20 de febrero de 2008

Éramos pocos y parió Kosovo...

Éramos pocos y parió Kosovo. La última república independiente dentro de Europa ha entrado en el debate político español como si fuera un asunto interno. Y lo es, en la medida en que nada europeo nos es ajeno y se ha producido un movimiento de fronteras. Pero hemos podido leer de todo. No ha faltado quien culpó a Zapatero -cómo no-de responsabilidad en el desenlace, porque no hizo valer los intereses de España ante Bruselas. Quizá piensen que una presión diplomática podría frenar las ansias independentistas de los kosovares. Como algunos sigan por esta línea, terminarán en el tópico chistoso: harán a Zapatero responsable de la muerte de Manolete.

Las únicas verdades quizá sean: primera, que España, como la mayor parte de la Unión, tuvo un papel secundario en el proceso. Segunda, que cualquier posición que adoptara nuestro Gobierno sería discutible. Si diese el sí a la independencia kosovar, se le diría que estaba alimentando un peligroso antecedente. Al decir que no, se le reprocha que muestra inseguridad ante la evolución futura de nuestros nacionalismos internos. Y tercera, que, guste o no guste, Kosovo se acaba de convertir en el último símbolo de todos los nacionalismos secesionistas del mundo y, desde luego, de los europeos.
Kosovo está llamado a sustituir en el imaginario nacionalista al mito del Quebec de los referendos de independencia. De hecho, el Gobierno vasco ya saludó la independencia de la provincia serbia como un modo pacífico de resolver «conflictos de identidad entre naciones», y el Parlamento catalán se dispone a redactar y aprobar una resolución de apoyo.
¿Por qué les gusta tanto Kosovo? ¿Solo por la forma democrática de dar el salto, como consecuencia de unas elecciones? No. Les gusta, sobre todo, porque se trata de una independencia proclamada de forma unilateral, sin contar para nada con la opinión de Serbia. Y eso, para ciudadanos como Ibarretxe, es el ideal: una consulta popular (en su defecto, unas elecciones) y, a continuación, una proclamación de soberanía al margen del resto del Estado y sus instituciones.
Ese ha sido el error de la Unión Europea al respaldar por mayoría la independencia, y ese es el favor que nos hace el señor Bush: deja la destrucción de naciones en manos de una parte. A partir de ahora, con ese antecedente, cualquier región, cualquier provincia si me apuran, puede decidir desengancharse de un proyecto nacional por su cuenta. Solo necesita votos internos. Me parece una mecha que se acaba de poner en medio mundo. Y, por mi parte, no puedo esconder una sospecha: a alguien le viene bien desestabilizar a España como nación. ¿A quién? Revisen ustedes algunos capítulos de nuestra historia. Siempre es alguien próximo.

Fuente: La Voz de Galicia. Artículo "Kosovo y nosotros" de Fernando Ónega. 19/2/08.

7 comentarios:

El mendigo dijo...

Ahhhh!

Lo firma Fernando Ónega!

Eso lo dice todo.

Campu, ¿tú crees que si en un matrimonio, uno de los cónyuges quiere cesar la relación, debe pedir el consentimiento del otro?

Campurriana dijo...

A mí estos temas siempre me dado cierto temor, Mendiguiño...

Creo que vamos hacia atrás con tanta independencia, con tanto separatismo...

Desde luego, el tema es complicado.

El mendigo dijo...

¿Para atrás?

Yo creo que el crear Estados libremente elegidos por la población, y no impuestos por las armas, es un avance.

¡Que la gente decida! Ése es el valor de la democracia...

El tema no me parece complicado, es un asunto de principios democráticos: el pueblo es soberano.

Lo que sí que es tremendamente complicado son las consecuencias de una u otra decisión: sin salirnos de Kosovo, hay que ver ahora qué pasa con los serbo-kosovares, la mayoría huídos por miedo a la represión.

Campurriana dijo...

Podemos también dividir en un billón de cachitos el mundo, hacer en cada casa una república independiente...
No creo que sea la solución, la verdad.

Muy bonito eso del pueblo soberano, pero al pueblo hay que sujetarlo para que no se desmadre.

De todas formas, lo de Kosovo no es nada con lo que puede surgir a partir de situaciones como ésta...

El mendigo dijo...

"Muy bonito eso del pueblo soberano, pero al pueblo hay que sujetarlo para que no se desmadre."

¡Fascista!

Campurriana dijo...

Por desgracia, el pueblo aun no está preparado...

Campurriana dijo...

Ah!, y monárquica, según tú...
;)