En estos tiempos de cueva y autoprotección, me he refugiado en la lectura. Sólo abriendo un libro bajo la manta de lana, puedo analizar, desde otro punto de vista que a veces no es el mío, la vida y sus enseñanzas. Con una claridad que también ordena mis pensamientos, últimamente alborotados y tan necesitados de ese orden dichoso. Escribir es ordenar. Leer, creo que también.
Me he acercado a las fantasías, que no dejan de explicar, de otras formas, la vida misma. Fantasías que siempre nacen de realidades. Que transforman las realidades pero sin alejarse demasiado de ellas. Me ha atraído la novela negra, la psicología, la literatura sobre el amor y lo que ha dejado de ser amor, la literatura sobre el sentido de la vida. Vuelta a la psicología entremezclada con historias de crímenes. Sangre. Mucha sangre. Me atraen las historias ocurridas en lugares lúgubres. Esos lugares que siento cerca y que conozco de primera mano. Y sus personajes. Misteriosos, huraños, dolidos, frágiles. Esos personajes atormentados que terminan cometiendo aquel acto, que ha sido tan horrible, que determinará sus vidas para siempre.
Nada de Arte ahora. No me ha dado por ahí en estos tiempos. Me refiero al Arte que solía mostrar en el saloncito. Regresaré a los museos, estoy segura. Pero ahora no es el momento. Aunque el Arte está hecho desde la psicología más brutal. El Arte que me gusta; realizado con pinceladas o "martillazos" que casi rompen el lienzo o la piedra que formará las esculturas más sobresalientes.
Claro que Arte es también una buena novela. Incluso, un buen diálogo de cine o un paisaje natural sin retoque alguno. El Arte se cuela entre tantos recovecos cotidianos, que podemos disfrutarlo apenas sin darnos cuenta.
Sin sensibilidad, estaríamos más perdidos aún. Por eso me refugio en aquello que me la ofrece. Y ahora son los libros. Me doy cuenta de que no somos tan diferentes. Los mismos miedos, los mismos errores, los mismos sueños. Querer y sentirnos queridos; Eso buscamos aunque a veces no lo parezca ni de lejos.
Leo en mi madriguera, en mi cueva. Leo ahora enrollada con la manta de lana. Y escribo.




































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