21 de julio de 2008

Desayuno antes de embarcar...





Y de nuevo en Cíes, en un día soleado y brillante que, puedo decir, nos regaló alguna divinidad de los cielos. Porque cuando llegamos por la mañana temprano comenzaban a aparecer los primeros bancos de niebla en los altos que, finalmente, fueron detenidos por los muros naturales de roca que tienen las islas.

Ayer me apetecía el calor del sol y disfrutar del horizonte tan impresionante desde aquí, como si después de ese lugar se acabase el mundo, se acabase todo...

Ni que decir tiene que la fotografía representa la mínima parte de lo que sientes rodeado del paisaje real; el que se respira...

Después de un buen desayuno en Vigo partimos en barco hacia nuestro paraíso tan cercano. La playa nos recibe con arena blanca y aguas transparentes que se mezclan con el sonido de las gaviotas y el de los faros. Decidimos pasear la otra parte de la isla que no habíamos visto en veces anteriores y meternos en el observatorio de aves. Descubrimos otros rincones y descubriremos más en próximas visitas...

Me quedo con el tacto suave y cálido de la arena, los baños entre corrientes de diversas temperaturas, la compañía de los peces y esa playa con asientos de piedra y melodías de fondo.

2 comentarios:

Raíña Loba dijo...

Qué suerte poder hacer una escapada por ahí.

Me quedo con la foto de los barcos vistos desde arriba y ese agua transparente que invita a un chapuzón.

Campurriana dijo...

A mí me gusta la del mirador desde dentro, Raiña. Tiene algo cinematográfico...
:)