Voy a volver a copiar y pegar, con actualización, una entrada que puse hace algún tiempo.
Existe una aclaración sobre ella que creo deberíais leer, por justicia hacia el autor de la columna.
En este mundo tan rápido en el que vivimos, es lógico pensar que caeremos en mil y un ciento malentendidos.
Mis disculpas a David Jiménez.
Y, aprovechando este momento, FELIZ DÍA DE LA HISPANIDAD A TODOS.
Yo sí. Yo estoy orgullosa de ser ESPAÑOLA.
Creo que este pensamiento viene de perlas hoy también. Para meditar y hacer autocrítica...
ENTRADA PUBLICADA EL PASADO 26/01/2015 EN EL SALONCITO:
Una reflexión que comparto...
Me la han mandado al buasap y creo que es de Forges. O eso dicen...
A ver qué os parece.
ACTUALIZACIÓN A DÍA 12/10/2016: He recibido una aclaración sobre
la autoría de este texto. Al parecer, el escritor ha sido un periodista
llamado DAVID JIMÉNEZ.
Dejo enlace aquí, a quien pueda interesar.
Disculpad el malentendido. Sobre todo, mis disculpas más personales a David.
Gracias a José Luis Palma por el aviso.
De lo que no hay duda, es de que el fragmento bien merece una lectura o más...
Felicidades.
EL TRIUNFO DE LOS MEDIOCRES
Quienes me conocen saben de mis credos e idearios. Por encima de
éstos, creo que ha llegado la hora de ser sincero. Es, de todo punto,
necesario hacer un profundo y sincero ejercicio de autocrítica, tomando,
sin que sirva de precedente, la seriedad por bandera.
Quizá ha llegado la hora de aceptar que nuestra crisis es
más que económica, va más allá de estos o aquellos políticos, de la
codicia de los banqueros o la prima de riesgo.
Asumir que nuestros problemas no se terminarán cambiando a un partido
por otro, con otra batería de medidas urgentes, con una huelga general, o
echándonos a la calle para protestar los unos contra los otros.
Reconocer que el principal problema de España no es Grecia, el euro o la señora Merkel.
Admitir, para tratar de corregirlo, que nos hemos convertido en un país mediocre.
Ningún país alcanza semejante condición de la noche a la mañana. Tampoco
en tres o cuatro años. Es el resultado de una cadena que comienza en la
escuela y termina en la clase dirigente.
Hemos creado una cultura en la que los mediocres son los alumnos más
populares en el colegio, los primeros en ser ascendidos en la oficina,
los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación y a los
únicos que votamos en las elecciones, sin importar lo que hagan, alguien
cuya carrera política o profesional desconocemos por completo, si es
que la hay. Tan solo porque son de los nuestros.
Estamos tan acostumbrados a nuestra mediocridad que hemos terminado por
aceptarla como el estado natural de las cosas. Sus excepciones, casi
siempre, reducidas al deporte, nos sirven para negar la evidencia.
- Mediocre es un país donde sus habitantes pasan una media de 134
minutos al día frente a un televisor que muestra principalmente
basura.
- Mediocre es un país que en toda la democracia no ha dado un solo
presidente que hablara inglés o tuviera unos mínimos conocimientos sobre
política internacional.
- Mediocre es el único país del mundo que, en su sectarismo rancio, ha
conseguido dividir, incluso, a las asociaciones de víctimas del
terrorismo.
- Mediocre es un país que ha reformado su sistema educativo tres veces
en tres décadas hasta situar a sus estudiantes a la cola del mundo
desarrollado.
- Mediocre es un país que tiene dos universidades entre las 10 más
antiguas de Europa, pero, sin embargo, no tiene una sola universidad
entre las 150 mejores del mundo y fuerza a sus mejores investigadores a
exiliarse para sobrevivir.
- Mediocre es un país con una cuarta parte de su población en paro,
que sin embargo, encuentra más motivos para indignarse cuando los
guiñoles de un país vecino bromean sobre sus deportistas.
- Mediocre es un país donde la brillantez del otro provoca recelo,
la creatividad es marginada –cuando no robada impunemente- y la
independencia sancionada.
- Mediocre es un país en cuyas instituciones públicas se encuentran
dirigentes políticos que, en un 48 % de los casos, jamás ejercieron sus
respectivas profesiones, pero que encontraron en la Política el más
relevante modo de vida.
- Es Mediocre un país que ha hecho de la mediocridad la gran aspiración
nacional, perseguida sin complejos por esos miles de jóvenes que buscan
ocupar la próxima plaza en el concurso Gran Hermano, por políticos que
insultan sin aportar una idea, por jefes que se rodean de mediocres para
disimular su propia mediocridad y por estudiantes que ridiculizan al
compañero que se esfuerza.
- Mediocre es un país que ha permitido, fomentado y celebrado el triunfo
de los mediocres, arrinconando la excelencia hasta dejarle dos
opciones: marcharse o dejarse engullir por la imparable marea gris de la
mediocridad.
- Es Mediocre un país, a qué negarlo, que, para lucir sin complejos su
enseña nacional, necesita la motivación de algún éxito deportivo”.