20 de enero de 2008

Basta de príncipe azul

Tengo una amiga que ha elaborado una original teoría sobre las relaciones personales. Según ella, cometemos el error de intentar encontrar nuestra media naranja –quimera cada vez más inalcanzable–, cuando lo que debemos procurarnos es el monstruo de Frankenstein. Dicho así suena friky, pero la teoría tiene su punto, de modo que voy a intentar explicarla. Mi amiga dice que nos pasamos la vida soñando con la persona perfecta, esa con la que compartir todas las parcelas de la vida: el sexo, las aficiones, los proyectos, que además sea nuestra mejor consejera y nuestro paño de lágrimas cuando vengan mal dadas. Lo malo es que tal dechado de virtudes no existe; pues el que es una fiera en la cama es también un ojo alegre que corre detrás de todo lo que lleve faldas. Aquel que parece nuestra alma gemela, porque le gusta tanto Oscar Wilde como Pink Floyd, es un vago de siete suelas al que le molesta nuestro éxito profesional. Y, por fin, el santo que aguanta todas nuestras neuras, nos ama con indesmayable pasión y mataría por nosotros es más aburrido que chupar un clavo y soporífero como el Valium. «Seamos realistas –dice mi amiga–, esto es lo que hay y más vale no hacerse películas. Para colmo, resulta que la mayoría de nosotras/os (la teoría es válida para hombres y mujeres) sabe todo esto de sobra, pero ahí es donde entra el `engaño Stendhal´.» «¿Y qué es eso?», pregunté yo, interesadísima. «Ya sabes», respondió mi amiga. «La inefable teoría de la cristalización. Dice Stendhal que cuando uno se enamora, se produce el mismo fenómeno que cuando se arroja un tronco seco a una mina de sal. La sal recama el tronco de bellísimos cristales que nos hacen ver como una joya lo que no es más que una rama vieja. Pasado el enamoramiento, se acaba la cristalización y volvemos a ver el tronco tal como es. En otras palabras, la persona que amamos no tiene ni la mitad de las virtudes que le atribuimos y más pronto que tarde empiezan a notarse sus carencias. A medida que nos vamos haciendo viejos, afortunadamente, seguimos enamorándonos, pero ya sabemos que todo es una idealización, de modo que cada vez resulta más difícil encontrar alguien potable. Entonces es cuando se hace necesario recurrir al doctor Frankestein.» Acto seguido, me explicó que la solución es crear un monstruo con trozos de personas hasta formar la media naranja ideal. «Evidentemente no se trata de descuartizar a nadie, sino de procurarse una persona como pareja estable, otra con quien compartir inquietudes intelectuales, una tercera para las confidencias más íntimas y hasta una cuarta para la cama, si es menester. Además, con este sistema se acabaron las neuras existenciales porque lo que no te da uno te lo da otro, ¿comprendes?» Yo le dije que sí muy educadamente, aunque su teoría me pareció un disparate, pero luego, dándole vueltas, me he dado cuenta de que no es tan descabellada. Por supuesto no estoy de acuerdo en eso de tener tres o cuatro amantes (misión imposible en los tiempos que corren cuando encontrar uno presentable ya es un triunfo), pero sí me parece interesante la idea de no esperarlo todo de una sola persona. Pienso que una de las razones por la que fracasan tantas parejas es porque todos tenemos una idea `muy Hollywood´ del amor: creemos que enamorarse significa encontrar de golpe al ser perfecto y cuando nos damos cuenta de que le faltan piezas surge el desencanto. Sin caer en la poligamia de mi amiga, pienso que es buena idea no poner tantas expectativas en una sola persona. Porque, aunque le disguste a los amantes de los topicazos, la felicidad consiste, precisamente, en olvidar al príncipe azul y en no esperar peras del olmo. Ya lo dijo Billy Wilder en una de sus frases románticas más paradójicas: «Nadie es perfecto» (y nosotros tampoco).


Carmen Posadas, El semanal XL 20/01/08

5 comentarios:

Campurriana dijo...

Arale, una buena enseñanza antes de empezar la semana...y, desde luego, estoy totalmente de acuerdo con la base de esta teoría. Porque entre todos seguro que reunimos muchas virtudes, muchas capacidades, muchas palabras oportunas...Y no se trata de pedir a tu pareja lo imposible.
A veces en la imperfección está lo casi perfecto. De hecho, lo totalmente imperfecto está a veces en esa perfección que intentan vender los medios y el cine más empalagoso, tan sumamente anodina...

Raíña Loba dijo...

Me ha gustado y me ha hecho gracia.
Nos cuesta aceptar a nuestra pareja como es, incluso aceptar cómo somos nosotros y pedimos, queremos, más de lo que ahí, perdiendo la oportunidad de ser felices en el intento de buscar tal felicidad, cuando casi siempre está ahí pero no sabemos reconocerla.

En cuanto a lo de varias pareja..., me temo que no, pues si yo no quiero compartir a mi pareja tampoco le voy a pedir que él me comparta con tropecientos :)

El mendigo dijo...

Juas juas juas

Mu weno!

lizanowsky dijo...

Hola, buenos días. Mi opinión:¿Teoría de la cristalización? Más bien parábola ambigua de conclusión demagógica. Que como todas, se podría aplicar, interpretándola de otra manera, en contra de sus propias conclusiones. Creo que la amiga de esta señora confunde el amor con la necesidad. Confunde la plenitud con la perfección. y lo peor, no vive la magia y busca argumentos justificadores que siembren la duda y la desesperanza...y así no ser la única inhibida. a cambio te ofrece : Praxis. El estancamiento de los sentimientos... Pero si eso que propone es más antiguo que la humanidad, de hecho creo que es un paso hacia atrás en las relaciones personales. Al igual que antes muchas parejas se formalizaban en función de unos intereses patriarcales y/o machistas, ahora los pseudo-intelectuales propugnan que las parejas se amolden en función de unos intereses del ego, propios de un mundo real salvaje ( necesidad, compañía, hipoteca, descendencia...) y hacer lo mismo, cambiando un interés por otro, con las amistades: A ti te quiero por... ó más bien para..........virtuosismo para convencer a los presos que son libres. Hemos avanzado si, pero que poquito. Antes con imposición y ahora con coerción y proselitismo. En fin como siempre el amor es el gran damnificado....
"la felicidad consiste, precisamente, en olvidar al príncipe azul y en no esperar peras del olmo"... reduccionismo de la filosofía budista ... ojalá fuese asi de sencillo. Puede ser cierto que el amor es un estado de idealización ... pero la idealización también es real, como el sueño, o la imaginación etc. De uno depende vivirla intensamente si cree en ella (aún a riesgo de que te tachen de loc@), o abandonarte al practicismo materialista. Un niño probablemente convierte en joya un palo seco sin la sal. y es al crecer cuando al interaccionar con un mundo lleno de ideas y artículos periodísticos de este estilo se convence que eso es estúpido e incluso dañino. Una lástima . Menos mal que aún nos queda el amor de Don Quijote y su Dulcinea que siempre harán frente a estas teorías. Un saludo

Campurriana dijo...

No es mala idea lo de intentar centrarnos en lo que realmente merece la pena de cada uno (con o sin sexo por el medio) y disculpar a ese príncipe/princesa azul por olvidar a veces su color...

En definitiva, saber disfrutar de cada parcelita de la vida, cada palabra inteligente que escuchemos, cada silencio que reconforta...