27 de octubre de 2011

Me puse a escribir y salió esto...

Llovía con fuerza en la fría ciudad industrial en la que vivíamos desde hace tiempo. La vida transcurría entre sollozos y gritos y yo ya no podía más. Tenía que hacer algo o la vena que bailaba en mi sien reventaría sin previo aviso.
El canto agudo de las gaviotas, el forcejeo de las olas encabritadas con el dique de abrigo y esa trepidante música de fondo de nuestro piso, convertían la existencia en una tortura constante e insoportable. ¿Podría servir de atenuante este escenario de vida que me rodeaba desde que tenía uso de razón?. Lloré tanto que el cansancio me hizo caer rendido a los pies de mis potenciales víctimas. Me sirvieron una taza de tila y me metieron en la cama que estaba situada en la zona más cálida de la casa. Allí me desperté quince horas después envuelto en sudor pero con alivio al observar que las manchas de sangre habían desaparecido. Todo había sido un mal sueño aunque el ruido de fondo permanecía en mi cabeza tocando sin piedad el himno de la muerte. Tenía que hacer algo.

7 comentarios:

Juan Nadie dijo...

Sólo puedo decir que nunca dejes de escribir.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Quién sabe qué dicen los sueños...

TORO SALVAJE dijo...

No sé lo que hará pero no parece muy de fiar.

Besos.

Náufrago dijo...

Escribir, aunque sea deshacer el embrollo de un sueño, es una doble terapia. Mientras escribes estás centrado en lo que hilvanas y eso es provechoso. En cuanto al sentido de los sueños, siempre suele haber algo referente a lo que no expresamos cuando estamos despiertos.

¿Despierto digo? ¿Y si en nuestros sueños hay parte de 'verdad' que todavía permanece por ahí dentro, acurrucada, y la tenemos amordazada?

El 'misterio' tiene su encanto

isabel membrado dijo...

Gracias, muchas gracias!!!

Goyo dijo...

Sigue, y no dejes de teclear.

Campurriana dijo...

Menudos temitas me salen espontáneamente....
Me estoy empezando a preocupar.
:)