
Otro viaje para una despedida.
Te echaremos mucho de menos.
Tú me levantas, tierra de Castilla,
en la rugosa palma de tu mano, al cielo que te enciende y te refresca, al cielo, tu amo. Tierra nervuda, enjuta, despejada, madre de corazones y de brazos, toma el presente en ti viejos colores del noble antaño. Con la pradera cóncava del cielo lindan en torno tus desnudos campos, tiene en ti cuna el sol y en ti sepulcro y en ti santuario. Es todo cima tu extensión redonda y en ti me siento al cielo levantado, aire de cumbre es el que se respira aquí, en tus páramos. ¡Ara gigante, tierra castellana, a ese tu aire soltaré mis cantos, si te son dignos bajarán al mundo desde lo alto! |
¿Es que se secó la fuente, o es que el agua soterraña, duerme su sueño en la entraña, donde la luz no le miente? Espejo de las tinieblas, calla quieto su muerte en vida, y en hondo reposo olvida espejismos de las nieblas. Agua sin luz, agua pura. Agua que duerme su sueño, mientras que abraza su dueño en tinieblas de hondura. |

