11 de octubre de 2010

Y me pasé la vida reclamando...(cabreo campurriano y desahogo)


Acabo de llegar cabreada a casa y voy a "escupir" lo primero que me salga, teclado en mano. Ni modificaciones, ni comas donde no me salgan, ni puntos donde no me salgan, ni pausas de ningún tipo (si no me salen)...

Me da la impresión de que este año lo he pasado reclamando. Que si en la Administración Pública, que si en las empresas privadas, que si en comercios, que si en grandes almacenes, que si, incluso, dirigiéndome directamente a los propios (y supuestos) fabricantes de productos tan perecederos que ya perecen el propio día que se estrenan...(y no me estoy refiriendo, por desgracia, a una lechuga o a un tomate)...

Reclamaciones a las telefónicas adeseélicas, a los diseñadores de calzados tan "exclusivos" como desastrosos por ser el mismo chino el que los fabrica (y no con ánimo de ofender, ya me entienden),  a las Administraciones, a los comercios que se empeñan en cobrar rápido y "servir" lo más tarde posible o más bien nunca, a los restaurantes que tienen una carta de precios por servicios profesionales y su servicio es pésimo, a la corta vida de nuestra ropa, de nuestros zapatos, de nuestros electrodomésticos...

Pues sí. ¿A quién le interesa darnos un buen servicio y una buena calidad cuando es mejor no pagar ese buen servicio (que ahora apenas lo hay y, por tanto, no podemos escapar a otro lado)?. Y, lógicamente, preferible es también que compremos más a menudo...
 Mi padre aun guarda los jerseys del bichito en su cajón. Los cocodrilos de ahora ya no llegan ni a la segunda infancia, por ser algo benévola con la marca...

¡Dios mío!. Me olvidaba de las entidades bancarias...de la mayoría...

3 comentarios:

Amio Cajander dijo...

Dales caña !! con toda la razón!!

Campurriana dijo...

Siempre reclamo, Amio. Si no, no me siento bien conmigo misma. Después de mucho esfuerzo, hay un 80% de probabilidades de que entren en razón. Pero claro, después de mucho esfuerzo...

Sin embargo, merece la pena.

Logio dijo...

Guerra perdida.

Las asociaciones de consumidores deberían hacer campañas (subencionadas, por supuesto) de mala publicidad a las empresas y organismos que alcanzaran un cierto número de reclamaciones.