17 de febrero de 2013

Las caídas y la necesidad de "mitos"





Al final la realidad nos da en las narices sin remedio. Supongo que necesitamos "admirables" para seguir viviendo, aunque a veces tengamos que edulcorar historias y ponerles una pizca de imaginación inocente. Da igual. Es lícito auto-engañarnos si el fin es tan necesario, tan humano quizá.

Lo que me produce náuseas y profunda tristeza es ese disfrute con la caída ajena. 
Se frotan las manos tantos...

12 comentarios:

marian dijo...

Hay personas así en todos los sitios Campurriana, hasta en los blogs. Personas que están esperando agazapadas, o descaradamente como un buitre esperando a hincarte el diente o el pico, cuando creen que estás para morir, y que cuando caen en la cuenta de que no eres cadáver, vuelven su posición inicial esperando otro momento propicio. Nauseabundo, pero cierto.
Esperando a que se caiga el árbol para coger leña. A mí me ha pasado.

marian dijo...

El autoengaño nunca es bueno, se puede asumir la realidad de otra forma más sana, es tan malo como el engaño.

Sergio DS dijo...

Mal de unos, gozo de muchos, parece ser.

Juan Nadie dijo...

A estas alturas de civilización no debería haber ninguna necesidad de mitos. pero seguimos creándolos. Mitos con pies de barro, como es lógico, ya deberíamos saberlo. Así nos va.

Douce dijo...

Campu,

Distingamos en estos casos. Al señor Undargarin, nunca le 'admiré', simplemente tuve referencias de que jugaba al 'Balón mano'. Si me permites, perdóname una broma tonta: a lo de 'mano' ha seguido 'jugando'.De todas las maneras no tengo nada personal contra él. Lo siento por el destrozo de su vida, de otras personas y de paso lo que ha destruido.

Respeto a Oscar Pistorius sigo respetando lo que ha hecho para construir su vida y lamento muchísimo que haya destruido y lo que es más duro, a otra persona.

Lo que sigo sin entender y nunca lo entenderé es cómo hay VIDAS tan absurdas, por no emplear otro adjetivo.

Vivamos y ayudemos a vivir, aunque sea un poquito.

Campurriana Campu dijo...

Marian, es cierto que hay demasiada envidia en este país de envidiosos. No es que defienda actos que deben ser castigados sin duda alguna; lo que detesto es esta sangre que se hace gratuitamente y con muy mala leche, con muy malas intenciones por parte de los que desean a toda costa escupir sobre cadáveres que antes fueron brillantes cuerpos dorados. Esto es demasiado.

Respecto al auto-engaño, claro que es muy peligroso. Me refería a una actitud que más bien dulcifica realidades, como puede ser la poesía, el cine, la música...ésa que nos hace vivir de una forma más especial, más bonita. No sé si me explico...

Sergio, la envidia es lo que mata España. Somos unos completos envidiosos y hasta capaces de tirar piedras sobre nuestro tejado con tal de ver a los otros igualmente aplastados.

Juan Nadie, no será por experiencias ya vividas una y mil veces, ¿verdad?...

Náufrago, no lo comentaba por tu entrada de Pistorious. Hablaba en general...yo sigo admirando también su fortaleza, su espíritu de lucha. Quizá nos olvidamos de esas frustraciones que, obviamente, debía de tener. Es lógico, las tenemos todos por unos u otros motivos y a veces son demasiado peligrosas. Yo también lamento este golpe duro. Claro que lo lamento.

De Urdangarín, pues me da lástima porque no había necesidad de todo esto. ¿Qué necesidad había?. Es que no puedo entenderlo...se le fue de las manos porque, efectivamente, hemos consentido demasiadas tomaduras de pelo. Demasiadas.

Me quedo con tu última frase: ayudemos a vivir.

marian dijo...

Te explicas perfectamente, Campurriana, y estoy de acuerdo contigo.

marian dijo...

Ah, y añado, a esa frase, con la que también estoy de acuerdo: y dejemos vivir.

Campurriana Campu dijo...

Marian, seríamos todos más felices. Si pensamos en la brevedad de la vida, todo esto es un absurdo.

José Núñez de Cela dijo...

El "mercado"/"sistema" necesita tanto crearlos como destruirlos. EN el primer caso nos imponen modelos inalcanzables a los que pretende (y consigue) que aspiremos. En el segundo caso, se trata de mostrar que por mucho que nos lo planteemos, nunca llegaremos, que es mejor estarse quietecitos y no intentar sobresalir. Y para todo ello se inocula una cepa de Envidia como alimento necesario para ese proceso.

Saludos

ripley dijo...

mis mitos no son de este mundo. los hernan cortes, pizarro, nuñez de balboa, valdivia, cervantes, nebrija, isabel la catolica, isabel barreto, quevedo, dalí...

pero esto de ahora son unos sinverguenzas advenedizos que todo lo que tocan lo acaban pudriendo

un beso

Campurriana Campu dijo...

José, una aportación la tuya muy interesante. Nos manejan a su antojo...

Antes también tendrían/tenían mucho que callar, Ripley. El tiempo suele mitificar muuuuuuuuuuuuuuuucho. Más si cabe...