17 de abril de 2011

Por si alguien lo dudaba, todos adoran la tienda de la esquina...


Acabo de llegar de conocer a este monstruo comercial que nos han colocado en La Coruña. Otro de unos cuantos y no me explico el por qué de esta proliferación de centros comerciales en una ciudad que sufre, y mucho, el paro que nos acecha en estos últimos tiempos. Supongo que habrá estudios detrás de estas moles pero por lo que tengo entendido hay algunos que ya echaron a andar hace algún tiempo y últimamente cojean...vaya si cojean...

Se han creado muchos puestos de trabajo en Marineda y espero que duren muchísimo tiempo. No las tengo todas conmigo, la verdad. Ojalá me equivoque totalmente. 

Y, por otro lado, se encuentra el pequeño comercio. ¿Qué es una calle de una ciudad sin los comercios de siempre? ¿en qué se queda esa calle cuando es protagonizada por portales apagados, portalones fríos de garajes, locales vacíos?...¿por qué se maltrata a la pequeña tienda de comestibles de la esquina?...Me da pánico el pensar que algún día todos nos convertiremos en esas sombras que se mezclan con otras sombras semejantes bajo techos acristalados y climas programados. Todo estará tan programado, efectivamente, que llegaremos a ser, aún más, esos borregos teledirigidos que ansían los grandes poderes que se esconden detrás de todas estas parafernalias; comeremos comida de plástico, jugaremos a sus juegos, beberemos la bebida colocada en el cartel más grande, nos moveremos de derecha a izquierda y de arriba a abajo después de saberlo ellos, mucho después...

Parecen las ciudades impersonales del futuro y ya están aquí. 

Por favor, que alguien me diga que el barrio de la farmacia de Luis, el mesón de Carmen o el ultramarinos de Josefa seguirán ahí para ayudarnos a ser más felices, más personas.

Acabo de leer este artículo. No es nada de otro mundo pero toca el tema.

5 comentarios:

Ángel dijo...

Intento que mi ocio no pase por estos lugares, pero lo que son las tiendas de barrio, al menos en el mío han desaparecido muchas, demasiadas. otras resisten. Creo que nuestro modo de vida no es sostenible por más tiempo, cuanto antes nos demos cuenta de ello, mejor para todos.
Un abrazo

Douce dijo...

Campu,

Afortunadamente tengo en mi calle algunas tiendas parecidas a esas de la esquina, pero hasta ésas no se parecen a las de antaño. Algunas son minimercados que aunque esté sostenida por los miembros de la familia, forman parte de una cooperativa. Ya no está la señora Eufrasia y el señor Julián detrás de un mostrador con estanterías y cajones donde cabía de todo, incluida la cercanía. Ahora lo llevan cuatro o cinco miembros de la familia, marido, mujer, hijas, hermanas que te conocen y preguntan qué tal va tu pierna o te advierten que el pan que estás pidiendo ya se lo llevó tu hija...La familia medio vive de lo que la tienda ‘produce’. Para eso a las seis de la mañana tiene que ir el marido a los almacenes o como se llamen donde deben surtirse de cajas y cajas de verduras, de leche, o de otros productos. La tienda se abre a las nueve y media y cierran a los ocho y media de la tarde, pero no dejan la 'casa' hasta las diez de la noche.

También ha instalado su 'bazar' otra familia pero de 'chinos', pero eso es otro cantar aunque esté abierto de nueve de la mañana hasta las diez y media de la noche, sin echar el cerrojo al mediodía. Así todos los días de la semana, domingos y fiestas incluidos. Allí come la familia con sus palillos y sus niños pequeños de tres o cuatro años.

Hay de todo, las cosas más inverosímiles. Te pierdes entre las filas de los más variados productos y tienes que hacer gestos a veces para indicar lo que buscas... Son amables, comerciantes, pero no sabe a la tienda de la señora Eufrasia. Una a una han ido desapareciendo. Es difícil competir con los tiburones del mercado, donde te sientes pequeño, perdido, en la inmensa frialdad de todo el orden, donde no hay nadie que te pregunte "¿cómo va tu pierna?

Ya ves lo que logras recordando ‘la tienda de la esquina’

Campurriana dijo...

Quizá este monstruo en concreto dure mucho pero, de lo que estoy segura, es de que si ocurre esto muchos otros que se han levantado hace poco en este espacio geográfico caerán. Hablan de sinergias entre negocios, de espacios "cómodos" de compra, de escapatoria de la "incómoda" lluvia gallega...pero nunca uno se sentirá tan acogido como en esa tienda de la señora Eufrasia de la que habla Náufrago.

Ángel, el consumismo nos está consumiendo...demasiadas "necesidades" creadas...

Gracias por vuestros comentarios y feliz semana de procesiones.

Sebastián Navarrete dijo...

Donde yo resido el pequeño comercio ha quedado reducido a tiendas de chinos y alguna panadería, poco más. Las tiendas de ropa y zapaterías han cerrado todas. Estamos rodeados de centros comerciales, en los que todos tienen las mismas tiendas, las franquicias están presentes en todas. Lo que aparentemente es una gran oferta, se reduce a cuarenta marcas, que se repiten en todos los centros comerciales de España, incluso de algunos otros países europeos.
Abrazos.

Campurriana dijo...

Sebas, lo cierto es que por muchos centros comerciales que pongan la oferta no varía demasiado; sólo unos pocos ostentan el poder.