14 de febrero de 2016

Un médico de corazón y con corazón (Despedida a Castro Beiras)

Con actualización...

He decidido añadir el homenaje de sus compañeros, que explican grosso modo la forma de ser y de trabajar de este hombre que, sin duda, deja algo bueno tras su vida.

Gracias.




Un hombre muy querido. Prueba de ello, los cariñosos comentarios que se han generado al conocerse la triste noticia de su fallecimiento.

Un gran profesional de la cardiología y de la medicina en general. Uno de esos médicos que ha permitido que sus conocimientos queden en buenas manos para que sigan creciendo y enriqueciendo este saber tan necesario para todos.

Su trabajo ha sido reconocido, tanto a nivel nacional como internacional. También su categoría humana, su humildad, su capacidad de ayuda a los demás.

Especialmente en La Coruña, ha tocado la fibra de muchos.

Es verdad: Personas como él, no debieran morir nunca.

Descansa en paz, Alfonso. 
También yo tengo que darte las gracias. 


La noticia

Actualización: Un homenaje de sus compañeros...

CONSTRUYENDO EL BARCO

Con el ánimo aún sobrecogido, y calados de dolor y una profunda tristeza por su ausencia, tomamos aire en un suspiro para expresar nuestro reconocimiento al jefe y compañero, al doctor Alfonso Castro Beiras.
Fue un brillante estudiante en la Universidade de Santiago de Compostela, reconocido con el premio extraordinario de fin de carrera en Medicina. Se formó como especialista de Medicina Interna y Cardiología en uno de los mejores hospitales del país, la Clínica Puerta de Hierro, hospital al que siempre estuvo sentimentalmente ligado. Formó parte de una generación de médicos que contribuyeron a poner la mejor medicina al alcance de todas las personas de este país, una verdadera democratización de la medicina científico-técnica.


Fue un gran médico, que llevó a lo más alto las dos facetas de esta extraordinaria profesión: la humana y la científica. Cualquiera que hubiera compartido una breve conversación con Alfonso podía percibir la sorprendente sensación de ser el centro de su mundo en ese momento. Su natural capacidad de escuchar, de empatizar, de comprender y de ayudar, le llevaba a situar en primer plano siempre a las personas, ya fueran pacientes, compañeros, jefes o subordinados.


Los que compartimos con Alfonso años de profesión pudimos comprobar cómo su extraordinaria lucidez para adelantarse al futuro y visualizar nuevos caminos, la capacidad de ilusionar con nuevos proyectos y su fuerte coraje, le empujaban a ir de lo individual a lo colectivo, del paciente o compañero a la sociedad entera. Desde esta visión se entiende su participación en la dirección de proyectos sanitarios nacionales como el Plan Nacional de Cardiopatía Isquémica, su labor como asesor de la Consellería de Sanidade y el Ministerio de Sanidad durante muchos años, independientemente del signo político del Gobierno, su papel como presidente de la Sociedad Gallega de Cardiología y de la Sociedad Española de Cardiología, en la que fundó su actual sede, La Casa del Corazón, e inició un cambio que tuvo continuación en otros presidentes para convertirla en una de las más reputadas sociedades científicas del mundo.


A mediados de los años 70 Alfonso decidió trasladarse a Galicia, al Hospital Juan Canalejo, y su mujer, Carmen, le apoyó en ese cambio profesional que entonces debió parecerle un despropósito: cambiar una posición estable y un futuro brillante en uno de los mejores hospitales del país por la incertidumbre de un hospital que estaba en el inicio de su desarrollo. Seguramente Alfonso tuvo una intuición y nosotros mucha suerte de que tomara esa decisión. Se incorporó en el Servicio de Medicina Interna y con otros tres cardiólogos, el doctor Hermida, el doctor Pérez Gómez y el doctor Ferro, pronto formaron una sección de Cardiología que más tarde se convirtió en Servicio de Cardiología. El doctor Castro Beiras fue el jefe de ese servicio hasta su jubilación. Solía decir, con la intención de ayudarnos a ver las dificultades no como obstáculos, sino como acicates para mejorar, que construíamos el barco mientras navegábamos. El Servicio de Cardiología estaba permanentemente en construcción y, con Alfonso como timonel, en esa singladura se formó una prestigiosa Unidad de Imagen y Función Cardíaca, se puso en marcha la Unidad de Hemodinámica y Cardiología Intervencionista, se desarrolló la Cirugía Cardíaca y el programa de Trasplante Cardíaco y Corazón Artificial, la Unidad de Electrofisiología y Arritmias, la Cirugía Cardíaca pediátrica y el intervencionismo en las cardiopatías congénitas, la Unidad de Cardiopatías Familiares, el Área del Corazón... Nada de esto existía cuando Alfonso llegó a A Coruña y en cada uno de estos avances su contribución fue decisiva.


Su fuerte vocación docente, fue también presidente de la Comisión de Docencia de nuestro hospital, catedrático de Medicina de la Universidade da Coruña y director del Instituto de Ciencias de la Salud, le llevó a implantar un programa de gran calidad en la formación de especialistas en Cardiología y a mantener viva esta actividad en los cardiólogos del servicio, lo que él llamaba desarrollo profesional, de la cual nos beneficiamos todos los que fuimos sus alumnos.


A su llegada a A Coruña puso en marcha un programa científico de investigación epidemiológica con pocos medios y mucha ilusión. Formó para ello el grupo Brigantium con otros colegas de Atención Primaria y el doctor Javier Muñiz. Consiguió transmitir su inquietud científica a los profesionales que fueron incorporándose al Servicio de Cardiología y actualmente sus indicadores en investigación clínica sitúan al servicio entre los mejores del país.


Nos consuela saber que no fuimos los únicos en ver brillar su luz, su trayectoria profesional y su valor social fueron merecidamente reconocidos desde diferentes ámbitos. Entre otros, recibió la Medalla de Oro de Galicia, la Medalla de Oro y Brillantes del Colegio de Médicos de A Coruña, el premio Nóvoa Santos o la Encomienda de la Orden Civil de Sanidad.


No podemos evitar sentir el dolor de la pérdida de un amigo, un compañero, un jefe, un maestro y un mentor, pero tenemos muy vivos su ejemplo y su enseñanza. Seguimos construyendo el barco y Alfonso Castro Beiras navega con nosotros.


En nombre de los servicios de Cardiología y Cirugía Cardíaca del CHUAC.