27 de marzo de 2010

Asunto ruidoso. Un matrimonio sin hombre.

No conocía este suceso, a pesar de vivir en La Coruña. Escuchaba en el programa de radio de Julia Otero ayer la historia de Marcela y Elisa, casadas en 1901. Me llamó la atención y quiero compartirlo con vosotros. Seguramente, muchos ya lo conozcáis...

MARCELA Y ELISA, maestras de escuela, vivieron su lesbianismo en secreto hasta que decidieron casarse por la Iglesia. Para engañar al sacerdote Elisa se hizo pasar por Mario y llevó al altar a su amada, hija de un capitán del Ejército. Ocurrió en A Coruña, el 8 de junio de 1901. Al ser descubiertas, tuvieron que huir de España. Pero ya habían pasado a la Historia como el primer matrimonio homosexual.

Decía Gaudí que quienes perpetúan la copia impiden el progreso y que sólo los que apuestan por la originalidad y por descubrir nuevas vías contribuyen a que evolucione la sociedad y la vida del ser humano. El arquitecto catalán se refería básicamente al arte pero una pareja de mujeres de su época hizo, se supone que involuntariamente, suyo el precepto y se adelantó considerablemente a su tiempo. En su caso fue la necesidad de oficializar su amor la que agudizó el ingenio tanto como para convertirse en el primer matrimonio homosexual del que se tiene constancia registral.

Marcela Gracia Ibeas y Elisa Sánchez Loriga pasaron por la vicaría de la parroquia de San Jorge en A Coruña un 8 de junio de 1901.No es que el cura fuera un liberal dispuesto a crear escuela con su permisividad. Fue una víctima de las circunstancias.

Porque para los padrinos y los testigos de aquel enlace, y por supuesto para el párroco, quien besaba y hacía arrumacos a Marcela no era otra mujer, sino Mario, un treintañero de incipiente bigote.Un nombre y una identidad ficticia de Elisa que le permitieron contraer matrimonio con la que era su pareja desde hacía años.

Un amor clandestino, abrigado en las noches de duro invierno en el entorno de A Costa da Morte, donde los relatos junto al fuego tenían como protagonistas a hombres rudos y curtidos en mil batallas con el mar. En el verano de 1901 los naufragios y las mareas, acontecimientos cotidianos, dieron paso a las tertulias sobre el escandaloso matrimonio de dos mujeres al calor de las cocinas de leña.

Las dos chicas se habían conocido durante su etapa de estudiantes en la Escuela Normal de Maestras de A Coruña, donde se formaban las futuras profesoras de enseñanza primaria (maestras). Se hicieron inseparables. Lo que comenzó siendo una amistad pronto dio paso a una relación más intensa e íntima

Las constantes alusiones a su amiga, las sospechas de que su amistad iba más allá de lo permitido socialmente entre dos chicas y el temor a que la escandalera salpicara para siempre la vida de su hija llevó a los padres de Marcela a enviarla a Madrid con el propósito de bolero de que la distancia fuese el olvido.

Pero como el amor no tiene fronteras, la pareja volvió a reencontrarse.Ambas habían finalizado sus estudios. Elisa fue destinada como maestra interina a Couso, una pequeña parroquia de Coristanco, localidad coruñesa situada entre A Coruña y Finisterre. En el municipio vecino de Vimianzo, en la aldea de Calo, se instaló Marcela, ya como maestra superior.

El reencuentro avivó la llama de su relación y comenzaron a vivir juntas en Calo. Allí permaneció Elisa dando clases cuando Marcela se marchó a otra localidad cercana, Dumbría, donde se instaló en la casa escuela sobre 1889. Sin embargo, cada noche Elisa recorría la docena de kilómetros que las separaban para dormir con su amada.

La convivencia durante años de las dos mujeres fue respetada por los vecinos, no se sabe bien si por desconocimiento de que existía una relación más estrecha entre ambas o por una transigencia poco acorde con el espíritu represor de la época con las conductas homosexuales.

Todo cambió en 1901 cuando Elisa, que hasta entonces se relacionaba con las familias más distinguidas de Vimianzo y Dumbría, decidió masculinizar su aspecto, probablemente con el fin de dar un baño de oficialidad a su amor y su relación. Con imagen de varón, que ya no abandonó, se presentó en la Escuela Normal para solicitar un certificado de estudios.

IDENTIDAD FALSA
Elisa era ya Mario, el nombre que escogió para falsificar su identidad. Cambió la melena, las faldas, los refajos y los corsés por una apariencia distinta con pelo corto, traje y ademanes masculinos. También se buscó una personalidad y un pasado tomando como referencia a un supuesto primo suyo fallecido en un naufragio.

Su imaginación trasladó su infancia a Londres y transformó en ateo a su padre. La excusa perfecta para convencer al incauto padre Cortiella, párroco de la iglesia de San Jorge de A Coruña, de que lo bautizase. El 26 de mayo de 1901 pasó por la pila bautismal y, además, recibió la primera comunión. Quedó lista para pasar en unos días por el altar.

Para entonces ya se había ganado la confianza del cura, que no vio nada extraño en su voluntad de contraer matrimonio con la señorita Marcela, hija de un capitán del Ejército y maestra de 29 años, tres menos que su prometido, Mario. Desde Dumbría se enviaron las preceptivas amonestaciones religiosas y la boda se celebró el sábado 8 de junio de 1901 con madrugón -a las siete de la mañana- en la iglesia de San Jorge. Miguel Hermida y Ricarda Fuentes, viuda del comandante Sánchez, que ignoraban la condición femenina del cónyuge, ejercieron de padrinos. Hubo además dos testigos.

Como cualquier matrimonio que se precie, Marcela y Mario tuvieron su noche de bodas. La pensión Corcubión, en la céntrica calle de San Andrés, fue el escenario de su pasión.

«Me engañó diciéndome que iba a casarse porque había dejado encinta a la joven con la que convivía», se lamentaba el padrino en las páginas del diario La Voz de Galicia cuando días después se descubrió que se había celebrado, como tituló el periódico coruñés, «un matrimonio sin hombre». La noticia se propagó a las primeras páginas de la prensa gallega y madrileña.

«Su ausencia y su silencio dieron facilidades para el mal. Pudo impedirlo perfectamente», publicó La Voz el 22 de junio de 1901 sobre la actitud permisiva de la madre de Marcela, que, supuestamente, estaba enterada de todo.

Otros testimonios recogidos en periódicos de los días siguientes revelan la expectación que desató el hallazgo de que Mario era en realidad una señorita, Elisa. «Buena responsabilidad se han echado sobre sí. Nunca será bastante para el escarmiento de actos que alarman a la sociedad quebrantando sus más fundamentales principios», exponía con tono doctrinal el jurista Ramón Vilas.

Sellier, el fotógrafo que retrató a la pareja, hacía alarde de un comportamiento señorial y se mostraba poco partidario de ejercer de vendedor de exclusivas, pese a las numerosas solicitudes de curiosos para ver la imagen de los contrayentes. «No tendrá nadie el retrato como no me lo roben. Y para evitarlo ya tengo tomadas mis medidas», explicaba.

Con el regreso a Dumbría, la publicación de la noticia y el reconocimiento de Marcela de que «Elisa y Mario son una misma persona, pero que tiene más de hombre que de mujer» aumentó el escándalo y desató el calvario para las dos mujeres casadas. Negativas de empleo para Elisa-Mario, cencerradas contra su relación, burlas y menosprecios a su condición sexual les obligaron a poner pies en polvorosa. Vigo y Oporto, donde fueron localizadas, ya que estaban bajo orden de busca y captura, fueron otros lugares de paso. Su pista se pierde en un barco con destino a América, probablemente rumbo a Argentina.

HISTORIA OLVIDADA
En Dumbría, un ayuntamiento de unos 5.000 habitantes a algo menos de 100 kilómetros de la capital provincial, pocos recuerdan haber oído la historia de las lesbianas. Los escasos testimonios que tienen alguna noción del asunto son con referencias lejanas y más como un comentario pasajero escuchado hace años a sus padres o abuelos. Otros vecinos, si la escucharon, es como si la hubiesen olvidado. Caras de asterisco, gestos de asombro y arqueo de cejas son los síntomas cuando se les menta el matrimonio entre Marcela y Elisa, que no les inspira ni el más mínimo interés.

Sólo una persona se enfrentó con curiosidad a desentrañar el pasado de la insólita pareja. Se trata de Ramón José Romero, párroco de Dumbría. «Yo sabía desde hace años que había una pareja de mujeres que se había casado en A Coruña, aunque desconocía que fueran residentes de Dumbría». Cuando se enteró de que Marcela y Elisa habían estado en el pueblo recurrió a los vecinos y feligreses más veteranos para indagar en la historia y obtener más datos.«Los que tienen algún recuerdo es por alguna conversación familiar.Pero no son capaces de precisar nada más de lo que ya sabemos.Sólo te dicen que fueron maestras aquí y que durante tiempo se habló del revuelo que se había organizado cuando volvieron a Dumbría después de haberse casado», comenta. También el padre Romero revisó el registro de la parroquia en busca de documentación o correspondencia que pudiera arrojar algo de luz a las sombras que presenta la relación entre Marcela y Elisa. El resultado fue negativo. Los pocos papeles que se conservan están en la parroquia coruñesa de San Jorge.

Si la relación entre estas dos mujeres adelantadas a su tiempo no genera excesiva admiración entre los vecinos de Dumbría, todo lo contrario le sucede al colectivo gay coruñés Milhomes, para el que estas dos lesbianas y su desafío a las rígidas barreras sociales de principios del siglo XX suponen todo un símbolo de reivindicación de la lucha a favor de la igualdad de los homosexuales.

La admiración de este colectivo por el atrevimiento de Marcela y Elisa/Mario les ha llevado a instituir un galardón en su honor que lleva el significativo nombre de Premio Homosexual Parroquial San Jorge, en referencia al centro eclesiástico que acoge en su registro aquella boda sin hombre de hace más de un siglo.

Anteayer (viernes) se entregó el segundo de estos premios, que recayó de manera colectiva y anónima en el colectivo de mujeres lesbianas que no son aceptadas en sus propias casas por sus familiares.

El primero en recibirlo fue Abel Méndez, escritor y poeta de Vimianzo -donde se inició hace más de cien años la convivencia de Marcela Gracia y Elisa Sánchez-, por «su heroismo y valor para sobrevivir a una ingente cantidad de agresiones homófobas», según Milhomes. El escritor gallego Manuel Rivas, muy vinculado con A Costa Da Morte, fue el encargado de entregarle este galardón que tendrá carácter anual desde el próximo 2003.

José Carlos Alonso, presidente y portavoz de Milhomes, se involucró hace dos años en el seguimiento de la relación de Marcela y Elisa.Reconstruyeron su historia hasta el momento de su huida a América.Desde ahí todo es un misterio que Milhomes se propone resolver aunque con una gran limitación de medios humanos y económicos.Internet puede ser la vía que, con paciencia y esfuerzo, les reporte algún vestigio para saber qué fue de sus dos heroínas.

DE A CORUÑA A BOSTON
«Es muy importante lo que hicieron en su época. Además con la particularidad de que eran dos mujeres con un perfil atípico, ya que eran maestras y con una formación que en ese momento tenían pocas chicas», explica Juan Carlos Alonso, para el que ese matrimonio fue una especie de continuación de los acontecimientos reivindicativos de las mujeres en Boston a finales del siglo XIX. «Son dos ciudades con puerto y tal vez por eso se puede entender que dos hechos tan llamativos en la búsqueda de los derechos de las mujer ocurrieran en Boston y A Coruña», añade.

Milhomes lleva tiempo reclamando una calle en la capital de la provincia para la pareja de lesbianas, pero sus propuestas y escritos han caído hasta ahora en saco roto. «Se les cae la baba con María Pita, que sí, fue una valiente pero no más que estas dos chicas que se enfrentaron a todo por amor».

Alguna productora audiovisual ya se ha interesado en el tema para realizar un documental sobre la vida de la pareja, aunque no sería extraño que en no mucho tiempo el matrimonio de Elisa y Marcela y todas las vicisitudes que rodearon sus vidas acabaran en convertidos en celuloide y exhibidos en una sala oscura. Tan oscura como la incomprensión que debieron sentir hace 101 años.


Fuente: EL MUNDO


Así lo cuenta EL PAÍS, con un toque Zapateril, por supuesto...

Y Manuel Rivas escribía también sobre estas dos mujeres...A máis extraordinaria historia de amor...

7 comentarios:

cuentosbrujos dijo...

no solo puedes llamarmelo, es un honor, regresaré con sosiego

Pharum Brigantium dijo...

Eu si hai tempo sabía desta triste pero fermosa historia, cada pouco La Voz de Galicia a saca entre as súas páxinas.

O que non sabía era tantos detalles. Máis cedo que tarde haberá que lembralas si ou si tamén na vella e nobre Brgantium :)

Campurriana dijo...

Brujo, ya sabes que estás invitado cuando lo desees. Tu rincón, un buen descubrimiento...

Pharum, pues parece mentira pero yo no la conocía...ni me sonaba siquiera...

Felices sueños.

Amio Cajander dijo...

pues yo no sabia de la historia. me ha gustado... y lo que más me ha impresionado son los 12 km de noche cada día por los carreiros de la costa da morte de finales del XIX (inimaginable!) ;-)

Campurriana dijo...

Lo cierto, Amio, es que son inimaginables tantas cosas en aquella época...y esos doce kilómetros que separan a las dos enamoradas son, efectivamente, toda una proeza...

Felices sueños.

Sylvia Otero dijo...

Campu, Gracias por la historia que obviamente no conocía, aunque el supuesto destino de Elisa y Marcela, haya sido mi orilla vecina.

Me ayudó a entretener la tarde dominical y a pensar ..

Mientras lo leía pensaba que la gente que no recordara ese suceso de repente sí recordaría otros relativos a guerras o circunstancias violentas.

No conozco la historia de María Pita, me pondré a leer un poco ahora sobre ella pero, imagino que habrá sido un personaje muy importante, dado que yo estuve en la plaza que lleva su nombre.

Felices días!

Campurriana dijo...

Me alegro que te haya gustado conocerla, Sylvia. Yo, viviendo en La Coruña, tampoco tenía conocimiento de ella y eso ya es más extraño.

María Pita, sin duda, es un personaje importante en La Coruña. Debió de ser una mujer de armas tomar...