelotas son una de las especies más abyectas de la fauna de oficina, aunque muchos de ellos prosperan con sus habilidades de adulación. Quizá no esté de acuerdo con esta afirmación, pero hay quien piensa que todos somos pelotas. No se trata sólo de que haya gente especialmente dotada para las relaciones personales. La cuestión es que solemos disfrazarnos con un traje que no es el nuestro para caer mejor a personas que tienen poder de decisión y pueden hacernos felices. Jesús Vega, experto en recursos humanos, explica que "el problema se da en el caso de organizaciones, jefes y sistemas en los que priman las prácticas adulatorias frente al peso de los resultados y las capacidades profesionales". Vega cree que lo positivo aquí es la necesidad de establecer buenas relaciones con nuestro entorno (nuestros jefes). "Esto es necesario, porque las decisiones que tienen que ver con nuestra carrera se toman por afinidades personales. Lo negativo es convertir esto en lo más importante".

Paco Muro, presidente ejecutivo de Otto Walter, se pregunta por qué hay tantos directivos que necesitan tener cerca a aduladores; por qué encuentran cobijo con tanta facilidad.
En opinión de Muro, "los pelotas son personas que viven gracias al ego de sus amos. Han aprendido una forma de sobrevivir bien en tierra de lobos: ser el adulador del jefe de la manada. Son dóciles, inofensivos, inútiles e ineficaces. Los demás observan sorprendidos cómo es posible que alguien tan poco operativo tenga un lugar tan cercano y aparentemente de confianza con el gran jefe, pero como ocurriera con los bufones, son gente que no molesta, no resta y entretiene. A veces, incluso, se le puede usar de correo para que llegue alguna petición arriba. De hecho algunos hasta les envidian".

El experto añade que "el fin del pelota es su propia dejadez. Cuando uno vive rodeado de injusticias, ejecuciones y decisiones inadecuadas y no sólo no hace nada, sino que consiente (cuando no aplaude), acabará siendo víctima de una de esas ejecuciones. El amo no quiere al que le adula, tan sólo lo utiliza como almohadón, por comodidad, como apoyo mullido para su ego. Y por ello, cuando llegue el día de la verdad o las cosas se pongan feas, no titubeará en abandonar al pelota a su suerte".
Jorge Cagigas, socio de Epicteles, apunta que se debe distinguir entre los profesionales pelota y los pelota profesionales. Estos últimos se mueven personal y profesionalmente con un rol de satisfacer al otro. Son maleables y dúctiles.
El adulador profesional está hecho de una pasta especial y tiene un único talento: ser pelota. Para esto no vale cualquiera.
Para Cagigas, "los profesionales pelota sufren una transformación y pasan a ser cada vez menos profesionales, adoptando el rol de adulador. Esto se da en organizaciones muy jerárquicas que se mueven sobre la base de modelos que conjugan mejor la fidelidad que la lealtad. Se trata de compañías que miran hacia arriba. En esos modelos corporativos se valora el hecho de interpretar los deseos del jefe antes incluso de que los manifieste".

Paco Muro coincide en que "no hay que confundir a los pelotas con los profesionales que saben y se ocupan de relacionarse bien con los de arriba. Es un aspecto que muchos cometen el error de descuidar y luego lamentan las consecuencias de no haber trabajado su prestigio hacia arriba. Pero estos profesionales se ocupan de lo suyo, aportan resultados y además cuidan las relaciones como elemento complementario, no como la esencia de su función". El experto concluye que, de todos modos, "hoy los altos directivos tienen que tomar decisiones difíciles y acaban padeciendo más que nunca la soledad de la dirección, así que detrás de la armadura de fuerza y firmeza quien más y quien menos está necesitado de un poco de afecto".
Si cree que sus capacidades como adulador pueden darle resultado en un entorno muy especial y junto a jefes que consienten este tipo de actitudes, este es el caldo de cultivo ideal para ensayar la adulación exagerada:

- Tenga en cuenta que, como pelota profesional, jamás debe dar su opinión sincera, nunca debe discrepar con su jefe, ni tomar partido. Paco Muro explica que el pelota es "un parásito emocional que ha encontrado una forma de vivir tranquilo, sin dar ni golpe o, mejor dicho, trabajando en agradar a su jefe. Es una persona detallista y hábil, sabe perfectamente cuándo y cómo halagar, cómo aparentar movimiento, cómo estar en el lugar adecuado en el momento preciso y a su vez es un as para esquivar tareas y funciones delicadas y expuestas".

- Para ser un pelota debe estar hecho de una pasta especial. Si no es así, ni lo intente, porque para esto no vale cualquiera. Muro asegura que "hay que tener talento para eso, aunque suele ocurrir que el adulador profesional sólo tiene ese talento. Eso sí, lo explota a la perfección y siempre encuentra a un jefe falto de afecto que le tomará como su mascota, permitirá sus arrullos y a cambio le dará de comer y le compensará con alguna caricia de vez en cuando". Jorge Cagigas cree que "el problema de la adulación excesiva es que el adulado lo permita. Hay jefes que necesitan a gente alrededor que actúe de esta manera. Es propio de modelos de liderazgo narcisistas". Muro afirma que "los pelotas se creen necesarios para la empresa e ignoran absolutamente su falta de compromiso con el equipo. Son profunda e inocentemente egoístas y prefieren resignarse a vivir de la sombra del poder, pensando –ilusos– que forman parte de él".

- Como pelota, debe ser un experto en plantear soluciones que su jefe desea, y no las que realmente necesita la compañía.

- Si quiere ser un perfecto adulador profesional tiene que buscar un modelo de organización que tolere desde arriba el hecho de que lo principal sea ser fiel a la organización, aunque vaya en contra de los resultados. Debe prosperar en modelos muy previsibles en los que chirría cualquier elemento distorsionante que aporte valor y genere debate; en los que esté clara la tendencia a confundir el compromiso con la identificación con la compañía. Así podrá quedar abducido por la organización y mantener un comportamiento muy previsible.

Fuente de artículo.
Si queréis, podéis ver el vídeo resumen incluido en el mismo.

4 de septiembre de 2011

Turistas que merecemos

Pues sí. Si antes fue con otros columnistas, ahora me ha dado por Reverte. No es que sea santo de mi devoción precisamente pero cuando dice verdades como puños pues no puedo hacer otra cosa que darle la razón. Y es que este verano he pensado en más de una ocasión lo que comenta aquí el escritor. Muchas de mis conversaciones han girado en torno a este tema mientras engullía una hamburguesa en algún local de marca conocida por aquello de no meterme en otro tipo de locales que aún consideraba peores. Me siento identificada con esa triste sensación que provoca la imagen de algunas zonas turísticas qué podrían ser tan hermosas y, sin embargo, se han convertido en un vertedero de sexo fácil, alcohol, locales sucios y hoteles que dan pena con una atención al cliente pésima. 

Quería conocer ciertos sitios por curiosidad y por crearme una opinión de primera mano. No se puede criticar lo que se desconoce y por eso acudí a ellos en un verano en el que tenía ganas de sol y playa y acabé por hacer un estudio sociológico interesante. Lo que me encontré en alguno de estos lugares confirmó mis más temidas sospechas. Qué le vamos a hacer...

P.D.: Debo decir que tampoco lo pasé mal ni mucho menos. Mentiría si lo dijese y, es más, creo que todos deberíamos tener este conocimiento en persona. Yo ya sabía a lo que iba y eso es muy importante a la hora de asumir un turismo de cierto riesgo. Pena de mal gusto, pena de escasa visión. ¿O esta visión nos trae más pasta que la otra?...

Dejo ahora hablar a Pérez-Reverte

Si hay algo que me sigue dejando patedefuá, pese al escaso margen de sorpresa que a uno le deja ser súbdito español y tener los sesenta tacos casi a punto de nieve, es la facilidad de algunos compatriotas, o como se llamen ahora, para salir en la tele sorprendiéndose ante lo obvio. Lamentando de pronto, pancarta en alto, lo que hasta el más tonto del pueblo veía venir desde hace años, sin otra bola de cristal que el sentido común. Pensaba en eso este verano, durante los incidentes provocados en algunas localidades costeras por hordas de turistas jóvenes, ebrios y gamberros, mientras las autoridades locales y los vecinos ponían el grito en el cielo, preguntándose qué habían hecho ellos para merecer eso. Lamentando que España, o buena parte de su litoral mediterráneo, se haya convertido en la cochinera donde viene a recalar el turismo más cutre y bajuno de Europa. La meca de la chusma cervecera, bailona y vomitona, a veinte euros por noche.

Vaya por delante que turismo basura hay en todas partes. Verbigracia, Italia. En materia de chusma, incluida la indígena, poco tienen que envidiar los primos del Lacio y aledaños a nuestros más conspicuos poligoneros nacionales, o a los turistas de cerveza, discoteca con fiesta de espuma y alivio en el portal. Lo que pasa es que allí, junto a ese turismo de bajo coste y carne sudorosa macerada en alcohol, los italianos, que son varias cosas menos tontos, han sabido mantener, paralela, una oferta turística de alta calidad, con lugares donde el turismo de mayor nivel económico y exigencia, incluida la cultural, también se encuentra a sus anchas. Al menos, de momento. Sitios, ésos, que viven no sólo de la cantidad de botellas de agua mineral, bocatas y pizzas recalentadas que turistas de menos recursos -dignísimos y con derecho a comer, por otra parte- consumen cada día, sino también de viajeros que pueden gastarse durante una cena con vistas al lago de Como, sin que les tiemble el pulso, 150 euros en una botella de Gaja. Por ejemplo.

Pero eso hay que currárselo. Lo fácil es montarlo con docenas de torres de apartamentos y hoteles baratos, tropecientas hamburgueserías y discotecas, barriles de cerveza en cada esquina y guindillas municipales tolerantes con el guiri que, antes de caer en coma etílico o matarse haciendo el gilipollas en el balcón, se desnuda, orina, rompe y vomita por doquier. Reconvirtiendo todo el comercio local, restaurantes, tiendas, bares, para adaptarlo a esa subespecie de clientes. Sin exigir, siquiera, que se pongan la camiseta cuando entran descalzos y rascándose los huevos, o el chichi, y que echen la pota en otra parte; no vayan a irse a comprar a la tienda o al pueblo vecinos. Pero claro. Para combinar este turismo ya inevitable con el de categoría, y aprovechar lo más rentable de ambos, hacen falta cultura, tradición, inteligencia, previsión a medio y largo plazo, y sobre todo la conciencia de que una oferta turística no puede inspirarse sólo en suelta lo que tengas y mañana Dios dirá. Tomemos por ejemplo La Manga, que algunos conocimos de niños cuando era una bellísima lengua de arena desierta entre dos mares. ¿Imaginan lo que sería hoy ese lugar, de haber caído en manos de promotores inteligentes y con una visión de futuro digna, en vez de acabar convertido en un disparate de especulación y una pesadilla urbanística? ¿Calculan la riqueza que estaría generando para toda la región, orientada a un turismo de calidad con servicios impecables?

Lo nuestro, sin embargo, es otra cosa. Cuando cinco mil alemanes, italianos e ingleses empastillados y borrachos, a los que igual dan Lloret de Mar que Tegucigalpa porque van ciegos, lo ponen todo patas arriba haciendo en manada lo que en su país no les permiten que hagan, y los guardias de la porra se ponen de pronto cumplidores y tienen que correrlos a hostias porque le pegan fuego al pueblo, echamos la culpa a los dueños de discotecas, y a la degradación de valores en la juventud, y a la puta que nos parió. Obviando que llevamos décadas pidiendo a gritos esa clase exacta de turistas; y que para complacerlos, beneficiándonos de sus miserables migajas, transformamos muchos de nuestros pueblos costeros en barras al aire libre, arrasamos el buen gusto, liquidamos el comercio tradicional, convertimos a nuestros hijos en camareros de chiringuito y lamemos las chanclas a la gentuza de toda Europa. Por eso tiene coña que ahora, cuando recogemos en el telediario los frutos de nuestro esfuerzo, de ese pan para hoy y hambre para mañana -lo que tarde en tranquilizarse la otra orilla del Mediterráneo-, los alcaldes, concejales, comerciantes y vecinos que por acción o silencio fuimos cómplices de tan grotesco y sudoroso negocio, nos llevemos las manos a la cabeza. Olvidando que a quien pide música luego le toca bailarla.

17 de julio de 2011

De culos y seducción...

Fuente de la imagen

Hoy, al fin, creo que he encontrado esa columna de Vicent sobre la invisibilidad de las mujeres de cierta edad que mencionábamos en entradas anteriores. He querido poner en el post una fotografía de un trasero turgente y buscando, buscando, me he topado con una exposición que se hizo ya hace algunos años sobre culos. Dejo aquí un vídeo relacionado para que os hagáis una idea...


Y, ahora sí, también cuelgo en el saloncito la columna de Manuel Vicent por si os interesa:  

SEDUCCIÓN

Hay un tiempo de seducción que se desarrolla desde la pubertad hasta los 40 años aproximadamente y que coincide con la posibilidad de cumplir el único trabajo serio que ha encomendado la naturaleza al género humano: transmitir genes de mejor o peor calidad, dejando el espíritu aparte. La seducción se convierte en un maravilloso espejo. Dentro de su campo magnético se establece un juego vital en el que participan carnes frescas y similares. Existe un buen gusto básico entre los cuerpos. Cuando la gente está en la edad ideal de la procreación, algo sólido sucede en el aire alrededor de sus caderas. En el momento en que una pareja atractiva se cruza en un lugar, bien sea en la iglesia o en el cabaret, se produce un griterío interior: ¡para mí!, ¡para mí!, ¡para mí! y ese bullicio no es sino una bronca subasta de óvulos y espermatozoides que se rige por la ley del más fuerte. Mientras esa lucha perdura en la oscuridad de las vísceras respectivas fuera reina la fascinación. Una chica espléndida entra en un pub y los hombres interrumpen la conversación. Un joven atractivo llega a la reunión y todas las mujeres se ponen en estado de alerta. Enseguida se crea un aura dentro de la cual hay una red de miradas cuyo único objetivo consiste en cazar. Pero llega un momento en que la seducción se acaba. Decía Ortega: a cierta edad no es que las mujeres no te miran, es que no te ven. También un día aquella mujer que fue tan hermosa se vuelve invisible. Abandonar el espejo de la fascinación con serenidad es una muestra de sabiduría. Tratar de prolongar la seducción más allá del tiempo reglamentario es una de las torturas más terribles. Cuando estás en un cóctel con la copa en la mano y sabes que no despiertas ya interés en los ojos de nadie puedes darte por acabado. Las miradas pasan a través de tu cuerpo sin dañarlo y van hacia otro cuerpo sólido que está detrás de ti. Hay que aceptar con resignación pagana el momento aciago en que tu espejo se rompe para convertirse en un cristal transparente.

6 de julio de 2011

Antonio Gala y su enfermedad

Navegantes, tenéis que perdonarme porque últimamente no hago más que repetirme en este saloncito. Lo cierto es que estoy un poco cansada de una actualidad cansina. Quizá la culpa sea más mía que de los de la ceja y demás protagonistas de los días que corren...Quizá es que necesito unas vacaciones, desconexión, naturaleza y meditación...

No lo voy a negar; llevo unos días con actualidades complicadas y ya no sólo por esta panda que nos desgobierna...

Esta mañana he podido leer un artículo que me ha hecho pensar y eso es algo que no consiguen demasiadas columnas últimamente. Trata de la enfermedad de Antonio Gala. En el blog del Náufrago he puesto una frase que quisiera escribir aquí también:

"He leído varias columnas sobre el tema. Ya conocía la suya. Le felicito por su valentía, su sinceridad. Gala no me encanta pero tiene algo que sí me encanta. Mucha fuerza y no dejes de luchar nunca".
Sin más, os dejo aquí la citada columna del desayuno por si la queréis leer:
Aunque las cosas van cambiando lentamente, lo cierto es que todavía no es moneda corriente hablar con naturalidad de la muerte y de la enfermedad grave que nos va minando la salud y nos acerca inexorablemente al final de nuestros días. Lo que impera, más bien, es una especie de tabú, de velo que todo lo quiere ocultar (como si los desmanes que la enfermedad ocasiona en el cuerpo y en el ánimo fuesen tan fáciles de maquillar); incluso muchos familiares (y no pocos profesionales sanitarios) caen en la tentación de una especie de conspiración del silencio, negándole con ella al enfermo (muchas veces a las puertas mismas de la muerte) la posibilidad de hablar de lo que le ocurre, de prepararse para la partida, de despedirse de los suyos, con todo lo que eso lleva aparejado. Por esa razón, gestos como el de Antonio Gala son enormemente valiosos, toda una lección de vida. Resulta más necesario que nunca desdramatizar en lo posible lo que no es sino un hecho natural. Esto nos hará más fuertes y nos capacitará para vivir mejor y más intensamente nuestra propia fragilidad y vulnerabilidad.

En este orden de cosas, los periódicos proporcionaban ayer otro dato especialmente necesitado de una reflexión seria y profunda: una de las consecuencias de la crisis económica que venimos padeciendo es el incremento en un 25 % el número de suicidios y en un 15 % el de nuevos casos psiquiátricos. Esto nos indica, en mi opinión, dos cosas: que el umbral de tolerancia a la frustración está cada vez más bajo y que estamos fracasando a la hora de ofrecer soporte emocional a nuestros conciudadanos. Esto no es una novedad, varios autores venimos alertando en los últimos años de la necesidad de formar personalidades fuertes, y esto requiere un compromiso educativo por parte de todos.

No es bueno escamotear este aprendizaje a las nuevas generaciones. Todo eso abre un nuevo campo de intervención social que pone a prueba la capacidad de nuestra sociedad y de sus instituciones para adaptarse a la realidad de la fragilidad existencial. Las sociedades se han diferenciado (y se diferencian) en la manera cómo consideran y cómo tratan a aquellos de sus miembros más débiles y vulnerables. Como escribió Víctor Frankl, "solo el sufrimiento asimilado deja de ser sufrimiento".


José Ramón Amor Pan