29 de septiembre de 2016

Y sigo pensando "en verano"...


Sigo alargando el verano hasta la náusea, en la medida que se me permite. La culpa no sólo la tiene el sol de Galicia, que este año nos está regalando más de un momento especialmente dorado o doradamente especial, en tiempos más cercanos a castañas y magostos.

No es que me haya olvidado de este saloncito, ni mucho menos. Entre la falta de tecnología en el hogar por motivos varios, y mis viajes constantes por otras tantas razones, no he podido centrarme para escribir siquiera un párrafo entre los innumerables que habitan estos extraños y mágicos mundos virtuales.

Mi cámara sigue durmiendo en algún rincón de una casa casi deshabitada últimamente. Sigo utilizando el móvil para abrir mejor los ojos. Sacar fotografías es exprimir de una manera más óptima todo aquello que nos rodea. Los hay que piensan todo lo contrario y no estoy de acuerdo en absoluto con ellos.

No sé por qué o no quiero contarlo aquí; me cuesta centrarme para escribir algo en este desahogo virtual, que son los blogs. Tenéis que disculparme. Sólo se me ocurren tuits relámpago; de ésos que, una vez nacen, ya han desaparecido para siempre. 

Pues sí. Que mi rincón actual sigue siendo Tuiter, quizá por mi momento personal. Una red social en la que abunda la agilidad con la que corretea la desinformación que proviene de partidos políticos y opiniones radicalizadas. Ésas que escupen gentes que sólo ven lo suyo como bueno. De repente, es cierto, una ráfaga de luz rompe la oscuridad de las innumerables bocas dentadas. Hay personas que elevan los tuits a la altura de los pensamientos meditados. Detrás de pocos carácteres, aparece el fruto breve, pero tan intenso, como el de una meditación profunda y detenida.

Hoy pensaba, cuando terminé de leer el correo de un amigo, que mientras las personas escriben un libro, no hacen nada malo a nadie. 
Existen excepciones, claro. Pero pocas.