7 de octubre de 2013

Escribiendo...



Observaba con atención sus enfados continuos. Se recriminaba por la infelicidad del chaval. Como si constantemente el pequeño desease que su vida fuera un infierno.
Finalmente, se dio cuenta de que no era su hijo sino una sociedad que se empeñaba en poner piedras en el camino.

7 comentarios:

Eulogio Diéguez dijo...

Me da que la sociedad no sabe que hacer.

Campurriana Campu dijo...

Estamos perdidos todos y, por tanto, la sociedad también.
Desde luego, ser padre hoy es muy complicado.
Actualmente, el dilema de la edad a la que un niño puede tener móvil.
Se admiten opiniones al respecto. Todo tipo de opiniones.

Amio Cajander dijo...

De todas maneras el muchacho de la foto no está enojado o de travesuras. Agarra desde dentro de la casa el pantalón de su padre que se apresta a emigrar.
Pertenece al monumento al emigrante de Negreira ¿no?

Campurriana Campu dijo...

Exacto!
Me llamó mucho la atención está bonita escultura.

http://blogs.elcorreogallego.es/dorissanchez/2011/12/11/monumento-al-emigrante-en-negreira/

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Un buen texto para una intrigante y excelente escultura.
De todas las formas, a pesar de todo lo que está pasando, no descuidemos la educación y el ejemplo en el hogar.
Besos.

Campurriana Campu dijo...

Es preciosa la escultura. Con un significado duro, real. En Galicia eso lo saben muy bien, lo conocen muy bien.

El ejemplo en el hogar es el ejemplo de verdad. Es ahí donde se cuece todo, donde se puede estropear todo o todo lo contrario: donde se puede enseñar la verdadera filosofía de vida.

Un abrazo, Pedro.

Campurriana Campu dijo...

Y respecto a la sociedad...
La sociedad no ayuda nada. Nada de nada.