15 de julio de 2011

CÁMARAS, de Manuel Vicent



La realidad creada...

Éste es otro pensamiento de Vicent que comparto. Y es que como ya no sale en los medios la indignación, pues parece que no estamos indignados... Debo confesar que la realidad creada al antojo de unos pocos me da mucho miedo. Como transmite Forges en sus viñetas: "pero no te olvides de Haití"...porque Haití sigue existiendo, sigue sufriendo aunque ya no sea protagonista de las noticias de actualidad...

Sin enrollarme más, os dejo las palabras de Vicent al que últimamente, como podéis observar, releo o leo por primera vez...

Donde no hay cámaras no existe la historia, pero sucede a veces que las cámaras muerden y mastican más historia de la que pueden tragar, son incapaces de digerir dos grandes tragedias simultáneas. Le pasa también al cuerpo humano: nunca duelen dos cosas a la vez. En el cerebro se concentra el dolor principal, que anula todos los demás. Estos días las cámaras se están volviendo locas a la hora de elegir entre el maremoto de Japón y la insurrección de Libia. Mientras devoraban primero la tragedia nuclear de Fukushima, donde el rabo ardiente de Satanás comenzó a liberar ponzoña radiactiva, el tirano Gadafi bombardeaba a su pueblo impunemente a mansalva sin testigos. Las cámaras se hallan indecisas todavía. La revuelta de los países árabes tiene una estética de botellón. Es la revolución de Internet. Por primera vez la información, que a lo largo de la historia había sido manipulada siempre desde arriba por el poder, es generada hoy desde el fondo de la sociedad cohesionada a través del móvil. Con solo agitar un dedo sobre un ínfimo teclado en tres segundos se puede mandar para consumo de todo el planeta la imagen de un niño destripado por un misil amigo o enemigo, y bastará ese mensaje para que los internautas, los nuevos protagonistas de la historia, convocados a una plaza para beber litronas y bailar el rock sean invitados a levantarse en armas contra los tiranos, pero su cólera puede disolverse como una llamarada en el vacío y quedar en nada. En cambio, de la tragedia de Japón serán ya perennes, tal vez, dos imágenes que podrían constituirse en un símbolo de nuestro destino. En una de ellas se ve al emperador de rodillas, frente a las víctimas del desastre nuclear, sentado sobre sus propios talones, las manos juntas en una mutua plegaria taoísta; en otra aparece un japonés anónimo en el tejado de su casa derruida, solo en medio de una destrucción insondable que se pierde en el horizonte. Parece que este hombre es el último habitante que ha quedado vivo en la tierra. Está sumido en una honda meditación. Firme, asombrado, fatalista, su espíritu indomable está aislado de la catástrofe que le rodea. Sabe que la salvación depende solo de su conciencia convertida en eje de acero de todo su cuerpo. Este japonés solo en el tejado es todo el universo.

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3 comentarios:

Ángel dijo...

No somos capaces de asumir tanta información, por que en realidad la información que se nos suministra es acumulativa, nada tiene que ver con la reflexión, por eso somos capaces de comer viendo en la tele las desgracias más atroces, es simple información de datos ... nuestra sociedad necesita urgentemente de un psiquiatra
Abrazos

Sebastián Navarrete dijo...

Una noticia se come a otra. Pero el drama, la injusticia, la desolación, que nos describe esa noticia no desaparece. Tal vez, pasado el tiempo, porque no haya nada mejor para emitir, para publicar, volvamos a saber durante unos días algo de aquello que durante un tiempo nos contaron, pronto volverá a quedar en el olvido. Abrazos Campurrina.

Ripley dijo...

a mí siempre me ha pasmado como los telediarios pasan de una catastrofe humanitara a hablar de moda o del ultimo grito en cocina moderna.

sinceramente me parece horrible e insensible hasta la desesperacion.

un abrazo