6 de noviembre de 2013

Me lo expliquen, por favor...


El maquinista, único imputado por el accidente del Alvia en Santiago

Ni el interventor que realizó la llamada que prácticamente desencadenó el accidente. Ni los cinco responsables de seguridad del ADIF con competencias en el tramo del accidente. Ni el responsable de Seguridad en la Circulación -Andrés Cortabitarte- que señalizó la línea Santiago-Ourense antes de su inauguración y aceptó desconectar el ERTMS embarcado en el Alvia. Ni los 21 miembros del consejo de administración desde que se abrió el trazado, entre los que están el actual presidente del ADIF, Gonzalo Ferre, y sus dos predecesores, así como el presidente de Renfe, Julio Gómez-Pomar, por ser vocal del consejo. La decisión comunicada ayer por la Audiencia de A Coruña de dejar sin efecto las imputaciones de las personas que integraron el consejo y del exdirector de Seguridad en la Circulación devuelve la instrucción del caso Alvia al punto de partida: el maquinista del tren, acusado de 79 homicidios imprudentes, es de nuevo el único imputado por el accidente ferroviario de Santiago.


Las decisiones consecutivas de la Sección Sexta de la Audiencia, con sede en Santiago, consistentes en limpiar de imputados el organismo encargado de velar por la seguridad ferroviaria supone un vuelco en la estrategia de instrucción del juez Luis Aláez. Y demuestra la importancia de que el fiscal del caso se separara en este punto del rumbo de la investigación, mostrándose contrario a que se imputara a cargos del ADIF con los datos y pruebas que se habían recopilado hasta ahora en la causa.


El auto con el que el órgano de apelación levanta la imputación a estos 22 cargos -entre ellos tres miembros destacados de la cúpula de Fomento- es prácticamente un calco del que exoneraba a los cinco responsables de seguridad del ADIF y que fue notificado el lunes. Se reitera que la decisión de buscar responsabilidades penales en el entorno del administrador es «prematura y carente de base suficiente», aunque deja abierta la puerta a que se siga investigando para comprobar si en el tramo de Angrois, con una reducción brusca de velocidad de 200 a 80 por hora, se precisaban medidas adicionales de seguridad. Pero siempre buscando un consenso técnico que lo determine, en referencia al trabajo de los tres peritos judiciales, una labor paralizada al negarse a abonar la Xunta los presupuestos que presentaron en el Juzgado de Instrucción número 3 de Santiago.

Suspensión de declaraciones

El primer efecto del levantamiento de las imputaciones será la suspensión de las declaraciones de estas 22 personas, que iban a tener lugar entre el 13 y el 22 de noviembre y entre el 11 y el 13 de diciembre, aunque no se descarta que buena parte de estos cargos sean llamados a declarar como testigos.


Aunque la Audiencia admite que un suceso como el Alvia puede tener «diversos autores», lo que legitima la línea de investigación multicausal del juez Aláez, considera que la señalización en la zona era acorde con la normativa -o al menos no hay respaldo técnico para decir lo contrario- y atribuye al maquinista la desatención de los distintos hitos en una ruta con la que se suponía familiarizado. «Bastaba mirar hacia delante y prestar atención para percibir y saber, en un margen mínimo, de muy pocos segundos, dónde estaba exactamente el tren y a qué distancia estaba el cambio de velocidades máximas, para así adoptar la decisión que correspondiera sobre la maniobra de frenado», constata el auto.


La Audiencia también entra en la eventual ausencia de fundamento al llamar a declarar a unos miembros del consejo que delegaron sus competencias de seguridad en los técnicos. Solo sería admisible, alegan, si los presidentes y vocales de los sucesivos consejos tuvieran conocimiento «de un riesgo ilícito» y no ejercieran sus deberes de control para evitarlo. Según los magistrados de la Audiencia, no hay datos de que existiera ese conocimiento «concreto», por lo que no se justifican la imputaciones.


Seguramente existan imprecisiones técnicas en la noticia. Es cierto: también se intuye en ella una visión parcial, muy parcial, de este tema. Yo diría que cercana a esa pasión no digna de ser utilizada en el periodismo serio.

Aún así, me parece vergonzoso que en este país se actúe siempre de la misma manera. Las responsabilidades se diluyen como un azucarillo dentro de un café caliente, muy caliente.

No esperaba menos, por supuesto. Se ve que el montón de responsables que velan por nuestra seguridad ya no son tan responsables a pesar de los honorarios y honores recibidos. 

No. No es demagogia. Es una náusea como un mundo.

Entradas relacionadas en el saloncito:




8 comentarios:

ripley dijo...

es que se te olvidan dos cosas. que todo es politica y dinero y que esto es España.

yo siempre apunté al maquinista es cierto pero no tenia tanta informacion como ahora y me estoy refiriendo a la llamada, lo de las curvas, señalizaciones, el ahorro y tal pues está demas pq el maquinista se sabia la ruta al dedillo. Elogio que se culpara a si mismo hecho insólito en estos lares y que no mencionase la llamada que es evidente lo distrajo.

¿por que llamó tan cerca de la estacion? un minuto a 300km/h es mucha distracción, ¿no pudo hacerlo antes o despues de la curva cuando el tren aminora velocidad? todo esto me lleva a pensar en el interventor como el principal culpable.

¿por cierto se ha vuelto a saber algo del maquinista? siento llamarle asi pero no se su nombre.

besos

Sergio DS dijo...

Vaya, andamos cabreados, nausea como un mundo está muy bien dicho, yo lo he titulado La Ley del Embudo.

Para emigrar.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

No puedo explicártelo. Yo tampoco lo entiendo.

Angel Corrochano dijo...

Vivimos es un país en que nadie es responsable de nada.
¿Demagogia? ...
Exigir responsabilidades a los que nos gobiernan, a aquellos que ostentan cargos en los que sus decisiones afectan a miles de personas no es demagogia, es puro acto de lógica democrática.

Buena entrada
Un abrazo

unjubilado dijo...

Desgraciadamente es algo que le había dicho a mi mujer hace tiempo, que el único culpable iba a ser el maquinista. Esto es obvio si se piensa que en Brasil hay un futuro contrato de (estoy hablando de memoria) 13.000 millones de euros, para la creación de un ferrocarril, que unirá Río de Janeiro y Sao Paulo y la principal condición era que no se hubiera registrado ningún fallo técnico en los últimos 10 años.
Por lo que toda la culpa se la echan al maquinista.
Nuestros políticos son eso, políticos.
Saludos

Campurriana Campu dijo...

Ripley, ¿el interventor como principal culpable?...eso no. Eso tampoco.
Hablo de los medios que existen hoy en día, de los riesgos corridos por el éxito político y económico siendo la economía para unos pocos, de la vida de muchísimas personas que no vale tanto. Eso parece. Eso han demostrado.
Y no quito culpas. Las pongo en todo caso.

Sergio, te he respondido en tu blog. No sé qué podemos hacer...se me ocurren un par de cosas pero, claro, no son "políticamente correctas".

Pedro, lo sabía. Sabía que iba a ocurrir esto. Tenía esperanzas de que no pero sí. Ingenuidad mía...

Continuará...

Campurriana Campu dijo...

Ángel, a algunos se les llena la boca de demagogia. Es cierto. Pero no salvemos al personal empleando siempre este término.

Unjubilado, estoy cansada de intereses políticos, económicos. ¿Dónde quedan las personas bajo tantas capas del mismo sistema?...

Campurriana Campu dijo...

Dicen que aún puede cambiar la cosa en este caso.
Enfins.