18 de septiembre de 2011

Por cierto, estuve en Bastavales...

Fuente de la fotografía







































Rosalía de Castro...¿cómo la imagino?. Como a una mujer frágil y a la vez fuerte, más fuerte de lo que ella creía... Observadora, sensible, nostálgica, preocupada, inteligente, melancólica...
De padres incógnitos, según su partida de bautismo, y con una visión tan clara y adelantada a su tiempo, sobre la situación de esa Galicia que la rodeaba y, especialmente, sobre la vida tan dura de las mujeres de aquella época...

Tantas cosas imagino cuando leo sus versos transparentes... Y cuando veo su mar, la muerte que le obsesionaba, su dolor profundo por las injusticias sociales, el sufrimiento por el fallecimiento de los hijos, su necesidad de amor por esa infancia robada y la búsqueda de ese amor que le faltó...

Y estas frases sobre las mujeres de Manuel Murguía, su marido, dejan ver tantas cosas...

La vida de una mujer, por ilustre que sea, es siempre sencilla. 

La mujer debe ser sin hechos y sin biografía.


¡Cuánto ha tenido que sufrir nuestra Rosalía y fruto de ese sufrimiento, sus versos, sus cartas, su obra completa!

Dejo aquí fragmentos recogidos en algún rincón de esta red de redes que a veces nos ofrece luces de un pasado del que debemos aprender...
Rosalía, sin duda, es un personaje fascinante. Cuánto más leo sobre ella y de ella, más me atrae.

Esto es insoportable para una persona que tenga algún orgullo literario y algún sentimiento de poesía en el corazón; pero sobre todo, amiga mía, tú no sabes lo que es ser escritora. Serlo como Jorge Sand vale algo; pero de otro modo, ¡qué continuo tormento!; por la calle te señalan constantemente, y no para bien, y en todas partes murmuran de ti. Si vas a la tertulia y hablas de algo de lo que sabes, si te expresas siquiera en un lenguaje algo correcto, te llaman bachillera, dicen que te escuchas a ti misma, que lo quieres saber todo. Si guardas una prudente reserva, ¡qué fatua!, ¡qué orgullosa!; te desdeñas de hablar como no sea con literatos. Si te haces modesta y por no entrar en vanas disputas dejas pasar desapercibidas las cuestiones con que te provocan, ¿en dónde está tu talento?; ni siquiera sabes entretener a la gente con una amena conversación. Si te agrada la sociedad, pretendes lucirte, quieres que se hable de ti, no hay función sin tarasca. Si vives apartada del trato de gentes, es que te haces la interesante, estás loca, tu carácter es atrabiliario e insoportable; pasas el día en deliquios poéticos y la noche contemplando las estrellas, como don Quijote. Las mujeres ponen en relieve hasta el más escondido de tus defectos y los hombres no cesan de decirte siempre que pueden que tina mujer de talento es una verdadera calamidad, que vale más casarse con la burra de Balaam, y que sólo una tonta puede hacer la felicidad de un mortal varón.

Sobre todo los que escriben y se tienen por graciosos, no dejan pasar nunca la ocasión de decirte que las mujeres deben dejar la pluma y repasar los calcetines de sus maridos, si lo tienen, y si no, aunque sean los del criado. Cosa fácil era para algunas abrir el armario y plantarle delante de las narices los zurcidos pacientemente trabajados, para probarle que el escribir algunas páginas no le hace a todas olvidarse de sus quehaceres domésticos, pudiendo añadir que los que tal murmuran saben olvidarse, en cambio, de que no han nacido más que para tragar el pan de cada día y vivir como los parásitos.

Pero es el caso, Eduarda, que los hombres miran a las literatas peor que mirarían al diablo, y éste es un nuevo escollo que debes temer tú que no tienes dote. únicamente alguno de verdadero talento pudiera, estimándote en lo que vales, despreciar necias y aun erradas preocupaciones; pero… ¡ay de ti entonces!, ya nada de cuanto escribes es tuyo, se acabó tu numen, tu marido es el que escribe y tú la que firmas.

Fuente del fragmento


Parece que ya suenan las campanas...

Campanas de Bastabales,
cando vos oio tocar,
mórrome de soidades.

          I
Cando vos oio tocar,
campaniñas, campaniñas,
sin querer torno a chorar.

Cando de lonxe vos oio,
penso que por min chamades,
e das entrañas me doio.

Dóiome de dor ferida,
que antes tiña vida enteira
i hoxe teño media vida.

Sólo media me deixaron
os que de aló me trouxeron,
os de aló me roubaron.

Non me roubaron, traidores,
¡ai!, uns amores toliños,
¡ai!, uns toliños amores.

Que os amores xa fuxiron,
as soidades viñeron...
De pena me consumiron.

          II
Aló pola mañanciña
subo enriba dos outeiros
lixeiriña, lixeiriña.

Como unha craba lixeira,
para oir das campaniñas
a batalada pirmeira.

A pirmeira da alborada,
que me traen os airiños
por me ver máis consolada.

Por me ver menos chorosa,
nas súas alas ma traen
rebuldeira e queixumbrosa.

Queixumbrosa e retembrando
por antre a verde espesura,
por antre o verde arborado.

E pola verde pradeira,
por riba da veiga llana,
rebuldeira e rebuldeira.

          III
Paseniño, paseniño,
vou pola tarde calada
de Bastabales camiño.

Camiño do meu contento;
i en tanto o sol non se esconde,
nunha pedriña me sento.

E sentada estou mirando
como a lúa vai saíndo,
como o sol se vai deitando.

Cal se deita, cal se esconde
mentras tanto corre a lúa
sin saberse para donde.

Para donde vai tan soia,
sin que aos triste que a miramos
nin nos fale, nin nos oia.

Que si oíra e nos falara,
moitas cousas lle dixera,
moitas cousas lle contara.

          IV
Cada estrela, o seu diamante;
cada nube, branca pruma;
triste a lúa marcha diante.

Diante marcha crarexando
veigas, prados, montes, ríos,
donde o día vai faltando.

Falta o día, e noite escura
baixa, baixa, pouco a pouco,
por montañas de verdura.

De verdura e de follaxe,
salpicada de fontiñas
baixo a sombra do ramaxe.

Do ramaxe donde cantan
paxariños piadores
que ca aurora se levantan.

Que ca noite se adormecen
para que canten os grilos
que cas sombras aparecen.

          V
Corre o vento, o río pasa.
corren nubes, nubes corren
camiño da miña casa.

Miña casa, meu abrigo;
vanse todos, eu me quedo
sin compaña nin amigo.

Eu me quedo contemprando
as laradas das casiñas
por quen vivo suspirando.
............................................

Ven a noite..., morre o día,
as campanas tocan lonxe
o tocar da Ave María.

Elas tocan pra que rece;
eu non rezo, que os saloucos
afogándome parece
que por min tén que rezar.


Campanas de Bastabales,
cando vos oio tocar,
mórrome de soidades.



Si queréis conocer más a Rosalía, seguid este camino...


5 comentarios:

Amio Cajander dijo...

Rosalia una gran mujer y escritora.

Hoy estuviste en Bastavales, seguro que pasaste cerca de mi ;) otra vez

Campurriana dijo...

Otra vez.
;)

Me ha encantado este rinconcito de Galicia, Amio. Tiene magia...

Ángel dijo...

Una vida tremenda, sus poemas está llenos de belleza y de angustia vital, a parte iguales.
Has seleccionado bien los textos y la imagen, me gustan
Un abrazo

Raul Rentero dijo...

me encanta Rosalía, una mujer fuerte, se mire por donde se mire
no conocía este poema
la fotografía es impresionante, sin duda, mágico como los lugares que a mí me gustan ;)
un saludo desde el maestrazgomagico.blogspot.com
RAUL

Campurriana dijo...

Ángel, el sitio tiene algo especial. Es como si en uno de esos bancos de piedra que hay a la puerta de la iglesia estuviese sentada ella observándonos...

Raúl, encantada de recibirte en nuestros aposentos. Bienvenido.