7 de mayo de 2007

Vidas ajenas

Siempre me ha gustado observar a las personas que no conozco; en el metro, en el autobus, en una cafetería...Las miro e imagino sus vidas. La expresión de sus caras, los libros que leen, un simple gesto de agradecimiento, una mirada contrariada, una sonrisa que apenas se percibe...
Quizá no somos tan diferentes unos de otros como pensamos...o quizá si...

3 comentarios:

Raíña Loba dijo...

En la variedad está el gusto.

Y si no fuésemos curiosos, diferentes..., la vida sería de un solo color y bastante aburrida no? ;)

El mendigo dijo...

Me acuerdo de mis tiempos recorriéndome la línea 5, la verde.

Si, a mi también me gusta observar a la gente. Cada uno de ellos tan valioso...pero mucha gente se muestra violentada cuando descubre que la estás escrutando. Es una norma de cortesía que si no estás leyendo o echando una cabezadita, debes mirar al suelo con cara apesadumbrada, y no fijarte en el pasajero de enfrente.

Campurriana dijo...

Yo también recuerdo mis viajes diarios en metro y el estudio que, sin intención alguna, hice de la población de una gran capital...

Lo cierto es que las personas sonríen menos en ciudades grandes...o ésa es la impresión que me quedó después de observar diariamente, durante casi un año, las caras de los pasajeros...