23 de noviembre de 2008

Dedicado a una bibliotecaria...

Fuente de la fotografía: Centro Colombo Americano

Leyendo las últimas entradas de ese rincón del náufrago que tanto me gusta, aparecía citada entre sus anécdotas cotidianas la presencia de la mala educación en los tiempos actuales. Recordaba, mientras leía, lo que me ha ocurrido estas últimas semanas en una biblioteca a la que asisto últimamente.

Allí me encontraba entre sus amables compañeros a una mujer de unos cuarenta y tantos que no podría ser más desagradable aunque lo intentase de verdad. Imposible, creedme. Su actitud incluso agresiva llegaba ya a límites de caricatura burlona. Le hice unas cuantas preguntas sobre el funcionamiento del centro y tiraba los papeles encima de la mesa cual favor inmenso se le estuviese solicitando. Me llamó tanto la atención su comportamiento que estuve observándola un buen rato desde mi asiento como si de un animal raro se tratase. Golpeaba el teclado del ordenador con rabia, miraba por encima de sus gafas minúsculas con cierto desafío al mundo en el que le había tocado vivir y en el que, obviamente, no se encontraba nada a gusto, algo que a juzgar por lo visto no me extraña en absoluto. Sus palabras se escuchaban como grititos desagradables mientras sus víctimas se miraban entre ellas preguntándose sin abrir la boca que cómo podía haber gente así que trabajase en un mostrador frente al ciudadano-cliente.

De verdad que si me lo cuentan no me lo creo. No sé lo que le ha pasado a esta señora pero ninguno de nosotros tenemos la culpa de sus frustraciones. Quizá lo que le hace falta es una buena ración de All-Bran sin ánimo de hacer publicidades.

Fuente de la fotografía: Bitácora de un bibliotecario

10 comentarios:

fermin dijo...

No creo yo que sea un mal que aqueje a todo el sector de bibliotecarias, pero dejé de acudir a una biblioteca que yo me se, por el mal carácter y el mal servicio de quienes, se supone, estaban para ayudarme.

Campurriana dijo...

Yo tampoco lo creo porque es la primera que me encuentro con este carácter en estos lugares de lectura. Lo cierto es que pueden provocar, como bien dices, que uno se vaya para no volver...
Sus compañeros en este caso suplen su falta de educación y de respeto, aunque no niego que si está ella prefiero no acercarme y esperar a que venga el siguiente (suelen turnarse con cierta frecuencia entre las salas)...

Una buena forma de evitar trabajo. Quizá es lo que busque esta "buena" señora.

Un saludo, Fermín.

Douce dijo...

Es lamentable que quienes por profesión tienen que trabajar atendiendo al público no sepan que están para servir a quien solicitan sus servicios.

Y si no saben hacerlo, deben buscar un puesto en que no tengan que rozarse con la gente.

Da gusto cuando encuentras a alguien que se esmera por tratarte, simplemente con educación.

(Gracias por la referencia a la isla. Douce)

Campurriana dijo...

Es cierto, Douce. Y es que creo que no cuesta tanto ser amable, sonreir. No tengo duda de que cuesta más ser desagradable y ser frío con la gente. Ese gesto torcido no debe de ser bueno para nuestra salud. Seguro que no.

Gracias a vosotros por compartir.

Felices sueños.

littlemore dijo...

Todo eso sigue una misma línea aunque a veces los árboles no nos dejan ver el bosque:
- Esa señora se limita a ejercer su papel de "guardián del umbral", del mismo modo en que nosotros somos policías del prójimo en tantos otros ámbitos de la vida. Trata sin duda de coaccionar a la peña intelectualoide para que se le haga sumamente fatigoso el acceso al limitado conocimiento que cabe extraer de una biblioteca pública seguramente pésimamente gestionada y peor suministrada, por no entrar a debatir su financiación y las vías de escape de la misma. Si en una biblioteca pública hubiera algo que mereciera la pena como para aguantar a semejante petarda, habría sido incendiada hace milenios o sus fondos yacerían en los bajos del Vaticano, en esa parte que nunca da tiempo a visitar aunque pagues 12 euros. Cualquier otra obra interesante sería motivo de intervención armada con o sin aprobación de la Liga de las Naciones.
Nos queda internet, pero todo se andará.
Eso sería la motivación inconsciente de la señora, que la consciente es simplemente desalentar el uso de la biblioteca por esos pesados lectores hasta que llegue el día en que cobra su sueldo de funcionaria por ir a leer a un sitio silencioso o quién sabe si mantener su blog, que era eso que debía estar aporreando en el teclado.
Yo me lo plantearía en los siguientes términos: he encontrado en esa biblioteca acceso a un libro sumamente trascendental para mí, y soportar a esta lerda es el asumible precio que debo pagar por semejante privilegio.
Podemos encontrar más ramificaciones de lo mismo:
- Hacienda ha impuesto a todas las sociedades mercantiles presentar sus declaraciones telemáticamente (¿no era una facilidad para el ciudadano para que cumpla más fácilmente con sus obligaciones tributarias?) Obviamente el procedimiento para obtenerlo es sumamente engorroso: requiere acudir, además de a Hacienda a retirar el certificado, al Registro Mercantil a solicitar un certificado para el administrador que no es gratuito y sí perecedero. La alternativa: que te presente las declaraciones un asesor que tendrá que estar colegiado para que con su certificado pueda presentar tus declaraciones. Además del control que supone lo anterior, el certificado que instalas en tu ordenador podrá ser muy seguro para Hacienda, pero me pregunto cuánta gente de la que se lo instala sabe lo seguro que pueda ser para ellos mismos.
-Seguridad Social: más de lo mismo. Certificado sin el cual pedir TU Vida Laboral requiere esperar diez días y lo que tarde el correo ordinario cuando antes lo recibías al momento en la oficina. Logro: Antes tenían que soportar a pesados cotizantes y ahora los funcionarios pueden mantener sus blogs en la más estricta intimidad con sólo disuadir a los que no están informados de que ya no tienen nada que pedir por allí.
-Podría seguir con la Sanidad, etc, etc, pero en este momento he de rellenar un cuestionario sobre efectividad de los servicios públicos y queda rebasado con creces mi tiempo para intervenciones en blogs ajenos.

Anónimo dijo...

Otra forma de verlo, Littlemore...
Quizá se esté paseando ella ahora por este blog y pueda respondernos al enigma.

Por cierto, es la situación de la biblioteca la que me viene bien. Todavía no me he adentrado mucho en sus colecciones...

Un saludo desde la capital de la cultura...
Campu.

littlemore dijo...

Muy bien pensado...la situación de una biblioteca lo es todo.
Yo a partir de enero estaré buscando en Washington una con vistas al recorrido del 44.
Las bibliotecas públicas son de los escasos lugares públicos que recuerdo a los que se accede sin pasar por un detector de metales. También es verdad que hace mucho tiempo que no visito una biblioteca pública. La última vez fue en una que han demolido para que se pueda visitar el teatro romano. Tampoco fue para tanto, por mi parte seguí leyendo libros en casa y la ciudad donde eligieron semejante lugar para levantar una "Casa de la Cultura" aún persigue con bastante ahínco la capitalidad europea de la cultura.
Según escribo estoy cayendo en la cuenta de que el 44 no es descapotable...
http://es.youtube.com/watch?v=-kGuhvAxROw&eurl

Ése sí que es menudo enigma para la bibliotecaria...

Saludos

Campurriana dijo...

No lo es todo ni mucho menos...

Pero cuando tienes poco tiempo y lo que debes leer lo llevas a cuestas, la cosa cambia.

Un saludo y seguiremos investigando...

Noe dijo...

Me parece terrible que este tipo de personas este en esos puestos.

Creo que para ejercer la profesión bibliotecaria hay que tener por encima de todas las cosas VOCACIÓN, porque en ello nos jugamos mucho.

Hay gente que se apunta al carro porque lo ven como un trabajo cómodo, pero no debería de ser así.

A mi me duele el alma cuando algún usuario me agradece la amabilidad en el trato que les doy, porque eso es algo que se debe dar por defecto, todos los bibliotecarios.

Se trata de fomentar la lectura, y de SERVIR al usuario, no de mirarle con cara de perro.

Que pena...

Saludos!

Campurriana dijo...

Tienes razón, Noe. En cualquier puesto de atención al público debe uno ser amable y eficiente. Después de todo, la imagen del servicio está formada en buena parte por el trato que se recibe.

Los problemas que cada uno tenga se tienen que dejar apartados cuando se ejerce cualquier profesión. Los clientes, los pacientes de un hospital, los usuarios, los contribuyentes...ninguno de ellos tiene la culpa de lo que ocurre en la vida personal de cualquier persona que se encuentra tras un mostrador.

En fin. Menos mal que también hay personas que valen más que su peso en oro en estos menesteres...

Feliz tarde, Noe.