17 de diciembre de 2011

Una forma de volver a la aldea

Otra columna de Vicent. Esta vez sobre Facebook. Campu sigue sin caer sobre las tentaciones de las redes sociales y está orgullosa de ello aunque a veces tenga que escuchar cosas como ésta que le dijeron el otro día: "Pues estás perdida entonces... Si no tienes cuenta de Facebook o Twiter, no te enterarás si se hace una cena de navidad entre amigos, si Fulanito se ha casado o si la última comida de Bustamante y su flamante esposa en el restaurante ése, que les pagó un tanto por anunciarlo a los cuatro (mil) vientos, estuvo bien"...

Me arriesgaré entonces. 
Ya lo he dicho en más de una ocasión y es que prefiero la tranquilidad de los blogs. Asumo el riesgo y que sea lo que Dios quiera.

Los habitantes de cualquier aldea del planeta se reconocen por su cara. Lo saben todo de todos. Desde que nacen hasta que mueren, los percances que a lo largo de los años le han acaecido a cada uno de ellos están registrados en el disco duro de la memoria colectiva. Los habitantes de la aldea se intercambian saludos al cruzarse en la calle, conversan en la plaza, en la fuente, en el mercado, en el lavadero, en el bar, en la barbería. Esta forma de vivir y de comunicarse ya formaba una red social desde el inicio de la historia. Los hombres y mujeres del neolítico eran capaces de contarse unos a otros hasta el número de pelos que tenían en la nariz.

Si se trasladara la caverna de un troglodita a la habitación de un estudiante de Harvard, se encontraría uno con la misma pulsión. Allí, en el año 2003, un colegial de 19 años llamado Mark Zukerberg, nacido en Nueva York, hijo de un dentista y de una psiquiatra, muy puesto en informática, recibió junto con la matrícula de la universidad el consabido álbum, el llamado the facebook, que no era más que la orla en la que aparecían los rostros de todos sus compañeros de curso con una sucinta biografía de cada uno. En esa orla había una chica que a Mark Zuckerberg le gustaba y de la que recibía algunos desplantes dado el carácter atravesado de este chaval, que era lo más parecido a un capullo. Para encelarla, molestarla, enamorarla o deslumbrarla, comenzó a mandarle por e-mail mensajes y fotos robadas. Quería demostrarle lo listo que era. Ya se sabe que grandes creaciones, hazañas e inventos que han impulsado a la historia de la humanidad se han hecho para impresionar al sexo contrario.

En el mismo curso de Zuckerberg estaban matriculados en informática y psicología sus amigos, los gemelos Tyler y Cameron Winklevooss, que, al parecer, tuvieron la idea de crear una web para poner en contacto a todos los componentes de la orla del curso e intercambiarse experiencias, imágenes, chismes, bromas y cualquier sandez que fuera divertida. El campus de la Universidad de Harvard pronto se convirtió en una aldea del neolítico, solo que el espabilado Mark Zuckerberg era el único que tenía el talento necesario en los dedos para llevar a cabo ese proyecto. Se necesitaba una mínima inversión. Eduardo Saverin, estudiante de Económicas, proporcionó los primeros 1.000 dólares imprescindibles para crear una incipiente empresa, formalizada de palabra ante unas cervezas de un pub, aunque ninguno de los socios pensaba que fuera un negocio, sino como una simple diversión pasajera. Se trataba de poner en acción una orla visual e interactiva.

Hasta entonces, la informática era una rama de la alta tecnología, pero estos chavales tuvieron el acierto a unirla a la psicología y en seguida se produjo una gran explosión. A veces las grandes fortunas nacen de una idea muy simple como incrustar un palito en un caramelo y crear el chupachús, o en trocear un pollo, freír y empanar las partes con ciertas especias y venderlas en cajas de cartón como hizo el llamado coronel Sanders en Kentucky; pero en el caso de Facebook, la expansión de esta chafardería estudiantil fue brutal desde el principio porque la informática había pulsado una tecla muy íntima y misteriosa del alma humana y he aquí que sobre la cabeza de aquel muchacho de Harvard, que hoy tiene 27 años, comenzaron a caer miles de millones de dólares y fueron cientos de millones de seres humanos de cualquier parte del mundo los que se engancharon a este juego. Ni siquiera un negocio de mermeladas tiene un inicio puro. 

Por vanidad o por codicia, Mark Zuckerberg buscó la forma de deshacerse de los gemelos que le habían dado la idea y también del primer socio capitalista, y el chaval quedó como traidor, villano, envuelto en pleitos hasta hoy, pero convertido en uno de los tipos más ricos del mundo, en un raro que viste camisetas raídas y lleva chancletas, come hamburguesas y vive en una casa de alquiler con su novia. "Con Facebook he querido hacer del mundo un lugar más abierto", ha dicho el chaval. Puede que sea precisamente lo contrario. Facebook ha constreñido el planeta en lugar de ensancharlo, hasta el punto de devolver a cientos de millones de humanos la nostalgia de aquella aldea del inconsciente donde sus habitantes se reconocían por la cara, se saludaban en la calle y charlaban de idioteces en la fuente, en el lavadero, en el bar, en la barbería y en la plaza al salir de misa.

8 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

A veces sueño con una hecatombe digital y que todo esto desaparezca para volver a la pluma estilográfica...

Douce dijo...

Campu,

No sé si fui yo o me la 'hicieron', esa 'subscripción' a lo que llaman 'el libro de la cara' (facebook), orla, o como quieran apodarlo.

Estuve unas semanas por aquello de la curiosidad y porque mis hijos 'facebooksean'. Me di cuenta que un Náufrago no pinta nada en el chollo del tal 'Montaña de Azúcar"(Zuckerberg). Luego no acertaba cómo salir de ese cuchicheo, de tanto 'amigo'... 'yo a ti te conozco' o cosas similares...Intenté 'borrarme', le pedí a mi hijo que me hiciera desaparecer de esa 'aldea digital' y no sé si lo logré del todo.

No deja ser una opción de un Náufrago que, cada vez más, huye de las multitudes y de tanto 'amigo' fácil. Además Douce dice que sólo se 'suscribiría' a una cosa de ésas si participan sus amigos, los canes y sus deseos son órdenes para un Náufrago.

Feliz fin de semana, Campu.

TORO SALVAJE dijo...

FACEBOOK.

Libia está en llamas
el petróleo por las nubes
la economía hundida
el paro se dispara
la miseria también
menos mal que en Facebook
los chismes gozan de buena salud.

Besos.

Gatopardo dijo...

¿Facebook? Eso que es.

Juan Nadie dijo...

Facebook, yo te lo explico, Gatopardo, es una cosa tipo Gran Hermano (el de Orwell, no esa basura televisiva) donde tú entras y no tienes narices de volver a salir, porque no te dejan.

Campu dijo...

Una hecatombe digital nos ayudaría de nuevo a comprender tantas cosas, Pedro...

No hay nada peor que un amigo fácil. Personalmente, prefiero a los enemigos claritos...(aquí por lo menos sabes por donde andas)

Toro, desgraciadamente de chismes nos alimentamos muchos...se alimentan...

Gato, afortunado tú...
:)

Juan, se puede salir. Inténtalo al menos...(si lo deseas, claro)

Juan Nadie dijo...

No te preocupes, Campurriana, nunca estuve en Facebook, de modo que no necesito salir, pero conozco gente que sí y no hay manera.

Ripley dijo...

yo tampoco tengo estoy en ninguna red social y prefiero los blogs, asi que ya somos dos raros y oye, esto que parece una tonteria reconforta.

me meti una vez en facebuk por que no se quien me mando una invitacion y lo vi tan insulso tan innecesario y que te exige tal dedicacion que ipso factamente pasé del invento. no le veo la gracia ni el interes por ninguna parte.

besos