6 de junio de 2009

El último adiós


En su casa sólo quedaban de él cajas llenas de ropa que iban a ser enviadas a alguna asociación benéfica. Había trajes casi nuevos, otros usados en acontecimientos importantes de la vida dejada atrás, los pijamas de la última enfermedad. La que se lo llevó sin apenas poder despedirse de su familia por haber desaparecido un año antes de su verdadera muerte, la definitiva. Ahora quedaba su viuda y los ojos llorosos por las interminables lágrimas vertidas en las largas noches que siguen al silencio demoledor del último adiós. Permanecerán en su mente los recuerdos de un amor duradero que se dejaba ver cuando salían juntos; un amor que debió de ser tan fuerte como tierno, tan dulce como apasionado. Ellos sí que se querían. Esas cosas se notan...