14 de julio de 2011

"Invisible" de Manuel Vicent


Pues sí que es triste esta columna. Vicent expresa de manera dramática esa no visibilidad "porque no quieren verte"...Creo que es demasiado pesimista su visión pero lo dejo aquí por si queréis añadir algún pensamiento al respecto. Mejor que dejar el beso de Los Mohedano como primera entrada del blog...

Este escritor tiene una forma especial de describir situaciones. A ver qué os parece. 

INVISIBLE

Ser invisible no es sólo que no puedan verte, sino también que no quieran mirarte. El tipo era joven todavía, tenía la carne compacta, de modo que en ella se condensaban los ojos de la gente y gracias a eso él se sentía real. Existe en cualquier mortal la secreta aspiración de ser transparente al menos durante unas horas para darse el gusto de atravesar paredes, pasar inadvertido en una reunión y estar en varios lugares a lá vez comiendo en platos distintos. Se han ideado muchas pócimas en nuestra cultura tratando de conseguir esta virtud, pero hoy el don de la invisibilidad sólo se adquiere con la vejez y también con la miseria. El tipo dirigía una empresa de diseño, era un creativo que había. conseguido elevar a la categoría de valla publicitaria las filosofias más profundas, y por tanto conocía el valor de las almas y del plástico. Su trabajo consistía en que los objetos fueran vistos de tal forma que la mirada se confundiera con el deseo de poseerlos. A su alrededor se movían artistas jóvenes, modelos y fotógrafos, que se renovaban continuamente, y entre ellos sin darse cuenta había encanecido. Mientras cada día las mercancías, envases y modelos publicitarios que él diseñaba eran más bellos y visibles, este creativo envejecía con mayor intensidad y lentamente comenzó a notar que los ojos de los demás resbalaban sobre su cuerpo cuando entraba en una fiesta. No despertaba ya ningún deseo, la gente había dejado de mirarlo, y él tuvo la percepción de que era invisible. Fue una bajada suave hacia su extinción corpórea, que se acentuó bruscamente en el momento aciago en que su empresa quebró. A partir de entonces su carne se hizo tan porosa que por dentro de ella cruzaba entrando y saliendo toda la sociedad y a medida que envejecía más esta situación se acrecentó hasta que un día ya en plena miseria el hombre pensó que era un ángel y que podía volar. Ser invisible no es sólo que no te vean, sino también que no te miren. Nadie le miró siquiera cuando el tipo voló desde una cornisa.

6 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Vicent es uno de los mejores articulistas de hoy. Cada domingo, El País termina con sus palabras. Todo un lujo.

Ángel dijo...

Pues aun a pesar de lo pesimista de la reflexión, no puedo sino aceptar y rubricar al gran Vicent
Bien elegido, como siempre
Fuerte abrazo

Juan Nadie dijo...

Fantástico

Douce dijo...

Pues como nada que objetar a la acertadísima prosa de Vicent en forma, ritmo y conclusión, aunque triste.

Pero en sí, la 'invisibilidad', en muchas circunstancias es más bien un premio que un castigo. Depende de qué tipo de invisibilidad, los motivos y la 'necesidad' del invisible de ser visto.

Conozco a bastante gente que prefiere pasar desapercibido, si él sabe 'mirarse'.

Me 'desviso'. Tranquilos sueños, con o sin 'visiones'.

Campu dijo...

A veces la invisibilidad es positiva pero muchas veces resulta bastante dura cuando se trata de indiferencia...(siempre demostrada esta indiferencia por parte de alguien que nos importe, claro)...

Aquí habla de ese mundillo vacío que pueden ser muchos...es muy triste este artículo...muy triste...

"Nadie miró siquiera cuando el tipo voló desde una cornisa"

(se me ponen los pelos de punta)

Luna dijo...

Campurriana no es esta columna a la que yo hice referencia.