9 de mayo de 2012

El hombre del acantilado






Era un hombre extraño. Lo seguí durante un tiempo con la mirada, mientras escuchaba el sonido que provocaban las olas bailando con el pueblo de salitre. Sufrí el vértigo que él no sufría. Adoré el mar que rodeaba su cuerpo aventurado. Los acantilados. La luz de ese atardecer oscuro que brillaba a pesar de todo. Que brillará en mis recuerdos para siempre. Hasta que pueda recordarlos al menos...

5 comentarios:

Ángel dijo...

Qué soledad!!!
Un abrazo

Juan Carlos dijo...

Más que soledad yo diría tranqilidad.
Salu2

Sebastián Navarrete dijo...

Bonitos encuadres, me gusta el primero. El que pesca, como el que fotografía, está ajeno en ese momento a todo lo que le rodea, disfruta y mucho de lo que está haciendo.

Anderea dijo...

Las fotografías son preciosas. Y él, un temerario. Me pongo mala sólo de ver dónde está. ¡Madre mía! ¡Qué loco!

¡Uf! Quizá exagero. Pero poco.

Buenas noches, Campu.

Campurriana dijo...

Ángel, esa soledad deseada...

Juan Carlos, es un paisaje que, efectivamente, transmitía calma...Volvería allí de nuevo. Por cierto...¿podéis reconocer los acantilados?...

Sebas, el primero me da vértigo.

Anderea, cuando vi a este hombre sufrí por él. En las fotografías no se aprecia realmente el riesgo que estaba corriendo...aún era mayor si se conoce de verdad la altura de estas piedras...
Tremendo. Y es que, además, yo tengo vértigo...