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10 de noviembre de 2014

Cuando aquí hay sinsentidos...



Cuando aquí hay sinsentidos, una desea huir hacia, casi-casi, el otro lado del mundo. Es cierto que allí también los hay pero, al menos, no son tan aburridos como los nuestros, por aquello de que aún nuestra cabeza no está tan martilleada con las cantinelas de allende los mares.

La solución ya la tenemos: viajar, cambiar de sitio, abrir los ojos, valorar otras culturas, otras gentes, otras formas de vida. Criticarlas también.  

Quedarnos, en definitiva, con lo bueno (lo que nos hace mejores a cada uno de nosotros) de todos los lugares de este mundo tan variado, tan imperfecto, tan perfecto a su vez.

Por eso no comprendo esta cerrazón que nos rodea, esta cortedad de miras.

12 de octubre de 2014

El sentimiento de identidad nacional

Pues sí. Me siento española a pesar de todo. Porque España no es sólo el país que se muestra en la noticia que toca, el oportunismo político del signo que sea, la ignorancia que sale a gritar frente a la casa del que considera culpable antes del juicio o la que, irónicamente, aplaude al que le roba a la salida de los juzgados.


15 de septiembre de 2014

Con "v" de vergüenza

Se trata de un artículo que he leído sobre el tema catalán, que tanto protagonismo tiene últimamente. Me gustaría dejarlo en el saloncito para quien lo quiera leer. A mí todo este asunto me parece un absurdo, la verdad. No se habla de consecuencias porque no se conocen las consecuencias. Nadie las conoce. Absolutamente nadie. No hay un proyecto serio, estudiado y meditado. Sólo palabrerías vacías que prometen sueños de ¿libertad?. 

Por mí que voten. No tengo inconveniente. Pero...¿qué demonios van a votar?...(me pregunto yo para mis adentros). 

Os dejo el artículo a continuación y el enlace al mismo.



Pasó la Diada sin pena ni gloria. Pasó lo que tenía que pasar: cientos de miles de catalanes –y no catalanes, lo cual es aún más sangrante- salieron a la calle a celebrar un aniversario de guerra, de separación y de enfrentamiento civil, catalanes contra catalanes, españoles contra españoles. Las naciones grandes, los países que de verdad se sienten como tales y han aportado y aportan mucho de sí mismos al progreso de la humanidad, celebran aniversarios de hechos históricos que sirvieron para construir, para ‘crear’, para reunir, para reconciliar, para dar ejemplo…

El nacionalismo catalán optó por celebrar el aniversario de un hecho de división, de violencia, de sangre de hermanos derramada por hermanos. Pero lo cierto es que en las calles de Barcelona, formando una V que quería simbolizar la v de la Victoria, de Votar, de Voluntad, había mucha gente. No esos casi dos millones que dicen los nacionalistas, pero mucha gente al fin y al cabo. ¿Alguien pensaba que sería de otra manera? No, pero tampoco esta vez han sido más que en otras anteriores, es decir, el independentismo tiene sus seguidores que no son todos los catalanes, se sabe movilizar muy bien, y punto.

La ‘v’ que disciplinada y uniformadamente formaron el jueves miles de catalanes para seguir alimentando la ensoñación de parte de un pueblo engañado por las mentiras del nacionalismo, no es la ‘v’ de votar porque nadie va a votar al menos legalmente el próximo 9 de noviembre y cualquier otra opción fuera de la legalidad es papel mojado, ni es la ‘v’ de victoria porque no habrá victoria que valga y sí una enorme frustración, ni es la ‘v’ de voluntad porque la voluntad de seguir juntos será siempre mucho mayor que la de separarse.

La ‘v’ que formaron miles de ciudadanos el pasado jueves en las calles de la Ciudad Condal es la ‘v’ de vano porque no hay nada más inmoral, más frívolo y falso, que engañar a un pueblo haciéndole creer que puede alcanzar lo inalcanzable con el único fin de tapar la propia necedad y la incapacidad de gestión. Es la ‘v’ de vanidad porque todo este lío no es más que el fruto del afán excesivo y predominante de un nefasto dirigente político empeñado en pasar a la historia como el hombre que liberó a Cataluña… de nada, porque de nada hay que liberarla si ya es libre.

Es la ‘v’ de vejación, del maltrato y la humillación sufridos por miles de catalanes que sintiéndose españoles han sido orillados y excluidos por el nacionalismo. Es la ‘v’ de velación, porque si como de un velo se tratara una espesa cortina de falsedades y mentiras ha tapados los ojos a la realidad de otros miles de catalanes estafados por el nacionalismo. Es la ‘v’ de veneno, porque como tal ha actuado el nacionalismo introduciendo en el cuerpo social de la Cataluña ciudadana el virus mortal del soberanismo que acabará siendo letal para su propia subsistencia.

Es la ‘v’ de vengativo porque con ese espíritu, polo opuesto de la concordia y la reconciliación que alumbró la Constitución del 78, el nacionalismo ha ido sembrando la sociedad catalana de un odio irracional hacia todo lo español. Es la ‘v’ de vicio, porque de vicios y hábitos contra la convivencia se ha forjado una manera de gobernar que solo ha traído división y enfrentamiento. Es la ‘v’ de victimismo, de ese empeño casi patológico de culpar siempre a España de los males que padece Cataluña y que casi siempre tienen su origen en la mala gestión de sus propios gobernantes.

Es la ‘v’ de vileza, de la falta de valor, de la cobardía, de la ingratitud y la ausencia de nobleza y lealtad con la que el nacionalismo ha actuado siempre en su relación con España, y de la bajeza moral, el desprecio a la verdad y el servilismo con el que se ha engañado conscientemente a todo un pueblo. Es la ‘v’ de villanía, porque sólo una pandilla de villanos serían capaces de conducir a su propio pueblo al abismo de su autodestrucción sabiendo de sobra que nada de lo prometido es factible de alcanzar.

Es la ‘v’ de vómito porque eso y no otra cosa es lo que produce ver como el nacionalismo y sus dirigentes se han aprovechado de la buena fe de la gente para sus propios intereses políticos y personales como se está viendo con el ‘caso Pujol’. Es la ‘v’ de vulgar por la forma tosca y carente de cualquier educación con que el nacionalismo utiliza el lenguaje para dirigirse a quienes no piensan como ellos. Y es la ‘v’ de vergüenza… ¿porqué? Por todo lo anterior y porque de su ausencia nace la audacia de los ignorantes.

3 de junio de 2012

Señas de identidad

Fuente de la imagen
En el blog de Sebas Navarrete he encontrado algo que debieran leer muchos...
(no digo más)

Los que se aferran a unas señas de identidad demasiado tajantes olvidan que el mundo está vivo gracias a una permanente metamorfosis. Dentro de una caracola está el mar, y los mares se mueven con voluntad de nube, y el agua de las nubes sueña con ser tierra, y la tierra procura elevarse por los anillo de los árboles, y los árboles quieren ser viento y por eso extienden sus ramas, y las ramas procuran volar como un pájaro hasta la nube que va a devolverle el agua al mar y el mar a la caracola. Extraído de “Una forma de resistencia” de Luís García Montero. Editorial Alfaguara.

12 de febrero de 2012

Asco, tristeza...

ACABAR CON LA DESESPERACIÓN
ARTÍCULO DE SANTIAGO REY FERNÁNDEZ-LATORRE


No dice nada que no sepamos Santiago Rey en este artículo. Sin embargo, cada vez que sale alguna columna de él siempre la leo. No sé si para cabrearme más con la situación que nos rodea o, simplemente, para confirmar que no soy la única desesperada con la situación que vivimos actualmente, desesperanzada más bien...

Los de siempre siguen manejando el cotarro. No se apean de sus privilegios ni a la de tres. Machacan a esas clases medias (y, no nos engañemos, también a esas clases bajas) a costa de no renunciar a ninguno de sus derechos-no-merecidos en tantísimas ocasiones.

Y yo me sigo preguntando....¿para qué sirve esta reforma laboral si no genera empleo? ¿para qué demonios sirve?...

Sin más, la columna:
Fuente de la imagen


Asco. Esa es la palabra que más se repite estos días para definir lo que está pasando en un país abandonado al despropósito. En la peor situación que se haya vivido nunca en Galicia y en España, la valentía y el coraje han desaparecido por la puerta de atrás, mientras cobra presencia omnímoda un doble juego inadmisible, que se ensaña con la clase media, pero mantiene y acrecienta inservibles estructuras de la Administración y opulentos privilegios de los que deberían ser servidores públicos.

La ineficiencia y la irresponsabilidad han sido los denominadores comunes desde que empezó la crisis, y sus consecuencias están bien a la vista: las empresas en la asfixia, el desempleo en tasas inasumibles, las expectativas de los jóvenes totalmente desbaratadas y gran parte de las familias con notorias dificultades de supervivencia.

¿Y se ha hecho algo para aliviar el sufrimiento de la gente? Nada. Las respuestas del aberrante Gobierno anterior y de los que hoy asumen responsabilidades en España y Galicia han sido siempre las mismas: recetar más recortes y más renuncias a la sociedad, hasta hacerla bajar a la fuerza varios escalones camino del empobrecimiento.

Ni han apoyado como deberían a las empresas, ni han garantizado prestaciones y servicios, ni han estimulado el consumo y el movimiento económico. Sí han subido los impuestos y el precio de los servicios básicos; sí han desangrado la economía satisfaciendo la voracidad de los especuladores internacionales. En definitiva, sí han pasado a la clase media, hasta arruinarla, una portentosa factura que en absoluto le corresponde.

Ahora -no hay más que verlo en Galicia- vuelven a la carga los políticos con más atentados contra el bolsillo de una gran parte de la sociedad. Los empleados de la sanidad y la educación y el resto de los funcionarios, ya machacados, se enfrentan a nuevos ajustes, mientras en las alturas continúa el desfile de fastos, oropeles y despilfarros pagados con dinero público.

Ese es el doble juego insostenible. Galicia derrocha presupuesto en innumerables alquileres de oficinas públicas y edificios innecesarios, repartidos por Santiago, por todas las demás ciudades y comarcas del país e incluso por el exterior, como se acaba de ver con las pseudoembajadas prácticamente inactivas de Miami, Bruselas o el palacete de la Casa de Galicia en Madrid. Una administración responsable y preocupada por el gasto no permitiría de ningún modo ese caro minifundismo administrativo, como tampoco se empecinaría en continuar adelante con el millonario dispendio del Gaiás, repleto de gastos de obra y mantenimiento pero vacío de contenido y de gente. Bien podrían ir para allí todas las oficinas ahora desperdigadas, para darle alguna utilidad a nuestra más flamante y majestuosa ruina.

Pero, con ser grande, no es esa la única equivocación de este y los anteriores Gobiernos de Galicia de cualquier color. Tras dejar que se hundiesen sectores claves como el pesquero, el agrario, el lácteo o el naval, se ha instaurado una política de remiendos tan desnortada que la sociedad no puede más que quedarse atónita cuando conoce que se destina dinero público a proyectos irreales y fallidos como el de Manzaneda. O cuando se apoya sin ningún tipo de explicación a empresas inviables e insolventes, dando oxígeno a experimentos quebrados, como sucede en la industria y en algunos medios de comunicación.

Ni explicación ni estrategia ni propósito de enmienda. El Gobierno gallego sigue empecinado en recortes a la clase media, en dejar famélicas a las universidades y en estrechar servicios esenciales como la sanidad y la educación.

No ha aprendido siquiera del mejor ejemplo que están dando los empresarios cuando, en las peores circunstancias, se fajan para superar la crisis sin beneficios ni créditos, ni más armas que su determinación y tenacidad en la lucha contra las adversidades.

Quienes pagan la factura de la crisis no pueden entender esa actitud. Ni cómo se ahonda en la contraria, con más gastos superfluos generados por la hipertrofia de todas las administraciones. En los tiempos de la era digital, crecen como hongos las delegaciones de organismos y sus ventanillas sin ninguna lógica ni coordinación o sinergia entre ellas. Oficinas de la Xunta, del Ayuntamiento, de la Diputación, de los ministerios, consellos de contas y consultivos, valedores... Todos enmarañan la burocracia hasta hacerla insoportable, además de inasumible económicamente para el erario y para el contribuyente.

Si están buscando realmente dónde ahorrar los 40.000 millones que hacen falta para arreglar las cuentas públicas -es decir: rebajar el déficit y pagar los altos intereses que fijan los gigantes de la especulación financiera internacional- es en esa partida de gastos superfluos donde hay que entrar a saco, y no en el bolsillo de los consumidores.

Al Estado todavía le quedan muchos lugares donde tocar para hacerse eficiente. Porque nada ha hecho, de momento, para acabar con instituciones superfluas, como las diputaciones provinciales; redundantes, como el Senado, o propagandísticas, como las televisiones públicas. Tampoco ha acometido siquiera el paso de fusionar municipios incapaces de sostenerse. Y no lo ha hecho por razones electoralistas y localistas, pero también porque la desaparición de corporaciones locales significa la pérdida de numerosos puestos de concejal.

Por eso resulta intolerable el doble rasero que aplican los políticos y los que revuelan a su alrededor, como los sindicatos. Y bochornosa su forma de repartirse las prebendas. Se acaba de ver, sin ir más lejos, en el traspaso de poder de padre a hijo en Ourense. Ante el silencio o incluso el aplauso de muchos, se ha disfrazado de simple apariencia de democracia la consumación de una herencia de naturaleza puramente caciquil.

Ese desprecio por la democracia se observa incluso en el funcionamiento de la Unión Europea, con un parlamento decorativo, una estructura inoperante, un coste verdaderamente obsceno y un poder cuasi-dictatorial que se han arrogado porque sí Alemania y Francia.

Mucho deberán hacer quienes allá y aquí practican estas nefastas artes para recuperar, siquiera someramente, la confianza de una sociedad cada vez más decepcionada y molesta con su clase política.

La perdieron, desde luego, los anteriores gobernantes que fueron de aberración en aberración hasta dejar el país postrado y empobrecido, al borde de la intervención y a merced de los depredadores financieros. La perdieron también quienes exacerbaron sus ansias nacionalistas y separatistas hasta llegar a la desfachatez de permitirse señalar supuestas líneas rojas al Estado. Y poco hacen por conservarla quienes, después de clamar en la oposición, ahora en el Gobierno no son capaces siquiera de ponerse de acuerdo entre ellos en las cuestiones más elementales para iniciar la revitalización del país.

Con la oposición ausente y ocupada en sus esperpénticas guerras intestinas, España se hunde en el desastre y la decadencia, al borde del estallido social, mientras mangonean a sus anchas los halcones de la banca. Algunos, que solo ven la crisis que padecemos como un festín para sus garras, se han aprovechado bien de la situación y de la ineptitud del gobernador del Banco de España, y pretenden adueñarse a precio de ganga de mercados que les rehuían. Otros, con salarios más altos que el valor de sus entidades, se van para casa ahora con las bolsas repletas, a la espera, curiosamente, de más privilegios y homenajes.

Ni siquiera en eso se ha conseguido ofrecer a los ciudadanos algún ejemplo de dignidad. Mientras en el Reino Unido se retiran distinciones a quien pierde la reputación por su conducta, aquí se premia con las más altas a quienes no solo no las merecen, sino que deberían pagar, como en Islandia, por sus responsabilidades.

Pero el tiempo se ha acabado. Es hora de que los responsables de la gestión pública pongan fin a sus aberraciones, asuman su liderazgo y busquen soluciones en lugar de parches. Ni Galicia ni España ni Europa pueden esperar más. Hay que acabar con el asco.

27 de agosto de 2011

Sobre imbéciles y malvados

Fuente

Así rezaba el título de una columna reciente de Pérez-Reverte. El otro día salió ésta en una conversación de sobremesa y hoy la dejo en este país de las últimas cosas, o las primeras, según se mire...

A ver qué os parece.


No quiero, señor presidente, que se quite de en medio sin dedicarle un recuerdo con marca de la casa. En esta España desmemoriada e infeliz estamos acostumbrados a que la gente se vaya de rositas después del estropicio. No es su caso, pues llevan tiempo diciéndole de todo menos guapo. Hasta sus más conspicuos sicarios a sueldo o por la cara, esos golfos oportunistas -gentuza vomitada por la política que ejerce ahora de tertuliana o periodista sin haberse duchado- que babeaban haciéndole succiones entusiastas, dicen si te he visto no me acuerdo mientras acuden, como suelen, en auxilio del vencedor, sea quien sea. Esto de hoy también toca esa tecla, aunque ningún lector habitual lo tomará por lanzada a moro muerto. Si me permite cierta chulería retrospectiva, señor presidente, lo mío es de mucho antes. Ya le llamé imbécil en esta misma página el 23 de diciembre de 2007, en un artículo que terminaba: «Más miedo me da un imbécil que un malvado». Pero tampoco hacía falta ser profeta, oiga. Bastaba con observarle la sonrisa, sabiendo que, con dedicación y ejercicio, un imbécil puede convertirse en el peor de los malvados. Precisamente por imbécil.

Agradezco muchos de sus esfuerzos. Casi todas las intenciones y algunos logros me hicieron creer que algo sacaríamos en limpio. Pienso en la ampliación de los derechos sociales, el freno a la mafia conservadora y trincona en materia de educación escolar, los esfuerzos por dignificar el papel social de la mujer y su defensa frente a la violencia machista, la reivindicación de los derechos de los homosexuales o el reconocimiento de la memoria debida a las víctimas de la Guerra Civil. Incluso su campaña para acabar con el terrorismo vasco, señor presidente, merece más elogios de los que dejan oír las protestas de la derecha radical. El problema es que buena parte del trabajo a realizar, que por lo delicado habría correspondido a personas de talla intelectual y solvencia política, lo puso usted, con la ligereza formal que caracterizó sus siete años de gobierno, en manos de una pandilla de irresponsables de ambos sexos: demagogos cantamañanas y frívolas tontas del culo que, como usted mismo, no leyeron un libro jamás. Eso, cuando no en sinvergüenzas que, pese a que su competencia los hacía conscientes de lo real y lo justo, secundaron, sumisos, auténticos disparates. Y así, rodeado de esa corte de esbirros, cobardes y analfabetos, vivió usted su Disneylandia durante dos legislaturas en las que corrompió muchas causas nobles, hizo imposibles otras, y con la soberbia del rey desnudo llegó a creer que la mayor parte de los españoles -y españolas, que añadirían sus Bibianas y sus Leires- somos tan gilipollas como usted. Lo que no le recrimino del todo; pues en las últimas elecciones, con toda España sabiendo lo que ocurría y lo que iba a ocurrir, usted fue reelegido presidente. Por la mitad, supongo, de cada diez de los que hoy hacen cola en las oficinas del paro.

Pero no sólo eso, señor presidente. El paso de imbécil a malvado lo dio usted en otros aspectos que en su partido conocen de sobra, aunque hasta hace poco silbaran mirando a otro lado. Sin el menor respeto por la verdad ni la lealtad, usted mintió y traicionó a todos. Empecinado en sus errores, terco en ignorar la realidad, trituró a los críticos y a los sensatos, destrozando un partido imprescindible para España. Y ahora, cuando se va usted a hacer puñetas, deja un Estado desmantelado, indigente, y tal vez en manos de la derecha conservadora para un par de legislaturas. Con monseñor Rouco y la España negra de mantilla, peineta y agua bendita, que tanto nos había costado meter a empujones en el convento, retirando las bolitas de naftalina, radiante, mientras se frota las manos.

Ojalá la peña se lo recuerde durante el resto de su vida, si tiene los santos huevos de entrar en un bar a tomar ese café que, estoy seguro, sigue sin tener ni puta idea de lo que vale. Usted, señor presidente, ha convertido la mentira en deber patriótico, comprado a los sindicatos, sobornado con claudicaciones infames al nacionalismo más desvergonzado, envilecido la Justicia, penalizado como delito el uso correcto de la lengua española, envenenado la convivencia al utilizar, a falta de ideología propia, viejos rencores históricos como factor de coherencia interna y propaganda pública. Ha sido un gobernante patético, de asombrosa indigencia cultural, incompetente, traidor y embustero hasta el último minuto; pues hasta en lo de irse o no irse mintió también, como en todo. Ha sido el payaso de Europa y la vergüenza del telediario, haciéndonos sonrojar cada vez que aparecía junto a Sarkozy, Merkel y hasta Berlusconi, que ya es el colmo. Con intérprete de por medio, naturalmente. Ni inglés ha sido capaz de aprender, maldita sea su estampa, en estos siete años.

23 de enero de 2011

Luis Tosar escaldado


Hace tiempo escribía sobre Tosar en este saloncito. Hoy leo esta noticia y me alegro de que se haya dado cuenta al fin de cómo funciona este mundo. Hagas lo que hagas, si te confundes con la multitud, siempre te van a colocar una bandera encima. Nunca es tarde para despertar un poco y ver claramente los intereses varios que se esconden bajo frases que parecen lógicas.

Luís Tosar desmárcase dos nacionalismos a pesar de ir en ateriores eleccións nas listas co BNG. O suplemento Dominical, que se distribúe hoxe con Xornal de Galicia, recolle unha extensa entrevista co actor lucense na que di: “Cada vez son menos de bandeiras. Menos nacionalista, máis descreído da política. Hoxe non daría o meu apoio a ningún partido. O tempo e o exemplo dos políticos fixéronme máis escéptico. Creo que escoitan pouco, entenden menos e sóbralles moito despacho”.

Tras ser un dos artistas máis comprometidos nas protestas contra a xestión da catástrofe do buque petroleiro Prestige, contra a guerra de Iraq e contra os atentados do 11-M, Luís Tosar parece quedar escaldado tras mostrar abertamente as súas opinións en varias ocasións: “Agora non levaría ningunha bandeira, son perigosas, carecen de sentido e pódenche caer hostias por todos lados”.

Luís Tosar aceptou a proposta de Xosé Manuel Beiras para ir nas listas do BNG nas europeas de 2005. Dous anos despois, nas municipais de 2007, tamén aceptou ir de número 12 nas listas do BNG no municipio lucense de Castro de Rei porque llo pediu Xurxo Balado, a cabeza de lista, que é “case da familia” do actor máis en forma do cinema español. Tosar, nomeado ao Goya por Tamén a choiva, afirma tamén na entrevista: “Estou comprometido para non ser un imbécil”. Luís Tosar, que tamén está a piques de sacar novo disco con The Elas, o seu grupo, quere seguir divertíndose: “Gústame esa comunicación, ese rolo rápido que ten a música. Sempre serei músico, como sempre serei galego. E seguramente sempre serei actor. Gústame poder seguir vivindo en Galicia, en Santiago, e pronto buscarei un pobo para vivir”.

Fuente: Xornal.com

2 de enero de 2011

Del discurso de Vargas Llosa...


He leído el discurso de Vargas Llosa, ahora que he tenido tiempo, y dejo aquí algunos fragmentos del mismo...

Aprendí a leer a los cinco años...es la cosa más importante que me ha pasado en la vida...

Si convocara en este discurso a todos los escritores a los que debo algo o mucho sus sombras nos sumirían en la oscuridad...

Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida...

Sin las ficciones seríamos menos conscientes de la importancia de la libertad...

La buena literatura tiende puentes entre gentes distintas y, haciéndonos gozar, sufrir o sorprendernos, nos une por debajo de las lenguas, creencias, usos, costumbres y prejuicios que nos separan...

Como todas las épocas han tenido sus espantos, la nuestra es la de los fanáticos, la de los terroristas suicidas, antigua especie convencida de que matando se gana el paraíso, que la sangre de los inocentes lava las afrentas colectivas, corrige las injusticias e impone la verdad sobre las falsas creencias.....Nada de eso ha ocurrido....

Defendamos la democracia liberal, que, con todas sus limitaciones, sigue significando el pluralismo político, la convivencia, la tolerancia, los derechos humanos, el respeto a la crítica, la legalidad, las elecciones libres, la alternancia en el poder...

Enfrentándonos a los fanáticos homicidas defendemos nuestro derecho a soñar y a hacer nuestros sueños realidad...

Continuará...

Actualización a día 2 de enero de 2011:

En mi juventud, como muchos escritores de mi generación, fui marxista y creí que el socialismo sería el remedio para la explotación y las injusticias sociales que arreciaban mi país, América Latina, y el resto del Tercer Mundo.

De niño soñaba con llegar algún día a París...Viví allí cuando Sartre y Camus estaban vivos y escribiendo...

Nunca me he sentido un extranjero en Europa, ni, en verdad, en ninguna parte...

Algunos compatriotas me acusaron de traidor y estuve a punto de perder la ciudadanía cuando, durante la última dictadura, pedí a los gobiernos democráticos del mundo que penalizaran al régimen con sanciones diplomáticas y económicas, como lo he hecho siempre con todas las dictaduras, de cualquier índole, la de Pinochet, la de Fidel Castro, la de los talibanes en Afganistán, la de los imanes de Irán, la del apartheid de África del Sur, la de los sátrapas uniformados de Birmania (hoy Myanmar)...

Aquellos valientes, luchando por su libertad, también luchan por la nuestra...

Ojalá que los nacionalismos, plaga incurable del mundo moderno y también de España, no estropeen esta historia feliz....no hay que confundir el nacionalismo de orejeras y su rechazo del "otro", siempre semilla de violencia, con el patriotismo, sentimiento sano y generoso, de amor a la tierra donde uno vio la luz, donde vivieron sus ancestros y se forjaron los primeros sueños, paisaje familiar de geografías, seres queridos y ocurrencias que se convierten en hitos de la memoria y escudos contra la soledad....

De la caverna al rascacielos, del garrote a las armas de destrucción masiva, de la vida tautológica de la tribu a la era de la globalización, las ficciones de la literatura han multiplicado las experiencias humanas, impidiendo que hombres y mujeres sucumbamos al letargo, al ensimismamiento, a la resignación.  Nada ha sembrado tanto la inquietud, removido tanto la imaginación y los deseos, como esa vida de mentiras que añadimos a la que tenemos gracias a la literatura para protagonizar las grandes aventuras, las grandes pasiones, que la vida verdadera nunca os dará...

Fuente: Fundación Nobel 2010

31 de enero de 2010

Siempre libre

El otro día leí la siguiente carta en el periódico, no conociendo el motivo concreto de la indignación de la autora de la misma. Simplemente la elegí porque su comienzo me llamó la atención y seguí leyendo...
La dejo aquí expuesta:

Como otros muchos, mis comienzos en la carrera de Derecho no fueron vocacionales. Hace diez años comencé mis estudios en la misma, y tuve la gran suerte de que mi primera clase me la impartiese el profesor Blanco Valdés.
En aquellos tiempos, aun con el plan viejo, y en el turno de tarde, su clase era a primera hora, comenzábamos a las cuatro de la tarde, si mal no recuerdo tres horas a la semana.
Podía llover, hacer frío, haber parcial, comer tarde, yo era una de las habituales que no me perdía ninguna de sus clases, y por muchas razones: aquella asignatura cuyo nombre era Derecho Político y aquel profesor consiguieron que quisiera seguir estudiando, que comprendiese que una clase no es simplemente recitar unos apuntes para ?chaparlos?(como, por otra parte, otros hacen); una clase es hacer comprender que nos movemos en un engranaje único pero global, que los Derechos son fundamentales, que cuestionar lo que nos dicen es el camino y que los argumentos coherentes y fundamentados son la mejor arma arrojadiza.
Por ello, lamento profundamente los actos contra el profesor, que a su vez, son actos contra la libertad, no sólo del profesor sino contra la libertad de otros muchos que justamente la aprendimos a través de él.
Estimado profesor, sé que su libertad no se amedrentará después de esto, pero como alumna suya (porque a pesar de los años me sigo considerando así) le animo a continuar con su labor, no sólo a través de sus palabras escritas sino a través de sus enseñanzas en las aulas. Mientras haya, aunque sea sólo un pequeño puñado de alumnos, a los que haga pensar y cuestionar, la libertad siempre ganará.

Después, me he enterado de lo ocurrido:
Un artefacto explosivo formado por petardos de bombas de palenque y una bombona de cámping gas estalló en la madrugada del jueves junto a la vivienda de Roberto Blanco Valdés, catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad de Santiago. A falta de información sobre los responsables -la policía abrió ayer la investigación-, el profesor lo atribuyó al entorno del "independentismo radical". En los panfletos esparcidos por el suelo se podía leer "antigalego" o "profesor inimigo do galego". La explosión dañó la puerta del garaje.
"Es la tercera vez desde noviembre", señaló a este periódico el columnista de La Voz de Galicia. "Primero nos tiraron un cóctel molotov, después quemaron una rueda con gasolina en la valla del jardín". Para el profesor, los ataques se producen por su visibilidad mediática: "Me atacan por ejercer la libertad de expresión".
Conocido por sus posiciones críticas con el nacionalismo y el proceso de normalización lingüística, Blanco Valdés trazó un relato de consecuencias políticas. "Es peligroso señalar objetivos a los fanáticos porque pueden pasar cosas como éstas", afirmó. "A mí me han dicho que soy enemigo del gallego desde posiciones democráticas, y ésa es una patraña asquerosa".
El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, condenó tras el Consello "estos atentados contra las libertades". Y trajo a colación la quema de una bandera española durante la multitudinaria manifestación contra la política lingüística del PP. "Esto me reitera que Galicia es libre y bilingüe", dijo. El PSdeG expresó su "condena rotunda" de los hechos, igual que el BNG se solidarizó con Blanco Valdés y su familia, "víctimas de un irracional acto de barbarie".
Fuente: El País


Y hoy acabo de leer lo escrito por Santiago Rey en La Voz de Galicia:
Me honra declararme amigo de Roberto Luis Blanco Valdés. Son muchas las virtudes que adornan su figura. Se puede empezar por lo más íntimo, por su amabilidad, su cordialidad, su constante presencia de ánimo. Su inusual calidad humana es perceptible para cualquiera que lo haya tratado mínimamente. Se puede continuar recordando su prestigio académico. Catedrático de Derecho Constitucional en la Facultad de Derecho de la Universidad de Santiago, Blanco Valdés es un referente en su materia y goza de un prestigio en su ámbito científico que trasciende nuestras fronteras. Así lo acreditan su amplia bibliografía y sus numerosos cursos y conferencias en campus extranjeros, como Roma o Georgetown.
Como editor, es obvio que debo incidir también en su faceta más pública, la del articulista que ilumina las páginas de La Voz de Galicia desde 1989, con unos textos brillantes en la forma y singulares por su constante honestidad intelectual.
Pero creo que he glosado muy a vuelapluma la figura de Roberto Blanco Valdés, pues todavía me queda por referir la cualidad que, a mi juicio, lo convierte en un hombre de una hechura admirable: su constante fidelidad a un ideario donde mandan los valores de la democracia, la coherencia en el pensamiento y el respeto a las libertades ajenas, cueste lo que cueste. Y es evidente que a Roberto le ha costado, y le cuesta, muchas amarguras exponer su verdad, que es muchas veces también mi verdad y la de centenares de miles de lectores.
Blanco Valdés es la antítesis de los sofistas, tan abundantes hoy en el articulismo español, escritores amorales capaces de defender una tesis y su contraria. Roberto no se mueve. Defendió las libertades luchando contra la dictadura en primera línea y hoy sigue haciéndolo, cuando nos amenazan nuevos amagos de tiranías, por fortuna antagónicas con el ADN gallego y condenadas de antemano al más absoluto fracaso. Es un sarcasmo nauseabundo que se presenten como defensores de Galicia quienes amenazan y atentan contra un hombre que ejemplifica lo que ha de ser un gallego de bien. Blanco Valdés, que habla uno de los gallegos más hermosos y correctos que he escuchado, pues es su lengua de cuna, ha dedicado largas horas de estudio a nuestro autogobierno, ha seguido en primera línea los avatares de nuestra política autonómica, contribuyendo con sus críticas a su regeneración en días oscuros y hasta por tradición familiar ha sufrido por la causa de la libertad, pues es sobrino-nieto del intelectual galleguista Roberto Blanco Torres, asesinado por sus ideas en septiembre de 1936.
Conozco a Roberto. Sé que seguirá siendo como es, siempre libre. Le mando mi abrazo más afectuoso, que entiendo que hoy es el de toda Galicia. Somos un país de concordia. Lo seguiremos siendo a pesar de algunos intentos marginales, pero inquietantes, de inculcar la exclusión y el odio. La historia nos enseña que la luz ilustrada siempre acaba derrotando a la oscuridad sectaria.
Fuente: La Voz de Galicia

Lo cierto es que parece tan obvio lo que se critica que creo que sobran las palabras para explicarlo. Puede que muchos no estén totalmente de acuerdo con el camino seguido por Blanco Valdés o Fernández-Latorre, pero lo que está claro es que con ciertos comportamientos se pierde la razón totalmente, incluso aunque se tenga. Debo reconocer que yo no conocía a Blanco Valdés, por lo menos de una forma consciente, y con lo que me quedo de todas estas lecturas relacionadas es con la carta de su alumna. Es suficiente para pensar que este hombre dejó una importante huella en su vida que no muchos profesores dejan. Por eso merece todos mis respetos. Por eso y por mucho más, claro.

8 de febrero de 2009

Convivencia ¿pacífica?

CUANDO NO HAY EMPLEO PARA TODOS

El 77% de los parados españoles aceptaría puestos de menor cualificación, los mismos que ocupan muchos inmigrantes.El trasvase puede crear tensiones, como pasa en Gran Bretaña.

La escasez de empleo y el rigor de las condiciones de vida al que se ven sometidos decenas de miles de trabajadores está desembocando ya en una mayor competencia laboral entre españoles y extranjeros.Los primeros, cada vez están más dispuestos a asumir empleos que rechazaban hasta hace sólo unos meses; los segundos ven cómo esas ocupaciones (muchas de ellas de baja cualificación y escasa retribución), son demandadas por un mayor número de parados.La tarta es cada vez más pequeña, mientras aumentan los que aspiran a un sitio en la mesa. La situación, según los expertos, se complicará a medida que unos y otros vayan agotando el periodo de prestación por desempleo.

El fenómeno no es exclusivo de España. Esta misma semana, una protesta sindical por la contratación en Gran Bretaña de 300 trabajadores italianos ha prendido como la pólvora y ha provocado incidentes de marcadas posiciones nacionalistas, cuando no xenófobas.
Situaciones menos alarmantes ya han empezado a observarse en el mercado laboral español en los sectores que más empleo ofrecían a los inmigrantes, sobre todo en el de la agricultura.
Por ejemplo, en la campaña de recogida de la aceituna en Jaén, se detectó la presencia masiva de inmigrantes (regulares e irregulares) con la intención de ser contratados a pesar de las advertencias de la Junta de Andalucía de que no se necesitaba mano de obra este año.
Por otra parte, la madrileña plaza Elíptica, hasta ahora zona de contratación de inmigrantes para la construcción, ya ha empezado a ser ocupada por parados nacionales. Asimismo, en las áresas próximas a grandes superficies, donde se venden por ejemplo muebles a bajo precio sin transporte, se están dando cita los autónomos españoles especializados en portes cuando, hasta hace poco, eran lugares exclusivos para los ecuatorianos. Y en las costas andaluzas se ha detectado en los últimos días la llegada de pateras con inmigrantes que venían en busca de un empleo en el inicio de la campaña de la fresa.
Según un informe de Funcas (elaborado por Lorenzo Serrano y Francisco Pérez, de la Universidad de Valencia), la presencia de un número importante de inmigrantes provocará un cambio en las relaciones entre extranjeros y nacionales en el mercado de trabajo «y la competencia será más alta». En 1992 figuraban como ocupados en España 70.000 extranjeros y a finales de diciembre de 2008 había casi 2,9 millones, a los que habría que sumar los 449.505 que se encuentran en el paro y una cantidad indeterminada (CCOO facilitó el dato de un millón de personas) de irregulares.
La crisis económica ha destruido en un año más de 700.000 puestos de trabajo (de 20,5 millones de ocupados se ha pasado a 19,8 millones) y el Gobierno prevé la desaparición de otros tantos en 2009. Según Lorenzo Serrano, durante los próximos meses asistiremos al nacimiento de un fenómeno nuevo, ya que los inmigrantes no dispondrán en exclusiva de su actual nicho laboral: los puestos de trabajo más precarios. «No sólo va a haber más competencia para un mismo puesto de trabajo entre trabajadores españoles e inmigrantes, sino también entre los propios españoles y también entre los propios extranjeros», comenta.
España ya registró en otras crisis anteriores tasas elevadas de desempleo, pero entonces el colectivo inmigrante era poco significativo. «Por tanto, no se producía reacción alguna ante la escasez de trabajo», comenta Serrano. «La situación ha cambiado ahora, y no se puede decir que seamos distintos a otros países de nuestro entorno, es decir, no es descartable que se puedan registrar situaciones como las que se están produciendo en otros lugares», indica. Se refiere a los brotes de proteccionismo laboral de los trabajadores británicos.
Afortunadamente, en España estas situaciones se han producido de forma aislada. Pero, según advierte un estudio publicado esta misma semana por la fundación L'Esplai -en cuya presentación participó el propio ministro de Trabajo, Celestino Corbacho- «hay amenazas que tienen que ver con el deterioro de la convivencia en determinados ámbitos de la vida social, la posible consolidación y extensión del sector xenófobo de la sociedad, la extensión de fuerzas políticas xenófobas y la proliferación de conflictos sociales con elementos raciales y de rechazo al inmigrante extranjero...».Una primera amenaza, añade el estudio coordinado por el catedrático de Antropología de la Universidad Autónoma, Carlos Giménez, «puede venir dada por el cambio de ciclo económico, aparejado con la fragilidad de la economía y de algunos de los sectores que la sustentan, como la construcción y el turismo».
Otras condiciones objetivas del mercado de trabajo también pueden resultar inquietantes. Los datos avalan que cada vez hay más personas que se disputan los empleos que no requieren cualificación.Según una encuesta realizada por Adecco, hasta un 77% de los desempleados aceptaría ahora un trabajo inferior a su formación y experiencia.
Cuando se hace la misma pregunta a personas que en la actualidad están trabajando, hasta un 93,5% de los encuestados responde que aceptaría un puesto inferior a su formación si se quedara en el paro.
Por otra parte, de las 342 actividades que recoge el catálogo de ocupaciones de difícil cobertura, sólo el 11,4% necesitan personas con media o baja cualificación, entre ellas, muchas relacionadas con oficios, mientras que el resto se refieren a especialidades técnicas y licenciados. Además, según el estudio realizado por AGETT, esto supone que las ocupaciones que se siguen demandando en el mercado de trabajo «se han reducido drásticamente en el caso de empleos que requieren media, baja o ninguna cualificación, que sí aparecían en los catálogos de meses anteriores. Estas ocupaciones», se añade, «ya se han cubierto».
Ahora, al menos temporalmente, el Gobierno va a abrir un nuevo nicho de este tipo de empleos de baja cualificación, una vez que arranque la contratación de desempleados del Plan de Inversión Local con que pretende combatir el paro.
El Ejecutivo ha destinado 8.000 millones para obras en los ayuntamientos (polideportivos, asfaltado de calles, etcétera). Ante esta nueva situación, según los expertos, se pueden producir codazos no sólo entre los constructores por hacerse con las contratas, sino también entre los propios parados, que deben proceder, bien sean nacionales o extranjeros, de las listas del Inem.
Según los expertos del mercado laboral consultados, la pretensión del Gobierno de crear 300.000 puestos de trabajo (65.000 según el Partido Popular) puede generar situaciones complicadas, ya que el Ejecutivo va a ofrecer empleo sólo para uno de cada diez parados, en plena recesión económica y con pocas expectativas de conseguir trabajo por otra vías.
«Como ya sucedió con la recogida de la aceituna, veremos deambular por los ayuntamientos a inmigrantes y trabajadores españoles demandando empleo en las obras», precisan. Es más, no descartan que los ayuntamientos controlen las ofertas de empleo de forma endógena y que sólo se contraten parados nacidos en esa localidad (posibles votantes). Por lo tanto, los inmigrantes, si no están censados, tendrán más dificultades para acceder a esos nuevos empleos.
Mercado español
La radiografía del mercado laboral no da pie al optimismo. Según la Encuesta de Población Activa (EPA) del cuarto trimestre de 2008, al terminar el año había 120.000 personas más buscando empleo, siendo un 79% de ellos inmigrantes.
Según un estudio realizado por AGETT respecto a estos datos, la población activa de nacionalidad extranjera se mantiene a ritmos de crecimiento muy elevados a pesar de las malas perspectivas económicas y laborales. De hecho, pasó de un 10,7% al 11,3% respecto al trimestre anterior.
La EPA revela también que en este trimestre se incorporaron 642.000 nuevos activos (con intención de trabajar) respecto al mismo trimestre de 2007. De ellos, 254.700 (39,6%), fueron de nacionalidad española y 344.600 extranjeros.
Además, de los nuevos activos de nacionalidad española, más del 50% tiene estudios universitarios o de doctorado, mientras que para el caso de los activos extranjeros, la proporción se reduce a menos del 20%. Por tanto, la mayor parte de los inmigrantes seguirá dependiendo del empleo de baja cualificación que se genere.Pero no sólo ellos. De hecho, un 80% del total de parados tiene estudios por debajo de la educación secundaria, lo que indica que a menor formación, mayor posibilidad de caer en el paro.
La tasa de desempleo repuntó en el citado periodo hasta el 13,9% para el conjunto nacional. Sin embargo, la misma tasa para los extranjeros se situó en el 21,3% y la de los de nacionalidad española en el 12,5%. Es decir, la tasa de paro de los foráneos se incrementó en 8,9 puntos en tan sólo un año.
A la hora de abordar este debate, las centrales sindicales desligan la situación del mercado laboral español del brote de proteccionismo laboral surtido en Gran Bretaña a raíz de las protestas sindicales organizadas contra la contratación de 300 trabajadores italianos por parte de Total Killingholme.
Ana María Corral, responsable de Migraciones de UGT, precisó respecto a este caso que las protestas convocadas por las centrales británicas no obedecen a que una empresa de aquel país subcontrate a otra italiana, con trabajadores italianos, para realizar un trabajo, sino a que las condiciones laborales de esos contratados no sean las mismas que tienen los trabajadores británicos.
«No hay que confundir los debates», precisó a este diario. En su opinión, lo que ningún sindicato, ni británico ni de cualquier otro país, puede aceptar es que en una misma empresa haya trabajadores que desempeñen la misma función y tengan condiciones laborales y retribuciones distintas por el simple hecho de haber nacido en una u otra parte. Y matizó que los sindicatos españoles están en contra de las «conductas nacionalistas mal entendidas, que nunca aceptaremos».

Por su parte, la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) declinó hacer comentario alguno respecto a este debate.

EL MUNDO. Mercados. Domingo, 8 de febrero de 2009.

20 de febrero de 2008

Éramos pocos y parió Kosovo...

Éramos pocos y parió Kosovo. La última república independiente dentro de Europa ha entrado en el debate político español como si fuera un asunto interno. Y lo es, en la medida en que nada europeo nos es ajeno y se ha producido un movimiento de fronteras. Pero hemos podido leer de todo. No ha faltado quien culpó a Zapatero -cómo no-de responsabilidad en el desenlace, porque no hizo valer los intereses de España ante Bruselas. Quizá piensen que una presión diplomática podría frenar las ansias independentistas de los kosovares. Como algunos sigan por esta línea, terminarán en el tópico chistoso: harán a Zapatero responsable de la muerte de Manolete.

Las únicas verdades quizá sean: primera, que España, como la mayor parte de la Unión, tuvo un papel secundario en el proceso. Segunda, que cualquier posición que adoptara nuestro Gobierno sería discutible. Si diese el sí a la independencia kosovar, se le diría que estaba alimentando un peligroso antecedente. Al decir que no, se le reprocha que muestra inseguridad ante la evolución futura de nuestros nacionalismos internos. Y tercera, que, guste o no guste, Kosovo se acaba de convertir en el último símbolo de todos los nacionalismos secesionistas del mundo y, desde luego, de los europeos.
Kosovo está llamado a sustituir en el imaginario nacionalista al mito del Quebec de los referendos de independencia. De hecho, el Gobierno vasco ya saludó la independencia de la provincia serbia como un modo pacífico de resolver «conflictos de identidad entre naciones», y el Parlamento catalán se dispone a redactar y aprobar una resolución de apoyo.
¿Por qué les gusta tanto Kosovo? ¿Solo por la forma democrática de dar el salto, como consecuencia de unas elecciones? No. Les gusta, sobre todo, porque se trata de una independencia proclamada de forma unilateral, sin contar para nada con la opinión de Serbia. Y eso, para ciudadanos como Ibarretxe, es el ideal: una consulta popular (en su defecto, unas elecciones) y, a continuación, una proclamación de soberanía al margen del resto del Estado y sus instituciones.
Ese ha sido el error de la Unión Europea al respaldar por mayoría la independencia, y ese es el favor que nos hace el señor Bush: deja la destrucción de naciones en manos de una parte. A partir de ahora, con ese antecedente, cualquier región, cualquier provincia si me apuran, puede decidir desengancharse de un proyecto nacional por su cuenta. Solo necesita votos internos. Me parece una mecha que se acaba de poner en medio mundo. Y, por mi parte, no puedo esconder una sospecha: a alguien le viene bien desestabilizar a España como nación. ¿A quién? Revisen ustedes algunos capítulos de nuestra historia. Siempre es alguien próximo.

Fuente: La Voz de Galicia. Artículo "Kosovo y nosotros" de Fernando Ónega. 19/2/08.

22 de agosto de 2007

La ciénaga del subconsciente

El colegial James Joyce acababa de hacer los ejercicios espirituales de san Ignacio. La minuciosa descripción de los estertores de la agonía, la putrefacción del cuerpo que sería pasto de los gusanos y el merecido castigo del fuego eterno habían dejado el terror consolidado para siempre en su alma.
Hay que imaginar al adolescente Joyce, con el rostro plagado de acné, arrodillado en el confesionario de la capilla del colegio Belvedere de Dublín, siendo acariciado en las mejillas por un jesuita meloso mientras él vertía en la oscuridad del cajón sus malos pensamientos y los pecados de la carne. Cada vez que se atascaba, frenado por el rubor, el padre confesor lo animaría a seguir con un nuevo pescozón, como quien espolea a un potro que rehúsa saltar el obstáculo. Sabía que, una vez perdonado, volvería a caer y después sería roído de nuevo por el remordimiento. Y así siempre. Ése fue el légamo cenagoso del que el escritor extraería las mejores páginas de su literatura.
Venía de un progenitor manirroto, bebedor y profundamente católico, que en una de sus quiebras económicas, antes de ingresarlo en el colegio Belvedere, había mandado a su hijo durante un tiempo a las Escuelas Cristianas, una institución para pobres, que el espíritu altivo de James Joyce guardó como una humillante caída en la quesera del subconsciente.
Se matriculó en medicina, que pronto cambió por la disciplina de lenguas y gramática comparada en la Universidad Católica de Dublín, situada a la vera del St. Stephen Green Park, y allí tampoco pudo desprenderse de los santos torturados y de las lámparas de sebo votivo que había en la iglesia de estilo bizantino inserta en el mismo caserón. En el centro de la ciudad estaba el Trinity College, la síntesis del espíritu protestante y elitista de Irlanda, y aunque los universitarios de una y otra formación y creencia compartían las praderas del parque de Dublín, el joven Joyce creció volcando su rebeldía contra el complejo de una familia empobrecida, contra el nacionalismo irlandés amalgamado de curas, contra la soberbia protestante que era soporte del invasor británico, tres dogales que le ahogaban. La única solución era huir. Joyce había nacido en 1882, y a los 20 años ensayó el primer conato de fuga. Se fue a París, y después de pasearse por el Barrio Latino como un perro sin collar regresó derrotado a la caspa grasienta de Dublín.
Un día, el 16 de junio de 1904, se cruzó con una chica parada ante un escaparate de la calle Nassau. La requebró. Ella le devolvió una sonrisa y ése fue el sello que a partir de entonces unió sus vidas hasta la muerte. Nora Barnacle era una muchacha pelirroja de Galvay, que trabajaba de camarera en el hotel Finn's, pegado al Trinity College. Desinhibida, analfabeta, realista, alegre y decidida a todo, la chica enseñó a aquel joven reprimido a liberarse de la moral católica. Para empezar le rompió la barrera del sexo. Una tarde de domingo, la pareja paseaba por los muelles del puerto de Dublín y al llegar la oscuridad, sentados en la escalera de un callejón solitario, ella le hizo probar con cierta pericia las delicias de la masturbación, un acto que en la mente morbosa de Joyce desencadenó una tormenta de culpa y celos retrospectivos, un lastre acarreado por su formación jesuítica.
Nora Barnacle ayudó a Joyce a saltar definitivamente del país. Como dos fugitivos, sin volver la vista atrás, partieron hacia cualquier destino que no fuera tener que soportar a diario las soflamas de los independentistas irlandeses ni los sermones terribles de los curas católicos ni el elitismo de Trinity College. Joyce odiaba a esos neófitos que iban al oeste a purificarse en las islas salvajes y pedregosas de Aran, donde se guardaba la raíz de la patria celta. Al otro lado estaba el racionalismo de Europa. Joyce aceptó el puesto de profesor de inglés en una escuela de idiomas en Trieste y allí comenzó su peregrinación, que le llevaría a Roma, a Zúrich, a París, aunque nunca consiguió sacudirse Irlanda de encima, que llevaría como una chepa hasta el final de sus días.
La relación de Joyce con Nora fue una continua tempestad erótica en la que ella gobernaba el timón con una maestría extraordinaria. Unas veces lo excitaba con cartas pornográficas durante las ausencias, otras lo mantenía a raya tirándole del bocado para sumergirlo luego en la pura obscenidad sin dejar de proteger su vida hasta el mínimo detalle doméstico. Un día Nora le contó la historia de Michael Bodkin, aquel muchacho enamorado suyo que en la última noche, cuando ella tenía que abandonar Galvay para ir a servir a Dublín, le echó unas chinas a los cristales de la ventana y al asomarse lo vio en un extremo del jardín llorando estremecido bajo un aguacero. El chico murió 15 días después de pulmonía. Nora siempre pensó que había muerto por su culpa. Este lance comenzó a barrenar la mente de Joyce, quien ya no supo eludir a aquel fantasma hasta que lo transformó en el protagonista invisible de Los Muertos, el cuento más profundo de su libro Dublineses. Sin publicar nada todavía, salvo un conjunto de poemas titulado Música de Cámara, a Joyce sus compañeros de clase ya lo tenían por un genio que se desparramaba como la espuma de una pinta de Guinnes en los sucesivos pubs. Todo el resabio anticlerical y familiar afloró poco después en el Retrato de un artista adolescente, que se publicó por entregas en la revista norteamericana The Egoist gracias a los buenos oficios de su protector, Ezra Pound. Este libro comenzó a llenarle de grumos la memoria como una obertura para la gran obra del Ulises.
No era más que un oscuro profesor de idiomas perdido por la Europa de entreguerras, que se iba volviendo ciego a causa de una iritis juvenil. Llevaba un parche en un ojo, como un pirata de la literatura, y de él se rumoreaba que estaba escribiendo una extraña epopeya. Mientras Europa se llenaba de escombros, Joyce elaboraba como una oruga en Zúrich la historia de un judío irlandés, llamado Leopold Bloom, que realiza un periplo de 24 horas por Dublín. La acción transcurría el 16 de junio de 1904, en recuerdo del día en que Joyce conoció a Nora Barnacle frente al escaparate de la calle de Nassau. Durante ese circuito, este hombre vulgar, que se había desayunado con un riñón de cerdo asado y que llevaba una patata en el bolsillo de la chaqueta, iba liberando un fluido de la conciencia como un excipiente de sus sueños, de sus deseos inconfesables, del fondo cenagoso que sustenta la vida de cualquier ciudadano vulgar, mientras su mujer, Molly Bloom, le esperaba en la cama hasta altas horas de la madrugada con el sexo y la memoria palpitando como babosas.
Todo el aluvión de limo podrido que en el alma de James Joyce se había posado en el colegio Belvedere y en la Universidad Católica de Dublín se desborda desde aquel lejano confesionario de la adolescencia a las páginas de este libro grumoso, en apariencia obsceno, que no es sino el cuaderno de bitácora de un antihéroe cotidiano, navegante de asfalto, que encuentra Ítaca dentro del vertedero de sí mismo. El Ulises fue publicado en París en 1922 por Silvia Beach, una norteamericana propietaria de la librería Shakespeare & Company, ubicada en el número 12 de la Rue del Odeon. Se trata de una de las cimas de 8.000 metros de la literatura universal, que hay que escalar por la pared norte, desde la cual se despeñan una y otra vez los mejores alpinistas.
MANUEL VICENT.