No me gustaría ser demasiado dura porque soy consciente del trabajo que hay detrás de una obra de teatro. Aún así, creo que se debieran tener en cuenta las críticas constructivas para mejorar en un futuro. Para intentar mejorar, al menos.
Ahora, con las redes sociales, uno goza de una mayor cercanía con el artista. Esto me ha posibilitado el dirigirme a ellos, ya sea para alabanzas o para algo menos afortunado aunque más enriquecedor, sin duda alguna. Si las palabras son correctas y no pretenden dañar, sino todo lo contrario, es posible que esto de internet haya servido también para hacer progresos en "el mundo de la cultura".
En su día, hice una puntualización a Echanove por sus "Conversaciones con mamá". Él, incluso, retuiteó la crítica y estoy segura de que la tuvo en cuenta. Son dos actores (él y María Galiana) como la copa de un pino, pero algo faltó que no me llegó del todo en la segunda parte de la obra. Aún así, la disfruté. Como disfruto siempre de las buenas interpretaciones.
Aplaudí hasta agotarme a Lola Herrera y Héctor Alterio en la obra "En el estanque dorado". No pude decir nada, salvo elogiarlos, admirarlos sin fin. Me permitieron meterme en su relación de pareja; una pareja madura entrañable, deliciosa y real como la vida.
Y, recientemente, en la obra "El jardín de los cerezos", luché por no bostezar, por escuchar alguna voz que apenas se escuchaba entre las butacas del teatro. Me dio pena que una historia que da para tanto se quede en algo insustancial, plano, insípido. Esta obra pide a gritos una interpretación de teatro; con su juego de voces, de personajes, de relaciones entre personajes, de entusiasmo. No hubo eso y siento muchísimo decirlo. Dos de los actores, quizás tres, podrían ser salvados, es cierto, y algo más... El resto, como diríamos en EGB, necesita mejorar. Espero así sea. El público lo merece y los actores... y no todos los actores sirven para hacer teatro.


