Entre el suceso del Códice, el accidente de tren y, ahora, el caso de la niña Asunta Basterra, la ciudad de piedra y lluvia no gana para sustos. Es difícil realmente abstraerse de todo lo que nos rodea y, sobre todo, palpitando tan cerca.
Lo cierto es que, a pesar de que este caso de la niña está en plena investigación actualmente, los ingredientes son dignos de una realidad que supera, y con creces, la ficción más elaborada. A ver cuánto tardan los guionistas en "inspirarse" para próxima película.
Más allá del morbo generado, que es muchísimo, la muerte de Asunta abre de nuevo el debate sobre la tremenda complejidad de la mente humana; la gran desconocida.
Analizando todo esto, uno confirma que somos totalmente vulnerables; más aún si cabe.
¿Puede ocurrirle a cualquiera? ¿podemos asumir todo lo que nos depara la vida, por muy duro que sea para nosotros? ¿asumimos igual en un momento que en otro, en una circunstancia que en otra? ¿se pueden tener celos de un hijo? ¿es tanta la avaricia como para poder llegar a cometer un crimen con premeditación?...
Miles de preguntas ahora sin responder. Quizá nunca se respondan de la manera correcta. De hecho, tantas cosas se nos escapan cada día, tantas dejamos escapar...
Descansa en paz, Asunta.
