Mostrando entradas con la etiqueta José Luis Alvite. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta José Luis Alvite. Mostrar todas las entradas

18 de enero de 2015

Estamos tan necesitados de palabras duramente encadenadas... (un humilde adiós a José Luis Alvite, @alvitejos)



AQUELLA GUERRA

Mi abuelo materno combatió en la Guerra Civil al lado de los nacionales y de regreso en casa dijo que no estaba seguro de que todo aquel espanto hubiese servido para otra cosa que no fuese para aprender geografía. Veinte años después del fin de aquel conflicto le pregunté muchas veces por las batallas y por los soldados, por el coraje y por el miedo. Jamás conseguí que me diese una respuesta concreta, ni siquiera una evasiva con algunos datos sucintos con los que pudiera reconstruir su estancia en la guerra. Era como si sus recuerdos de la lucha le hubiesen borrado la memoria. Supuse que había regresado reticente y cansado, seguramente convencido de que solo valía la pena tener fe en el escepticismo y en los dioses descreídos. Recordaba ríos y ciudades, cordilleras y sembrados, pero jamás se refirió al dolor o a la muerte. Sólo en una ocasión creo recordar que me dijo algo relativo a los soldados que luchaban en el otro bando. No podría citar al pie de la letra lo que él me contó aquel día, pero vino a decir que «incluso los muchachos que lucharon en el otro bando, en el momento de morir se convertían en parte de los nuestros». Hubo muchos como él en aquella guerra en la que con el pánico se quedaban ciegas las yeguas. Muchos se quedaron por el camino, otros regresaron al lugar del que habían salido y con el tiempo se enteraron de las razones por las que habían luchado. A mi abuelo lo desmovilizaron dos años después de terminada la guerra y al desandar el camino en aquella España en la que solo medraban los cementerios, se encontró con que su mujer le regañó por volver tan tarde a casa. En el 61, poco antes de morir, me dijo: «Éste es un país en el que si vas a la guerra, necesitas un buen motivo para volver con vida a casa».

Fuente

 

 

Esta semana, ha fallecido José Luis Alvite. Yo supe de él a través de Twitter, donde se daba a conocer como @alvitejos. Me gustaban sus formas. No he leído demasiado sus escrito-pensamientos pero había algo que me atrajo irremediablemente a su reflexión cotidiana. No sabría definirlo... su sangre, su profundidad, su crueldad tantas veces. Crueldad tan real como aquella definición de doble cáncer que me dejó temblando; algo así como ese centollo que se encuentra dentro de una almeja.

Dejo un escrito de él a modo de ejemplo. No es el más duro ni mucho menos pero me gusta lo que expresa. En una guerra, como en la vida, no hay ni buenos ni malos sino una extensa gama de colores descoloridos.

Hasta siempre, José Luis. Quedarán tus letras y eso, créeme, ya es mucho en este fugaz paso que tenemos hacia la eternidad. Gracias por enriquecer lugares que, a priori, están abocados irremediablemente a ser enormes vacíos, inútiles pasatiempos. 

 

 

9 de diciembre de 2013

Serrapio

Me gustaron las fotografías que vi esta mañana pertenecientes a uno de los álbumes de La Voz de Galicia. La historia de la noticia seguramente esté decorada con imaginación periodística y escritura, pero creo que en el fondo la sinceridad brota de ella a través de la sinceridad de sus protagonistas y lo que inspiraron a los invitados a café caliente en un día de lluvia gallego. 
Una historia como la vida. Porque todas las vidas son historias personales y es una lástima que se pierdan con el paso del tiempo.

Para eso están los testimonios prestados, regalados. Para eso y para mucho más. 
O debiera ser así aunque, es cierto, no aprendemos.












 Actualización:

Con música y con un enlace hacia la sencillez, hacia las palabras y deseos bien escritos, hacia una lección de vida; nada más y nada menos.
Gracias, Nau.